DOMINGA.– El poder político ya no se pugna sólo entre seres de carne y hueso. En tiempos de explosión de las redes sociales y la Inteligencia Artificial (IA), Brasil atraviesa el proceso electoral más importante del continente de los últimos años. Por un lado, Luiz Inácio Lula da Silva, el veterano izquierdista y actual presidente del país y, por el otro, Flávio Bolsonaro, quien desde la extrema derecha ha recibido la bendición de Estados Unidos.
Las magnitudes brasileñas son sorprendentes: 158 millones de personas están habilitadas para votar en las presidenciales. Los periódicos de todo el mundo están atentos al porvenir de la nación más grande de América Latina. A la batalla no sólo ingresaron los locales. Están haciendo fuerzas las big tech mediante sus algoritmos. Por supuesto, los influencers han estado al centro de la campaña por la segunda vuelta; y en el otro extremo, las religiones mediante la presión por la fe y de manera directa han tomado partido.
Y lo inédito, los fandoms –comunidades asociadas por el fanatismo a un fenómeno o personaje– han llevado sus esquemas organizativos a la arena política. Brasil es la economía más importante de Sudamérica y, junto con México, ocupa el podio regional en la materia. Con eso se entiende que este país sea fundamental en el tablero geopolítico: Brasil es una potencia continental.
Desde afuera fue sencillo preguntarse en un inicio por qué Lula competía otra vez, cuando el debate de las sucesiones políticas en las izquierdas latinoamericanas está abierto. Pero en Brasil y dentro del Partido de los Trabajadores, el PT, estaba claro: Lula es un titán. Y para enfrentarse a este contrincante octogenario, obstinado, en la primera vuelta la derecha encabezada por el hijo del expresidente tuvo que golpear fuerte con influencers que movilizaron millones de votos.
Influencers bolsonaristas: entre el antifeminismo y la machósfera
Nikolas Ferreira (nacido en 1996), Lucas Pavanato (1998) y Eduarda Campopiano (2003), todos menores de treinta, lograron que el acompañamiento algorítmico se traslade a las urnas. ¿Cómo lo hicieron? Gracias a la batalla cultural. Los influencers políticos han puesto su sello en la campaña antilulista. Veamos.
Lucas Pavanato, el Charlie Kirk brasileño, hoy es diputado electo y no sólo eso, es el más popular de la historia congresal brasileña con más de tres millones de votos a su favor. Su carrera política tiene ya a su corta edad algunos antecedentes en la administración bolsonarista, pero su verdadero y más potente sello es su canal de YouTube. Ahí su relato político antifeminista se ha vuelto icónico de la machósfera. El activista antitrans llegó a declarar, por ejemplo, que “es difícil ser hombre” y que había que “honrar los pantalones que uno lleva”.
Nikolás Ferreira ha sido el niño consentido de Bolsonaro; o más bien, el niño de la favela consentido de Bolsonaro. Catapultado por su canal de YouTube, en 2022 se convirtió en diputado; hoy ha sido reelecto. Es un defensor de la posesión de armas y se ha declarado un perseguido de la “ideología de género”. Su momento más polémico fue probablemente cuando subió al estrado del Congreso con una peluca rubia puesta, donde aseguró que “las mujeres están perdiendo su espacio frente a los hombres que se sienten como mujeres”.
Pero la abanderada del antifeminismo es Eduarda Campopiano. Con veintitrés años, Eduarda pasó de una silla concejal en su municipio a una curul en la legislatura paulista. Es una detractora de la figura penal de feminicidio y no ha dudado en usar ni sus redes sociales ni sus tribunas públicas para rechazar las conquistas de derechos feministas. “Gloria a dios que colonizaron, gloria a dios que catequizaron a los pueblos indígenas”, dijo en un pódcast la “enemiga de las feministas”.
El giro en la campaña lulista: los fandoms y los influencers
“La campaña de Lula tuvo un tono de gira de despedida y el elector quiere saber de futuro”, advirtió tras la primera vuelta el periodista Leonardo Sakamoto en Universo Online. El propio presidente admitió que fue la campaña más desorganizada desde 1989. Por ello, tras sentir el golpe de las urnas, el lulismo decidió resetear.
