Para estos niños ucranianos, la educación segura está bajo tierra

The New York Times

Actualmente hay 74 de estas escuelas totalmente subterráneas en Ucrania, un duro indicador de la naturaleza prolongada de la guerra.

El primer día de clases en el Sichovy Collegium en Zaporiyia, Ucrania, el martes. (Jędrzej Nowicki / The New York Times)
Andrew Kramer y Evelina Riabenko
Ciudad de México /
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M+.- A simple vista, las escuelas parecen sólo patios de recreo o canchas de futbol; las aulas están hundidas como búnkeres bajo metros de tierra. Los niños sólo alcanzan a ver el cielo ocasionalmente, cuando el fin de las alertas de ataques aéreos les permite pasar un poco de tiempo al aire libre.

El primer día de clases, el martes en la ciudad de Zaporiyia, en el sur de Ucrania, los estudiantes pasaron el recreo debajo de los ductos de ventilación o sentados en bancos dispuestos a lo largo de los muros de hormigón reforzado. Los piececitos se balanceaban sobre el suelo.

Actualmente, hay 74 de estas escuelas totalmente subterráneas en Ucrania, un duro indicador de la naturaleza prolongada de la guerra y de una campaña de bombardeos aéreos rusos que, a más de cuatro años de su inicio, no hace más que intensificarse.

“Es imposible recibir una educación ahora sin ir bajo tierra”, dijo Oleksandr Lagin, de 39 años, un gerente de una tienda de abarrotes cuyos dos hijos estudian bajo tierra para estar a salvo de drones y misiles.
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Poner a los niños en este tipo de escuelas podría parecer apocalíptico, pero en cierto modo, ellos son los afortunados.

La mayoría de los 3.6 millones de niños en edad escolar de Ucrania estudian en línea o sobre la superficie. Durante las alertas aéreas, descienden a los sótanos, donde estudiantes de todas las edades se amontonan y la enseñanza es imposible.

Por ejemplo, en Kiev, la capital, el viernes hubo alertas aéreas activas durante 158 minutos, o el equivalente a cuatro de seis clases de un día escolar. La ciudad llevaba días sufriendo ataques casi constantes de drones propulsados a chorro, lo que pone nerviosos a los padres. El martes, una alerta aérea interrumpió allí las ceremonias de inicio del ciclo escolar.

Las autoridades de la región de Kyiv instaron a las escuelas a evitar cualquier ceremonia que implicara concentraciones de personas, por temor a que un dron las alcanzara.

“Pongan la seguridad primero”, imploró Tymur Tkachenko, el administrador militar regional.

Mientras Rusia continuaba con sus bombardeos, ocho personas murieron la noche del martes en Kyiv, entre ellas seis empleados de una empresa ferroviaria, en un ataque a la infraestructura de trenes.

Zaporiyia, una ciudad dedicada a la industria siderúrgica a menos de 16 kilómetros de la línea del frente, ha sido durante años, blanco de las bombas y los drones rusos. La ciudad ha construido 10 escuelas subterráneas con financiamiento europeo, y hay 22 en la región en general.

Paradójicamente, estas escuelas en el frente de batalla en Zaporiyia —generalmente un lugar mucho más peligroso que Kiev— están mejor preparadas para mantener a los niños en las clases.

Yulia Barabash llegó al patio de recreo del subterráneo Sichovy Collegium con su larguirucho hijo de 1.82 metros de estatura, Damir, de 13 años, quien comenzaba el octavo grado. Luego, bajaron un tramo de escaleras para llegar a las aulas.

Los niños correteaban por los túneles de hormigón pintados de azul, vistiendo camisas bordadas tradicionales y llevando flores para regalar a sus maestros en el primer día durante una ceremonia llamada La primera campana.

Barabash dijo que su hijo había pasado el verano jugando videojuegos y tomando clases de taekwondo. Ella estaba feliz de que hubiera regresado a la escuela, dijo, sobre todo porque está mucho más seguro allí que en casa, en la superficie.

“Me gusta estudiar aquí, los maestros son muy amables y se siente seguro”, dijo Damir.

Él también estudió bajo tierra el año pasado. Muchos días, confirmó, está bajo tierra todo el día: “A veces, cuando tenemos un receso entre clases, nos permiten salir a tomar aire fresco, pero si hay una alarma, tienes que regresar”.

