Una conversación late de fondo mientras el mundo presta atención a todo el hemisferio luego de la captura del mandatario chavista Nicolás Maduro el primer sábado del año: la cuestión de la soberanía de los países de Latinoamérica luego de la intervención ordenada por Donald Trump en Venezuela.
“Este es NUESTRO hemisferio”, publicó en X la cuenta oficial del Departamento de Estado estadunidense la semana pasada, prometiendo el regreso definitivo de la Doctrina Monroe.
Gabriel Boric, el presidente saliente de Chile, respondió al mensaje de forma categórica: “Trump (y su administración) no solo vulneran el derecho internacional, sino la misma dignidad humana”.
La idea de reflotar la Doctrina Monroe no surgió con la intervención en Venezuela para capturar a Maduro. Ya en la “Estrategia de Seguridad Nacional” publicada el año pasado, la administración estadunidense expresaba qué quiere para Latinoamérica.
“Diciendo ‘Este es nuestro hemisferio’, propone el relanzamiento de la doctrina de Monroe o, como le gusta decir a Trump, la doctrina Donroe. Sin duda alguna estamos viendo un retorno a la idea del patio trasero, como lo llamaban antes”, afirma a MILENIO Guillaume Long, ex canciller ecuatoriano durante el gobierno de Rafael Correa.
Bienvenidos al siglo XIX
“Es una suerte de retorno decimonónico, de nostalgia por el final del siglo XIX y el comienzo del siglo XX, que fueron marcados por la diplomacia de las cañoneras”, enfatiza.
En ese documento oficial, Estados Unidos expresa: “Queremos un Hemisferio Occidental libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, y que apoye cadenas de suministro cruciales; y queremos asegurar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave. En otras palabras, afirmaremos y haremos cumplir un Corolario Trump de la Doctrina Monroe”.
Carlos Raimundi, abogado y ex representante argentino ante la Organización de Estados Americanos (OEA), dijo que no es posible sostener la idea de “las Américas” como una construcción única de valores compartidos.
“Compartimos ideas respecto de las libertades y los derechos individuales, pero no la posibilidad de que se apropien de nuestro recursos estratégicos para sostener su nivel de vida”, dijo Raimundi. “Ellos son parte del norte global, América Latina del sur global. Ellos buscan apropiarse de nuestros recursos; nosotros defendemos nuestra soberanía. Las Américas no son lo mismo para ellos que para nosotros”, puntualiza.
“El gran garrote”
Otro corolario a la doctrina nacida en 1823 había sido presentado en 1904 por el presidente Theodore Roosevelt, quien definió una nueva etapa del imperialismo norteamericano llamada “El gran garrote” (The Big Stick) y establecía el derecho de Estados Unidos de intervenir militarmente en países de América Latina para mantener el orden y asegurar que cumplieran sus obligaciones con potencias extranjeras.
El corolario Trump incluye como objetivo “restaurar el dominio energético estadunidense y repatriar los componentes energéticos clave necesarios”.
La idea de repatriar el petróleo está en el origen de la operación en Venezuela. En diciembre pasado, cuando el Pentágono rodeaba al país caribeño, Trump amenazó con hostigarlo “hasta que devuelvan a Estados Unidos todo el petróleo, las tierras y demás bienes que nos robaron”.
Consumado el ataque, reiteró que los venezolanos robaron el petróleo que, según él, pertenece a Estados Unidos.
James Monroe, 2 de diciembre de 1823:
“Los continentes americanos, por la condición de libres e independientes que han asumido y mantienen, no deben ser considerados en adelante sujetos de futura colonización por ninguna potencia europea”, dijo ante el Congreso, recuerda BBC.
La estrategia para la política exterior del gobierno de Trump puede simplificarse en una frase: “Estados Unidos primero”.
Ernesto Samper Pizano, ex presidente de Colombia y ex secretario general de Unasur, dijo en una entrevista que las declaraciones de Trump respecto del petróleo venezolano expresan una pretensión neo colonialista, y que del mismo modo podrían ir por el litio de Chile u otros minerales de la región.
En cuanto a su visión sobre la doctrina Monroe, afirmó que “el presidente Trump tiene una forma de diplomacia ideológica, que divide a los países en buenos y malos según estén o no estén con él”.
En el mismo sentido se expresó Boric en su discurso oficial del 3 de enero. Dijo: “Hoy es Venezuela, mañana podría ser cualquier otro. La amenaza de control externo de sus recursos estratégicos constituye una grave violación al principio de integridad territorial. Si pueden hacerlo allá, ¿por qué no podrían hacerlo en otra parte?”.
Historia de la Doctrina Monroe:
En la cumbre del Mercosur del pasado mes de diciembre, Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, se anticipó a la acción militar recordando que desde la guerra de Malvinas (en 1982, entre Reino Unido y Argentina), Sudamérica no era acosada por la presencia militar extranjera y que “una intervención armada en Venezuela sería una catástrofe humanitaria para el hemisferio y un peligroso precedente para el mundo”.
Long sostiene que hay que considerar que los países sudamericanos, excepto Colombia, tienen mayor intercambio comercial con China que con Estados Unidos.
“En el mediano y largo plazo me parece que esta militarización del Caribe es una reacción un poco desesperada, es un retorno al hemisferio de índole securitista y militar, no es un retorno económico”, sostiene.
Y para Raimundi, el marcado uso de la ironía por parte de Trump no es sino una muestra de impotencia.
“Muchas variables nos permiten observar la pérdida de hegemonía de Estados Unidos. Las bravuconadas del presidente estadounidense son intentar burlarse de una situación que es irreversible”.
SNGZ