A menos de un mes de las elecciones legislativas del martes 3 de noviembre, el control del Congreso estadunidense podría decidirse en un puñado de estados donde las campañas han dejado de ser competencias locales para convertirse en batallas nacionales que determinarían el resto del mandato de Donald Trump y de sus políticas.
Las carreras por el Senado en los estados de Michigan, Texas y Georgia concentran la mayor atención pública y mediática, pero el mapa electoral en disputa se ha ampliado a Carolina del Norte, Ohio, Maine, Iowa y Kansas. En la Cámara de Representantes, además, varias decenas de distritos permanecen competitivos.
“Aunque se está formando una fotografía muy azul (color relacionado con los demócratas), no está claro si estos están en una ola nacional en una barrida en el Senado, dado el número de escaños rojos (republicanos) que los demócratas deben ganar a pesar de la ventaja financiera de los republicanos”, señaló la analista política del Cook Political Report, Jessica Taylor.
En el caso de la Cámara Baja, donde el partido en el poder pierde habitualmente decenas de escaños en las elecciones intermedias, Taylor cree que la situación es un “volado al aire” con rutas viables para que ambos partidos ganen la mayoría o para que los republicanos retengan el control.
Michigan: El-Sayed frente a Rogers
Acaso la carrera más observada en todo Estados Unidos, una de las piezas esenciales del rompecabezas final, es la competencia por un asiento del Senado federal por Michigan, donde el demócrata Abdul El-Sayed intenta conservar para su partido el escaño que deja vacante Gary Peters frente al republicano Mike Rogers, un excongresista cercano a Trump.
El-Sayed representa el ala progresista demócrata y su victoria en las primarias lo dejó con el reto de reunificar una coalición que incluye votantes afroamericanos, latinos, sindicalistas, progresistas, árabes-estadunidenses, moderados y a una importante comunidad judía.
Una encuesta de The Washington Post y la Schar School publicada el 17 de septiembre pasado colocó a El-Sayed con 48 por ciento frente a 45 por ciento de Rogers entre votantes probables, una diferencia dentro del margen de error de 3.9 puntos.
Expertos creen que el principal indicador de que El-Sayed preocupa a los republicanos es el hecho de que Trump no solo le dedica descalificaciones periódicas, sino que visitará Michigan como parte de una ofensiva electoral en los estados más competidos.
“Es un desastre para el país. Tipos como este van a destruir a este país”, declaró Trump desde agosto.
Durante la reciente convención republicana, Trump calificó a El-Sayed de “extremista” y atacó también las posiciones políticas de miembros de su familia.
Además, el presidente publicó en Truth Social una imagen en la que contrastaba una fotografía suya junto a Melania Trump con otra de El-Sayed y su esposa, Sarah Jukaku, quien llevaba hiyab.
Texas: un estado que dejó de parecer inexpugnable
En Texas, el representante estatal demócrata James Talarico enfrenta al polémico fiscal general republicano Ken Paxton en una competencia que ha obligado a ambos partidos a invertir recursos que, en otros ciclos, habrían utilizado en otras entidades.
Paxton reconoció recientemente ante sus propios simpatizantes que la carrera era extremadamente cerrada. Las encuestas publicadas durante septiembre muestran resultados variables, desde empates técnicos hasta pequeñas ventajas para Talarico. Un sondeo de Texas Southern University, por ejemplo, situó al demócrata con 47 por ciento y al republicano con 46 por ciento.
La batalla financiera es igualmente intensa. Algunos medios han reportado que los republicanos mantienen una ventaja en exposición publicitaria en Texas, apoyados por super PAC y fondos partidistas, mientras los demócratas dependen en mayor medida de la recaudación directa de campaña.
Expertos resaltan el papel significativo de Texas también por razones demográficas, toda vez que una derrota republicana allí modificaría uno de los supuestos políticos que afirma que los demócratas, pese a que son competitivos en el estado, difícilmente ganarían una elección de orden federal.
