• Denver borró el 82% de los murales chicanos

  • Bajo capas de pintura o por demoliciones, casi la totalidad de estas obras ha sido eliminada; el artista Emanuel Martínez y activistas luchan a contrarreloj para restaurar y proteger las pocas piezas que sobreviven al olvido.
Denver /

M+.- Sobre un andamio suspendido por una grúa, Emanuel Martínez (Denver, 1947) recorre con sus pinceles cada rincón de La Alma, uno de los murales más importantes del movimiento chicano que esta ciudad se empeña en borrar: el 82 por ciento de estas obras ha desaparecido bajo capas de pintura o por la demolición de edificios.

“Así se ha eliminado la memoria histórica de los mexicanos aquí”, afirma a MILENIO Lucha Martínez, arqueóloga y activista que ha convertido el rescate de esos murales en un proyecto de vida, quien lleva la contabilidad de las pérdidas.

Tan solo en el caso de Emmanuel Martínez, su padre, a quien observa trabajar desde el andamio bajo el intenso sol del verano de Colorado, únicamente sobreviven seis. Otros artistas como Jerry Jaramillo, David Oceótl García, Leo Tanguma, Ernie Gallegos, Elfego Baca, también han tenido bajas.

“Todos están en peligro”, advierte Lucha.

Desde las alturas, el pintor escucha y asiente mientras corrige las zonas decoloradas, recupera los colores originales y aplica un recubrimiento protector para prolongar la vida de la obra.

Te recomendamos
Deportación masiva frena venta de Heritage Grocers

A la distancia, detrás de lentes oscuros, mezclilla y una playera deportiva, Emanuel Martínez —de 79 años— podría pasar por un anglosajón más; de cerca, cuando camina hacia su camioneta para recargar la paleta de colores, es evidente la piel morena cubierta por un sombrero de ala corta en cuya cinta se lee: La Guelaguetza.

Oaxaca, como muchos rincones del país, inspira a la comunidad de origen mexicano. Así ocurre con Emanuel, su hija Lucha y Diego Florez, un joven artista que participa en el proyecto con agudos trazos de crítica social porque desde niño ha escuchado que en Denver quieren borrar su historia.

“No nos vamos a dejar”, dice mientras intensifica el color café del mural.

Emanuel Martínez explica que hasta hace poco nadie, salvo los latinos, quería vivir en La Alma-Lincoln Park. El barrio creció, en pleno centro de la ciudad, con chicanos y mexicanos que huyeron del racismo en otros estados y con familias que llegaron tras la Revolución Mexicana.

La Alma, 1978. | Foto: Gardenia Mendoza

Aunque Denver se fundó en 1858 durante la fiebre del oro, que atrajo a miles de cazafortunas apenas una década después del Tratado de Guadalupe Hidalgo, mediante el cual México cedió a Estados Unidos parte del territorio que hoy forma Colorado, la presencia latina en la región es de mucho tiempo atrás.

Lucha precisa que su familia tiene documentado su arribo desde 1598, cuando los antepasados llegaron a Nuevo México y participaron en la fundación de Santa Fe. Era la época del Camino Real de Tierra Adentro, la ruta comercial que conectaba la Ciudad de México con el norte.

“Ahora resulta que no quieren que contemos nuestra historia, cuando tenemos presencia en esta región desde antes de la llegada de los peregrinos al este de Estados Unidos”, destaca. “En las escuelas nunca se enseñó la presencia de España ni de México en esta parte del país”, dice el pintor.

Emanuel entendió la importancia de disputar esa narrativa a los 15 años, cuando fue encarcelado por acompañar a un amigo a un robo. Ahí conoció a Bill Longley, un estadunidense que dirigía una organización de apoyo a jóvenes, y le habló del muralismo mexicano y de la reivindicación indígena.

Al cumplir la mayoría de edad, viajó de aventón desde Denver hasta la Ciudad de México, donde conoció a David Alfaro Siqueiros, quien se convertiría en su principal influencia en su obra, que incluye esculturas, dibujos a lápiz, óleos y collages.

“En los 60 había aquí, en La Alma, una especie de garaje donde guardaban una camioneta y otras cosas. Me prestaron ese espacio y empecé a promover la historia de la comunidad latina”, recuerda Emanuel.

