DOMINGA.– Cuando los portugueses llegaron al continente americano se encontraron con la selva, que en latín es silva. Y ser de la selva es da silva. Así inica el último spot de campaña de Luiz Inácio Lula da Silva. Las imágenes no dejan dudas sobre el tono: vemos a Trump, a Marco Rubio, aviones de guerra, bombardeos y el petróleo. De fondo suena Bad Bunny. El cierre es aún más contundente: “Brasil tiene un único dueño, el pueblo brasileño”.
A los ochenta años, Luiz Inácio Lula da Silva vuelve a las elecciones presidenciales de su país. Va por un cuarto mandato. Vuelve incluso a echar mano de su historia para construir esa imagen. Perdió un dedo a los diecisiete años, cuando trabajaba como obrero metalúrgico, y hoy muestra esa mano mutilada para graficar su pretensión de quedarse en el Palacio de Planalto y ganarle a Bolsonaro Jr.
El pueblo de Brasil comenzará hoy a definir el destino del país en elecciones presidenciales, legislativas –senadores y diputados federales– y de gobernadores. El padrón indica unos 158 millones de potenciales votantes en el país más grande de América del Sur. El verdeamarelo comparte frontera con nueve países de la región, excepto Chile y Ecuador. De haber segunda vuelta, considerando los antecedentes históricos, sería el 27 de octubre.
¿Podrá Brasil erigirse como el muro de contención al avance de la extrema derecha en América del Sur? ¿O acompañará la tendencia de Chile con Kast, Colombia con De la Espriella, Argentina con Milei y Ecuador con Noboa? Aupados por la presidencia de Donald Trump, los gobiernos afines han encontrado un marco de coordinación en el llamado “Escudo de las Américas”, un bloque de países que giraron a la derecha adonde Flávio Bolsonaro podría meter a Brasil en caso de una victoria que devuelva el bolsonarismo al Palacio de Planalto, el icónico edificio desde donde despacha el primer mandatario brasileño.
Para el gobierno mexicano un triunfo más de Lula da Silva sería una buena noticia. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y su homólogo brasileño han sostenido múltiples encuentros y han coincidido en varios temas, por ejemplo, su perspectiva ideológica y su visión programática en temas petroleros. Si la extrema derecha gana Brasil, la alianza Pemex/Petrobras estaría en duda y, lo obvio, Bolsonaro se alineará con la política trumpista de presión y hostigamiento mediante aranceles.
Naciones Unidas y el antagonismo con Trump
En el ámbito internacional septiembre ha sido el mes de la ONU. Este año, la Asamblea General de Naciones Unidas coincidió con la recta final de la campaña presidencial en Brasil, en la que Lula –como presidente– usó con fuerza el evento para operar la recta final. Lula ha sido uno de los puntos altos de América Latina en el embate a la administración Trump.
“No vamos a ceder a las presiones de las multinacionales que quieren privatizar nuestro PIX”, dijo sobre el sistema de pago pública y gratuita, que hace de la inclusión financiera una realidad para millones de brasileños, utilizada hasta para comprar agua de coco en la playa. “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, enfatizó. Estados Unidos rechaza PIX porque considera que tras ese método de pago hay una competencia desleal contra las grandes empresas, como Visa y Mastercard.
Antes de su discurso central, el “presidente obrero” había profundizado la grieta con la administración Trump en una entrevista con Christiane Amanpour, de CNN. “Trump actúa como un emperador. Es una forma de gobernar con la que no estoy de acuerdo: cuando dices que eres más grande, más rico y por tanto los demás tienen que obedecer. La llamada ley del más fuerte”, dijo Lula.