Camilo Santana, petista con votos y gran arraigo territorial en suelo nordestino, se sumó como nuevo coordinador para la segunda vuelta. Además de ungir al exgobernador de Ceará, Lula pidió refuerzos en Brasilia: convocó a Ana Elisa (21 años), Guilherme Cortez (28), Rosa Amorim (29), Camila Jara (31), Giovana Mondardo (31), Rick Azevedo (32), Luna Zarattini (32) y Natalia Bonavides (38), jóvenes diputados federales que además lograron gran impulso en el ámbito digital.
“Es posible dar vuelta al cuadro, sí. La voz del presidente Lula precisa llegar a los lugares más escondidos de Minas Gerais. Tiene 853 municipios. Tenemos que traer la voz de Lula para dentro de las redes sociales, que es donde esas personas, que están ahí en los interiores, están”, explicó Ana Elisa.
Para la joven se trata de poner el foco en el transporte público: dice que los electores consumen videos a través del celular en el día a día y que el material digital sustituyó a los volantes tradicionales. Para ella, su propia votación y la de Erika Hilton (Partido Socialismo y Libertad) –quien es la mujer trans más votada de la historia– muestran el peso de internet en la movilización popular.
Además, André Janones creó un grupo de Whatsapp llamado “Ejército de Lula”: el pessoal urgente –que es el gancho para comenzar un mensaje urgente en comunicación virtual– con el que comienza sus videos se viralizó entre la militancia popular. Una semana antes de la segunda vuelta, ya contaba con cinco millones de miembros. El influencer hizo hincapié en los futuros recortes que planea traer la derecha: advirtió que el tesouraco (tijeretazo) de Flávio va a ser sobre Bolsa Familia, jubilaciones, Mi Casa Mi Vida, Pe da Media (jóvenes estudiantes), Farmacia Popular y Más Médicos, es decir, los programas sociales históricos del petismo.
Lo inédito en la carrera hacia la segunda vuelta fue la operación fandom. Lula llegó a una gran concentración donde cambió su saludo a la militancia por un saludo a los fandoms. Esta estrategia trata de convocar a sectores de la sociedad organizada en función de sus intereses más legítimos, por ejemplo, un artista. Los clubs de fans del fenómeno brasileño Anita, las swifties, los fanáticos de RBD y muchos otros llevaron sus vínculos a la campaña por Lula.
Pósters de famosos vistiendo casacas de Lula, carteles decorados con brillantina y fotos de Lula junto a las estrellas pop, entre otros detalles, han sido icónicos en las últimas movilizaciones antes del segundo turno presidencial.
En redes sociales se desempolvaron las fotos de la juvenil banda RBD que en su auge visitó muchas veces Brasil. Incluso se recordó que la banda mexicana regaló a Lula una guitarra autografiada para ser subastada en beneficio del programa petista “Hambre cero”. El galán de la banda y la telenovela Rebelde, Alfonso Herrera, hace pocos días, de hecho, hizo público su apoyo a Lula mediante sus redes sociales.
Lula habla a la militancia: humildad, campaña antiFlávio y seguridad
La campaña que empezó con la idea de la épica lulista atravesó contrastes hacia la segunda vuelta. “No peleen con el elector. Tenemos que tener humildad. Tenemos que intentar convencer a los más de 30 millones que no fueron a votar. La responsabilidad del desinterés de ellos es nuestra”, expresó Lula en una comunicación vía redes con la militancia del PT.
En un segundo mensaje a la militancia, vinculado a la idea de mudanza (cambio) que estuvo presente en la campaña de primera vuelta, Lula enfatizó: “Flávio Bolsonaro es la cara del sistema. La única candidatura antisistema es la nuestra. Tenemos que mostrar eso”. Luego hizo hincapié en el nuevo lema de campaña, el que sería el tercer mensaje de cara a la militancia pero también a la sociedad: “Para el trabajador, protección. Para el bandido, prisión”.
Antes había defendido la creación del Sistema Único de Seguridad Pública, un organismo federal para combatir el crimen organizado. Esto se trenzó con el lulismo digital y los videos virales de Lula hechos con IA. Entre otros, se ve a Lula dirigiendo la selección brasileña, haciendo la entrada en calor como Diego Maradona en el Napoli y haciendo las coreografías de Michael Jackson.