Décadas después, mujeres de largas cabelleras rubias y hombres en pantalones cortos miran de reojo La Alma que pintó en 1978 y hoy restaura.

“En La Alma vivía mucha gente de origen mexicano porque era barato. Ahora pasa lo contrario: están desplazando a la comunidad latina y quienes llegan no valoran nuestro trabajo: lo han destruido”.

En el epicentro de la batalla 

En los últimos años, Denver pasó de ser una ciudad criticada por la renovación urbana que destruyó barrios latinos —como Auraria, en los años sesenta— a impulsar la preservación de la memoria chicana e hispana, gracias a la presión de líderes comunitarios y a una nueva política municipal.

En 2021 creó el Distrito Histórico-Cultural de La Alma–Lincoln Park, el primero dedicado al Movimiento Chicano de 1960 y 1970, cuando estudiantes salieron a protestar porque los profesores los golpeaban y castigaban si hablaban español o llevaban burritos para el almuerzo.

“Por eso muchos de nuestros padres actualmente no hablan español”, explica Lucha Martínez, quien lleva ese nombre como homenaje al significado literal de la palabra.

La arqueóloga guía a MILENIO en un recorrido por los murales que aún sobreviven y otras paredes que los ocultaron bajo capas de pintura blanca, mientras la ciudad miró hacia otro lado durante décadas, pese al cambio de discurso oficial y a que cada vez más personas entienden lo ocurrido.

Lucha frente al mural 'Learning from the past'. | Foto: Gardenia Mendoza

La concejal Amanda Sandoval, por ejemplo, promovió devolver el nombre de La Raza Park después de que durante décadas fuera rebautizado como Columbus Park, en contra de la voluntad de los vecinos latinos.

Sin embargo, hace falta más acción —sostiene Lucha— porque el epicentro del problema sigue siendo la gentrificación. Los nuevos dueños simplemente derriban los muros donde están las obras o pintan sobre ellas.

“El problema es que la mayoría de los murales están en propiedades privadas”, explica Lucha frente al mural Learning from the Past, Focused on the Future, de Andy Mendoza y Linda Clement, que rescata una parte de la historia latina ausente de los libros de texto.
“En Estados Unidos, la protección del patrimonio cultural funciona de manera muy distinta que en países como México o Italia. Aquí existe una oficina de preservación histórica, pero es el propietario del edificio quien debe solicitar la protección, y muy pocos lo hacen porque ya no son latinos.
“Incluso el mural que estoy restaurando, diez años más antiguo que otro ya protegido en el sur de Colorado, no se ha podido proteger porque pertenece a la ciudad de Denver y es la propia ciudad la que tendría que iniciar el trámite, pero no lo hace.
“Con frecuencia argumentan que, si algún día quieren modificar o demoler el edificio, no desean tener restricciones. Esa idea de derribar antes que conservar es muy común aquí.
“Por eso mi única alternativa ha sido restaurar los murales, colocarles capas protectoras contra el sol y el grafiti, instalar placas informativas y demostrar que sí tienen valor para la comunidad.
“Llevo siete años intentando que ese mural sea inscrito en el registro histórico y todavía no lo consigo”.

Una mujer blanca, de unos 60 años, escucha. De vez en cuando levanta la vista del teléfono hacia la obra.

En Learning from the Past, Focused on the Future, fueron los propios niños quienes participaron en la elaboración del mural. Ahí quedaron plasmados sus nombres como coautores.

Lucha conduce hasta otra zona de Lincoln Park, donde Nick Vigil plasmó en un mural la preocupación de la comunidad latina por evitar la deserción escolar.

“Recordemos que a los niños que llevaban burritos de lunch los ponían contra la pared como castigo por no llevar comida estadunidense”, dice de paso y antes de dirigirse a Sun Valley.

​En esta zona, se construye un nuevo estadio de futbol, se demolieron casas para levantar edificios de departamentos y quedó sepultado bajo capas de pintura blanca Urban Dope, Rural Hope, un mural pintado en 1977 de cinco metros de alto por 106 metros de largo.

Frente a la pared blanca, Lucha lamenta la pérdida.

“Ahí está, debajo de esas capas”, dice. “El dueño no quiso que lo rescatáramos”.

