• Xi Jinping buscó inclinar postura de EU

  • The New York Times

El líder chino utilizó elogios, advertencias y referencias históricas para cuestionar el apoyo de Estados Unidos a Taiwán y Japón en sus recientes conversaciones con el presidente estadunidense.

Chris Buckley y David Pierson
The New York Times /
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El líder de China, Xi Jinping, no es conocido por su carácter jovial. Sin embargo, durante su reunión en la Casa Blanca con el presidente Donald Trump, a veces sonrió e incluso rió, con lo que proyectó una calidez inusual para una reunión entre superpotencias rivales.

Detrás de la muestra de cordialidad, las palabras cuidadosamente elegidas de Xi revelaban un cálculo más frío: un esfuerzo por orientar a Trump hacia las posturas de Pekín sobre Taiwán, Japón y el orden de seguridad más amplio en Asia.

Sobre Taiwán, Xi presionó a Trump para que limitara su apoyo a la isla autónoma que Pekín reclama como su territorio. Sobre Japón, Xi invocó la historia para describir a Tokio, un aliado estadunidense, como una amenaza militar resurgente, al tiempo que le recordó que China y Estados Unidos alguna vez habían peleado en el mismo bando.

Xi parecía explorar oportunidades para moldear las opiniones de Trump, en lugar de esperar un avance decisivo, dijo en una entrevista Matt Pottinger, quien se desempeñó como asesor adjunto de seguridad nacional de Trump en su primer mandato como presidente. Xi y Trump se han reunido tres veces desde octubre de 2025 y es posible que se reúnan dos más antes de terminar este.

“Xi ve las reuniones frecuentes con su homólogo estadunidense como una oportunidad para sondear las debilidades en las posturas de Estados Unidos”, dijo Pottinger, ahora presidente del Programa de China en la Fundación para la Defensa de las Democracias.

Sin acuerdos concretos

En apariencia, la cumbre entre Xi y Trump logró poco. China y Estados Unidos acordaron prolongar su tregua en la guerra comercial, pero solo por dos meses. Los líderes dialogaron sobre las guerras en Medio Oriente y Ucrania, pero no anunciaron avances aparentes para poner fin a ninguno de los dos conflictos. 

Brindaron el uno por el otro y hablaron con grandilocuencia sobre la cooperación y la estabilidad en las relaciones, pero no anunciaron acuerdos concretos sobre los temas más polémicos: desequilibrio comercial, restricciones tecnológicas y Taiwán.

El viaje sin duda supuso un impulso propagandístico para Xi, quien ha buscado presentarse como un igual a Trump en el escenario mundial.

La cobertura de la cumbre ocupó la primera plana del Diario del Pueblo, el vocero del Partido Comunista, con imágenes de Xi recibiendo homenajes en la Casa Blanca con un sobrevuelo militar y de la recepción por parte de Trump en la Base Conjunta Andrews. Una de las principales tendencias en las redes sociales chinas trataba sobre lo inusual que era que un presidente estadunidense recibiera a un líder mundial en la pista de aterrizaje.

“Esto supone una validación histórica de la fuerza de China. Se percibe como un punto de llegada y se suma al esfuerzo de Xi Jinping por presentar a China como un socio igualitario, lo cual ha sido el objetivo principal de la política exterior de ese país” durante décadas, dijo Evan Medeiros, profesor de estudios asiáticos en la Universidad de Georgetown, quien fue director para Asia en el Consejo de Seguridad Nacional bajo el mandato de Barack Obama.

La cumbre sirvió a los propósitos de Xi de una manera más sutil pero importante. Utilizó la astucia verbal para sugerir que Trump simpatizaba con las posturas de Pekín, incluso si los miembros del gobierno del estadunidense no están de acuerdo con ellas.

De manera más notable, Xi pareció insinuar que Trump se había acercado más a las opiniones de Pekín sobre Taiwán, incluyendo que el gobierno de la isla conspira para independizarse. La continua estabilidad en las relaciones entre China y Estados Unidos, indicó, dependía de que Trump prestara atención a las posturas chinas.

“Espero que Estados Unidos se adhiera a la postura correcta de oponerse a la ‘independencia de Taiwán’ y maneje este tema de manera prudente”, dijo Xi en su reunión con Trump el jueves, según un resumen oficial emitido por los medios de comunicación chinos. 
Ese enfoque, dijo Xi, “sentaría una base sólida para la cooperación estratégica entre Estados Unidos y China y el desarrollo de las relaciones bilaterales”.

