• La resistencia frente a ICE: El fenómeno de la radio en streaming que une a la comunidad latina

  • Casi sin notarlo, la estación 'Cola Mocha' se ha cimentado en Georgia como una vocera de la comunidad migrante que, entre bromas, busca ser escudo frente a redadas y nuevas políticas.
Atlanta /

M+.- A las 6:00 horas, agentes migratorios irrumpen en los condados Gwinnett, Cobb, DeKalb y Clayton —los de mayor presencia latina en los alrededores de Atlanta— para llevarse a inmigrantes que han levantado Georgia con sus manos. Hermanos, padres, sobrinos, parientes de cualquiera, como los locutores de la radio en streaming La Cola Mocha.

Muchas veces, cuentan a MILENIO, ellos mismos han dado la noticia porque no les queda de otra, ya que la información está, literalmente, arriba de ellos:

“Oigan, se llevaron a mi sobrino y lo deportaron rápido”; “fíjense que la policía agarró a mi tío y otros trabajadores que estaban con él”, cuentan como parte de las historias ajenas al fin con el que nació la estación en marzo de 2023: el humor.

Al pie del micrófono, transmitiendo desde sus casas: Jorge Cortez, El Papirrín; Baru Jaimes, El Gallo Pinto; Rubén Aztlán, La Zarigüeya; Andrés Dimas, El Sonido Pachuco; George Sandoval, La Voz Atrapada en la Radio; Beto Reyes, Jalisquito; Germán Morales, El Joker; y Carlos Barrita, El Diablo.

Recientemente también se unió desde Hidalgo, en México, Brianna, La Cocolito, para la conexión binacional.

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Georgia, un estado con población migrante desde Olimpiadas de 1996

“En La Cola Mocha queremos que se olviden de sus problemas y siempre volvemos al relajo, pase lo que pase”, resume El Papirrín desde su estudio en una cabaña con vista al bosque, desde donde transmite dos veces por semana en el turno matutino, como el día que recibió a MILENIO acompañado por El Sonido Pachuco, conocido entre bromas como El Conquistador de viejitas.

Georgia se ha convertido en uno de los estados con mayor crecimiento latino en Estados Unidos, principalmente en Atlanta y sus alrededores. Estimaciones recientes de la Oficina del Censo de Estados Unidos ubican a más de 1.2 millones en el estado —alrededor de 375 mil indocumentados—, un 12 por ciento de la población estatal.

El aumento ha sido constante durante las últimas dos décadas. Reportes del Latino Community Fund Georgia indican que la población hispana del estado creció aproximadamente 33 por ciento desde 2010, una tasa superior al promedio nacional.

La movilidad hacia esta región fue impulsada, en parte, por las propias autoridades locales desde 1996, durante la construcción de infraestructura para los Juegos Olímpicos, recuerda Martín Fuentes, exfuncionario del consulado de México en Atlanta y actual locutor de Radio Migrante.

“El entonces gobernador, Zell Miller, pidió al cónsul general en turno, Teodoro Maus, ayuda para que vinieran mexicanos a trabajar para las Olimpiadas: el comité olímpico estaba a punto de retirarle la sede porque no llevaban el avance requerido en alberca, carreteras y todo lo que implicó la villa olímpica”, recuerda.
“Yo mismo envié comunicados por fax a otros consulados de lugares con mayor concentración de mexicanos para solicitar a la comunidad que viniera a Atlanta, después de que se reunieron altos funcionarios del comité olímpico y autoridades locales, y acordaran no perseguir a la comunidad migrante”.

Con el paso del tiempo, algunos de esos trabajadores indocumentados se quedaron, y ahora son el blanco de una cacería menos mediática que en Chicago, Minneapolis o Los Ángeles, pero sí persistente y taimada; incluso obligando a algunos condados que se negaban a colaborar con el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), debido a las promesas que hicieron políticos en campaña.

La influencia hispana toma fuerza en Atlanta, pero la comunidad creció desde 1996 | Foto: Gardenia Mendoza

En muchas zonas suburbanas, la influencia hispana comienza a tener fuerza. Sus negocios ya forman parte esencial de la economía local: supermercados, pequeñas constructoras especializadas, restaurantes familiares y, por supuesto, estaciones de radio.

La radio tiene su propio peso. Pega porque acompaña jornadas largas de trabajo manual y se ha expandido. Actualmente hay alrededor de 12 estaciones enfocadas en música latina, regional mexicana, noticias y entretenimiento.