Durante décadas, los demócratas han buscado ser competitivos en este estado ante los republicanos, pero sin conseguirlo: ninguno de sus candidatos ha ganado una elección al Senado en Texas desde 1994, pero las encuestas muestran que en este ciclo electoral están más cerca que nunca de repetir la hazaña.
Georgia: Ossoff intenta consolidar su ventaja
En Georgia, el senador demócrata Jon Ossoff —considerado en círculos políticos como un fuerte prospecto para disputar la nominación presidencial demócrata en 2028, aunque él no ha alzado todavía la mano— busca un segundo mandato frente al republicano Mike Collins.
Las encuestas recientes han mostrado a Ossoff por delante. Un sondeo de YouGov realizado en septiembre lo situó en 52 por ciento frente a 42 por ciento entre votantes probables; InsiderAdvantage registró posteriormente 50 por ciento frente a 42 por ciento.
The Cook Political Report modificó el 23 de septiembre su clasificación de Georgia en dirección demócrata debido a la evolución reciente de la campaña.
Ossoff ha construido una presencia nacional que ha alimentado especulaciones sobre su futuro político después de 2026.
Carolina del Norte y Ohio: dos rutas hacia la mayoría
Para los demócratas, Carolina del Norte ofrece otra oportunidad especialmente relevante. El exgobernador Roy Cooper enfrenta al republicano Michael Whatley por el escaño abierto tras el retiro de Thom Tillis.
Varias encuestas recientes han mostrado a Cooper adelante, aunque la magnitud de la diferencia varía según la firma encuestadora.
En Ohio, el exsenador demócrata Sherrod Brown intenta regresar al Senado desafiando al republicano Jon Husted en la elección especial por el escaño que anteriormente ocupaba JD Vance. Inside Elections trasladó la contienda a la categoría de “empate” en septiembre.
Maine también continúa en el centro del mapa en disputa en las elecciones del 3 de noviembre. La senadora republicana Susan Collins, durante años capaz de atraer votantes independientes y demócratas, enfrenta al demócrata Troy Jackson. Inside Elections trasladó la carrera a toss-up (resultados inciertos por la cerrada competencia) el 17 de septiembre.
En Iowa, la republicana Ashley Hinson y el demócrata Josh Turek mantienen otra competencia que analistas consideran disputada; y Kansas, normalmente mucho más seguro para los republicanos, también se ha vuelto lo suficientemente competitivo como para que Cook moviera su clasificación en dirección demócrata.
La otra batalla: la Cámara de Representantes
La Cámara de Representantes también puede cambiar de manos, en una continuación de la tendencia histórica que muestra al partido en el gobierno con pérdida de escaños en las elecciones de medio mandato, tal como le ocurrió a Trump en 2018 y a Obama en 2010, cuyos partidos perdieron alrededor de cuatro votos en cada ciclo electoral.
Un estudio del Cook Political Report realizado entre votantes probables de 37 distritos competitivos encontró a los demócratas con 49 por ciento y a los republicanos con 47 por ciento en la preferencia genérica del Congreso.
El 25 de septiembre pasado, la analista de la Cámara Erin Covey movió 15 contiendas en dirección demócrata. Entre ellas aparecen distritos actualmente en manos republicanas en Arizona, Nueva Jersey, Florida y Texas. Tras esos cambios, el análisis identificaba 17 escaños republicanos y cinco demócratas dentro de su categoría de empates.
Por eso, la noche del martes 3 de noviembre puede desarrollarse en dos mapas paralelos. En el Senado, la atención estará puesta en Michigan, Texas, Carolina del Norte, Ohio y Maine, mientras Georgia, Iowa y otros estados determinarán cuánto se amplía la pelea.
En la Cámara Baja, el desenlace podría depender de apenas unos cuantos distritos suburbanos y políticamente divididos. Es decir, unos miles de votos repartidos entre un pequeño grupo de estados y distritos podrían determinar quién controla el Congreso durante los últimos dos años del gobierno de Trump.