Ted Turner, el magnate de los medios de comunicación que protagonizó el panorama estadunidense de finales del siglo XX dominando la industria de la televisión por cable, creando el ciclo de noticias de 24 horas con la CNN y extendiendo su inquieto alcance a los deportes profesionales, el ecologismo y la filantropía, murió ayer en su casa cerca de Tallahassee, Florida. Tenía 87 años.
Phillip Evans, portavoz de la familia, confirmó el fallecimiento. Turner anunció en 2018 que padecía demencia por cuerpos de Lewy, un trastorno cerebral progresivo.
La creación emblemática de Turner fue la CNN —Cable News Network o red de noticias por cable—, que revolucionó los noticieros en 1980 al presentar noticias sin pausa e inspirar con el tiempo a otros medios a seguir su ejemplo. Su cartera de proyectos empresariales contenía mucho más, y su impacto en la cultura fue considerable.
Turner creó el canal CNN Headline News y CNN International. Fundó la “súper emisora” de deportes y entretenimiento por cable y satélite que se conoció como TBS y engendró un canal hermano, TNT, que aún llega a millones de hogares.
En 1985, compró por mil 500 millones de dólares la biblioteca de películas del estudio MGM y nueve años después creó la franquicia por cable Turner Classic Movies, o TCM. Hizo una compra similar de los dibujos animados de Hanna-Barbera y, apoyándose en ellos, creó el canal de caricaturas Cartoon Network en 1992.
En 1996 fusionó su conglomerado, Turner Broadcasting System, con Time Warner para crear una de las empresas de medios de comunicación más grandes del mundo.
Por el camino, encontró tiempo y energía para capitanear el yate ganador de la regata de la Copa América en 1977 y para asumir un papel activo como propietario de los Atlanta Braves, equipo al que dio una amplia exposición nacional en las televisoras propiedad de Turner.
“Intento establecer el récord histórico de logros de una persona en una vida —dijo al periodista Dale Van Atta en un artículo del Reader’s Digest en 1998—. Y eso te coloca en una compañía bastante grande: Alejandro Magno, Napoleón, Gandhi, Cristo, Mahoma, Buda, Washington, Roosevelt, Churchill”.
Ni siquiera sus más acérrimos admiradores colocaban a Turner en un pedestal tan alto, pero incluso un rival implacable como el magnate de los medios de comunicación Rupert Murdoch tuvo que reconocer que era una de las figuras más influyentes de la historia de los medios masivos de comunicación.
Turner, empresario afincado en Atlanta, asumió riesgos asombrosos en los negocios, y en ocasiones se tambaleó al precipicio de la quiebra para después remontar el vuelo y multiplicar su fortuna.
En contra de los consejos de sus colegas y de la sabiduría convencional de sus pares del sector, invirtió millones de dólares en empresas pioneras que combinaban las emisiones por cable y por satélite. Se enfrentó a las grandes cadenas de televisión. Estuvo a punto de perderlo todo en Hollywood, pero emergió de estas apuestas y reyertas como multimillonario a horcajadas de un vasto imperio por cable de canales de noticias, deportes y entretenimiento.
Su vida personal también fue turbulenta. Sus tres matrimonios —el último, en 2001, con la oscarizada actriz Jane Fonda— se vieron a menudo sacudidos por sus abiertas muestras de infidelidad, su consumo excesivo de alcohol y su comportamiento grosero.
Turner, alto y delgado, con un rostro escarpado y bigotudo, era apodado la Boca del Sur por sus afirmaciones grandilocuentes y su reputación de proferir insultos gratuitos, y podía, no obstante, ser un hombre de gran encanto, cuyas meteduras de pata eran perdonadas una y otra vez por un público indulgente, que en gran parte lo consideraba una leyenda estadunidense viva.
La inclinación política de Turner era contradictoria y controvertida. Aunque afirmaba ser un republicano archiconservador con vínculos cercanos a los evangélicos cristianos y los miembros de extrema derecha de la Sociedad John Birch, también se hizo amigo del líder cubano Fidel Castro y defendió la conducta represiva del gobierno comunista chino.
