El enfrentamiento retórico entre el presidente Donald Trump y el papa León XIV, de una virulencia inédita, no es más que el más reciente capítulo de una larga y compleja historia de desconfianzas, alianzas y tensiones entre los líderes de la nación más poderosa del mundo y una de las instituciones religiosas más influyentes de la historia.
Amplias repercusiones
Aunque el desencuentro público y personal, que desbordó a medios informativos y redes sociales, pareció entrar a una desescalada en los días recientes tiene el potencial de resurgir conforme prevalecen los diferendos entre ambos, no sólo sobre la guerra en Irán , sino en otras asignaturas clave de la agenda de Trump, en especial la migración.
Mathew N. Schmalz, profesor de estudios religiosos en el College of the Holy Cross en Worcester, Massachusetts, y editor fundador del Journal of Global Catholicism, considera que el fondo y la forma en la que el presidente Trump ha atacado al Papa León XIV “no tiene precedentes” en la historia moderna.
“Uno tendría que remontarse a la Edad Media o a la Reforma Protestante para ver un tipo de disputa así entre el papa y un líder secular”, dijo. “Los presidentes siempre han sido cuidadosos al referirse al Papa como un líder moral, la conciencia del mundo, y en el pasado se han preocupado mucho por cultivar el apoyo de los católicos como base electoral”.
En su opinión, el hecho de que el presidente haya personalizado los ataques contra el jerarca de la iglesia católica podría tener “amplias repercusiones” en un año de comicios donde los católicos representan una cuarta parte del electorado.
El anticatolicismo estadunidense y Kennedy
Cuando se fundó Estados Unidos, su herencia protestante generó desconfianza hacia la autoridad religiosa centralizada. Los católicos eran una pequeña minoría hasta que las oleadas de inmigración irlandesa e italiana en el siglo XIX aumentaron su número de 5 por ciento de la población en 1850 a 17 por ciento a inicios del XX y a 25 por ciento en la actualidad.
Ese crecimiento desencadenó una reacción nativista que incluyó teorías de conspiración sobre la participación del Vaticano en el asesinato del presidente Abraham Lincoln por parte de John Wilkes Booth, un converso al catolicismo, y el temor de que los inmigrantes católicos debían su lealtad principal al Papa más que a la Constitución.
Estas ansiedades alcanzaron su punto climático político durante la campaña presidencial de 1960 del joven político de origen irlandés John F. Kennedy, el primer católico en ganar la Casa Blanca. Kennedy se enfrentó a temores generalizados de que un leal al papa ocupara el Despacho Oval.
En septiembre de 1960 el influyente ministro protestante Norman Vincent Peale encabezó una campaña pública para oponerse a la elección de Kennedy. El argumento central de Peale y su organización, la Conferencia Nacional de Ciudadanos por la Libertad Religiosa, era que Kennedy podría responder al Vaticano.
Aunque Peale era partidario de Richard Nixon, el candidato republicano consideró que el ataque religioso era “desagradable y peligroso" para su propia campaña. Kennedy por su parte defendió la separación absoluta entre la Iglesia y el Estado y aseguró que sus deberes religiosos no interferirían con su juramento presidencial.
“No soy el candidato católico a la presidencia, soy el candidato del Partido Demócrata a la presidencia que resulta ser católico”. Peale se retractó.
Pablo VI y la guerra de Vietnam
El 4 de octubre de 1965, el papa Pablo VI hizo historia al ser el primer jerarca católico en visitar los Estados Unidos; un viaje en el cual se reunió con el presidente Lyndon B. Johnson en Nueva York para discutir la creciente crisis en Vietnam. Durante su famoso discurso ante la Asamblea General de la ONU, el líder de los católicos del mundo sentenció: “¡Nunca más la guerra, nunca más la guerra!”
En lugar de buscar la confrontación, la administración de Johnson consideró al papa como una figura respetada que podría actuar como puente para negociar con Vietnam del Norte sin que Estados Unidos perdiera el prestigio. Además, utilizó los canales diplomáticos del Vaticano para intentar validar su postura ante la opinión pública, a pesar de intensificar el conflicto.
Ronald Reagan y Juan Pablo II
El acercamiento moderno más significativo entre presidentes estadunidenses y líderes católicos surgió en la década de 1980 entre Ronald Reagan y Juan Pablo II (de origen polaco), quienes acordaron una “Santa Alianza” anticomunista. Ambos compartían una profunda repulsión hacia el comunismo ateo así como la determinación de desafiar al imperio soviético.
El presidente y el líder católico se coordinaron, apoyaron el movimiento Solidaridad de Polonia y persiguieron estrategias paralelas para desestabilizar el Telón de Acero.
El escritor Peter Schweizer, quien documentó la alianza, observó que “Juan Pablo II parecía tener un control particular sobre Reagan, quizás porque este Papa había crecido bajo el comunismo y había conservado su fe católica”.
La “santa alianza” culminó con el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre Estados Unidos y el Vaticano en 1984, casi un siglo después de que el Congreso suspendiera la financiación para un enviado vaticano en 1867.
Trump, Francisco y el muro
La relación entre el presidente Donald Trump y el fallecido papa Francisco siempre estuvo marcada por una profunda distancia ideológica, especialmente en temas de migración y seguridad fronteriza.
Mientras el republicano abordaba la frontera desde una óptica de seguridad nacional y soberanía, el jesuita lo hacía desde una perspectiva de caridad cristiana y derechos humanos.
Trump defendió el muro en la frontera con México como una herramienta física esencial para detener la “invasión” de indocumentados, el tráfico de drogas y la criminalidad. Pero el papa criticó abiertamente la construcción de barreras.
Francisco resumió su oposición con un pensamiento: “Una persona que piensa solo en construir muros, sea donde sea, y no en construir puentes, no es cristiana”.
El argentino sostenía que los muros terminan convirtiendo en prisioneros a quienes los levantan y que la respuesta al miedo no debe ser el aislamiento.
Trump y León XIV
La reciente controversia entre Trump y León XIV en torno a la guerra de Irán, que escaló de manera sin precedentes aunque, al parecer, se ha moderado en días recientes con una tregua de facto, se suma al capítulo de tensiones diplomáticas significativas entre Estados Unidos y la Santa Sede.
Pero a pesar de la distensión, las secuelas podrían pesar políticamente, según historiadores.
“Quizás sea comprensible que se pueda discrepar con un papa sobre políticas y sus implicaciones éticas. Calificar a un Papa, en este caso a León XIV, de débil o indulgente con el crimen es personalizar las cosas de una manera que tendrá amplias repercusiones”, sostuvo Schmmalz, del College of the Holy Cross.
Donald Trump dominó el voto católico en 2024 con 55 por ciento, superando significativamente a la demócrata Kamala Harris. Según datos de Pew Research este apoyo fue impulsado principalmente por católicos blancos (60 por ciento), mientras que el sector latino se mostró más dividido (40 por ciento a favor de Trump). Encuestas muestran que ese respaldo se ha debilitado en la recta final hacia las elecciones intermedia del próximo 3 de noviembre.
LJ