• Brasil: el juego de las redes sociales para el repunte de Lula

El ‘Ejército de Lula’, conformado por 10 millones de usuarios, venció el activismo digital hasta entonces dominado por el conservadurismo.

Lucía Cholakian Herrera
Buenos Aires /
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La política en Brasil ya no se debate únicamente en la plaza pública ni en el horario central de la televisión, sino que se disputa y organiza a través de la pantalla del teléfono.

En un país donde la vida cotidiana está atravesada por el consumo incesante de plataformas digitales, la segunda vuelta electoral que consagró a Luiz Inácio Lula da Silva no sólo reconfiguró el mapa del poder en las urnas, sino que también quebró una hegemonía que parecía inexpugnable: la supremacía de la derecha en el territorio virtual.

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Lejos de ser una movida pasajera, el triunfo del bloque lulista inauguró un nuevo capítulo en el que la presencia digital busca trasladarse al ámbito normativo, con la intención explícita de regular a las corporaciones que administran la conversación pública.

Lula toma las riendas de su campaña digital

Hasta este proceso electoral, el activismo digital en Brasil era un terreno dominado con holgura por las fuerzas conservadoras.

“Brasil es uno de los países donde la gente pasa más tiempo en las redes sociales pero hasta esta elección, la derecha era mucho más fuerte en el activismo digital”, dijo a MILENIO el politólogo brasileño Mauricio Santoro.

Esa ventaja inicial, según Santoro, había permitido la consolidación del fenómeno bolsonarista y el surgimiento de nuevos cuadros políticos formateados bajo la estética de los videos cortos y el impacto inmediato.

En la vereda opuesta, el Partido de los Trabajadores (PT) y sus aliados se aferraban a sus dinámicas históricas. Comités de base, actos de calle y presencia territorial componían la columna vertebral de la izquierda tradicional.

Como dijo Santoro, “el Partido de los Trabajadores, y la izquierda en general, aún son mucho más dedicados a formas tradicionales de hacer política, como manifestaciones de calle. No es tan común que el PT tenga a influencers en sus cuadros”. 

Sin embargo, el vértigo del balotaje obligó al entorno de Lula a modificar su esquema de campaña para frenar el avance del rival en el ecosistema digital.

Para disputar el sentido en las redes, la estrategia de Lula debió recurrir a una figura ajena a su propia tradición: el diputado André Janones. El exlíder camionero entendió que el combate en las plataformas no se da con sobriedad institucional sino mediante una estrategia de respuesta rápida y confrontación directa.

El legislador Andre Janones abraza a Lula mientras pronuncia su discurso de victoria | Foto: AP

El llamado ‘janonismo’ irrumpió con transmisiones en vivo multitudinarias, contraofensivas inmediatas ante las narrativas bolsonaristas y una articulación acelerada en grupos de WhatsApp.

Su maniobra, tras la creación del ‘Ejército de Lula’ que convocó a 10 millones de participantes, consistió en devolver el golpe con la misma velocidad del algoritmo, movilizando a una militancia virtual que hasta entonces permanecía a la defensiva.

Derecha ya no dirige las reglas del juego

Demostrada la capacidad de disputar la atención en el entorno digital, la contienda derivó en un debate sobre las reglas de juego de las propias plataformas.

La recta final de la campaña dejó al descubierto la fricción entre la política institucional y el rol de las Big Tech, situando a Meta en el centro de los cuestionamientos.

La discusión sobre la moderación de contenidos, el alcance de la desinformación y el papel de las empresas en la circulación de mensajes de odio dejó de ser un episodio de campaña para transformarse en un tema de agenda regulatoria.

Al evaluar este escenario, Santoro subraya la profundidad del debate institucional que se avecina: 

“Es un debate que todavía está en el inicio, y que será importante en los próximos meses. Las controversias sobre Meta y otras Big Techs dividen a la derecha y a la izquierda en Brasil; los conservadores suelen ser defensores de esas empresas y proponer medidas de amplia libertad de expresión. Los progresistas quieren una regulación más fuerte y están preocupados por las fake news, manipulación ideológica y el contenido de discursos de odio”.

El propio Lula da Silva encarnó esta agenda durante su discurso de victoria. Frente a sus seguidores y ante la prensa internacional, el presidente electo sentó postura frente a los gigantes tecnológicos con una definición tajante:

“Tuvimos que vencer no sólo la desinformación local, sino la intromisión venida desde afuera a través de las plataformas digitales. No es posible que no tengamos conciencia de que el crimen en el mundo digital tiene que ser tratado exactamente igual que el crimen en la vida real”.

Con estas palabras, Lula marcó el inicio de una ofensiva política destinada a someter a las Big Tech a marcos de transparencia algorítmica y responsabilidad legal dentro del territorio brasileño.

La experiencia brasileña expone una transformación profunda en las disputas políticas contemporáneas. Entre el territorio físico y el espacio digital, el nuevo ciclo político en Brasil busca demostrar que el control de la agenda pública también depende de la regulación del código.

MD

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