El Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas parecía una escuela cerrada por las vacaciones de verano.
Cuando David Jones llegó hace poco había nuevos detectores de metales en el vestíbulo, pero los guardias no tenían casi nadie a quien dejar pasar. Su intención era recoger unas partituras nuevas, pero la bibliotecaria del edificio no estaba; tampoco la mayoría de los rostros que solía ver todos los días. Afuera, los grandes anuncios que normalmente promocionaban nuevos espectáculos habían sido retirados.
Jones, de 60 años, es el clarinetista principal de la Orquesta de la Ópera del Centro Kennedy desde 1998. Desde su posición bajo el escenario, el grupo acompaña las presentaciones de la Ópera Nacional de Washington y las producciones de ballet y teatro de la prestigiosa institución cultural. Pero este año, Jones apenas ha puesto un pie en el edificio.
La toma de control por parte de Donald Trump del centro, que tradicionalmente es apartidista, hizo que muchos de los grupos con los que David Jones tenía programado presentarse se mantuvieran alejados de Washington.
El equipo creativo de Hamilton fue de los primeros en protestar. Luego de que se añadiera el nombre de Trump a la fachada del edificio, los ballets de San Francisco y Nueva York siguieron su ejemplo. La Ópera Nacional de Washington decidió recoger sus cosas y abandonar su sede de toda la vida.
La cascada de cancelaciones fue devastadora para la orquesta y sus 61 músicos profesionales; su salario anual se paga por función, y la falta de trabajo ha sido desmoralizante. La última vez que el ensamble completo tocó en el Centro Kennedy fue en febrero con el American Ballet Theater.
Y el futuro es aún más sombrío: está previsto que el Centro Kennedy cierre en julio para someterse a una renovación de dos años.
La inestabilidad es un final inesperado en la carrera de Jones. Durante los gobiernos de Clinton, Bush, Obama, Trump y Biden, su vida giró en torno a las funciones nocturnas y largas jornadas de ensayos. Una presentación de ‘El cascanueces’ podía ir seguida de un ensayo para un espectáculo con los Temptations o el ciclo de ‘El anillo’ de Wagner. Ha tocado con grandes figuras de la ópera como el tenor José Carreras, y cada año en los Kennedy Center Honors, donde incluso llegó a acompañar a Aretha Franklin en 2015.
“La variedad de cosas que puedo hacer es casi como un sueño hecho realidad”, comentó Jones.
David siempre está buscando un nuevo sonido, una nueva habilidad, una nueva forma de dominar la partitura que tiene enfrente. Fabrica sus propias lengüetas para clarinete y experimenta con boquillas de saxofón. Ahora, esas décadas de experiencia están en peligro.
“Cuando se pone el sol por la noche y no estoy en el Centro Kennedy, me pongo nervioso por un instante —confesó—. Tendré que acostumbrarme a esa sensación”.
Una posición codiciada
Como músico que creció en San Francisco, para Jones la Sala Sinfónica Louise M. Davies era venerada y tan grandiosa que solo quienes tenían cierto nivel eran invitados a tocar ahí. Incluso ensayar ahí, como lo hizo en la preparatoria siendo miembro fundador de la Orquesta Juvenil de San Francisco, fue una experiencia transformadora.
“Estás tocando en este espacio con estos buenos músicos, y me di cuenta: ‘Guau, esto es lo que quiero hacer’”, recordó.
El clarinete llegó a su vida a través de su abuelo, un músico aficionado. En el bachillerato, un compañero le prestó un saxofón alto y empezó a tocarlo también. Ahora la flauta y el flautín se han incorporado a su repertorio.
Después de tomar clases particulares, Jones estudió interpretación musical en la Universidad Northwestern. Trabajó como músico independiente en bodas y bar mitzvahs mientras se preparaba para audicionar en orquestas de prestigio. En una de sus fantasías, le preocupaba terminar la carrera si obtenía un puesto mientras estaba en la universidad. En realidad, tardó una década.
No fue por falta de intentos. Hubo audiciones con la Sinfónica de San Francisco y, por separado, con el ballet; con la Sinfónica de Chicago y la Ópera Lírica de esta misma ciudad; con la Ópera Metropolitana de Nueva York; y con orquestas de todo el sur de Estados Unidos, incluyendo las de San Antonio, Dallas, Nueva Orleans y Charleston, Carolina del Sur.
Cuando ganó un puesto en el Kennedy Center, tenía dos niños pequeños en casa. El momento se sintió como si fuera “Navidad y tu cumpleaños y todo al mismo tiempo”, compartió.
“El día que empiezas a tocar un instrumento, has empezado a practicar para esa audición —explicó—. Así que sientes el peso de: ‘Me he estado preparando los últimos 25 años para esta experiencia’”.
La orquesta del Centro Kennedy está llena de historias similares. Un miembro cambió una banda militar el año pasado por la versatilidad de la orquesta. Otro abandonó un doctorado en matemáticas para tocar el corno francés de manera profesional. Algunos se licenciaron en la Escuela Juilliard y varios han tocado con la Ópera Metropolitana.
Los músicos se volvieron una familia, al pasar el rato juntos entre ensayos y celebrar en el salón de la orquesta después los espectáculos importantes. Este se encuentra equipado con sofás, rompecabezas y un viejo televisor que pertenecía a la madre de Jones. Las fotografías enmarcadas en una pared incluyen una imagen del grupo con la jueza Ruth Bader Ginsburg.
