¿Quién tiene el poder real en Irán? La diferencia entre el ayatolá y el presidente

Tras la muerte de Alí Jamenei, el mundo pone la mira en el complejo sistema iraní. MILENIO explica cómo se divide el poder entre la autoridad religiosa y el cargo ejecutivo.

El presidente de Irán está subordinado al Líder Supremo debido a su gobierno teocrático | EFE y AP
Alejandro Hernández
Ciudad de México /

El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, ha muerto. La noticia, confirmada inicialmente por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue posteriormente ratificada por la televisión estatal iraní, que atribuyó el fallecimiento a los bombardeos de Israel y Estados Unidos.

Tras esto, un consejo formado por el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial iraní, Golamhosein Mohseni Eyei, y un jurista del Consejo de los Guardianes asumirá el liderazgo del país tras la muerte del líder supremo de Irán.

Esto significa una sola cosa: que, al menos hasta su muerte, Jamenei era la máxima autoridad en Irán. Para entender por qué el ayatolá, y no el presidente, tomaba las decisiones del Estado, MILENIO explica el sistema político iraní y el rol del líder supremo y cómo funciona su poder ejecutivo.

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¿Cómo funciona el sistema político de Irán?

Irán funciona como una teocracia-republicana desde la revolución de 1979, cuando el Sha fue derrocado y los ayatolás tomaron el poder. En esta forma de gobierno, la autoridad política se considera una emanación directa de Dios, y es ejercida por una figura religiosa, como una casta sacerdotal o un monarca.

Bajo esta lógica, el líder supremo cumplía ese papel en este país del Medio Oriente, basado en el islam chiita. Él ostentaba el poder máximo como jefe de Estado, autoridad religiosa y comandante de las fuerzas armadas. El primero en ocuparlo fue el ayatolá Ruhollah Jomeini, líder del proceso revolucionario, y desde 1989 hasta los hechos del 28 de febrero, lo ocupó el ayatolá Alí Jamenei.

El ayatolá Alí Jamenei fue el líder supremo de Irán. |AP

Sin embargo, no hay que olvidar el segundo nombre del sistema político: “republicano”, lo que implica que ha adoptado aspectos de gobiernos democráticos. Por ello cuenta con un poder ejecutivo, un poder legislativo y un poder judicial. Aunque todos ellos regidos por el principio de la "tutela del jurista islámico" (velayat-e faqih), ley islámica chiita que dicta que el jurista (faqih) tiene control sobre todos los asuntos públicos, incluyendo el gobierno de los estados y todos los asuntos religiosos.

Sobre el Poder Ejecutivo, basta decir por el momento que lo encabeza un presidente elegido por el voto de los iraníes; su mandato es de cuatro años con posibilidad de reelección. 

El mandatario nombra un gobierno encargado de la política diaria dentro de los parámetros permitidos por el líder supremo. El presidente Masoud Pezeshkian, considerado moderado, fue elegido en 2024, derrotando a un destacado partidario de la línea dura.

El Poder Judicial de Irán sigue las interpretaciones ‌chiitas de la ley islámica y sus jueces son también clérigos bajo un jefe de éste; tanto los juristas como su presidente tienen que ser nombrados por el Líder Supremo.

El Poder Legislativo no escapa de la teocracia. Sus miembros son parte de la Asamblea Consultiva Islámica con 290 diputados, civiles electos cada 4 años que aprueban leyes, pero el Consejo de Guardianes, compuesto por 12 miembros (6 nombrados por el líder, 6 por el jefe del Poder Judicial), las veta si contradicen el islam chiita; entre otras de sus labores está descalificar a los candidatos electorales y vigilar el buen funcionamiento del sistema judicial.

¿Para qué un presidente?

La agencia EFE, en un reportaje, recogió una anécdota ocurrida en un mitin previo a las elecciones de Irán de 2024. Ahí, un joven universitario le hizo la siguiente pregunta al en ese entonces candidato Masud Pezeshkian: "¿Cuánto poder tiene el presidente en la República Islámica en realidad?" Ante esto, el reformista confesó que su posición está limitada y subordinada al ayatolá.

Como se ha explicado, el Líder Supremo tiene la capacidad de definir políticas generales y designar altos cargos, desde el mando de las fuerzas armadas hasta la elección del jefe de la televisión pública, debido al control de sus seguidores sobre instituciones clave como el Poder Judicial y el Parlamento. Por tanto, ¿cuál es la necesidad de un presidente en Irán?

Masud Pezeshkian, presidente de Irán. | AP

El poder que tenía Alí Jameneí era extensivo; sin embargo, no podía adentrarse en los detalles de la cotidianidad de los iraníes, lo que dejaba espacio para la figura presidencial. Por ejemplo, el presidente gestiona el presupuesto del Estado, tras su aprobación por el Parlamento, y decide cómo se distribuyen los recursos en un país donde las industrias del petróleo y el gas se hallan en manos públicas.

Para resumir, sus funciones incluyen: dirigir la administración pública, nombrar ministros (con aprobación parlamentaria), representar al país diplomáticamente y gestionar la economía y políticas públicas internas.

Aunque las políticas externas están fuera de su alcance directo, el presidente puede priorizar objetivos de política exterior, a veces con éxito. Un ejemplo es el ex presidente reformista Hasan Rohaní (2013-2021), quien logró un acuerdo nuclear con Occidente en 2015, posteriormente abandonado por Estados Unidos en 2018.

¿Podría surgir otro Líder Supremo?

Con la muerte de Alí Jameneí y el mando de la “transición” establecido días después, es incierto lo que espera a la organización política de Irán. Jamenei, de 86 años, ⁠nunca nombró públicamente a un sucesor y no está claro si alguien podría sustituirlo.

Según el sistema iraní de vilayat-e faqih (tutela del jurista islámico), el Líder Supremo debe ser un clérigo designado de por vida por la Asamblea de Expertos, un cuerpo de clérigos elegidos por voto popular, pero supervisados por la autoridad religiosa.

Su hijo, Mojtaba Jamenei, ha sido considerado en ocasiones como un posible candidato, pero su destino tampoco está claro. El nieto ‌de su predecesor, Hassan Jomeini, ha sido otro, al igual que algunos clérigos de alto rango.

No obstante, ninguna de las figuras restantes goza de la reputación o la influencia de Jamenei, y cualquier sucesor podría tener dificultades para dominar a poderosos grupos de interés, como la Guardia Revolucionaria o los principales consejos clericales.

 

Con información de EFE, Reuters y Rubi Martínez

AH

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