Le gusta jugar futbol durante la clase de educación física, pero se decepciona cuando los juegos son interrumpidos por las alertas aéreas.

Barabash rebosaba de entusiasmo por la educación subterránea. “Estoy muy, muy agradecida —remarcó—. Lo traigo aquí en la mañana y no me preocupo en todo el día”.

La guerra, presente

Para los niños, un recordatorio de la guerra que se libra en la superficie aparece en un pasillo, en forma de un cartel en honor a los cuatro exalumnos y un maestro que han muerto como soldados en el ejército. Unos girasoles frescos en floreros adornaban el memorial. “Memoria eterna a nuestros héroes”, decía.

Dmytro Sizhykh, el padre de Danylo, un estudiante de octavo grado en la escuela, combate en el frente, que en gran medida se ha mantenido estancado, pero que aún es letalmente peligroso. También es partidario de la educación subterránea.

“Puedo hacer mi trabajo sin preocuparme por mi hijo —respondió por teléfono—. Si no hubiera escuelas subterráneas y los niños tuvieran que estudiar en las normales, no lo dejaría ir”.

Algunos estudiantes mezclaban el orgullo por su escuela con algunas quejas sobre el entorno subterráneo. 

“Nos gusta la escuela pero no podemos salir, por la guerra”, lamentó María Guchkova, de 14 años, una estudiante de octavo grado a la que le gusta estudiar inglés.

La guerra ha afectado el aprendizaje, al igual que en muchos otros aspectos de la vida ucraniana. Las calificaciones en las pruebas estandarizadas han caído durante la guerra, dijo Tetiana Zheriobkina, una analista de educación en Cedos, una organización de investigación en Kiev.

Los estudios muestran una correlación entre la ansiedad infantil relacionada con la guerra y la caída en las calificaciones, dijo. “Año tras año, los indicadores no están mejorando”, dijo.

El país tiene 11 mil 940 escuelas, de las cuales alrededor de 2 mil sólo dan clases en línea. La mayoría mezcla educación en línea y presencial. Algunas, a través de clases en línea, educan en secreto a ucranianos que están en áreas ocupadas por Rusia.

Por ley, las escuelas en toda Ucrania deben tener un refugio antibombas de fácil acceso para llevar a cabo cualquier enseñanza presencial. Estos suelen ser solo sótanos, seguros pero no aptos para la enseñanza.

Las autoridades de la capital están considerando construir aulas en los sótanos para los grados inferiores. Los directores tomarán las decisiones finales sobre dónde se puede continuar la enseñanza durante las alertas aéreas.

En otras partes de Ucrania, las ciudades han construido escuelas subterráneas o adaptado espacios subterráneos en una variedad de sitios como cines, hospitales, guarderías, estaciones de bombeo de agua e infraestructura de gas natural.

En Zaporiyia, el Sichovy Collegium cuenta con instalaciones propias de un búnker que podrían despertar la envidia de un dictador de poca monta o alguien obsesionado con prepararse para el fin del mundo, incluido un sistema de ventilación de última generación capaz de filtrar la radiación. Está conectado a un generador diésel de respaldo.

Halyna Volkova, la directora, aseguró que las calificaciones de las pruebas eran sólo una medida de la educación en Ucrania hoy en día. Dijo que tenía grandes esperanzas para la generación de la guerra de Ucrania, a pesar de haber sido criada en un crisol de peligro, pérdida y miedo.

Durante una entrevista en el pasillo, se volvió y dijo: “Hola, cariño” y le dio un abrazo rápido a un niño que pasaba, que reconoció del año pasado.

Su escuela, afirmó, intenta enseñar orgullo y patriotismo junto con lo académico, cualidades que dijo que serían necesarias en el futuro de estos niños. “El desarrollo integral es más importante”, dijo.

Además, recalcó, hace un año tuvo un estudiante que superó la prueba estandarizada de graduación a nivel nacional con una puntuación perfecta: “Por encima de todo, una buena educación es una educación segura”.

En una guerra de drones en escalada, eso significa ir bajo tierra. Volkova se mostró optimista sobre el futuro de la educación subterránea: “No decimos que todo es terrible y apocalíptico, porque esta es nuestra vida”.

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HCM

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