En un extraordinario acto de filantropía, donó 1000 millones de dólares a las Naciones Unidas, organización aborrecida por los conservadores estadunidenses. Adoraba la caza, pero se convirtió en el preferido de los ecologistas cuando compró cientos de miles de hectáreas de tierras vírgenes y ranchos y los designó como reservas naturales. Se convirtió en el cuarto mayor terrateniente privado de Estados Unidos, con unas 800 mil 000 hectáreas, además de vastas extensiones que poseía en Argentina y otros países.
La influencia de Turner fue más evidente en la forma en que su CNN transformó las noticias de la televisión al presentarlas las 24 horas del día con actualizaciones constantes, transmitiendo una sensación de inmediatez.
“Hoy en día, las noticias están disponibles cuando realmente suceden, no cuando conviene a las tres cadenas de televisión emitirlas”, escribieron Robert Goldberg y Gerald Jay Goldberg, padre e hijo, en su biografía de 1995, Citizen Turner: The Wild Rise of an American Tycoon. Ya fuera cubriendo la caída del Muro de Berlín, el aplastamiento del movimiento estudiantil chino en la plaza de Tiananmén o la guerra del golfo Pérsico de 1991, la CNN de Turner era el vehículo para ver la historia en ciernes.
“Aprendo más de la CNN que de la CIA”, se mencionó repetidamente que dijo el presidente George H. W. Bush en la época de la guerra.
El propio Turner afirmaba no estar terriblemente interesado en las noticias ni en ningún otro tipo de negocio. Lo que lo impulsaba era la emoción de la caza, no la presa. Como dijo a The New York Times: “Siempre he sido más un aventurero que un hombre de negocios”.
Capitán valiente
Robert Edward Turner III, conocido universalmente como Ted, nació el 19 de noviembre de 1938 en Cincinnati. Su padre, Robert Jr., oriundo de Misisipi y cuya familia se dedicaba al cultivo de algodón, se mudó a Ohio durante la Gran Depresión y se casó con Florence Rooney, hija del dueño de una cadena de supermercados de Cincinnati.
El señor Turner padre, conocido como Ed, posteriormente trasladó a la familia de regreso al sur, a Georgia, donde fundó una empresa de publicidad exterior. En entrevistas y biografías, Ted Turner lo describió como un alcohólico abusivo a quien, sin embargo, admiraba y trataba de complacer.
De joven, Ted Turner asistió a la Escuela McCallie en Chattanooga, Tennessee, por aquel entonces una academia militar de élite exclusivamente para blancos que hacía hincapié en los valores cristianos conservadores. Durante los veranos, trabajaba para la empresa de su padre pintando vallas publicitarias. Su padre le obligaba a usar su sueldo para pagar su habitación y comida en casa, en Savannah.
Se graduó en 1956 con calificaciones lo suficientemente buenas como para ingresar a la Universidad de Brown, sin ser un estudiante ejemplar. Un antiguo compañero de clase, William Kennedy, fue citado en "Citizen Turner" describiendo al joven Ted como "un intolerante, como quizás todos lo éramos en cierto sentido en aquel entonces".
Según Kennedy, Ted Turner bebía en exceso, cantaba canciones nazis frente a una fraternidad judía y colocaba letreros del Ku Klux Klan en las puertas de las habitaciones de los estudiantes negros. Finalmente, fue expulsado de Brown tras ser descubierto en la cama con una mujer en su habitación.
Se unió entonces a la empresa de su padre, Turner Outdoor Advertising, que se convirtió en la más grande de su tipo en el sur del país; trabajaba a veces arduamente, pero a menudo dedicaba más energía a las fiestas y a la navegación, una pasión para toda la vida.
En 1963, su padre, de 53 años, tras contraer grandes deudas para expandir su negocio de vallas publicitarias y luchar contra el alcoholismo, la drogadicción y la depresión, se suicidó de un disparo en el baño de la planta alta de la casa de los Turner, a las afueras de Savannah.