Sucesivos gobiernos estadunidenses han dicho que no apoyan la independencia total de Taiwán. Pero los presidentes de Estados Unidos generalmente han rechazado los llamados chinos para que Washington declare que se “opone” rotundamente a ello. Tal cambio, dicen los expertos, podría sugerir que Estados Unidos cree que las políticas de Taiwán, y no la amenaza de Pekín de una unificación forzosa, son la principal fuente de las tensiones en el estrecho.

El uso que hizo Xi de la palabra “adherirse” (jianchi en chino) parecía tener la intención de crear la impresión de que “Pekín cree que Trump ya ha asimilado algunas de sus líneas rojas sobre Taiwán”, dijo Craig Singleton, director del Programa de China en la Fundación para la Defensa de las Democracias. “Pekín está envolviendo de manera constante la cumbre en su retórica preferida”.

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Aliados en la Segunda Guerra Mundial

El resumen oficial chino de las declaraciones de Xi no entró en detalles, pero la advertencia implícita era clara, dijeron varios expertos. Si Trump seguía adelante y aprobaba una propuesta para vender armas a Taiwán por un valor de 14 millones de dólares, podría dañar o incluso deshacer la frágil calma entre Pekín y Washington.

El paquete incluye misiles, equipos antidrones y sistemas de defensa aérea. Este se sumaría a otro paquete de 11 millones de dólares que Trump aprobó a finales del año pasado. Sin embargo, después de su última cumbre con Xi en Pekín en mayo, Trump dijo que las ventas de armas eran una “muy buena ficha de negociación” con China. 

Desde entonces, ha pospuesto la aprobación del nuevo paquete, lo que genera inquietud en Taiwán y en toda Asia sobre hasta dónde podría llegar al subordinar los compromisos de seguridad de Estados Unidos para tener mejores lazos con China.

“Lo importante es que, en la práctica, Estados Unidos debería dejar de vender armas a Taiwán y ser muy cuidadoso en el trato con este país”, dijo Wu Xinbo, un académico de estudios estadunidenses en la Universidad de Fudan en Shanghái que asesora al Ministerio de Relaciones Exteriores de China.

Sin embargo, muchos expertos esperan que Trump acabe por aprobar más ventas de armas. China podría tomar represalias con intimidación militar hacia Taiwán o castigos económicos a Estados Unidos, como mayores restricciones a las exportaciones de tierras raras a empresas estadunidenses.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán dijo que los comentarios de Xi “distorsionaban los hechos” en un esfuerzo por respaldar el reclamo de Pekín sobre la isla.

Ali Wyne, investigador principal sobre las relaciones entre Estados Unidos y China en International Crisis Group, dijo que Xi reconoce que Trump “no se iba a detener en consideraciones semánticas, sobre todo si puede enmarcarlas como parte de una apelación al ego del estadunidense”.

Para ello, Xi recurrió a una metáfora marítima familiar que apeló a la preferencia de Trump por la diplomacia directa entre líderes. 

“Estoy listo para trabajar con usted y guiar el gigantesco barco de la relación entre China y Estados Unidos por un rumbo estable”, le dijo a Trump.

Este comentó el viernes que asistiría a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico en Shenzhen, China, en noviembre, y que Xi asistiría a la cumbre del Grupo de los 20 en Florida en diciembre.

Xi también aprovechó su tiempo para intentar abrir una brecha entre Washington y uno de sus aliados fieles en Asia: Japón.

Le recordó a Trump que Estados Unidos y China lucharon juntos contra un enemigo japonés común durante la Segunda Guerra Mundial. Describió al Japón imperial como agresor “fascista” y “militarista”, con lo que revivió una imagen del país como un “Estado enemigo” en el que no se puede confiar en el escenario mundial.

Sus comentarios estuvieron en consonancia con un esfuerzo de meses por parte de Pekín para castigar a Japón por lo que la primera ministra Sanae Takaichi hizo en defensa de Taiwán en noviembre.

“El mensaje es: ‘Ellos son los malos y nosotros somos los buenos que intentamos cambiar el orden mundial, y los estadunidenses deberían cooperar con nosotros’”, dijo Akio Takahara, profesor visitante en la Universidad Cristiana de Mujeres de Tokio, especializado en política china.

El riesgo para Japón, agregó, es que la narrativa de Xi podría ganar terreno si se repite suficientes veces.

Takaichi dijo a los periodistas en Tokio este viernes que Japón había logrado una “reconciliación genuina” con Estados Unidos y que ahora tenían una “relación de confianza mutua como aliados unidos por vínculos muy fuertes”.


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