M+.– El 20 de enero de 2025, el presidente Donald Trump firmó la orden ejecutiva 14157 y con ella convirtió de un plumazo en organizaciones terroristas extranjeras a ocho grupos que hasta ese momento eran perseguidos por tipificarse como crimen organizado.
En esa lista negra figuran los cárteles de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación (CJNG), el del Noreste, del Golfo, La Nueva Familia Michoacana, Cárteles Unidos –todos estos de México–; La Mara Salvatrucha (MS-13), de El Salvador, y el Tren de Aragua, originario de Venezuela.
Las designaciones entraron en vigor el 20 de febrero del 2025, cuando el secretario de Estado, Marco Rubio, las publicó en el Registro Federal, equiparando legalmente a los cárteles mexicanos y a las pandillas latinoamericanas con la clasificación reservada para grupos como Al-Qaeda, ISIS y Hezbolá.
Desde ese momento, cualquier persona con un vínculo documentado con esas organizaciones quedó automáticamente inscrita en el Terrorist Screening Dataset, la lista de vigilancia terrorista del Buró de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), que a su vez alimenta los sistemas de detección del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, en inglés).
"Los cárteles (de la droga) son el ISIS del hemisferio occidental", diría Donald Trump meses después, en septiembre de 2025, durante una reunión en la Casa Blanca con jefes de seguridad nacional, haciendo alarde de la orden que firmó. Lo que ocurrió después es el mayor salto estadístico en la historia del CBP.
Una investigación de MILENIO a partir de los datos oficiales de este organismo fronterizo de Estados Unidos revela que los encuentros con personas registradas en la lista de vigilancia terrorista en la frontera suroeste se dispararon 7 mil 23 por ciento en dos años: de 52 casos en todo el año fiscal 2024 saltaron a 3 mil 704 en 2025. Y tan sólo en los primeros cinco meses del año fiscal 2026, que arrancó en octubre, ya suman 4 mil 801 casos, más que todo el año anterior completo.
Disparo histórico de detenciones
Desde aquel enero de 2025, cuando se promulgó la orden ejecutiva que designó a los ocho grupos como organizaciones terroristas con raíces en América Latina, cualquier persona con un vínculo documentado con ellas quedó automáticamente inscrita en la lista terrorista.
Eso explicaría por qué en el año fiscal 2024 –octubre de 2023 a septiembre de 2024, aún bajo la administración de Joe Biden– el CBP registró apenas 52 encuentros con personas con registros de terrorismo. Cuatro por mes; sin embargo, para 2025, con las designaciones de Trump activas desde febrero, ese número llegó a 3 mil 704 en la frontera suroeste.
Esto representa un aumento de 7 mil 23 por ciento sobre el año anterior, un promedio de 309 por mes.
El salto no fue gradual: en mayo de 2025, cuando la nueva categoría tomó pleno efecto, el servicio de protección aduanal registró 416 encuentros en un solo mes, más que cualquier año completo anterior. Para agosto eran 859. En septiembre, el último mes del año, fueron 957, de los cuales 922 ocurrieron en cruces legales por puertos de entrada desde México.
En lo que va de 2026, sólo cinco meses desde octubre de 2025 a febrero de este año, la frontera suroeste ya acumula 4 mil 801 encuentros, un promedio de 960 al mes. En menos de la mitad del año ya rebasó todo el año anterior completo.
Antecedentes de presuntos terroristas detenidos
Antes de que Trump redesignara esta lista negra, ya había casos documentados de personas con vínculos reales a organizaciones terroristas –digamos, tradicionales– detenidas cruzando la frontera con México.
El 10 de marzo de 2023, agentes del CBP detuvieron momentáneamente a Mohammad Kharwin, afgano de 48 años, mientras cruzaba irregularmente la frontera cerca de San Ysidro, California.
Los registros del FBI indican que Kharwin era miembro de Hezb-e-Islami, organización paramilitar responsable de ataques que mataron al menos a nueve soldados y civiles estadunidenses entre 2013 y 2015.
