• Lo que Trump se juega en 2026

  • El mandatario estadunidense cumplió el primer año de su segundo mandato en medio de grandes retos para mitigar su baja popularidad, en un periodo clave ante el riesgo de perder el Congreso en las elecciones de noviembre.
Diego Salcedo
Washington /

Con el horizonte de las próximas elecciones intermedias, la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), una posible acción bélica en América Latina y decisiones mayores de la Suprema Corte en litigios migratorios, 2026 se perfila en Estados Unidos como un año de definiciones clave, no sólo sobre el futuro de la era Trump, sino sobre la gobernabilidad en el país, la legitimidad institucional y la cohesión social.

Y esto no es muy alentador para Trump, tras cumplirse el primer año de su segundo mandato en la presidencia.

Tras años de polarización creciente, la administración Trump llegará a la mitad de su mandato —en coincidencia con los festejos del 250 aniversario de independencia y de la Copa Mundial de la FIFA—con cifras bajas de popularidad y el reto de atacar la crisis de asequibilidad en vivienda, y cuidado de salud, para evitar un descalabro electoral en los comicios del 3 de noviembre, en medio de desencanto de su base MAGA y un deterioro del respaldo de votantes hispanos.

Elecciones, punto clave

“Si los republicanos pierden el control de alguna de las dos cámaras en 2026, la fase legislativa de la presidencia de Trump llegaría a su fin… y una serie de audiencias de supervisión pondrían a su administración a la defensiva. 

“Para un presidente cuya aprobación depende en parte de su capacidad de actuar con rapidez y decisión, esto sería un gran revés”, advierte William Galston, jefe del Departamento de Gobernanza de la Institución Brookings de Washington.

Las elecciones pondrán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado (los 33 habituales más 2 elecciones especiales para cubrir el resto del mandato de seis años que quedaron vacantes en Florida y Ohio), además de gobernadores en 36 estados y tres territorios, así como numerosas elecciones a nivel estatal (como legislaturas estatales, fiscales generales, secretarios de estado) y local.

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En 2018, en las elecciones intermedias de la primera era Trump, los republicanos perdieron 40 escaños, una cifra similar a la que perdió Barack Obama en sus comicios de medio mandato.

“A pesar de todos los problemas que enfrentan los demócratas —y son muchos—, sus desafíos palidecen en comparación con los que ahora enfrentan los republicanos a 11 meses de las elecciones de medio término”, observa Charlie Cook, editor de la biblia de las campañas electorales, el Cook Political Report.
“Un peligro para el partido del presidente en las elecciones intermedias es que sus partidarios están, en el mejor de los casos, complacientes y, en el peor, desilusionados. Los republicanos MAGA podrían estar frustrados por el manejo de Trump de la economía y el efecto de los aranceles en el costo de vida”, acotó Cook.

​​El principal hándicap de Trump, de acuerdo con los sondeos, es la incapacidad de su administración de solucionar la crisis de asequibilidad que se refleja en un costo de la vida superior al aumento de los ingresos reales, en especial el de vivienda, cuidado de salud, guarderías infantiles y costos de energéticos, particularmente de la electricidad, de acuerdo con encuestas recientes.

Un análisis de encuestas del New York Times, realizado en diciembre, mantiene el índice de aprobación del Presidente en alrededor del 42 por ciento, uno de los más bajos de su segundo mandato; en tanto que su índice de desaprobación aumentó a 55 por ciento.

Aunque la Casa Blanca ha responsabilizado de la situación a las políticas de la era de su antecesor, Joe Biden, los votantes estadunidenses consistentemente culpan al actual presidente y a su partido por el deterioro de la economía, incluida la responsabilidad de los republicanos en el reciente cierre del gobierno federal durante 45 días, el más prolongado en la historia de Estados Unidos.

Casi cuatro de cada 10 simpatizantes cree que el costo de vida ha sido el peor, de acuerdo con un sondeo de la publicación Político.

Aranceles, talón de Aquiles

El principal talón de Aquiles de su manejo económico ha sido sin duda su política comercial.  El 65 por ciento de los estadunidenses desaprueba el modo en que Trump está gestionando los aranceles, incluido 96 por ciento de los demócratas, 72 por ciento de los independientes y 29 por ciento de los republicanos, según una encuesta de ABC.

En noviembre, el presidente Trump suspendió o redujo los aranceles sobre diversos alimentos, como la carne de res, el café, el plátano, las frutas tropicales y el cacao, para contribuir a la reducción de los precios de los comestibles, un reconocimiento tácito de que los aranceles tienen un efecto inflacionario, a pesar de que lo niega la administración.

Además, modificó los aranceles recíprocos generales, especialmente los relacionados con China, como parte de los nuevos arreglos comerciales.

Entre las medidas clave se incluyen la inclusión de estos productos en una lista de exenciones y el retraso de aumentos arancelarios más amplios, en particular a cambio de concesiones de China sobre productos agrícolas.


