• El legado del 11-S: 25 años de seguridad, vigilancia y libertades a debate

  • Las consecuencias del atentado aún se perciben en la vida cotidiana: controles corporales en los aeropuertos, bases de datos interconectadas, documentos biométricos y un enorme aparato federal creado para evitar otro ataque.
Diego Salcedo
Washington, Estados Unidos /
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Hace veinticinco años, el cielo de Nueva York, y del mundo, cambió para siempre. El 11 de septiembre de 2001, 19 terroristas de Al-Qaeda secuestraron cuatro aviones. Dos impactaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York. Uno contra el Pentágono. El cuarto se estrelló en un campo de Pensilvania gracias a la resistencia de sus pasajeros. Aquel día murieron 2 mil 977 personas. Cientos más murieron por las secuelas.

Para quienes vivieron aquella mañana, el mundo se partió en dos. Pero un cuarto de siglo después, las consecuencias del atentado aún se perciben en la vida cotidiana: controles corporales en los aeropuertos, bases de datos interconectadas, documentos biométricos y un enorme aparato federal creado para evitar otro ataque.

“Hemos reducido nuestra vulnerabilidad respecto a las amenazas tal como las entendíamos en el 11-S, como la seguridad en la aviación. Sin embargo, la seguridad es un proceso iterativo; no podemos confiar solo en las medidas diseñadas para combatir la amenaza anterior”, reflexiona Frances Fragos Townsend, quien fue asistente del presidente George W. Bush para la seguridad nacional y el contraterrorismo, y presidenta del Consejo de Seguridad Nacional.

Se cumplirán 25 años del atentado contra las Torres Gemelas. | AFP

En 25 años, Estados Unidos pasó de agencias de seguridad fragmentadas a una arquitectura integrada: DHS, TSA, CBP, ICE, USCIS, ODNI, NCTC, Terrorist Screening Center, Comando Norte y CISA: los aeropuertos pasaron a control del gobierno federal, las fronteras se hicieron biométricas, las agencias de inteligencia y la policía empezaron a compartir datos a una escala impensable en 2001, y el público aceptó libertades acotadas.

“Fue extraordinario. No existía la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por su sigla en inglés) el 11-S y los estadunidenses se sometieron voluntariamente a esos controles para poder volar… Hubo un sentido de responsabilidad colectiva donde se contribuía a la seguridad nacional. Eso nos dio tiempo para construir las capacidades necesarias para reducir la amenaza”, recuerda Townsend.

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El 11 de septiembre: Un cambio global irreversible

Antes del 11-S, se podía llegar al aeropuerto poco antes del despegue y pasar por un control de seguridad básico. Se permitían pequeños cuchillos en la cabina, las puertas de los pilotos no estaban reforzadas y no todo el equipaje documentado era inspeccionado para detectar explosivos. 

Hoy, la realidad es radicalmente distinta. Todo el sistema de seguridad aeroportuaria se reescribió a partir de esa fecha.

El gobierno federal creó la TSA, asumió los controles aeroportuarios y desplegó decenas de miles de inspectores.


Cuatro aviones fueron secuestrados durante el atentado, dos de ellos colisionaron con las Torres Gemelas | Foto: AP

Las aerolíneas blindaron las puertas de las cabinas, se amplió el número de alguaciles aéreos y comenzó la revisión sistemática del equipaje documentado.

Cada nuevo intento de ataque añadió otra capa de seguridad: el complot de Richard Reid en diciembre de 2001 condujo a inspeccionar los zapatos; el plan descubierto en 2006 para emplear explosivos líquidos produjo las restricciones sobre envases; y el intento de atentado contra un vuelo a Detroit en 2009 aceleró el uso de escáneres corporales.

Además, la Comisión del 11-S, creada para investigar los fallos que permitieron los ataques, exigió un sistema biométrico que pudiera rastrear a los extranjeros que entran y salen de Estados Unidos. Veinticinco años después, esa tarea aún no se ha completado del todo.

Los errores

Las revelaciones de Edward Snowden mostraron en 2013 que la NSA recopilaba masivamente metadatos telefónicos bajo la Sección 215.

 La Junta de Supervisión de Privacidad y Libertades Civiles⁠ concluyó que el programa carecía de una base legal viable y no encontró un caso en el que hubiera cambiado de forma concreta el resultado de una investigación antiterrorista.

La Ley USA Freedom de 2015 puso fin a esa recopilación masiva por parte del gobierno y añadió medidas de transparencia.