Cada músico tiene un casillero para los instrumentos y un buzón para las partituras nuevas. Estos días, ambos están vacíos.
Un puñetazo en el pecho
La primera señal de problemas para la orquesta se produjo el año pasado durante el estreno mundial de Schmigadoon!, que parodia los musicales de la Edad de Oro. Unas horas antes de una función en febrero de 2025, el presidente Trump anunció sus intenciones de despedir a los miembros de la junta del Centro Kennedy y nombrarse a sí mismo presidente.
“Fue como si nos hubieran dado un puñetazo en el pecho”, dijo Jones. De pronto, el Centro Kennedy se convirtió en un campo de batalla político.
Un nuevo director de danza, siguiendo las directrices del gobierno para librar al centro de lo que denominó programación ‘woke’, prometió poner fin “al dominio de las ideologías políticas de izquierda en las artes”.
Artistas drag protestaron dentro del teatro durante el estreno de ‘Los miserables’ después de que el presidente Trump pasara por la alfombra roja. En un giro respecto a su primer mandato, en el que boicoteó los Kennedy Center Honors, se convirtió en el primer presidente en ser anfitrión del evento anual. Su amor por los musicales de la década de 1980 quedó de manifiesto, con Jones y otros músicos interpretando La música de la noche de El fantasma de la ópera.
En la inauguración del Centro Kennedy en 1971, un grupo de músicos locales interpretó ‘Misa’ de Bernstein, que Jacqueline Kennedy había encargado para la ocasión. Los músicos se reunían una y otra vez a medida que ballets de todo el mundo comenzaban a llegar a Washington y producciones de ‘Candide’ y ‘Amor sin barreras’ tomaban el escenario.
Después de una huelga, el grupo fue reconocido como orquesta formal en 1978 y comenzó a realizar audiciones rigurosas, igual que sus pares de la industria.
La Orquesta de la Ópera del Centro Kennedy afirma que es el único grupo de Estados Unidos dedicado a interpretar tres géneros: ópera, ballet y teatro musical. Tiene contratos separados con el Centro Kennedy y la Ópera Nacional de Washington que establecen un salario base garantizado y aportaciones a cuentas de seguro médico.
Sin las presentaciones del Centro Kennedy, sus miembros no han recibido un salario completo en meses.
“La orquesta desempeña un papel integral en las presentaciones del Centro —dice el Centro Kennedy en un comunicado—, y mientras nos acercamos a las renovaciones, los miembros, en virtud del convenio colectivo, seguirán recibiendo su remuneración independientemente del calendario de actuaciones”.
Tras la ruptura de la larga relación de la Ópera con el Centro Kennedy en enero, la situación se complicó. Durante días, el pase de estacionamiento y la credencial de acceso al edificio de David Jones dejaron de funcionar. Un equipo directivo de tres personas se redujo a una debido a despidos. La otra persona se fue con la ópera en el divorcio.
Desde entonces, el Centro Kennedy ha reorganizado a su personal restante para apoyar a la orquesta y ha asegurado a los músicos que seguirán empleados mientras el edificio esté cerrado. Ambos contratos de la orquesta expiran el año próximo.
Nuevas rutinas
Los músicos de la orquesta están asimilando la alteración. La violonchelista Danielle Cho ha tomado más alumnos particulares; Peter de Boor, quien toca el corno francés, se mantiene ocupado gracias a su participación en un sindicato local de músicos.
Chris Jewell, quien toca el fagot, expresa el malestar de manera más directa: “Enfrentarme ahora a la posibilidad de tener que buscar una carrera nueva en este momento de mi vida, cuando la orquesta funciona al más alto nivel y el público solía ser numeroso, me parece todo tan absurdo”.
Jones ha empezado a jugar más al tenis, practica música en su casa y también da clases particulares a estudiantes universitarios.
En lugar de una vida musical trabajando en el Centro Kennedy, Jones se encuentra de gira. Ha entrado como sustituto en funciones en el Teatro Signature de Arlington, Virginia, y ha tocado con un grupo local llamado PostClassical Ensemble en la Universidad de Georgetown. Este verano actuará en Wolf Trap, en Virginia, será sustituto en Broadway y tocará en el Lincoln Center con el Ballet de la Ciudad de Nueva York.
Jones sigue tocando con la Ópera Nacional de Washington, que ahora es una compañía itinerante. Fue a la Universidad George Washington para tocar en ‘El crisol’ y a Baltimore y Bethesda, Maryland, para ‘Amor sin barreras’.
Antes de que el Kennedy Center cierre este verano, Jones volverá a tocar en el teatro de la ópera, bajo la lámpara de araña roja y dorada que fue un regalo de Austria.
La mayoría de sus colegas no lo acompañarán. El musical ‘Moulin Rouge!’ es una producción pequeña, en la que Jones toca el clarinete, el flautín, la flauta, el saxofón tenor y el saxofón barítono.
El reducido volumen de trabajo de la orquesta ha llevado a algunos miembros a presentarse a audiciones en otros lugares. Pero David Jones no está pensando en retirarse ni en buscar un empleo nuevo; atesora el que ha tenido la mitad de su vida, en el que a veces piensa en pasado.
“Tuve mucha suerte de pasar este tiempo en ese lugar”, dijo.