En diciembre, Trump anunció un paquete de ayuda por 12 mil millones de dólares para los granjeros afectados por una caída de sus exportaciones, con motivo de las guerra arancelarias. Las asociaciones de agricultores y ganaderos han sido de los más enérgicos críticos del impacto de los aranceles a su entorno.

Pero la Casa Blanca se encuentra en un estado de negación, al menos en público. Durante una reunión de gabinete, Trump calificó el tema de la asequibilidad como una "narrativa falsa" y una "estafa" creada por los demócratas para engañar al público.

 "Solo dicen la palabra", contraatacó. 
"No significa nada para nadie. Simplemente la dicen: ‘Asequibilidad’. Heredé la peor inflación de la historia. No había asequibilidad. Nadie podía permitirse nada”.

El futuro del T-MEC

A pesar de la evidencia de que la población en general, y un número creciente de republicanos responsabiliza al Presidente por su manejo económico, Trump parece haber redoblado la apuesta por una política comercial dura en 2026, tras amagar a México y Canadá con dejar expirar el T-MEC o buscar un nuevo arreglo.

Bajo el calendario de revisión conjunta del acuerdo —programado para julio de 2026— cualquiera de los tres países puede presentar recomendaciones sobre ajustes al tratado, incluidas eventuales modificaciones.

Además, Estados Unidos, Canadá y México deberán confirmar por escrito si desean extender la vigencia del pacto más allá de sus primeros 16 años. Si alguno se niega, se activará un mecanismo de revisiones anuales hasta 2036.

Sin embargo, 48 horas antes de una reunión informal con la presidenta Claudia Sheinbaum y con el primer ministro de Canadá, Mark Carney, Trump elevó la tensión al insinuar que Estados Unidos podría permitir que el tratado muera o incluso buscar un nuevo entendimiento con sus dos socios norteamericanos.

 “O bien lo dejaremos expirar, o tal vez llegaremos a otro acuerdo con México y Canadá”, dijo Trump.

Para reforzar el mensaje del republicano, el representante comercial de la Casa Blanca, Jamieson Greer, aseguró que un retiro del T-MEC sigue en la mesa.

“Quiero decir, eso siempre es un escenario", dijo Greer a la publicación Político. 
"La opinión del presidente es que solo quiere acuerdos que sean buenos. La razón por la que incorporamos un periodo de revisión en el Usmca (come se le conoce al T-MEC en EU) fue en caso de que necesitáramos revisarlo o salir de él", apuntó.

Pero en esos giros contradictorios que suele dar Trump en sus declaraciones, calificó la breve reunión con Sheinbaum y Carney, con motivo del sorteo de partidos del tripartida Mundial de futbol, como “muy buena y productiva” pero la amenaza de una salida del T-MEC no ha sido retirada de la mesa.

Las primeras audiencias del acuerdo celebradas en Washington dejaron en claro que la mayoría de sectores económicos, incluidas las cúpulas empresariales de los tres países, consideran al tratado como una herramienta estratégica que apuntala la competitividad de Norteamérica frente a otras regiones del mundo.

Venezuela en la mira

Otra fuente de controversia al interior del Congreso han sido las acciones militares contra las narcolanchas en el Caribe y la posibilidad de inminente ataque en tierra para debilitar al gobierno de Venezuela, lo cual ha desatado una creciente oposición en el Capitolio basada en preocupaciones legales, constitucionales y pragmáticas tanto de demócratas como de algunos republicanos.

Un argumento central de los legisladores, incluidos demócratas como Tim Kaine y algunos republicanos como Rand Paul, ha sido que la Constitución otorga el poder de declarar la guerra exclusivamente al Congreso.

Han presentado repetidamente Resoluciones de Poderes de Guerra para bloquear el uso de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Venezuela sin la autorización explícita del Congreso.

Aunque la campaña de presión de Washington a Caracas ha sido ampliamente apoyada por un puñado de republicanos halcones en política exterior, incluido su amigo el senador Lindsey Graham y los legisladores cubano americanos María Elvira Salazar, Mario Diaz-Balart y Carlos Giménez, que no sólo apoyan una aventura bélica sino un cambio de régimen en Venezuela.

Expertos legales y críticos han cuestionado las afirmaciones de la administración de que los ataques letales a supuestas embarcaciones de drogas en el Caribe están justificados bajo las "leyes de la guerra", argumentando que Washington no está en un conflicto armado con una nación o un grupo armado que cumpla con los criterios para tales ataques.

Encuestas muestran que no solo la población en general se opone a un ataque a Venezuela, sino un número creciente de republicanos y más específicamente el sector MAGA de la derecha. 

Pese a ello, Trump ha redoblado la perspectiva bélica asegurando en público que “cualquier país” que exporta drogas a Estados Unidos podría ser blanco de ataques.

Los opositores temen que la intervención militar sea un compromiso abierto, costoso y potencialmente desastroso que podría conducir a un conflicto prolongado sin un final claro, incluido desencadenar un aumento masivo de refugiados y empeorar la crisis humanitaria en Venezuela.