Así, como en la previa a la primera vuelta, Lula definió poner el foco en el fin de las Bets. Una semana antes del balotaje logró la aprobación en el Senado del fin de la escala 6x1. Esto significa una reducción en la jornada laboral de Brasil, que pasará a un esquema 5x2: cinco días de trabajo y dos de descanso, siete pagados.
“Fue un momento extraordinario para el pueblo brasileño. Tengo certeza que una conquista como ésta jamás volverá atrás. No fue una conquista burocrática, salió de las calles y de un deseo histórico del pueblo trabajador”, dijo orgulloso el presidente al seguir la sesión.
Un título del diario Folha de S.Paulo lo dice todo: “Madres solteras celebran el fin de la escala 6x1: ‘Estaba viendo la vida de mis hijos pasar’”.
Lula declara que Meta no se meta
El exministro de Educación, Camilo Santana, hoy uno de los coordinadores de campaña de Lula, acusó a Meta, la empresa de Mark Zuckerberg, de desequilibrar la elección a favor de Flávio Bolsonaro. “No podemos aceptar esa interferencia”, dijo. También tuvo un encuentro con observadores internacionales vinculados al PT donde expuso, junto a Mónica Valente –la referente del Foro de Sao Paulo–, esta denuncia partidaria sobre el nuevo momento algorítmico-electoral.
Además, la columna de Mónica Bergamo en Folha demostró que Meta AI, la inteligencia artificial de dicha empresa, se negó a crear materiales de campaña para Lula da Silva, pero no hizo lo propio si uno le pedía materiales a favor de la candidatura de Bolsonaro. El mismo diario dio cuenta que los propios ingenieros de Meta aceptaron ‘fallas técnicas’ en publicaciones de la campaña de Lula da Silva. Es decir, la propia Meta admitió que las cuentas de Lula fueron perjudicadas.
El búnker de Lula presentó una demanda formal ante la Organización de los Estados Americanos por la cancha inclinada en términos algorítmicos. La figura por la que ha optado el PT tiene que ver con denunciar un financiamiento al bolsonarismo por fuera de la norma.
Probablemente el resquicio que encontró el norte para influir en los resultados electorales esté por aquí. En Brasil, al menos por ahora, nadie ha desacreditado el desarrollo de la mecánica electoral como ejercicio propiamente dicho: nadie habla de fraude. Sin embargo, Lula ha acusado muchas veces, sobre todo en el primer turno, a potencias extranjeras de pretender socavar la soberanía brasileña.
El último embate de Lula con la televisión
Globo es la firma televisiva más importante de Brasil. Justamente, uno de los últimos embates de Lula fue con la cadena Globo, siguiendo la tradición de las últimas presidencias del PT. El presidente se enojó por una reunión de Flávio Bolsonaro, justo el día en que iba a ser entrevistado.
“Globo está enojado conmigo porque yo acabé con las Bets y ellos tienen una. Globo está enojado conmigo porque aprobamos el fin de la escala 6x1. Están enojados conmigo porque voy a dar transporte gratuito el fin de semana al pueblo brasileño. Están enojados porque fuimos nosotros los que detuvimos a [Daniel] Vorcaro. No merecen confianza”, se plantó frente a la cadena mediática que en muchos periodos de la historia reciente de Brasil actuó como un partido.
El debate presidencial en Bandeirantes
Un domingo antes del balotaje llegó el primer debate presidencial, el 18 de octubre. Un espectáculo visto desde cualquier perspectiva: relajado, con movimiento y muy anecdótico, en la sede de Bandeirantes TV de la populosa Sao Paulo.
Durante el cara a cara entre ambos candidatos, Lula desafió a Flávio Bolsonaro a abrir el secreto bancario y telefónico “para que el pueblo brasileño sepa quien es ladrón en este país”. Fue la respuesta a la andanada de acusaciones que el senador hizo sobre el entorno de Lula, particularmente en relación a Lulinha, como se conoce a Fábio Luís Lula de Silva, el hijo mayor del presidente, señalado por su presunto vínculo con Roberta Luchsinger y uso indebido de influencias, de acuerdo a la investigación.