Ted Turner, que entonces tenía 24 años, quedó devastado y se sintió “solo”, según declaró a la revista Time, “porque contaba con él para que juzgara si yo era un éxito o no”.
Además, aún lloraba la reciente muerte de su hermana menor, Mary Jean, a causa de lupus y encefalitis, enfermedades autoinmunes. Describió su muerte como la razón por la que perdió la fe religiosa, pero también como lo que lo impulsó a convertirse en un "superdotado" en los negocios.
Ignorando los consejos de los amigos y contadores de su padre de vender el negocio, insistió en mantenerlo intacto.
Su ambición no se limitó a las vallas publicitarias. En 1970, se endeudó para comprar una pequeña estación de televisión en quiebra en Atlanta, a la que rebautizó como WTCG, por Turner Communications Group, el nombre que le había dado a la compañía de su padre; usaría vallas publicitarias para anunciar su nuevo negocio televisivo. Con una programación insuficiente y escasos ingresos publicitarios, la estación siguió generando pérdidas.
Sus asesores comerciales le aconsejaron que no realizara la compra. “Turner no hizo caso —escribió Malcolm Gladwell en The New Yorker en 2010 —. Era el Capitán valiente, el hombre con nervios de acero que ganó la Copa América, se enfrentó a las grandes cadenas de televisión, se casó con una estrella de cine y se convirtió en multimillonario. Vestía como un vaquero. Daba la impresión de firmar contratos sin leerlos. Era bebedor, gritón, un hombre de impulsos y deseos incontenibles, la personificación del emprendedor arriesgado. Compró la emisora y así comenzó uno de los grandes imperios de la radiodifusión del siglo XX”.
Una expansión explosiva
En 1976, Turner se endeudó aún más para comprar los Atlanta Braves, un equipo de béisbol por aquel entonces con un desempeño lamentable. El precio de compra fue de 500 mil dólares en efectivo y 8 millones de dólares con un interés anual del 6% durante 10 años. (Según Forbes, los Braves ahora valen 3.3 millones de dólares).
Esta vez, su apuesta dio sus frutos. Al transmitir los 162 partidos de los Braves por WTCG, logró llenar un enorme vacío en la programación por una fracción del costo que habría supuesto comprar o producir otros programas. Pronto, el flujo de caja de la emisora comenzó a aumentar. (También compró la franquicia de baloncesto de los Atlanta Hawks en 1977).
En lugar de usar el dinero para saldar sus deudas, contrajo más préstamos para expandir su negocio televisivo mediante la transmisión por satélite. Tuvo que afrontar elevadas tarifas por el uso de un satélite RCA y adquirir costosos equipos de transmisión nuevos.
Esta también fue una apuesta ganadora. De esta manera, nació a finales de 1976 lo que se conocería como TBS —por Turner Broadcasting System—. Además de deportes, ofrecía una programación constante de películas clásicas y reposiciones de Lassie y I Love Lucy a un costo relativamente bajo.
En un momento en que la incipiente industria del cable necesitaba demostrar el valor de su programación a los suscriptores, la estación de Turner se consideraba esencial para el crecimiento y la expansión del cable.
Al mismo tiempo, Ted Turner se estaba labrando una reputación perjudicial por sus infidelidades, su alcoholismo y su mala conducta pública. Su tumultuoso primer matrimonio, con Julia Nye (con quien tuvo dos hijos, Laura y Teddy Jr.), terminó a principios de los 60, poco después de que compitiera contra su esposa en una regata de yates. Al ver que estaba a punto de ganar, embistió su barco con el suyo.
Más tarde, humilló públicamente a su segunda esposa, Jane Smith, una ex azafata de Delta Air Lines con quien tuvo tres hijos, Beauregard, Rhett y Jennie, llevando a sus novias a los partidos de los Braves.
Las excentricidades de Ted se extendían a la oficina. Si no le gustaba una presentación, podía arrojar el texto escrito al otro lado de la sala y denigrar a gritos a sus empleados, según sus biógrafos, los Goldberg. Para conseguir más clientes, a veces recurría a la teatralidad.