Los agentes sospecharon de él pero en ese momento lo liberaron por falta de información corroborante. No notificaron al FBI ni al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). Pero en febrero de 2024, casi un año después, el Buró notificó a ICE de sus antecedentes y fue arrestado en San Antonio, Texas. El caso fue revelado en abril de 2024.
El 13 de marzo de 2023, apenas tres días después de aquel primer cruce de Kharwin, un somalí cruzó irregularmente, también cerca de San Ysidro. El Centro de Vigilancia Terrorista del FBI hizo verificar su nombre por el sistema y determinó que era un “error de coincidencia”. Lo liberaron.
Durante casi un año, ese hombre, miembro confirmado del grupo yihadista Al-Shabaab, designado organización terrorista extranjera por Estados Unidos desde 2008, con participación, según los registros federales, en el uso, fabricación y transporte de explosivos, circuló libremente por el país. Fue hasta el 18 de enero de 2024 que el Centro de Vigilancia Terrorista emitió una “redeterminación”: el individuo era, en efecto, miembro confirmado del grupo.
Un tercer caso involucra a ocho hombres. En junio de 2024, ICE arrestó en operaciones coordinadas en Nueva York, Los Ángeles y Filadelfia a ocho personas de Tayikistán que tenían presuntos vínculos con el Estado Islámico del Gran Jorasán, también conocido como ISIS-K o Dáesh-K.
El grupo había cruzado irregularmente la frontera sur en 2023. Una vez más, fueron procesados por la Patrulla Fronteriza, pero liberados con órdenes de presentarse ante un tribunal migratorio porque en el momento del cruce no había información que los vinculara al terrorismo.
Fue la vigilancia del FBI mediante escuchas telefónicas la que reveló sus posibles conexiones con ISIS. El Departamento de Seguridad Nacional y el FBI confirmaron los arrestos en un comunicado conjunto el 11 de junio de 2024, aclarando que no había evidencia de un atentado específico planeado. Los ocho fueron procesados por cargos migratorios civiles y deportados sin que se presentaran cargos formales de terrorismo.
Sin embargo estos casos eran contados y no inflaban la estadística, que se mantenía en casos esporádicos en la frontera sur.
¿Por qué hay tantos registros ahora?
Si bien la lista del CBP no revela nombres, declaraciones de funcionarios trumpistas han revelado cómo se ha construido la base de datos de la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza. Según Joe Kent, entonces director del Centro Nacional de Contraterrorismo (NCTC, sus siglas en inglés), dijo a la prensa que durante los primeros 100 días del gobierno Trump pudieron identificar a casi mil 200 presuntos terroristas que ingresaron irregularmente en territorio estadunidense.
Para octubre de 2025, el NCTC había agregado más de 35 mil nombres a su base de datos de Detección de Terroristas (Terrorist Screening Dataset). Según Kent, eso permitió bloquear la entrada a 6 mil 525 conocidos o presuntos terroristas que “bajo la administración anterior habrían sido admitidos”, especuló este funcionario en un evento en la Casa Blanca el 28 de octubre de 2025.
Lo que llama la atención es que de esa gran base, 750 tenían vínculos con organizaciones como el MS-13, Tren de Aragua, el Cártel de Sinaloa y otras ahora designadas como terroristas.
El propio comisionado del CBP, Rodney Scott, reconoció en una declaración a Washington Times el 11 de noviembre de 2025 que el aumento no refleja una oleada de nuevas amenazas, sino “el resultado de identificar correctamente a los actores peligrosos que siempre estuvieron ahí y nuestra capacidad de identificar realmente quién cruza la frontera”.
Lo que el CBP no detalla en ninguno de sus comunicados es cuántos de los 4 mil 873 encuentros registrados en los primeros cinco meses de este año en la frontera suroeste corresponden a personas con vínculos reales y documentados con actividad terrorista, y cuántos son familiares de integrantes de cárteles que cruzaban antes sin activar ninguna alarma.
Mientras tanto, en la frontera con Canadá no hubo registro de nada parecido. En 2024, el borde norte registró 358 encuentros con personas en la lista terrorista, pero en 2025 bajó a 307. En lo que va de 2026 lleva apenas 72. Va en picada.
Fact checking: JRH
MD