M+.- Hay pocos políticos latinoamericanos que hayan podido sobrevivir a lo que Ernesto Samper enfrentó. En 1989, lo acribillaron en un aeropuerto. Para 1994, ganó la presidencia de Colombia. Y durante su gobierno, sicarios asesinaron al senador Manuel Cepeda Vargas, uno de los últimos dirigentes vivos de la Unión Patriótica, el partido de izquierda que estaba bajo amenaza de exterminio.
Ahora apoya abiertamente a Iván Cepeda, hijo de ese senador, como candidato presidencial del Pacto Histórico.
“Para mí fue muy doloroso inaugurar mi gobierno con ese asesinato”, dice Samper en entrevista para MILENIO.
“Eso estableció entre Iván y yo una química [con la] que hemos seguido trabajando juntos”.
Sobre Trump y Colombia no guarda mesura:
“Fuimos durante muchos años el mejor aliado estratégico de Estados Unidos en esta parte del continente. Pero Trump rompió esos vínculos: subió los aranceles y comenzó a tratar a los migrantes colombianos como si fueran criminales. Cuando uno hace eso, no es amigo”.
Y advierte que puede empeorar. Si los demócratas pierden terreno en el Congreso estadunidense, el margen de maniobra para América Latina se reducirá todavía más.
“Sería como en una película de vaqueros: ganan los malos”, asienta.
Piensa que el peligro más inmediato para su país no viene de la derecha tradicional.
“Apareció una nueva derecha vinculada a estructuras criminales, al narcotráfico. Los mismos cárteles mexicanos han comenzado a llegar a Colombia. Esa es mucho más peligrosa porque nadie la ve venir y ya está dentro”.
El modelo Bukele tampoco le convence.
“El discurso de más policías, más cárceles, más militares le llega directamente a una gente que siente que la inseguridad la está golpeando. Pero si le preguntas de dónde sale ese dinero, la respuesta es de educación, de salud, de pensiones. En ese momento el tema es distinto”.
En esa lógica, para Samper el modelo represivo es un péndulo: cuando la gente ve que la inseguridad sigue y que el gasto social se reduce, “los proyectos progresistas volverán a tener oxígeno”.
El eje Brasil, Colombia, México
Sobre México y el papel que le toca jugar a la presidenta Claudia Sheinbaum en el contexto regional actual, Samper no evade.
“Me parece muy bien lo que está haciendo. Le toca más duro porque tiene al monstruo más grande al lado. Nadie escoge a sus vecinos”.
Y traza una línea conceptual de posible bloque político: Brasil, Colombia y México como un contrapeso frente al proyecto ideológico que el presidente estadunidense, Donald Trump, intenta imponer en el continente.
“El gran fenómeno negativo actual es la ideologización de las relaciones internacionales”, dice.
“Ya no estamos divididos entre países o regiones, sino por signos ideológicos. Y eso es exactamente lo que Trump y su equipo están alimentando para poner la región de su lado”.
Las encuestas, que en Colombia como en México se han convertido en arma política tanto como en instrumento de medición, también tienen su lugar en la conversación.
“Son como las morcillas”, dice Samper. “Todo el mundo las disfruta hasta que te cuentan cómo las hacen”.
Posterior a esta entrevista, se conocieron los resultados en la elección presidencial en Colombia, derivando en una segunda vuelta en virtud de que ninguno de los postulantes consiguió la mayoría.
Iván Cepeda, como representante de Pacto Histórico, tiene el reto de ensanchar su base política más allá del voto denominado progresista, con un papel muy claro de defensa de la continuidad de la agenda de izquierda, que se puede resumir como paz, derechos sociales, reformas institucionales y redistribución del ingreso.
Sin embargo, su reto es doble porque buscaría mantener el apoyo que suscita el gobierno saliente y desmarcarse de las dudas sembradas en un primer momento por el presidente Gustavo Petro sobre la limpieza del proceso electoral.
Cepeda obtuvo unos 9.6 millones de votos en esa primera vuelta. Estuvo, para sorpresa de muchos, por debajo de Abelardo de la Espriella, un ‘outsider’ considerado de extrema derecha, de tal manera que el siguiente paso del izquierdista será tender puentes con sectores del centro político.
De la Espriella, abogado y empresario, no tenía una carrera política y, en efecto, personifica una derecha dura, personalista, confrontativa. Rechaza al petrismo y basa su propuesta en un discurso de orden, seguridad, reducción del tamaño y presencia del Estado.
Fue el triunfador de la primera vuelta con 10.3 millones de votos y, como su contraparte Cepeda, buscará capitalizar el descontento contra el oficialismo y atraer a los votantes más moderados del espectro electoral, quienes no se sienten identificados por alguien que profese principios de ultraderecha.
Fact checking: JRH
MD