“Turner era capaz de cualquier cosa para vender su emisora a los anunciantes —escribieron los autores en Citizen Turner—. Se subía a sillas, escritorios, mesas, a cualquier cosa que no se moviera, y gritaba a todo pulmón. Si encontraba una resistencia realmente seria, incluso podía caerse al suelo como si le hubieran disparado y gritar: ‘¡Me están matando!’”.
En 1977, el comisionado Bowie Kuhn lo expulsó del béisbol durante casi un año por interferir con un jugador de otro equipo, Gary Matthews, de los Gigantes de San Francisco.
Durante estos años de angustia por las deudas y una expansión empresarial explosiva, Turner pasaba meses navegando y ganando premios de vela. En 1970 y en 1973, fue nombrado Regatista del año por la Asociación de Vela de Estados Unidos, y se propuso ganar la prestigiosa Copa América.
Primero tuvo que superar las objeciones iniciales del tradicional New York Yacht Club; la membresía era requisito para cualquier participante en la Copa América, y los directivos del club estaban preocupados por la reputación de Turner.
Al final, era un regatista demasiado bueno como para rechazarlo, y las objeciones fueron retiradas. Tuvo un desempeño discreto en su debut en la Copa América, en 1974, y posteriormente compró el yate Courageous a Ted Hood, quien había resultado victorioso con él ese mismo año.
Turner reunió una tripulación de primera categoría que le ayudó a ganar la Copa América de 1977 frente a Newport, Rhode Island. Lo logró sólo después de estar a punto de ser expulsado: “Durante las eliminatorias de la Copa —informó la revista Time —, coqueteó con todas las chicas que vio, recorrió bares con su tripulación, lo echaron de clubes y restaurantes elegantes por su comportamiento ebrio y dejó a la alta sociedad de Newport completamente indignada”.
Los organizadores de la Copa obligaron al Sr. Turner a disculparse públicamente ante un club de élite, la Asociación de Playa Spouting Rock, por acosar a sus miembros femeninas. “Deseo disculparme profundamente porque, sin duda, bebí demasiado esa noche de sábado”, escribió al presidente del club.
Al ganar la Copa, se rodeó de mujeres jóvenes y atractivas y estaba demasiado ebrio para terminar su discurso de victoria en una rueda de prensa televisada a nivel nacional.
Los triunfos en el agua convirtieron a Ted Turner en un héroe estadunidense, y él aprovechó su nueva popularidad para impulsar sus negocios. El 1 de junio de 1980, lanzó CNN, el primer canal de noticias 24 horas, con sede en Atlanta, lejos de las capitales tradicionales de la información: Nueva York y Washington. Menos de dos años después, comenzó a transmitir CNN Headline News, con actualizaciones cada media hora.
Noticias 24 horas
CNN tuvo dificultades al principio, perdió hasta 2 millones de dólares al mes en sus dos primeros años. Cuando la cadena salió al aire tenía menos de dos millones de espectadores, en comparación con las tres grandes cadenas —CBS, NBC y ABC— cuyos noticieros, en conjunto, llegaban a más de 50 millones de hogares. Turner tuvo que confiar en la paciencia de su audiencia con su personal de noticias inexperto y mal pagado, y con los constantes problemas técnicos que dejaban a los presentadores sin guion ni material audiovisual.
La competencia ridiculizaba a CNN como la "Cadena de fideos de pollo", y la cadena de Turner tuvo que demandar a la administración Reagan y a las tres cadenas rivales para ser incluida en el grupo de prensa de la Casa Blanca.
La necesidad de cubrir 24 horas de cobertura era abrumadora. Ted Turner y sus altos ejecutivos se lanzaron a una frenética campaña de contratación, reclutando a expertos como Robert Novak y encontrando presentadores como Lou Dobbs y Larry King, provenientes de estaciones de televisión locales y del mundo de la radio, respectivamente. Construyeron desde cero una extensa estructura internacional para las operaciones de la redacción.