Republicanos en peligro

Aunque las elecciones están a menos de 10 meses de distancia, el panorama político estará fuertemente influenciado por los acontecimientos económicos y por el tema de cobertura médica de aquí a entonces, especialmente por el desempeño de la administración actual y el Congreso controlado por los republicanos.

Actualmente los demócratas cuentan con 220 escaños en la Cámara Baja, contra 215 de los demócratas. En el Senado los republicanos son 53 frente a 45 demócratas y dos independientes, Berne Sanders y Angus King, que votan con los demócratas

Para los comicios del 3 de noviembre de 2026, si los demócratas ganan apenas cuatro escaños netos en la Cámara Baja y tres netos en el Senado pueden arrebatarle la mayoría a los republicanos.

Históricamente, el partido que ocupa la presidencia casi siempre pierde escaños en la Cámara de Representantes durante las elecciones intermedias posteriores. Las excepciones han sido muy raras y en circunstancias inusuales.

Los republicanos actualmente tienen una mayoría muy estrecha en la Cámara. Un modesto giro en contra del partido de Trump, que es la norma histórica, sería probablemente suficiente para que los demócratas recuperen el control de la Cámara baja.

Castigo latino

En contra de Trump opera el hecho de que está perdiendo el apoyo de uno de los pilares que impulsó su triunfo su regreso a la Casa Blanca en 2024: la población latina, en medio de un desencanto entre algunos votantes hispanos por la agresividad de su política de redadas migratorias.

En 2024 Trump logró un nivel de apoyo récord de 43 por ciento de los hispanos en las urnas, pero un año después de los comicios, los votantes latinos de Nueva York, Virginia y Nueva Jersey emitieron un voto de castigo, regresaron a la columna de los demócratas y no apoyaron mayoritariamente a los candidatos republicanos respaldados por el Presidente.

“Las elecciones mostraron claramente que la comunidad latina está harta del extremismo, del movimiento MAGA y de Trump en particular. Es una agenda que ellos representan que no se alinea en lo absoluto con las prioridades centrales de la comunidad latina”, dice en entrevista Héctor Sánchez Barba, director Ejecutivo de Mi Familia Vota, la más activa organización de empoderamiento del voto hispano en Estados Unidos.
“Lo que pasó en las elecciones en Nueva York, Nueva Jersey, Virginia, sí es claramente un voto de castigo contra Trump y es un mensaje claro que se va a llevar hasta las elecciones de término medio (el 3 de noviembre 2026). El extremismo en el país no es bienvenido y necesitamos candidatos que representen a la clase trabajadora”, señaló.
Donald Trump ha perdido el apoyo de la población latina. | Foto AFP

El apoyo latino podría erosionarse aún más si la Suprema Corte avala la orden ejecutiva del presidente de negar la ciudadanía estadunidense a hijos de padres sin estatus regular.

La mayoría de afectados serían las hijas e hijos de padres indocumentados mexicanos. Se espera que el máximo tribunal judicial emita el dictamen final en el verano, unos meses antes de las elecciones.


Lucha por el mapa electoral

A diferencia de otros comicios, las elecciones de noviembre estarán influenciadas por el intento del presidente Donald Trump de alterar el mapa electoral creando cinco nuevos asientos republicanos en el Congreso federal de los distritos en Texas, un asunto que es objeto de litigio en los tribunales.

En el caso de Texas, un panel federal de tres jueces había bloqueado previamente el uso del nuevo mapa al determinar que probablemente constituía una manipulación racial ilegal de los distritos electorales al diluir intencionalmente el poder de los votantes negros y latinos, en violación de la Constitución de los Estados Unidos y la Ley de Derecho al Voto.

En diciembre, la Corte Suprema estadunidense, en una resolución de seis a tres ministros, pausó el fallo del tribunal inferior. Esta decisión permite a Texas utilizar el nuevo mapa, favorable al Partido Republicano, para las elecciones primarias y generales de 2026.

Pero la decisión de la Corte Suprema es temporal mientras se resuelve la impugnación legal completa contra el mapa. Sin embargo, dado que la fecha límite para la presentación de candidaturas fue el 8 de diciembre de 2025, la orden del Tribunal Superior garantiza que los nuevos distritos se utilizarán para el ciclo electoral de 2026.

No obstante, en respuesta a las acciones de Trump, el gobernador de California, Gavin Newson, adversario declarado de los republicanos y potencial candidato presidencial, logró la aprobación en noviembre de un referendo que crea cinco nuevos escaños demócratas, a fin de neutralizar la ventaja de Texas.

Galston, del centro de investigación Brookings, considera que Trump y los republicanos podrían dar una sorpresa en las elecciones, si las tendencias mejoran en los siguientes 10 meses meses.

“Los economistas podrían equivocarse sobre los efectos inflacionarios de aranceles y deportaciones; las tasas hipotecarias podrían bajar; el mercado laboral podría repuntar; los recortes de Medicaid aún no han sido plenamente sentidos por los votantes”, alertó.
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ksh

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