Desde el otro lado de la política, además de celebrar la incursión en Caracas que derivó en la captura de Nicolás Maduro del pasado 3 de enero, Donald Trump utilizó el estrado de la Asamblea General para lanzar una advertencia o amenaza al gobierno mexicano. “México es el epicentro de la violencia de los cárteles”, esbozó y provocó la jocosa respuesta de Sheinbaum en su conferencia matutina: “Yo podría decir que es difícil vivir junto a un país con alto nivel de consumo de drogas ilícitas o que tiene tanta producción de armas, pero no lo voy a decir. No lo voy a decir. Porque tenemos buena relación con el presidente Trump”.
La cercanía de Sheinbaum y Lula está probada. Al menos se han encontrado físicamente cuatro veces desde que “la doctora” asumió la primera magistratura mexicana el primero de octubre de 2024. También ambos publicaron en sus redes sociales oficiales fotografías de sus encuentros y su entusiasmo en comunicaciones telefónicas. Brasil y México son hoy las dos economías latinoamericanas más importantes. Y lo más seguro es que, ante la “era Trump” ambos países con posicionamiento político hacia la izquierda prefieran seguir haciendo mancuerna.
Bad Bunny y la gran campaña de Lula
Lula puso toda la carne al asador. Más de un especialista en política internacional ha reconocido la loable campaña del Partido de los Trabajadoras, el PT, con un presidente-candidato que logró apelar a buena parte del abanico ideológico. Desde las izquierdas más radicales, hasta las derechas más democráticas centristas reconocen esta campaña. Lula da Silva parece un candidato continental, no sólo brasileño.
“Cuando los portugueses llegaron en 1500 [a América], se encontraron con la selva. Selva en latín es silva. Quien nacía aquí, para ellos, era ‘de la selva’. El pueblo brasilero siempre fue da Silva”. Así comienza el último spot, con una adaptación de “Lo que le pasó a Hawaii” de Bad Bunny, e imágenes de Trump, Marco Rubio, aviones de guerra, bombardeos y petróleo.
¿Las frases? “No quiero que hagan contigo lo que ellos hacen por ahí” y un final resonante: “Brasil tiene un único dueño, el pueblo brasileño”. Aunque el Conejo Malo no ha hecho ninguna declaración formal sobre las elecciones en Brasil, la cesión de una de las canciones más icónicas del artista urbano –altamente politizada– es un hecho concreto y habla por sí solo.
En el barrio de Lapa, centro de Río de Janeiro y una de las capitales de la bohemia brasileña, Lula se reunió con más de un centenar de artistas el pasado 23 de septiembre. Entre los destacados estuvieron Chico Buarque –una de las máximas leyendas vivas de la música popular brasileña–, Paulinho da Viola –el gran maestro de la elegancia en la samba–, Zeca Pagodinho –máximo exponente del estilo pagode que convirtió la vida de las favelas y los suburbios en poesía musical festiva–, Daniela Mercury –la reina indiscutible del axe, uno de los géneros musicales y movimientos culturales más icónicos del Brasil contemporáneo–, Fernanda Abreu –la “madrina” del funk carioca– y Malu Mader –actriz de telenovelas y películas–.
“Mucha gente dice: voy a votar a Lula porque es la única opción democrática. No. Él es la mejor opción como líder mundial. Tenemos el lujo de tener a Lula como gran líder del mundo”, fueron las palabras elegidas por Mercury para apoyar al petista en esta selección.
La prohibición de “las bets”
Es viernes 25 de septiembre. Lula firma la prohibición de las bets, las apuestas deportivas online. Y la dirigencia del Clube de Regatas do Flamengo, el más popular del país, que antes había lanzado una campaña catastrófica por redes titulada El fin del fútbol brasilero, le responde: “El juego no se va a acabar con un garabato”.
Las encuestas que vienen midiendo el tema de forma sistemática respaldan la orientación de la decisión del presidente: de acuerdo a AtlasIntel, 75% de los brasileños concordaban con la posición de prohibición, una ligera subida (2%) respecto al indicador de abril 2026. Detrás de esa mayoría está la valoración de que las apuestas online generan ludopatía, adicción que tiene impacto en la salud mental y la economía de los hogares, vía el endeudamiento familiar.