Antes del inicio de las operaciones terrestres en la Guerra del Golfo Pérsico, CNN contaba con una gran ventaja. El corresponsal Peter Arnett era uno de los pocos reporteros occidentales en Bagdad, ofreciendo una sólida cobertura desde el terreno. En contraste, sus competidores se encontraban fuera del país y sus reportajes dependían de las declaraciones oficiales del gobierno estadunidense.
La cobertura de CNN desde Irak le valió el prestigioso Premio Peabody, que destacó que había "madurado de una curiosidad de la televisión por cable a un servicio internacional de inestimable importancia".
Ted Turner apareció en la portada de la revista Time como "Hombre del año" en 1991.
Mientras CNN ganaba prestigio, Turner logró ganarse la simpatía del público al presentarse como un patriota que luchaba contra los gigantes de la televisión por una mayor audiencia. Afirmando representar los valores familiares conservadores, atacó a los altos ejecutivos de las cadenas, llamándolos "un grupo de izquierdistas".
Sin embargo, Turner podía adoptar posturas políticas mucho más a la izquierda; en 1982, por ejemplo, regresó de una visita a Cuba lleno de elogios para Castro. Cuando los ejecutivos de CNN lo reprendieron por declarar al líder cubano “un gran tipo”, Turner replicó: “Castro no es comunista. Es como yo, un dictador”. Incluso convenció a Fidel para que grabara un anuncio promocional para CNN.
En su batalla contra las cadenas de televisión, Turner contó entre sus aliados con miembros de la Sociedad John Birch y pastores evangélicos cristianos de derecha como el reverendo Jerry Falwell y el reverendo Donald Wildmon. Estos hicieron la vista gorda ante el estilo de vida escandaloso de Ted, aplaudiendo sus llamados a promover valores familiares en la radiodifusión.
Con CNN comenzando a ser rentable y TBS obteniendo grandes ganancias, Turner estaba listo para arriesgarlo todo: en 1985, anunció una oferta hostil por CBS, entonces la cadena de televisión más grande, por 5 mil 400 millones de dólares. El acuerdo propuesto conmocionó a la industria de los medios, ya que el Turner proponía que TBS, con ingresos anuales inferiores a 300 millones de dólares, se hiciera con el control de un conglomerado gigante con ingresos de casi 5 mil millones de dólares.
CBS contraatacó adoptando la llamada "píldora venenosa", pidiendo prestados mil millones de dólares para recomprar 21% de sus acciones. En efecto, CBS advertía a Turner que si su oferta de adquisición prosperaba, se vería endeudado hasta el límite. Tras admitir su derrota, retiró su oferta en julio de 1985.
Un mes después, el Sr. Turner volvió a ser noticia con un acuerdo para comprar la productora de Hollywood MGM-UA Entertainment al inversor multimillonario Kirk Kerkorian por mil 500 millones de dólares. Según los términos del acuerdo, que se cerró en marzo de 1986, el Sr. Turner se hizo con el control del estudio y los terrenos de MGM, así como con una biblioteca de 3 mil 500 películas, entre ellas Lo que el viento se llevó. Como parte del acuerdo, también adquirió el catálogo de Warner Bros. anterior a 1948, lo que incluía Casablanca y los dibujos animados de Looney Tunes.
El mundo de las inversiones reaccionó con incredulidad ante el precio, que dejó a las empresas de Turner con una deuda de casi 2 mil millones de dólares. El nuevo conglomerado era «una de las empresas más endeudadas de su época», según The Wall Street Journal en 1986.
Era evidente que no podía generar suficientes ingresos para cubrir sus pagos de deuda; en junio de 1986 accedió a vender todo excepto la filmoteca por 490 millones de dólares. Al final, Turner pagó mil 200 millones de dólares sólo por la filmoteca de MGM.
