Al menos 10 italianos han sido acusados en vía preliminar por haber participado en los llamados safaris humanos en los que personas de altos recursos pagaban para disparar contra civiles inermes desde las colinas de la ciudad de Sarajevo, en Bosnia-Herzegovina, sometida por las fuerzas serbias entre 1992 y 1996, el más largo asedio bélico en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
“No hay ninguna duda de que existieron esos safaris humanos” dicen en entrevistas separadas con MILENIO tanto el escritor y periodista Ezio Gavazzeni, autor de una investigación y un libro sobre el tema, como el reconocido abogado y exjuez Guido Salvini, quien colabora en la parte jurídica para sacar a la luz el caso.
El escritor presentó el año pasado ante la Fiscalía de Milán una denuncia penal de 17 páginas en la que señaló que durante el sitio de Sarajevo hubo millonarios de países occidentales que, como deporte y pasatiempo, pagaban para poder disparar —como lo hacían los francotiradores serbobosnios por razones militares— desde las colinas de la ciudad mártir contra civiles. Se calcula que más de 11 mil personas fueron asesinadas de esa manera, entre ellas unos mil 600 niños.
Hasta ahora solamente han sido condenados por esos hechos cuatro personas: el líder serbio-bosnio Radovan Karadzic, el general Ratko Mladic y los comandantes Stanislav Galic y Dragomir Milosevic. Los tres primeros, acusados de genocidio y crímenes de guerra y contra la humanidad, recibieron sentencias de cadena perpetua, mientras el cuarto fue condenado a 29 años de cárcel.
Tras la denuncia de Gavazzeni, la Fiscalía de Milán abrió una indagación a cargo de los magistrados Alessandro Gobbis y Marcello Viola.
¿Quiénes han sido acusados por las cacerías humanas de Sarajevo?
Gavazzeni explica a MILENIO que hasta el 22 de abril había 10 acusados, incluidos cinco cuya identidad ya era conocida por los servicios secretos italianos, según documentó inicialmente el cineasta esloveno Miran Zupanic en el largometraje de 2022 Sarajevo Safari y luego el propio periodista en su libro I cecchini del weekend (Los francotiradores del fin de semana, en italiano), publicado en Italia en marzo.
El escritor, que inició su investigación tras ver el documental de Zupanic, basó el testimonio sobre esos cinco acusados en diversas entrevistas con un ex miembro de los servicios secretos italianos, entonces conocidos como Servicios de Información Militares (Sismi, por su sigla en italiano), a quien en su libro solamente identifica como el Innominado.
Ese personaje —enviado en 1994 a los Balcanes con el fin de obtener información útil a las fuerzas armadas italianas en relación a las milicias croatas, serbias y bosnio-musulmanas que estaban involucradas en la guerra civil que desangró a la ex Yugoslavia— reveló a Gavazzeni que desde los años noventa los servicios secretos italianos sabían de la existencia de los safaris humanos.
Según el periodista, fue Edin Subasic, que formaba parte de los defensores de Sarajevo, quien se enteró en 1993 —tras leer documentos del servicio de seguridad militar bosnio que había interrogado a un voluntario serbio capturado— que cinco italianos habían viajado desde Belgrado a Bosnia-Herzegovina para disparar a civiles e informó de ello a dos agentes del Sismi.
Los servicios secretos italianos respondieron después de varios meses, ya en 1994, asegurando que los cinco habían sido identificados y repatriados y que la actividad de los safaris humanos había sido interrumpida.
Esa última afirmación, según Gavazzeni, resultó ser falsa, pues la caza a seres humanos en Sarajevo se extendió prácticamente durante toda la duración del sitio a la ciudad.
El periodista dice que tanto Innominado, como Michael Giffoni, ex representante adjunto de la delegación diplomática especial de Italia en la zona, comparecieron en noviembre ante la Fiscalía de Milán, a la que confirmaron toda la información.
“Sabemos que la Fiscalía ha contactado a los servicios secretos pero no sabemos si los servicios secretos han respondido. Hay hasta el momento 10 indagados. No sabemos cuándo serán cerradas las indagaciones, podrían durar todavía 7 u 8 meses”, precisa.
Gavazzeni ha dado los nombres de otras cinco personas, tres de las cuales ya han sido interrogadas. Todos son de nacionalidad italiana —pues la fiscalía de Milán no tiene facultades para indagar a personas de otros países—, acusados en vía preliminar de homicidio voluntario y continuado y complicidad en homicidio, con los agravantes de crueldad y motivos abyectos.
Según medios italianos, se trata de aficionados a la caza, incluido Giuseppe Vegnaduzzo, un ex transportista actualmente de 80 años de edad, el único identificado con nombre y apellido, quien fue interrogado el 9 de febrero por los fiscales, ante quienes negó todas las acusaciones y aseguró que solamente viajaba a Bosnia por motivos de trabajo.
También son acusados un profesionista de Turín, un banquero de Trieste, el propietario de una clínica médica de Milán y un ex miembro de las tropas alpinistas de las fuerzas armadas italianas.
