Maricopa, el condado donde latinos definirán el control de Washington

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En el mayor condado en disputa electoral de Estados Unidos, la movilización hispana tiene más peso que nunca y se ha convertido en un símbolo de cómo tanto las políticas antiinmigrantes como la economía pasan factura.

De espaldas, Mónica Sandschafer, directora estatal de Mi familia vota, durante uno de los entrenamientos. | Foto: Gardenia Mendoza
Phoenix /
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M+.- Francisca Pérez entreabre la puerta para escuchar a Juan Pablo Luna, activista de la organización Mi Familia Vota, quien acaba de llamar. Está en bata de casa, pero lista para salir a la calle en cualquier momento, y dice: “¡Claro que voy a votar! ¿Qué va a ser de este país sin los latinos?”

Francisca se encuentra en el barrio Trevor Browne, en Maricopa, Arizona, el condado en disputa electoral más grande de Estados Unidos, donde uno de cada tres habitantes es hispano, una proporción similar a la de todo el estado.

Arizona —durante décadas, un bastión republicano— comenzó a perder ese dominio en las principales contiendas estatales y federales y, poco a poco, se convirtió en un estado bisagra; o sea, que ninguno de los dos partidos tiene asegurada la victoria.

Joe Biden ganó en 2020, pero Trump recuperó el estado en 2024, cuando los electores también eligieron al demócrata de ascendencia mexicana y colombiana, Rubén Gallego, para el Senado.


Este 3 de noviembre, la batalla electoral es encarnizada. El estado disputará la gubernatura, renovará su Congreso estatal y elegirá a nueve representantes que pueden inclinar el control de la Cámara federal. Reconquistar al electorado latino es vital para ambos bandos.

Entre los demócratas, los más apurados son quienes buscan reelegirse, como el secretario de Estado Adrian Fontes, la fiscal general Kris Mayes y la gobernadora Katie Hobbs, quien en un guiño a la comunidad vetó leyes que pretendían obligar a los hospitales a preguntar a sus pacientes por su estatus migratorio y otorgaban atribuciones de ICE a la policía local.

Entre los republicanos, el más urgido es el propio presidente Donald Trump, quien había ganado simpatías entre los hispanos para su segundo mandato gracias a su discurso económico, según una encuesta de aquella época del Pew Research Center.

Francisca Pérez argumenta su intención del voto frente al activista Juan Pablo Luna. | Foto: Gardenia Mendoza

El 14 de octubre, con el Air Force One como telón de fondo y sus seguidores bajo el sol de Bullhead City —a 370 kilómetros de Phoenix—, arremetió contra Hobbs y dijo que esta apoya a los cárteles y podría recibir dinero del narcotráfico.


​Ya no hablo de economía, de la inflación anual de 3.7 por ciento ni del incremento de 34 por ciento en el precio de la gasolina, temas de preocupación nacional, sino de seguridad: la segunda mayor preocupación del electorado.

“Nosotros decimos que el gigante latino no estaba dormido, sino ignorado: ahora sí los partidos lo miran”, dijo Mónica Sandschafer, directora estatal de Mi Familia Vota, a MILENIO en sus oficinas del Downtown. 
“También hemos visto en estas elecciones más interés en la comunidad: Arizona ha sido el laboratorio de la política migratoria de Estados Unidos”.

En el barrio de Francisca Pérez, de 76 años, no se olvida que, entre 1992 y 2017, Joe Arpaio, alguacil del condado, inspiró las peores leyes antiinmigrantes o que vestía de rosa a los indocumentados bajo temperaturas de 43 grados centígrados. Aquí, las nuevas generaciones latinas —que tienen en promedio 30 años— guardan la memoria.

Este 3 de noviembre se espera una alta participación de hispanos —el potencial es de 1.3 millones—, pero aún no hay cifras oficiales de cuántos se registraron.​

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​En Arizona, al menos ocho organizaciones latinas han realizado labores de promoción y defensa del voto dentro de una red comunitaria nacional. Mi Familia Vota, como parte de Mi Familia en Acción, junto a UnidosUS, LULAC Institute y Latino Victory Foundation, formaron una coalición que busca aumentar la participación al menos cinco por ciento de aquí a 2028.

Aquí el registro de votantes ya cerró; lograr que acudan a las urnas es el siguiente reto. 

“El 27 de octubre vamos a hacer una fiesta y llevar a los asistentes a votar en un bus”, comenta Juan Pablo Luna.

Oriundo de Guanajuato, llegó a Phoenix a los tres años y vivió la hostilidad de Arpaio, como muchos de su generación, menores de 40 años, que hoy son los más entusiastas con el sufragio.

Por la mañana, él y Mónica Sandschafer capacitaron a una veintena de muchachos de entre 20 y 30 años sobre cómo acercarse a los domicilios, sonreír, romper el hielo y explicar lo que está en juego…, una actividad que se repite diariamente en tiempos de elecciones.

Dos horas después, en el barrio de Trevor Browne, es evidente que Juan Pablo se ganó la confianza de Francisca Pérez. Recargada en el marco de la puerta, la mujer destaca que no está bien lo que está haciendo el gobierno con la persecución de los latinos y que por eso irá a votar: “Hay que apoyarnos entre nosotros”.

A lo lejos, tres niñas morenas juegan con triciclos y patines bajo el sol radiante del desierto, mientras empiezan a ceder las altas temperaturas entre palmeras sembradas artificialmente para adornar las calles perfectamente trazadas y bordeadas por casas de un piso. “Tengan cuidado”, dice la mamá en español. Las pequeñas hablan entre sí en inglés.


Francisca no dice abiertamente por qué partido votará, pero una encuesta de la organización sin fines de lucro UnidosUS señala que el votante latino en este estado presta más atención a las propuestas que a la institución política; por eso, a veces vota por los demócratas y otras por los republicanos.

El bolsillo es un buen medidor: 57 por ciento exige respuestas ante el costo de vida y 44 por ciento, ante los salarios y el empleo. No obstante, últimamente también preocupa el tema migratorio: 87 por ciento apoya vías de legalización para los indocumentados.

Anthony Hernández, de 23 años, abre la siguiente puerta, después de que Juan Pablo toca dos veces el timbre. Con el torso desnudo y en pantalón de mezclilla, confirma que votará.

En su caso, le preocupan algunos cambios que podrían concretarse si se aprueban en el referéndum que acompañará a las urnas, como la restricción de programas de diversidad e inclusión, la eliminación del voto postal, la libertad de cátedra o la censura de contenidos en las escuelas, además de lo que puedan hacer los políticos.

“Todo eso puede afectar mi futuro”, reconoce Anthony.

Juan Pablo Luna sonríe.

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ksh

  • Gardenia Mendoza Aguilar
  • Periodista especializada en temas migratorios y en la relación de México con Estados Unidos. Ha sido corresponsal para medios internacionales en radio, prensa escrita y TV. Hoy forma parte de coberturas especiales de 'Milenio'.

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