También cumplen una función social: ofrecen información sobre inmigración, asesoría legal, empleos, eventos comunitarios y campañas de salud pública. Además, sirven como plataforma publicitaria para pequeños negocios latinos, iglesias, restaurantes y organizadores de conciertos.

La historia de la Cola Mocha

La Cola Mocha se llama así porque encontraron en el nombre algo cómico. Alguien recordó a una famosa gallina sin cola que se volvió popular en las redes de la comunidad. Al principio ayudaban a transmitir a otra estación que ya no está activa: Radiomojarra, popular en Georgia aún cuando Luis García, su fundador, transmitía desde México tras su repatriación.

Esa estación dejó escuela entre los hoy 'colamocha escuchas': la solidaridad entre paisanos. En los últimos días, la atención está puesta en el trágico accidente de Enrique Mateo, un joven guatemalteco compañero de renta de El Joker, otro de los locutores.

Lo que se sabe es que iba en patineta, tal vez alcoholizado, cuando alguien lo impactó en la autopista. Ahora permanece en coma, en cuidados intensivos del hospital Hennestone. Enrique es padre soltero de cuatro niños.

Desde el micrófono, los locutores cuentan su historia y organizan una rifa con más de 20 premios que la audiencia puede ganar si compra alguno de los 100 boletos de 20 dólares, vendidos a través de Zelle, una vía de transferencia en Estados Unidos.

Adolfo Lira, cofundador y dueño de la estación, explica que cuando alguien de la comunidad tiene problemas, siempre se organizan para ayudar económicamente. Hacen rifas, kermeses, eventos y convivencias. Incluso organizan un “mundialito” y una actividad llamada Jalo Muertos para Halloween y Día de Muertos.

“Lo más importante de nosotros es que somos una estación sin fines de lucro”.

En los próximos días realizarán un asado en el restaurante Diablos BBQ, porque el dueño, Javier Murueta, ofrece eventualmente el espacio para recaudaciones o como lugar de encuentro para pasar un rato en comunidad.

La próxima reunión será por el cumpleaños de Karen Nava, esposa de El Papirrín, y la visita de MILENIO, a quien han incorporado al programa en el que hacen la convocatoria.

“Reír para no llorar” ante panorama en EU

Instalados frente a un letrero de neón que dice 'On Air', justo al lado de una manta con el dibujo de una gallina sin cola, micrófono frente al pico y audífonos negros entre la cresta y el cuello, pregunta Sonido Pachuco.

—¿A qué viniste?—

“Para investigar cómo resiste la comunidad migrante ante ICE, ¿cómo lo hacen?”, revira MILENIO.

—Como podemos… ¡Y con sarcasmo! Somos una radio sin censura—.

Albures, palabrotas, juegos pesados, ironías, burlas a sí mismos, chismes y tabúes: todo se vale. El Zarigüeya, por ejemplo, armó hace poco un mitote a través de una canción que terminaba mentándole la madre a medio mundo. 

“Hasta a mí me tocó un ‘chinga tu madre’”, recuerda entre risas.

Poco antes estuvieron preguntando al público si alguien había tenido una relación romántica con una tía, y se armó la polémica. Que si es moral, que si no, que si a los de Monterrey les gustan las primas o si era (o es) algo tan normal que hasta el Nobel de literatura, el peruano Mario Vargas Llosa, escribió La tía Julia y el escribidor.

—¿Reír para no llorar?— se les pregunta los locutores.

“Pues sí, es que uno se pone nervioso con lo que está pasando. Piensas que a lo mejor te puede tocar porque sales a trabajar todos los días. Dices: 'A ver si me toca'. Pero yo siempre he argumentado que es mucha mala suerte que te toque a ti
“Tengo un empleado a quien agarraron borracho; tiene una orden de deportación y lo dejaron salir. Y ahí anda el cabrón todavía (sic). Tuvo suerte de que no pasara migración mientras él estaba en la estación de policía. Pero también puede que te agarren solo por tener licencia de otro estado y que cuando estás detenido pasen los agentes de ICE y te deporten. La semana pasada migración estuvo en la mera esquina de un lugar al que vamos regularmente y sí entra miedo”, responde Papirrín.
Andrés Dimas, alias 'Sonido Pachuco', busca alertar a sus paisanos frente a redadas | Foto: Gardenia Mendoza

Sonido Pachuco ha permanecido en silencio, batallando con un cable que no funciona, mientras el chat del programa empieza a llenarse de reclamos: “No se escucha”. Cuando todo vuelve a estar en orden, interviene:

“Nosotros seguimos trabajando normal, haciendo chistes, cotorreo, transmitiendo confianza y, aunque a veces se les haga aburrido, les volvemos a decir: 'Tengan cuidado'. Y por la amistad que tenemos, yo les he dado ese consejo: si tomas, no manejes. No sólo por migración, sino porque puedes matarte tú o matar a alguien y terminar en la cárcel”.

