• ¿Potencia en riesgo? China tiene cada vez menos población... y muchos ya no quieren tener hijos

  • El año pasado, China alcanzó la tasa de natalidad más baja desde 1949.
Mario Osorio
China /

“Cuando China despierte, el mundo temblará”, es la frase atribuida a Napoleón Bonaparte que en el siglo XXI se ha hecho realidad con el gigante asiático convertido en una potencia que ya rivaliza con Estados Unidos por su peso en la geopolítica mundial.

Sin embargo, el país enfrenta la paradoja del decrecimiento demográfico, que amenaza su desarrollo, ocasionado por una política exitosa en la contención de los nacimientos.

La tasa de natalidad en China alcanzó en 2025 su nivel más bajo desde 1949, cuando fue fundada la República Popular, sin que haya tenido mayor efecto la derogación de la llamada política del “hijo único”, que prohibía a las parejas tener más de un descendiente.

El año pasado la tasa de natalidad en el gigante asiático tocó un nuevo mínimo histórico: 5.63 nacimientos por cada mil personas, debajo del mínimo de 6.39 nacimientos registrado en 2023, de acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) china.

De esa manera, por cuarto año consecutivo, la población del país continuó su descenso, con 7.91 millones de nacimientos (frente a los 9.54 millones de 2024) y, en cambio, 11.32 millones de decesos.

El saldo negativo se tradujo en una disminución de 3.39 millones de habitantes, con una población total estimada en mil 404.89 millones de habitantes al cierre de 2025, en comparación con los mil 408.28 millones del año precedente.

Tras haber sido por décadas el país más poblado del mundo, en 2023 China fue superada por la India, la que, de acuerdo con datos de las Naciones Unidas, a finales de 2025 tenía mil 476.6 millones de habitantes, lo que la convierte en la nación más populosa del planeta.

De acuerdo con la ONU, a finales de siglo China podría perder más de la mitad de sus habitantes, descendiendo a 633 millones de personas, lo que supone un reto estructural gigantesco para la que es ya la segunda economía del mundo.

La política del hijo único

Establecida en 1979 por el líder máximo Deng Xiaoping, sucesor de Mao Zedong, la política del hijo único impuso por decenios un riguroso límite a la natalidad, prohibiendo a las parejas tener más de un descendiente, con el propósito de luchar contra la sobrepoblación y alcanzar un desarrollo económico más rápido y equilibrado en la “Nueva China”.

Esa política provocó efectos que hoy amenazan el desarrollo del gigante asiático, como un descenso drástico de los nacimientos, un fuerte desequilibrio de género, pues la preferencia cultural por los varones ocasionó un alto número de abortos selectivos de fetos femeninos y hasta de infanticidios, con una excedencia de 30 millones de hombres, además de la disminución de las personas en edad laboral a causa del envejecimiento poblacional.

De acuerdo con el demógrafo Jian Quan Bao, citado por el diario South China Morning Post, entre 1980 y 2010 unos 20 millones de niñas no vieron la luz a causa de la predilección por hijos del sexo masculino.

En 2013, la política del hijo único fue abolida, con la autorización a las parejas de tener dos hijos sin incurrir en el pago de multas, mientras que en 2021 el Comité Permanente de la Asamblea Nacional del Pueblo, la rama legislativa del Parlamento chino, dio la luz verde para que las familias pudieran tener hasta tres descendientes.

Obstáculos al “resurgimiento de la nación”

“Desde hace más de 10 años, cuando fue abolida la política del hijo único, el liderazgo chino busca revertir la tendencia incentivando los nacimientos. Ese problema se relaciona con otros problemas estructurales que enfrenta China, como, por ejemplo, el desempleo juvenil, la burbuja inmobiliaria, la sobreproducción o la baja productividad”, dijo a MILENIO el experto Lorenzo Di Muro, analista de China e India de la revista geopolítica Limes.

En su opinión, todos esos problemas puestos conjuntamente constituyen un obstáculo al objetivo chino del “resurgimiento de la nación”, como lo llama el líder máximo Xi Jinping.

“En particular, es un reto económico, porque obviamente una población que envejece pesa cada vez más sobre los sistemas sanitario y de pensiones, trabaja menos y, sobre todo, consume menos, lo que tiene una consecuencia a nivel geopolítico, pues un mercado interno que no crece tiene como resultado una economía que debe fiarse de las exportaciones y, en un mundo como el actual, con guerras comerciales y tecnológicas a la orden del día, confiar en el exterior es altamente riesgoso”, resalta el experto.

De acuerdo con Di Muro, una población que envejece está además menos dispuesta y es menos capaz de enfrentar escenarios de crisis que podrían abrirse ante el choque cada vez más inminente entre China y Estados Unidos.

El “invierno demográfico"

Ya en torno a 2018, los expertos y los medios chinos comenzaron a utilizar el término “invierno demográfico” para referirse a la caída en la tasa de natalidad, que quedó oficialmente certificada en 2022, cuando el país registró por primera vez un descenso absoluto en el número de habitantes, con 850 mil personas menos que el año precedente, de acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadísticas.

Ese mismo año, durante su XX Congreso, el Partido Comunista chino dijo que se necesitaba un sistema que aumentara las tasas de natalidad y redujera los costos del embarazo, el parto, la escolarización y la crianza.

En 2025, el gobierno chino anunció una ayuda anual de tres mil 600 yuanes (unos nueve mil pesos mexicanos) para más de 20 millones de familias con hijos de menos de tres años, mientras Xi Jinping llamó a construir “una sociedad amiga de los nacimientos” y calificó la crisis demográfica como “un asunto vital”.

El gobierno también ha eliminado los contraceptivos de la lista de productos exentos de impuestos, así como ha dejado de cobrar el IVA a los proveedores de servicios de asistencia a la infancia.

Pese a las políticas para incentivar la natalidad, un reporte de la asociación de estudios demográficos Neodemos, con sede en Florencia, Italia, resalta que las investigaciones demuestran que la mayoría de los chinos no tiene intenciones de tener más de un hijo, con el resultado de que en el futuro se acentuarán los desequilibrios entre las clases de edad.

“Pese a su extraordinario desarrollo económico, China corre el riesgo de convertirse en un país viejo, no lo suficientemente rico para poder sostener, con los pocos jóvenes presentes, a todos los ancianos”, alerta el reporte.

De acuerdo con Silvia Menegazzi, experta en estudios chinos de la Universidad Luiss Guido Carli de Roma, se trata de un problema social antes que político o económico.

“En una sociedad como la china, que por decenios fue educada al individualismo, sobre todo en las familias, es difícil revertir la tendencia”, dice.

Para Agnese Rinaldi, docente de la Universidad LUMSA de Roma, los obstáculos estructurales como el alto costo de la vida, el empleo precario, los largos horarios laborales o la presión social sobre las mujeres pesan más que cualquier incentivo del gobierno para tener hijos.

“Construir una China amiga de los nacimientos no es cuestión de incentivos, sino de confianza y, hasta que las jóvenes generaciones sigan percibiendo un futuro incierto y vean que convertirse en padres es un lujo, la revolución demográfica se quedará en el papel”, advierte.

rdr

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