El empresario intentó obtener beneficios de su filmoteca de MGM coloreando películas clásicas en blanco y negro, en lo que resultó ser un intento desacertado de aumentar su atractivo entre el público joven. Fue atacado por la prensa, cineastas, cinéfilos y políticos, quienes lo tacharon de inculto. Molesto, terminó coloreando sólo unas pocas películas, entre ellas una de detectives de 1941 protagonizada por Humphrey Bogart, El halcón maltés, antes de abandonar el plan ante la condena de numerosos actores y directores, incluidos Billy Wilder y Woody Allen.
Turner empañó aún más su imagen al proferir insultos étnicos y raciales en foros públicos. En Ted Turner Speaks, una recopilación de sus declaraciones públicas compilada en 1999 por Janet Lowe, se le cita diciendo en un banquete deportivo que tenía otros motivos para detestar al agente de béisbol Jerry Kapstein, además del hecho de que “fuera judío”.
El segundo matrimonio de Turner no sobrevivió a este período turbulento. No intentó ocultar su relación con Liz Wickersham, una ex modelo de la portada de la revista Playboy, a quien intentó, sin éxito, convertir en presentadora de un programa de CNN. A finales de los 80, Turner y su esposa, Jane Smith, se divorciaron.
Una era de prosperidad
Ante las crecientes deudas y la casi segura bancarrota, Turner acordó en 1987 vender 37 por ciento de Turner Broadcasting a un grupo de 31 compañías de cable por 562 millones de dólares y cederles siete de los 15 puestos en el consejo de administración de TBS. Además, se comprometió a no realizar ningún gasto superior a dos millones de dólares sin la aprobación de 12 de los 15 miembros del consejo.
Tras la época de arriesgadas inversiones, comenzaba para Turner una nueva era de prosperidad constante y espectacular. Para 1989, su fortuna se había duplicado, alcanzando los cinco mil millones de dólares. CNN y CNN Headline News llegaban a más de 50 millones de hogares en todo el mundo.
Su catálogo de películas de MGM, que incluía El mago de Oz y Ciudadano Kane, se convirtió después de todo en una inversión lucrativa, atrayendo a millones de nuevos espectadores a Turner Network Television, o TNT, y luego a Turner Classic Movies.
En 1991, amplió su imperio al adquirir, por 320 millones de dólares, Hanna-Barbera Productions, cuyo catálogo incluía personajes como Los Picapiedra, Los Supersónicos y El oso Yogi. Un año después, lanzó Cartoon Network, un canal de dibujos animados que emitía las 24 horas y que resultó ser un éxito rotundo. En 1993, adquirió las productoras cinematográficas New Line Cinema y Castle Rock.
Sus colegas y empleados comenzaron a notar que se había vuelto más tranquilo. En entrevistas, Ted declaró que había comenzado a tomar litio, un medicamento que se suele recetar para contrarrestar el trastorno bipolar.
Aun así, seguía siendo capaz de sorprender con sus declaraciones públicas. En un discurso ante la convención de la Asociación Humanista Estadunidense, describió el cristianismo como «una religión para perdedores». Apenas un año después de la masacre de estudiantes disidentes en la Plaza de Tiananmén en 1989, conmocionó a la asociación de corresponsales extranjeros en Pekín al sugerir que el gobierno chino no tenía la culpa.
“Los estudiantes deberían haberlo sabido, ¿no creen? —dijo—. Habían sido advertidos”. Algunos de sus críticos sugirieron que sus crecientes negocios con China podrían haber influido en sus opiniones.
Aun así, seguía siendo popular entre muchos estadunidenses, que lo veían como un rebelde afable y exitoso. Su fama se vio incrementada por su inesperado romance con Jane Fonda. Ambos eran ricos y famosos, pero opuestos en muchos sentidos. Él era un mujeriego empedernido; ella, una feminista convencida.
La conquistó haciendo hincapié en sus similitudes, como el hecho de ser hijos de un progenitor suicida y sus amistades con figuras emblemáticas de la extrema izquierda, como Fidel Castro.
Más tarde, ella escribió en sus memorias que quedó deslumbrada por su carisma, que comparó con "un espectáculo de luz y sonido tridimensional, estereofónico y digno de Shakespeare".