Los inmigrantes usan el alcohol como vía de escape. El Papirrín confiesa que, como no estudió locución y no tenía experiencia previa más allá de ser empresario panadero, antes de entrar al aire se tomaba una caguama. Ahora que tiene más confianza ya no lo hace y acompaña los consejos de Sonido Pachuco.

“Uno les transmite a los 'colaescuchas' que no se arriesguen, trata de hacerlos entrar en razón y, aunque seamos desmadrosos, mucha gente sí agarra la onda. Últimamente se ha demostrado cuando hacemos algún evento que toman y ya no se van manejando a su casa, sino que se quedan a dormir ahí para que no los agarre migración. Llevan su carro y su cobija. 
“Nos están deportando, eso es real. Yo tuve la experiencia de un sobrino que agarraron yendo al trabajo. Iban seis en la camioneta; agarraron a cinco y el último se salvó porque corrió hacia su casa. Yo lo conté en la radio y así la gente va creyendo”.

Tantas maneras de hacer comunidad

Todos los locutores de La Cola Mocha tienen empleos para comer y pagar cuentas: en la construcción, como sonideros, en la panadería, en restaurantes o reparando techos. Después del trabajo, manejan por las congestionadas calles del área metropolitana de Atlanta y toman el micrófono, sin más pago que la fama en redes y reuniones.

En las fiestas 'colamochas' siempre hay material para comentar al aire. Cómo se comportó fulano o sultano; con quién se quedó a dormir uno con la otra cuando hay campamentos; qué personaje conocido de la comunidad llegó —porque tienen sus propios héroes y heroínas, no las estrellas impuestas por la mercadotecnia global— qué comió, qué vistió, con quién habló…

Martín Fuentes, quien es locutor de Radio Migrante, es también parte de la comunidad 'colamocha'. Llega a la cena del evento en Diablo BBQ, donde Sonido Pachuco instala sus bocinas, y se sienta en una banca de madera. Frente a él hay carne asada, salsas, tortillas, cebollas y guacamole.

Es muy querido entre la comunidad 'colamocha' porque les ha enseñado que se puede lograr lo que uno se proponga: el mismo es corredor y bailarín autosuficiente, a pesar de que un día perdió la vista por una rara enfermedad.

“El trabajo que hacen estos muchachos es muy importante: el entretenimiento distrae a la gente, la relaja y la saca, aunque sea un rato, del ambiente de persecución”, destaca frente a MILENIO.

Por su parte batalla de Radio Migrante es diferente, más formal, cero confrontación: 

“Buenos días, recuerden revisar sus llantas y sus luces. Si no tienen licencia, por lo menos tengan seguro. Es ley. Tengan sus documentos mexicanos. Son mejores que los falsificados. La información es todo”.

Los jueves Radio Migrante también recibe invitados de los consulados de México, Guatemala, Ecuador o Colombia, las comunidades de mayor presencia.

Martín Fuentes, locutor de Radio Migrante, habla ante la audiencia con seriedad | Foto: Gardenia Mendoza

Desde otras trincheras, también han surgido redes comunitarias de respuesta rápida que alertan sobre la presencia de agentes migratorios mediante llamadas, mensajes y redes sociales, y han organizado manifestaciones junto a estudiantes, mientras decenas de inmigrantes participan en entrenamientos para aprender cómo actuar ante agentes federales.

La presión social ha llegado al Concejo Municipal de Atlanta, que aprobó el uso de cámaras corporales y registros oficiales de sus policía durante encuentros con autoridades migratorias.

Además, funcionarios locales expresaron su rechazo a nuevos centros de detención por su impacto humanitario y social, especialmente antes de la Copa Mundial FIFA 2026, donde Atlanta será sede. En Diablos BBQ se dice que las autoridades no dudarían en llevar a los inmigrantes a construir esos centros de detención, en los cuales podrían terminar después.

Tal es el cinismo, broma aparte. El relajo es otra cosa. Una invitación a bailar cumbia, a celebrar la vida, que es viernes.

MD

  • Gardenia Mendoza Aguilar
  • Periodista especializada en temas migratorios y en la relación de México con Estados Unidos. Ha sido corresponsal para medios internacionales en radio, prensa escrita y TV. Hoy forma parte de coberturas especiales de 'Milenio'.

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