“El que quiera ganar dinero, que busque una manera honesta de ganar. Pero no matando al pueblo pobre. Endeudando al pueblo pobre. Vendiendo mentiras. Es una enfermedad llamada ludopatía: el vicio del juego”, dijo el presidente-candidato el sábado 26 de septiembre. Aunque la medida parece ser una respuesta a la demanda mayoritaria de la gente, el equipo de campaña del PT afinó su puntería con este tema.
Según las encuestas, a Lula ahora mismo le faltan unos puntos para ganar en primera vuelta; le faltan menos puntos de los que necesita su rival Bolsonaro. Si esta jugada va medida, el anuncio reciente sobre las bets tendría que estar vinculado con algún espacio de la población que hasta ahora no ha decidido votar por Lula.
Nuestra Señora de Aparecida
En el tramo final de la campaña apareció una polémica inesperada. María Cristina Fernandes, periodista de Globo News, especializada en política nacional e internacional, dijo que había un proyecto de diputados evangélicos ligados a Flávio Bolsonaro para buscar sacar a “Nuestra Señora de Aparecida” del lugar de Patrona de Brasil. En Sudamérica es usual que la virgen insignia sea llamada “patrona” de su país. Entonces, es como si en México un candidato propondría destronar a la Virgen de Guadalupe. Hasta los ateos pueden llegar a sentir impopular este planteamiento.
La información tenía un trasfondo de años atrás: un proyecto de ley presentado en la Cámara de Diputados en 2007, por Victorio Galli, exdiputado federal y exasesor de Bolsonaro. Si bien Flávio desmintió la noticia en relación con la campaña de 2026, se esparció tanto por redes sociales que el vicepresidente Geraldo Alckmin y la primera dama, Janja da Silva, postearon mensajes en defensa de Nuestra Señora de Aparecida.
Bonus: resumen de las encuestas y la moneda al aire
Ninguna encuestadora ha proyectado últimamente una presidencia ganada en primera vuelta para el 4 de octubre. El lunes 28 de septiembre se publicaron los últimos datos de la encuestadora Quaest, en las que Lula lidera con un 39%, cinco puntos porcentuales encima de su rival Bolsonaro que llega a 34%.
El mismo día, por su parte, Nexus/BTG otorga el triunfo a Luis Inácio con 42% frente a 37% de Flávio; aquí tampoco se cierra el resultado en primera vuelta. La normativa brasileña establece que para ganar en primera vuelta se requieren 50% + 1 del total de los votos válidos.
Datafolha en su último estudio otorgó a Lula 40% de la preferencia mientras que Bolsonaro obtiene su pase a segunda vuelta con 36%. Atlas Intel/Bloomberg entrega 46 versus 43 puntos porcentuales, respectivamente. El hallazgo al comparar los números es que, puntos más o menos, Brasil votará en primera vuelta –y en hipotético balotaje– en un esquema de país claramente polarizado. Pero esto en Brasil no es novedad. En 2022, sin ir muy lejos, Lula se impuso en segunda vuelta sobre Bolsonaro con menos del 2% de los votos.
Jair Bolsonaro en 2018 le ganó a Fernando Haddad, candidato del PT, ante la imposibilidad legal que pesaba sobre Lula en aquel entonces, en el contexto de las investigaciones que pesaban sobre él, que lo dejaron preso y que luego fueron desestimadas; se podría decir que entonces ganó el titular, no el suplente.
Para esta contienda, Flávio es justamente el suplente de su padre en un contexto parecido –hoy Jair está preso en su domicilio por intento de golpe de Estado y otros delitos– y con todo viene pisando los talones de Lula. Está claro que una segunda vuelta sería un duelo continental. DOMINGA te seguirá contando el devenir de Brasil y su futuro democrático –o no–, el cual es crucial para el continente.
GSC/ASG