La pareja contrajo matrimonio en 1991 y, en los años siguientes, Turner dedicó más tiempo al ecologismo y la paz mundial, mientras que Fonda se retiró de Hollywood para dedicarse por completo a Ted y sus nuevas causas. Su matrimonio duró 10 años.
A Ted Turner le sobreviven dos hijas: Laura Turner Seydel, presidenta emérita de la Fundación Capitán Planeta, un grupo ecologista de Turner, y Sara Jean Turner Garlington, conocida como Jennie, ecologista y fideicomisaria de la Fundación Turner. También tres hijos: Robert E. Turner IV, conocido como Teddy, ejecutivo de Turner Television; Rhett Lee Turner, cineasta y fotógrafo; y Reed Beauregard Turner, conocido como Beau, presidente del consejo de administración del Fondo Turner para especies en peligro de extinción; 14 nietos y dos bisnietos.
Más allá de sus imperios
A mediados de los 90, Turner parecía haber alcanzado el límite de sus ambiciones de construir un imperio. En 1995, llegó a un acuerdo para fusionar TBS con Time Warner, aceptando intercambiar todas sus acciones por acciones de Time Warner por valor de 7 mil 500 millones de dólares.
Gerald M. Levin, director de Time Warner, se convirtió en presidente y director ejecutivo del nuevo conglomerado, que conservó el nombre de Time Warner, mientras que Turner aceptó el cargo de vicepresidente.
“He sido director ejecutivo durante 33 años, y eso es mucho tiempo para cualquiera”, declaró Turner a The New York Times en 1995, añadiendo más tarde: “Estoy casado con Jane Fonda, así que sé lo que es ser el número dos”.
En 2001, cuando la empresa de internet AOL compró Time Warner por 160 mil millones de dólares, creando la mayor empresa de medios del mundo, Turner descendió aún más en la jerarquía corporativa y renunció a la junta directiva dos años después.
En ocasiones, parecía más entusiasmado con las causas benéficas y medioambientales que con los negocios. En 1986, volvió al mundo del deporte, creando los Juegos de la buena voluntad, competencias atléticas entre naciones que originalmente tenían como objetivo aliviar las tensiones de la Guerra Fría. Este esfuerzo benéfico se disolvió después de 15 años y cinco eventos internacionales.
Para 1996, había acumulado más de 500 mil hectáreas de tierras de rancho, una extensión similar a la del estado de Delaware, distribuidos en ocho ranchos en Montana, Nuevo México y Nebraska. Su manada de 12 mil búfalos era una de las más grandes del país. Anunció que sus tierras se mantendrían sin urbanizar y que posteriormente se destinarían a reservas naturales.
Emprendió proyectos de energías renovables; abrió una cadena de restaurantes de carne de bisonte, Ted’s Montana Grill, con el objetivo de crear un mercado para esta carne y preservar al animal de la extinción; y fundó Ted Turner Reserves, que ofrece visitas guiadas con conciencia ecológica y alojamiento de lujo en extensas propiedades de Nuevo México.
También se convirtió en un importante filántropo, creando fundaciones dedicadas a la protección del medio ambiente, el apoyo a las Naciones Unidas y la reducción de la amenaza de la guerra nuclear, química y biológica.
En 1997, donó mil millones de dólares a la ONU, distribuidos a lo largo de 10 años, con el objetivo de ayudar a refugiados y niños, desminar la tierra y combatir enfermedades.
Con su habitual descaro, Ted Turner afirmó que esta donación representaba simplemente el aumento de su patrimonio neto en los nueve meses anteriores, e instó a otros empresarios adinerados a seguir su ejemplo filantrópico.
“Hay mucha gente que nada en dinero y no sabe qué hacer con él —declaró en una entrevista con Larry King para CNN tras el anuncio—. De nada sirve si no sabes qué hacer con él. He aprendido que cuanto más bien hago, más dinero recibo; hay que aprender a dar. No se nace siendo generoso, se nace egoísta”.
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