El ataque a las Torres Gemelas marcó el comienzo de otra época a inicios del siglo XXI | Archivo

En 2025, la Oficina de Revisión de Cuentas del Congreso (GAO, por su sigla en inglés) advirtió que ciudadanos y residentes estadunidenses habían sido confundidos con personas vigiladas o permanecían indebidamente en las listas. El organismo formuló 24 recomendaciones para mejorar los procedimientos de inclusión y apelación.

La vigilancia de extranjeros bajo la Sección 702 de FISA sigue siendo objeto de disputa por la captura incidental de comunicaciones de estadunidenses y por errores de cumplimiento del FBI. 

La autorización legislativa venció en abril de 2026, aunque una certificación judicial permite mantener temporalmente el programa mientras el Congreso decide su futuro.

“La era posterior al 11-S generó dilemas éticos y morales relacionados con las medidas de vigilancia masiva, los programas de detención e interrogatorio y las operaciones militares que pusieron en peligro a cientos de miles de soldados estadunidenses y causaron la muerte o heridas a civiles y no combatientes”, estima Javed Ali, profesor asociado de práctica en la Escuela de Políticas Públicas Ford.

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Balance de la guerra contra el terror

Pero la respuesta al 11-S no fue sólo tecnológica, sino también militar. La llamada “guerra contra el terror” se convirtió en el conflicto armado más largo de la historia de Estados Unidos, con invasiones en Afganistán e Irak; esta última dividió a los aliados tradicionales de Washington. 

Para algunos historiadores, ese balance no es positivo para Washington.

“Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos sigue inmerso en Oriente Medio, esta vez en una guerra contra Irán, un país que organizó vigilias con velas en memoria de Estados Unidos en 2001, ya que su población musulmana chiíta también había sido blanco de Al Qaeda”, observa Juan Cole, profesor de historia la Universidad de Michigan.
“La deuda estadunidense se ha disparado debido al gasto de billones de dólares en guerras innecesarias. La clase política de Washington culpó cínicamente a Irak del 11-S, lo que provocó un estancamiento de 18 años en ese país que contribuyó a la creación de nuevas ramificaciones de Al Qaeda, como el Estado Islámico”, indicó.

La Comisión del 11-S⁠ concluyó que las agencias estadunidenses fallaron en imaginación, coordinación e intercambio de información.

Atentado a Torres Gemelas en Nueva York. | Archivo

Datos repartidos entre la CIA, el FBI y las autoridades migratorias nunca llegaron a conectarse a tiempo. Sus 41 recomendaciones impulsaron un cambio de doctrina: del principio de “necesidad de saber” se pasó al de “necesidad de compartir”.

Un informe bipartidista de la Cámara de Representantes⁠, publicado para este aniversario, sostiene que muchas reformas se aplicaron, aunque aún persisten compartimentos burocráticos y vulnerabilidades.

Un cuarto de siglo después, Estados Unidos no ha sufrido otro ataque procedente del extranjero de la magnitud del 11-S y hoy puede compartir información, controlar pasajeros y detectar amenazas con capacidades impensables en 2001.

El futuro de la seguridad post-11-S

A 25 años de los ataques, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por su sigla en inglés) ha propuesto transformar el sistema de autorización de viajes (ESTA) en un sistema de recogida masiva de datos.

Los solicitantes deberán proporcionar no sólo sus datos biométricos, sino también sus identificadores en redes sociales de los últimos cinco años, direcciones de correo electrónico de la última década y un mapa detallado de sus relaciones familiares.

Torres Gemelas vistas desde Brooklyn después de que dos aviones se estrellaran el 11 septiembre de 2001 | Archivo

El gobierno, según análisis de expertos, está creando lo que se podría llamar una “frontera biométrica distribuida”: un sistema que procesa tu rostro, tu pasaporte, tus datos biométricos y tu huella digital antes incluso de que pongas un pie en el avión. El viajero se convierte en un nodo de datos dentro de una red de seguridad en expansión.

Pero a pesar de que el 11-S marcó un antes y un después en materia de seguridad, vigilancia y libertades, para la generación más joven, el ataque es un evento aparentemente distante.

 Por ello, el Museo y Memorial Nacional del 11-S presenta una nueva exposición llamada “En su honor” con la misión de educar a esos 100 millones de estadunidenses que no tienen esa fecha en su memoria.

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ABF 

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