Gavazzeni confirma que los testimonios hablan de personas de todos los países europeos, pero que las investigaciones deben hacer su camino y, tras la actual fase preliminar, se espera que se abra un proceso con elementos suficientes para sentenciar definitivamente a los culpables.
En su libro, Gavazzeni habla de 230 italianos que habrían participado en los safaris humanos, pero el ex juez Guido Salvini cree que ese es un número más bien alto y que en realidad habrían sido menos los involucrados.
Al igual que Gavazzeni, el letrado confirma a MILENIO que no hay duda de que existieron esos safaris humanos. “No hay dudas, hay testigos. No puedo agregar mucho más porque las investigaciones están bajo secreto, pero estamos recogiendo nuevos testimonios”, precisa.
Pagar para disparar a niños
Según Gavazzeni, por el viaje a Sarajevo, incluida la posibilidad de disparar contra civiles, se pagaban hasta el equivalente a 100 mil euros actuales, aunque la cifra podría aumentar si las víctimas eran niños, que eran los más cotizados.
En su libro, el escritor cita el testimonio de un ex combatiente del ejército francés que se desempeñaba como contratista y que escoltaba, a cambio de dinero, a los intermediarios que trasladaban a los cazadores de seres humanos.
Identificado solamente como El Francés, el testigo dice que su tarea principal era contar a las víctimas de los francotiradores y que, como trofeos, éstos se llevaban a su casa los casquillos de sus cartuchos, pintados de azul si la víctima era un niño, de rosa si se trataba de una niña, de amarillo para las mujeres y de negro para los ancianos.
Ese testigo dice haber dudado mucho antes de hablar, pues los participantes en los safaris humanos eran personas poderosas e influyentes, y revela que la frase en código utilizada para reclutar a los clientes era “ciervos para arqueros”, donde los primeros eran las víctimas y los segundos los francotiradores.
En Italia, según El Francés, una agencia de seguridad de Milán, que mantenía relaciones con otras agencias europeas y estadunidenses del mismo sector, era la que se encargaba de recoger a los arqueros, que de la ciudad italiana de Trieste, fronteriza con Eslovenia, eran trasladados a Belgrado y de ahí a Sarajevo.
Las armas que utilizaban les eran entregadas en la ex Yugoslavia a cambio de altas sumas de dinero por los milicianos serbios o croatas.
Según Gavazzeni, una figura central en el negocio era el Jovica Stanisic, ex jefe de los servicios serbios de inteligencia, que actualmente enfrenta una condena a 15 años de guerra en Alemania por crímenes de guerra no directamente relacionados con la caza a civiles en Sarajevo.
Aficionados a la caza: El perfil de los 'arqueros'
Los participantes en los safaris humanos eran personas de “alto nivel", sobre todo del mundo empresarial de la norteña región italiana de Lombardía (cuya capital es Milán), confirma Salvini.
Se trata, dice Gavazzeni, de personas aficionadas a las armas, con experiencia en polígonos de tiro y en la caza de grandes animales en safaris en África, que transcurrían un fin de semana en Sarajevo para después retomar sus vidas como “buenos padres de familia” o personas “respetables”.
Eran personas pertenecientes a la élite y no marginados escondidos en las periferias sociales, explica la criminóloga Martina Radice, que en el libro Los francotiradores del fin de semana dedica un capítulo a realizar un retrato de los arqueros.
El perfil, añade, es el de personas aparentemente impecables desde el exterior, lo que representa su primera arma de disimulación, pues son individuos sobre los que no recaen sospechas de violencia.
“Su universo interior está dominado por la psicopatía primaria de alta funcionalidad, que se manifiesta como un déficit estructural de empatía y remordimiento”, indicó.
Al arquero, concluye la experta, no le falta sensibilidad, pero es neurológicamente incapaz de expresar las emociones que unen a los seres humanos.
“Es un actor extraordinario: su encanto superficial, su inteligencia brillante y su elocuencia son máscaras calculadas para la manipulación. Dominado por un narcisismo patológico y una búsqueda obsesiva de adrenalina pura, combate el aburrimiento existencial con actos de dominio extremo, como el homicidio”, apuntó.
Sarajevo se constituye en parte agraviada en el proceso penal
En abril, la ciudad de Sarajevo decidió constituirse en parte civil en el marco del procedimiento penal abierto por la fiscalía de Milán contra los francotiradores del fin de semana.
El consejo municipal de la ciudad bosnia autorizó al ex magistrado Guido Salvini y al abogado Nicola Brigida, que colaboran con Gavazzeni, a representarla, al lado de sus habitantes, como parte agraviada.
“Es una gran noticia, pues ello refuerza las investigaciones, fortalece nuestro papel, pues podremos realizar investigaciones por nuestra cuenta”, aplaude Gavazzeni.
Confía que, ello también permitirá acelerar las investigaciones, pues la ciudad mártir pone todo su peso institucional y humano en la búsqueda de la verdad.
PNMO