En plena campaña electoral en Estados Unidos, un grupo de trabajadores, en su mayoría latinos y migrantes, se rebeló en contra de uno de los sindicatos más influyentes de Las Vegas para exigir cuentas por problemas médicos, presuntos abusos laborales y sexuales, así como falta de transparencia.
La disputa, que ha sido respaldada con manifestaciones y más de 3 mil 500 firmas, según los organizadores, ocurre dentro del Sindicato de Trabajadores Culinarios, Local 226, una organización que, junto con el sindicato de bartenders, representa a unos 60 mil trabajadores de hoteles, casinos y restaurantes. El 54 por ciento de los afiliados del Culinary son latinos y el 60 por ciento, inmigrantes.
La confrontación pone a prueba a una organización que desde 2001 ha ayudado a más de 18 mil inmigrantes a obtener la ciudadanía estadunidense y cuya influencia política trasciende los casinos: la dirigencia promueve brigadas de promoción del voto puerta por puerta y moviliza trabajadores para apoyar a candidatos demócratas.
El 21 de octubre, mientras crecían las protestas, recibió en sus oficinas centrales al candidato a gobernador Aaron Ford y a la exvicepresidenta Kamala Harris, que coreó en español “¡Sí se puede!” “¡Sí se puede!” después del discurso con frases al estilo: “La época de sentirse impotentes se acabó”, “En este momento prevalece el poder del pueblo”.
MILENIO presenció el evento en el que participaron un centenar de trabajadores que lanzaron vítores, entre ellos, Rogelio Bueno, de origen mexicano, quien lleva 16 años en el sindicato.
Trabaja en un bar, tiene cuatro hijos y su esposa permanece en casa porque el cuidado infantil absorbería buena parte de un segundo salario. Dice que está al 100 por ciento con el Culinary porque lo ayuda a conseguir turnos adicionales para enfrentar el costo de vida que se fue por las nubes en esta administración.
“Mi camioneta se llenaba con 90 dólares de gasolina, ahora 170”, cuenta. “Un trabajo debería ser suficiente para vivir, pero, tal como están las cosas, agradezco que me ayuden a tener dos trabajos”.
Mirar al otro lado
Al día siguiente, los sindicalizados disidentes tuvieron una reunión privada que presenció este diario durante la víspera del encuentro con el gobernador republicano Joe Lombardo. Bajo una luz tenue, entre café y pan dulce al estilo mexicano, discutieron cómo llevar más allá de las oficinas sindicales sus demandas, tanto colectivas como individuales.
Elizabeth Rentería, camarera de hotel y afiliada al Culinary, acusó a algunos dirigentes del gremio de solicitarles las boletas electorales para entregarlas al partido en nombre de los trabajadores. “Nos siguen al carro, hasta nuestra casa, se aparecen a todas horas”, aseguró.
“Nuestros problemas como trabajadores quedan atrás mientras el sindicato saca a toda su gente a ir a tocar puertas para los candidatos”.
La camarera afirma que ella y sus compañeras están obligadas a limpiar 14 habitaciones de 09:00 a 17:00 horas y, si incumplen la cuota, reciben sanciones disciplinarias que pueden terminar en despido.
“La mayoría de nosotras no come para que les alcance el tiempo. Llevan años sin tener su lonche, porque si ellas se atrasan, les dan disciplina por no terminar”.
Elizabeth está inconforme también por un asunto personal: asegura que fue víctima de un acoso sexual por parte de un dirigente y que no le ayudaron internamente.
“El sindicato no tomó ninguna medida en contra de mi agresor a pesar de que hice una denuncia legal”.
En el encuentro, estuvo presente también Donna Kelly, una de las organizadoras de las protestas que compitió por la presidencia sindical contra Diana Valles y perdió.
Kelly enfrenta otro problema. Tras una lesión laboral, asegura que perdió su cobertura médica personal y el sindicato no la respaldó. Ahora depende del seguro de su esposo, quien quisiera jubilarse, pero no puede porque se quedaría sin seguro médico. Ella presentó una queja ante las autoridades laborales.
“Voy a seguir luchando porque tengo que hacerlo, no solo por mí, sino por otros trabajadores”.
Las divisiones
Desde finales de agosto, afiliados al Culinary Workers Union Local 226 han protestado por cambios en la atención médica, distribución de aumentos salariales y falta de transparencia.
El movimiento Fair Union Reform Movement 226 cuestiona que parte de los incrementos negociados se destine a prestaciones y pensiones en lugar de llegar directamente a los salarios.
También denuncia que el nuevo esquema médico, aunque ofrece consultas gratuitas en centros sindicales, encarece la atención con especialistas externos y dificulta la continuidad de algunos tratamientos.
“Se está pidiendo una auditoría porque quieren ver a dónde van todos esos fondos”, explica Rosemary Flores, activista y exafiliada sindical.
Ted Pappageorge, secretario-tesorero del Culinary, declaró a la prensa local que los inconformes son una minoría y difunden información equivocada. La dirigencia no ha dado. Una respuesta específica, disponible para este reportaje, sobre las acusaciones de recolección de boletas y presiones electorales.
Nevada tiene 189 mil trabajadores sindicalizados, 23 mil más que en 2024. Representan el 13 por ciento de su fuerza laboral, frente al 10 por ciento nacional.
En las elecciones presidenciales de 2024, el voto de los hogares sindicalizados de Nevada se distribuyó así, según la encuesta de Edison Research para el consorcio National Election Pool: 54 por ciento por Kamala Harris, candidata demócrata, y 42 por ciento por Donald Trump, candidato republicano.
Las cifras muestran una inclinación hacia los demócratas dentro del electorado sindicalizado, pero también un respaldo republicano considerable. No corresponden exclusivamente al Culinary.
La cercanía histórica del sindicato con el Partido Demócrata recuerda, con diferencias importantes, la relación que mantuvo la Confederación de Trabajadores de México (CTM) con el PRI: organizaciones capaces de movilizar trabajadores y ejercer influencia política, pero también expuestas a cuestionamientos desde sus bases.
Políticos de todos los niveles han hecho de todo para acercarse al Sindicato de Trabajadores Culinarios, Local 226, dominado por latinos. En 2016, colaboradores de Bernie Sanders utilizaron botones sindicales para hacerse pasar por afiliados e ingresar a comedores exclusivos de empleados en al menos cuatro hoteles. La campaña ofreció disculpas.
En 2020, el multimillonario Tom Steyer llevó camiones de tacos y galletas gratis a las inmediaciones del sindicato. Cuatro años después, Harris fue recibida con mariachis durante una celebración de contratos con aumentos salariales del 32 por ciento en cinco años.
Diana Valles, presidenta del Culinary Workers Union Local 226, defiende la participación en las campañas como una vía para proteger salarios, prestaciones y derechos migratorios.