Los brasileños elegirán este domingo su próximo presidente entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. En medio de los debates y las campañas, se abrió un frente de confrontación inesperado: la sospecha de que los algoritmos de las redes sociales juegan a favor de uno de los candidatos.
El lunes pasado, el Tribunal Superior Electoral (TSE) dio 24 horas a Meta, dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp, para probar que aplica criterios iguales a ambas campañas.
El juez Marco Aurélio Bellizze tomó esta medida que refuerza una resolución anterior que prohíbe restringir de manera desigual la distribución de publicaciones, las recomendaciones de perfiles y los resultados de búsqueda sobre los candidatos, así como exige los mismos criterios para generar imágenes con inteligencia artificial.
Las denuncias del PT
Las quejas se multiplicaron tras la primera vuelta electoral del 4 de octubre.
La campaña de Lula sostiene que herramientas de Meta perjudican su presencia digital y facilitan la difusión de contenidos favorables a Flávio Bolsonaro.
El primer episodio ocurrió el 9 de octubre, cuando la cuenta del actual presidente en Instagram no pudo contratar publicidad durante 24 horas.
La semana pasada el diario Folha de S.Paulo difundió conversaciones internas de empleados de Meta que admitían el problema y criticaban la demora en resolverlo de los equipos técnicos en Estados Unidos.
Los mensajes también relataban fallas en las recomendaciones de perfiles: el canal de WhatsApp de Flávio aparecía sugerido incluso para usuarios que buscaban espacios vinculados a Lula. Los trabajadores reconocían que eso no debía ocurrir, aunque los chats no prueban que esas interferencias fueran intencionales.
Selectividad algorítmica
El PT sumó otros ejemplos de lo que llama “selectividad algorítmica”. Según sus pruebas, Meta AI, el asistente integrado en WhatsApp, rechazaba generar imágenes con el número 13, el de Lula, por tratarse de propaganda electoral, pero aceptaba pedidos equivalentes con el 22, el de Flávio.
También se denunciaron errores de traducción automática en Instagram: expresiones en portugués que calificaban al candidato opositor de futuro presidiario aparecían en inglés como futuro presidente.
En su última presentación judicial, el oficialismo argumentó que estas fallas no sólo limitan la circulación de sus mensajes.
Organizaciones de monitoreo aportaron observaciones sobre resultados de búsqueda favorables a Bolsonaro y representaciones negativas de Lula.
Un antecedente que preocupa
La preocupación por el peso de las redes en las urnas brasileñas no es nueva. En 2017, una investigación de BBC Brasil reveló redes de perfiles falsos que intervenían en discusiones políticas desde 2012, incluida la campaña presidencial de 2014.
Eran más de 100 cuentas manejadas con una mezcla de automatización y operadores humanos, algunos a cargo de decenas de identidades ficticias.
En 2018, cuando Jair Bolsonaro llegó a la presidencia, WhatsApp fue el principal vehículo de mensajes políticos, incluidos contenidos falsos contra el PT, como el supuesto “kit gay” en las escuelas.
Aquella experiencia y la tensión previa a los comicios de 2022 llevaron al TSE a firmar acuerdos con las plataformas para frenar la desinformación y la propaganda irregular.
Hoy el problema cambió de naturaleza. Ya no se discute sólo qué información falsa circula, sino quién decide qué publicaciones ganan visibilidad, cuáles quedan ocultas y qué mensajes pueden producirse con herramientas automatizadas.
En un país donde las redes son una fuente central de información política, pequeñas modificaciones en esos mecanismos pueden alterar el alcance de una campaña.
¿Cuál es la postura de Meta?
Bellizze explicó que las restricciones no afectan las opiniones de los usuarios ni impiden aplicar reglas generales de moderación, siempre que se usen de igual modo para ambos candidatos.
Justificó la urgencia debido a la cercanía del balotaje y en las limitaciones legales que rigen desde el 22 de octubre para nuevos contenidos sintéticos y para la contratación de propaganda: una irregularidad en ese período, dijo, podría ser imposible de reparar después de la votación.
Las denuncias no vienen sólo del oficialismo. La campaña de Flávio Bolsonaro también acudió al TSE: sus abogados acusan a Meta de permitir anuncios negativos contra el senador y de difundir materiales de Lula hechos con inteligencia artificial sin las advertencias correspondientes.
La controversia alcanza a otras empresas. Este mes la justicia ordenó retirar de X publicaciones de Bolsonaro que vinculaban a Lula con organizaciones criminales, y Google debió dar explicaciones por respuestas incorrectas de sus herramientas de IA sobre el mandatario.
Meta reconoce fallas
Meta admitió fallas técnicas temporales que afectaron contenidos y anuncios de la campaña de Lula, pero aseguró que no fueron exclusivas de Brasil ni respondieron a una decisión de favorecer a Bolsonaro.
Este lunes presentó un informe ante el TSE en el que afirma dar un trato “igualitario y no discriminatorio” a ambas candidaturas, negó haber sido negligente o haberse resistido a las órdenes judiciales y pidió una reunión.
El encuentro fue convocado para este martes 20 de octubre, con Meta y los equipos jurídicos de las dos campañas.
La era digital como nuevo factor
El caso se inscribe en un enfrentamiento creciente entre gobiernos, autoridades electorales y grandes tecnológicas por el control de la información digital. La campaña de Lula llevó sus planteos a misiones internacionales de observación, entre ellas la OEA.
El desafío del tribunal es determinar si se trata de fallas técnicas, de decisiones automatizadas sin controles suficientes o de prácticas discriminatorias que afecten la igualdad entre los candidatos.
Lo que actualmente es evidente es que en todo el mundo los procesos democráticos están intervenidos por sistemas privados cuyo funcionamiento escapa, en buena medida, al escrutinio público y al control gubernamental.
A horas de la elección, la disputa entre Lula y Bolsonaro también se libra en un territorio invisible: los algoritmos que deciden qué se muestra y que se oculta en sus teléfonos.
ABF