Uno de los grandes golpes del debate fue la discusión en torno a los votantes privados de su libertad. “¿Por qué 73% de los presos votaron por vos?”, preguntó Flávio. “Quiero que me vote 100%, hasta tu padre. Él te conoce y sabe que soy mejor”, contestó Lula con rapidez. Luego cuestionó la compra de una mansión en Brasilia, valuada en dos millones de dólares, por parte del senador, a quien le recordó su vínculo con el Banco Master y su dueño, el hoy preso Vórcaro.
Para cerrar, el presidente hizo alusión a la trayectoria social-laboral de su contrincante. “Flávio conoce el ómnibus por literatura: nunca entró en uno. Conoce a los trabajadores por literatura: nunca conversó con uno. Él nunca trabajó. ¿Ustedes conocen a alguien que nunca trabajó? Ése es Flávio. No sabe lo que es el mundo del trabajo. Para él es cosa de ficción”, disparó.
Desde afuera de Brasil fue sencillo preguntarse en un inicio por qué Lula competía otra vez. El debate de las sucesiones políticas en las izquierdas latinoamericanas está abierto; excepto el mexicano Andrés Manuel López Obrador, los líderes “zurdos” han tenido esta piedra en el zapato. Pero en Brasil y para el interior del PT está claro: Lula es un titán. El octogenario es necio, es terco, es obstinado y ninguno de estos adjetivos es de por sí peyorativo.
Es un político profesional, en el buen sentido del término: ganó tres elecciones y perdió otras tres. Eso sí, es el único brasileño que ganó todos los balotajes a los que se presentó, con el contraste en esta elección de que hoy le toca llegar como retador: fue segundo en el primer turno. Algún récord se romperá este domingo.
Claudia Sheimbaum está atenta a las elecciones de Brasil
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, ha evitado profundizar en sus opiniones sobre el devenir político brasileño. Sin embargo, muy a su estilo, ha aprovechado las preguntas de periodistas sobre Brasil –en su tradicional conferencia mañanera– para calificar a las derechas:
“La derecha es una ideología que está contra el pueblo, no defiende al pueblo, defiende intereses económicos, defiende la supremacía de unos sobre otros, defiende el racismo y el clasismo; todo lo plantea como si el problema de la pobreza fuera la falta de esfuerzo individual y no un modelo que abandonó al pueblo […], es una ideología que fomenta la violencia, el autoritarismo, que está en contra de la democracia”. Previamente sentenció que está atenta a la segunda vuelta en Brasil.
No es un secreto para nadie que Sheinbaum y Lula han mantenido cercanía ideológica además de al menos cuatro encuentros personales en los que han estrechado lazos. La política del gobierno mexicano, en términos geopolíticos, está aliada a la del gobierno de Brasil, hoy por hoy el único sudamericano izquierdista de peso específico global.
Si Lula se hace de su cuarta presidencia este domingo, los progresistas podrán dormir tranquilos en el continente. México y Brasil requieren afinidad ideológica ante la ola naranja impulsada por Estados Unidos. Uruguay gobernado por el mujiquista Frente Amplio con Yamandú Orsi no es suficiente y la Guatemala de Bernardo Arévalo hasta ahora no ha gravitado en el mapa geopolítico. Con cuatro años de Brasil a la izquierda el continente permanece en lo que el ajedrez llama “tablas”. Una hipotética victoria de Flávio Bolsonaro no sería una sorpresa. Después del argentino Javier Milei y el colomboestadounidense De la Espriella, ya nadie puede extrañarse de que los resultados electorales y la democracia coronen a supremacistas y extremistas.
DOMINGA se ha preocupado por hacer un seguimiento minucioso al tablero latinoamericano. Al cierre del 20 de octubre de 2026, el agregador de encuestas de Defoe marca un empate técnico entre los contendientes: 51% para Flávio y 49% para Lula, con dos puntos porcentuales de margen de error. El resultado presidencial en Brasil cerrará el año latinoamericano de 2026 y es probablemente más importante para México que lo que dejen las próximas elecciones de medio término en Estados Unidos. Por aquí te lo seguiremos contando.
GSC