Unas cuadras al oriente hay una historia distinta: el mural de Quetzalcóatl, dedicado a las culturas indígenas de México y Estados Unidos y pintado por estudiantes de la Metropolitan State University en una construcción donde hasta hace poco funcionaba una tienda de mariguana.

También está otro dedicado a Huitzilopochtli, una de las primeras obras de David García. “Aunque también fue cubierto con pintura, sí se aceptó el rescate”.

El recorrido termina en Auraria, frente a Confluent People, un mural que narra la historia de Denver desde los pueblos originarios que cazaban búfalos, la llegada de los mexicanos y la fiebre del oro, hasta las comunidades que hoy conforman la ciudad.

“Mi papá lo restauró hace un año”, dice Lucha como muestra de lo que puede venir si logran preservarlos. Este 2026 ofrece un respiro: entre junio y agosto restaurarán cinco murales en Denver y otros ocho en distintas ciudades y pueblos de Colorado para evitar que desaparezcan.

A través de la fundación Chicano Murals of Colorado Project at Emanuel Project, Lucha obtuvo recursos para las restauraciones, pero aún no consigue protegerlos como patrimonio histórico-cultural que evitaría el borrón y cuenta nueva tan popular entre los estadunidenses.

La memoria continúa 

Sin sombrero ni el overol que dejó frente al mural La Alma, Diego Florez regresa a su barrio, cerca de La Raza Park. Desde hace tiempo ayuda a Emanuel Martínez a restaurar sus murales en distintos puntos de Denver.

Comenzó con Confluent People y después se sumó a La Alma, como parte de una nueva generación que reivindica con mayor seguridad su identidad chicana. A sus 29 años no sufrió las burlas por hablar español en la escuela y domina el idioma con fluidez, pero tuvo otros retos como la deportación de su madre.

La pared blanca en la que quedó sepultada la obra de Emanuel Martínez. | Foto: Gardenia Mendoza

El impacto fue tan fuerte que dejó la preparatoria y encontró en la pintura y el activismo una forma de resistencia.

“Mi mentor y yo estábamos pintando un mural en Antonito, Colorado. Ahí nos vieron trabajar y nos preguntaron si también podíamos restaurar los murales de Emanuel y… ¡Aquí estoy!”, resume después de dejar el coche y encaminarse hacia el kiosko de La Raza Park.
“Me alegra que pusieran una escultura de Emanuel y murales de David Ocelotl García. Estoy muy orgulloso de mi barrio”.

Próximamente viajará a Oaxaca para pintar un mural titulado Pistola, inspirado en el estilo colaborativo del muralismo de Denver, donde el artista diseña la obra y la comunidad ayuda a llenarla de color.

La convivencia comunitaria es algo que se ha perdio últimamente en el barrio de La Alma, donde está el parque, por el desplazamiento de la comunidad latina.

Cuando Andrew Chavez regresó de Florida tras vivir un tiempo en ese estado, lo notó enseguida: cervecerías artesanales, cafeterías y estudios de yoga elevaron las rentas y expulsaron a sus amigos. Poco después, los nuevos vecinos comenzaron a quejarse de las exhibiciones de lowriders (automóviles modificados de baja altura, emblema de la cultura chicana).

“Es una tradición. No le hacemos daño a nadie, pero el fin de semana pasado no nos dejaron reunirnos. Enseguida llamaron a la policía porque los lowriders estacionados en el 7-Eleven”, cuenta Chavez frente a la casa de mecedora en el portal donde creció.

Manuel Aragón, un fotógrafo del barrio, describe que lo que ocurre es una expulsión silenciosa de la comunidad latina.

“Empezó con mi abuelo, luego con mis padres. Hoy solo quedo yo, porque todavía puedo pagar la hipoteca.
“Se ha perdido gran parte de nuestra historia. Han derribado iglesias, escuelas y ese ambiente donde todos nos conocíamos”.

Mira el mural recién restaurado a sus espaldas. “Hay que protegerlo”, concluye.


IOGE

  • Gardenia Mendoza Aguilar
  • Periodista especializada en temas migratorios y en la relación de México con Estados Unidos. Ha sido corresponsal para medios internacionales en radio, prensa escrita y TV. Hoy forma parte de coberturas especiales de 'Milenio'.

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite