En un viaje relámpago a la Ciudad de México, Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Exteriores de Cuba, habló con MILENIO sobre la tensa relación entre La Habana y Washington aunque, afirma, el gobierno comunista busca el diálogo al tiempo que no puede ser “ingenuo” ante la posibilidad de una acción militar por parte de Estados Unidos.
También acepta que el socialismo tiene que “reinventarse” y reconoce que “la situación que experimenta ahora el pueblo cubano”, que achaca al gobierno estadunidense, “es de un impacto muy duro en su vida cotidiana”.
Ante los reclamos de Washington para que se realicen elecciones abiertas a distintos partidos políticos y las críticas en torno a los derechos humanos en la isla, Fernández de Cossio es tajante:
“Cuba, como suponemos ningún país lo haría, no se va a sentar a discutir con la Casa Blanca su ordenamiento político interno”.
Los planes de Trump sobre La Habana
¿Ve Cuba posible una operación militar por parte del gobierno de Donald Trump?
“Por la historia de Cuba, y por la experiencia que vemos de lo que sucede a nivel global, sería ingenuo e irresponsable por parte del gobierno cubano de no tomar con seriedad las referencias reiteradas tanto de políticos en Washington como las que aparecen en la prensa de Estados Unidos como filtraciones o supuestas especulaciones; las tenemos que tomar muy en serio.
“Está bajo amenaza presumiblemente la paz en Cuba, la paz en la región, como resultado de una eventual o posible agresión militar, según declaran algunos políticos estadunidenses y voceros diversos sobre todo procedentes de los sectores radicalmente anticubanos en Washington”.
¿Qué papel está jugando Marco Rubio tanto en el diálogo como en la posibilidad de una operación militar?
“El secretario de Estado es un político con una trayectoria larga y reconocida asociada a los sectores más agresivamente anticubanos en Estados Unidos. Cuando uno ve su trayectoria, cómo se desarrolló su carrera política, más que por razones personales, uno puede identificar esa realidad.
“Actualmente, es el secretario de Estado de un gobierno y, supuestamente, representa la posición de esa administración; pero al mismo tiempo, él mismo se identifica –y los sectores políticos internos de Estados Unidos lo identifican– como quien está liderando esta política de extrema agresividad y de severo ataque al nivel de vida y a la población cubana en su conjunto”.
¿Cómo va el diálogo con Washington?
“Tenemos relaciones diplomáticas formales, lo que quiere decir que existen canales de comunicación. Y ha habido un grado de comunicación a nivel de altos funcionarios con el gobierno de Estados Unidos, incluyendo algunas reuniones puntuales. Nosotros identificamos y suponemos, con bastante fundamento, que no hay avance en esas comunicaciones.
“Y no lo hay por el simple hecho de que uno sólo tiene que mirar a una realidad y es que Estados Unidos cada diez días, cada dos semanas, anuncia la implementación de nuevas medidas agresivas que penalizan a la población cubana en su conjunto. Entonces es muy difícil decir que un grado de comunicación, o incluso de diálogo durante varios meses, esté progresando si la agresividad continúa y el gobierno de Donald Trump se mantiene, aparentemente, incapaz de reconocer un hecho que es muy evidente: que Cuba es un Estado soberano y tiene derecho a serlo.
“Estados Unidos ha pedido a Cuba elecciones con partidos políticos y también en torno a los derechos humanos de presos políticos, ¿qué tanto puede ceder La Habana para tener un diálogo mayor con Washington?”.
Cuba defiende autonomía de los pueblos
“La Habana no está dispuesta a discutir con el gobierno estadunidense, ni con ningún otro, los asuntos políticos internos de Cuba. Es lógico suponer que la administración cubana, como suponemos muchos gobiernos del mundo, tiene discrepancia con la realidad política interna de Washington, de diversos tipos, diferencias con su sistema político. Nosotros no pretendemos interferir o hacer injerencia en sus asuntos internos, y, por tanto, no aceptamos que un gobierno extranjero, incluyendo el de Washington, se involucre en los de Cuba.
“Nosotros tenemos múltiples temas y asuntos de carácter bilateral, problemas legítimos en los que tenemos tanto coincidencias como diferencias, que vale la pena sentarse a discutir, y algunos de ellos que es necesario resolver o encontrar incluso cooperación porque afectan a la región. Y esos son temas bilaterales en los que nosotros estamos dispuestos a dialogar con seriedad, con responsabilidad junto al gobierno de Estados Unidos. Pero, lógicamente, Cuba, como suponemos ningún país lo haría, no se va a sentar a discutir con la Casa Blanca su ordenamiento político interno”.
¿Vislumbra que puede haber una mayor flexibilidad por parte de EU si ganan los demócratas las elecciones legislativas?
“Nosotros no pensamos que las elecciones en medio término vayan a tener ningún impacto directo de significación en la agresividad de Washington con respecto a La Habana. Sí concebimos que hay inmenso espacio para que flexibilicen su posición porque es extrema. Figúrese que Estados Unidos está tratando de inducir a Cuba a una crisis humanitaria.
“Está ahora castigando a la población de Cuba en su conjunto, lo que internacionalmente se conoce como castigo colectivo, que equivale a genocidio a toda la población cubana para una meta política que ni ellos mismos son capaces de definir con exactitud.
“Pero que además, y esto está muy claro, no representa los intereses de la mayoría de la población de Estados Unidos. La agresividad de ahora, si llegara a cumplir con la meta de provocar en Cuba una crisis humanitaria, o incluso si finalmente aplicara la fuerza militar contra la isla, no cumpliría con ningún objetivo que sea de interés para la seguridad nacional estadunidense, para el bienestar de su población, para su nivel de vida, para los inmensos problemas económicos y sociales internos que tiene Estados Unidos. Ninguno se cumpliría con eso”.
Sin embargo, una flexibilidad ayudaría a quitarle este castigo colectivo y este crimen que se comete contra la población cubana. Estados Unidos y la región tendrían una oportunidad de que Cuba y Washington puedan resolver problemas bilaterales e incluso trabajar de manera bilateral para ayudar a la paz, la estabilidad, el progreso en la región que compartimos, declaró el viceministro Fernández.
Relación de Cuba con el resto del continente
Hablando de la región, en estos momentos la gran mayoría de los países latinoamericanos están gobernados por la derecha. ¿Cómo lo ha tomado Cuba? ¿Se ha sentido aislada?
“Si uno revisa la trayectoria de las relaciones exteriores en la región y de la política exterior de Cuba de las últimas décadas, podrá comprobar que aún cuando ha habido gobiernos de derecha, o incluso en las últimas décadas, cuando ha habido una mayoría de gobiernos de derecha en la región, La Habana pudo mantener buenas relaciones con prácticamente todos ellos, incluyendo relaciones de cooperación, aún cuando ha habido una gran distancia política e ideológica con algunos gobiernos específicos. De modo que aislados no nos sentimos.
“Sentimos además que en la mayoría de las poblaciones hay simpatía hacia Cuba, aun cuando sus gobiernos no sean tan cercanos.
“Nosotros, por supuesto, desarrollamos mayor cooperación y logramos un mayor concierto regional cuando hay gobiernos de corte más progresistas y, sobre todo, menos subordinados al dictado, a los intereses del gobierno de Estados Unidos y más alejados de los intereses de su pueblo”.
¿La Habana ve al Escudo de las Américas como una amenaza?
“Es una amenaza contra todos los países de la región, incluido Cuba. Es un fenómeno que surge dentro del renacimiento que el gobierno actual de Estados Unidos le ha dado a la Doctrina Monroe, la cual históricamente en nuestro hemisferio se ha identificado, desde Canadá, como una amenaza a la independencia individual de cada uno de los Estados; una amenaza a la independencia de la región en su conjunto y a la integración regional. Y esto es un instrumento de fuerza asociado a esa doctrina. Nosotros lo vemos como un peligro, reitero, no sólo para Cuba, es una amenaza para la región de América Latina en su conjunto”.
¿Qué papel está jugando México para tender un posible puente entre Washington y La Habana? ¿Cómo va la relación México-Cuba?
“México y Cuba tienen una relación histórica, de hermandad con una larga trayectoria y manifestada de múltiples maneras, desde la participación de combatientes cubanos en los procesos revolucionarios mexicanos, en lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador llama las transformaciones que ha habido en México, incluyendo la participación de ciudadanos mexicanos en las guerras de independencia de Cuba. Es una relación muy sólida, muy amplia, que se desarrolla en múltiples esferas y, además, ha permitido un alto grado de confianza entre los gobiernos de ambos países.
“Si México puede desempeñar un papel para el conflicto que existe entre Cuba y Estados Unidos, nosotros le damos la bienvenida. Pero la raíz del problema no está en la voluntad que pueda tener México, pueda tener otro país u otro actor internacional. La raíz del problema está en que tiene que existir la voluntad en el gobierno de Washington para que haya ese tipo de avance y tiene que existir el convencimiento de que Cuba es y tiene derecho a ser un Estado soberano sin injerencia de la mayor potencia global del planeta.
“El pueblo cubano comparte un inmenso agradecimiento a la solidaridad, a la simpatía que recibe del gobierno mexicano y de su pueblo, la solidaridad, simpatía y amistad que se mide sobre todo en los momentos más difíciles. Y hoy Cuba transita por un escenario muy difícil fruto de la agresividad de Estados Unidos”.
¿Cómo vive el cubano de calle la situación generada por el bloqueo petrolero, la falta de electricidad, la lucha por conseguir alimentos? ¿No implica cierto grado, por parte del gobierno cubano, de frustración o de impotencia?
“La situación que experimenta actualmente el pueblo cubano es de un impacto muy duro en su vida cotidiana. Son condiciones durísimas de vida. Cuando uno tiene electricidad dos y tres horas al día.
“Cuando se padece falta de suministro de agua durante días o semanas, la vida cotidiana se hace muy difícil para una familia, para un individuo que vive solo, para personas que tienen mucha edad y enfermedades crónicas, para niños pequeños, cuando no existe prácticamente transporte público. En la ciudad de La Habana, que es una urbe grande, sólo funciona 6 por ciento del transporte público. Algunos centros de trabajo están obligados a cerrarse por falta de energía y por tanto se deprime el poder adquisitivo de los trabajadores y de sus familias.
“Cuando cuesta trabajo ir al médico, cuando cuesta trabajo llevar al niño a la escuela, acudir a las labores cotidianas de uno en su centro de trabajo. Todo eso hace que la vida sea muy difícil. Le puedo sumar el impacto sobre la salud, el impacto sobre la producción de alimentos y la disponibilidad de alimentos para la población.
“Y esto lo sufre la población cubana en su generalidad, y naturalmente esto provoca angustia, frustración e irritación en la población. El gobierno cubano no puede darse el lujo de sentirse impotente.
“La responsabilidad del gobierno cubano, y eso está muy consciente, es responder a esos requerimientos de la población.
“Por eso es que el gobierno cubano trabaja constantemente en encontrar respuestas a cómo nosotros resolvemos las situaciones más graves de estos momentos: cómo logramos vencer la falta de electricidad y remontar estas carencias, cómo resolvemos el problema del abasto de agua, cómo reanimamos la producción de alimentos sin combustible, sin fertilizantes, sin pesticidas con poca población viviendo en el campo y con dificultades para transportarse hacia allí. Todas son responsabilidades y preocupaciones constantes del gobierno.
“Y por eso es que trabajamos en innovar, en cómo aplicamos el conocimiento, los recursos humanos que tenemos con un alto grado de flexibilidad, con un alto grado de pensamiento revolucionario, para no dejarnos atar por dogmas y encontrar dentro de la justicia social, dentro del proyecto socialista y teniendo siempre como prioridad, cómo responder a las expectativas y los requerimientos de la población, cómo encontramos solución a esta situación tan adversa, que probablemente ningún país y ninguna población del mundo tiene capacidad de comprender en la manera en que la sufrimos los cubanos”.
El presidente Miguel Díaz-Canel afirmó recientemente que hay que renovar el socialismo. ¿Qué significa eso?
“El socialismo no es una fórmula escrita en un manual estático, para aplicarse dogmáticamente y suponer que no va a cambiar. Más bien, procede de una filosofía que descansa en la dialéctica. Y eso implica que para avanzar, para ser sostenible, el socialismo tiene que avanzar, reinventarse, y tiene que tener la capacidad de adaptarse a las realidades que vive el país.
“Las realidades tan adversas que vive Cuba hoy, más las transformaciones y los cambios que ha sufrido el país demográficamente, políticamente, socialmente; los cambios del entorno en el que vivimos, los cambios a nivel internacional, obligan a que el gobierno busque fórmulas que adapten nuestro proyecto social, nuestro proyecto de justicia social y de defensa de la soberanía nacional con nuevas fórmulas y con nuevos métodos. Y parte de las transformaciones económicas y sociales que estamos introduciendo con la mayor celeridad posible en el país responden a esa visión y a esos requerimientos”.
MD