El autocuidado responsable, incluido el uso adecuado de medicamentos de libre acceso para atender molestias menores, podría liberar hasta 122 millones de horas de trabajo de profesionales de la salud al año.
Esto es equivalente a la disponibilidad 8 mil médicos de tiempo completo adicionales, de acuerdo con investigaciones de la Asociación Mexicana de Fabricantes de Medicamentos de Libre Acceso (Afamela).
¿Cómo beneficia el autocuidado?
El beneficio permitiría reducir consultas y traslados innecesarios, además de concentrar la capacidad médica en pacientes que requieren diagnóstico, seguimiento o atención especializada.
En entrevista, Fernando Fon Méndez, director ejecutivo de Afamela, explicó que el autocuidado puede contribuir a disminuir la presión sobre los servicios de consulta externa cuando las personas cuentan con información clara y utilizan correctamente los medicamentos autorizados para atender molestias leves y transitorias.
“Ese tipo de datos se puede traducir a un número de profesionales de la salud, de médicos disponibles en consultorios de consulta externa, que podrían quedar liberados”, señaló en entrevista previa al encuentro “Autocuidado, el paso uno en la salud”, organizado por MILENIO Foros, el cual se realizará el 23 de julio de 2026, a las 17:00 horas.
Además, por cada dólar invertido en intervenciones de autocuidado, generaría un retorno de siete dólares en beneficios para el sistema de salud.
El directivo aclaró que el autocuidado no implica abandonar la atención profesional ni tratar en casa enfermedades que requieren diagnóstico.
“El autocuidado no sustituye al sistema de salud, lo complementa”, sostuvo.
Cerca de 30 por ciento de los registros correspondería a medicamentos de libre venta
Fon Méndez señaló que Cofepris ha otorgado históricamente poco más de 14 mil registros sanitarios de medicamentos y cerca del 30 por ciento correspondería a productos de libre venta.
La proporción puede variar según el estudio y la metodología utilizada, por lo que el porcentaje no representa el gasto de las familias ni la participación exacta en ventas.
“En términos generales, de los poco más de 14 mil registros sanitarios otorgados por Cofepris en México, el 30 por ciento corresponde aproximadamente a medicamentos de libre venta”, precisó.
Estos productos pertenecen a las fracciones V y VI de la clasificación establecida para su comercialización en México, con el objetivo de que puedan adquirirse sin receta médica.
El mercado de medicamentos de venta libre en el país tiene un valor estimado de entre 2 mil 700 y 3 mil millones de dólares anuales, de acuerdo con investigaciones citadas por Afamela.
La Asociación considera que una regulación eficiente de productos de bajo riesgo permitiría concentrar los recursos de la autoridad sanitaria en medicamentos y tecnologías de mayor complejidad.
Los medicamentos de libre acceso se utilizan para atender molestias leves y transitorias, entre ellas algunos dolores de cabeza, torceduras menores, malestares gastrointestinales, alergias leves, afecciones respiratorias menores, problemas de higiene bucal y determinadas alteraciones de la piel.
El autocuidado también podría reducir el ausentismo
Las pérdidas asociadas con el ausentismo podrían reducirse de 651 millones de dólares a menos de 90 millones de dólares anuales.
Mientras que la atención de padecimientos comunes mediante prácticas responsables de autocuidado tendría el potencial de generar un beneficio directo de 473 millones de dólares al año para el sistema mexicano.
Estas cifras representan escenarios de beneficio potencial y no sustituyen las evaluaciones económicas específicas que todavía deben realizarse para determinar el ahorro efectivo para las instituciones públicas, los empleadores y las familias.
Ocho de cada diez valoran el autocuidado, pero sólo la mitad sabe cómo aplicarlo
De acuerdo con Afamela, 80 por ciento de las personas valora el autocuidado, pero únicamente 50 por ciento considera que dispone de las herramientas y los conocimientos necesarios para ejercerlo adecuadamente.
La diferencia refleja una brecha de alfabetización en salud que puede aumentar el riesgo de tomar dosis inadecuadas, prolongar los tratamientos, combinar productos con el mismo principio activo o utilizar medicamentos para síntomas que requieren atención profesional.
Fon Méndez explicó que la alfabetización en salud consiste en proporcionar información veraz, sustentada y respaldada por las autoridades sanitarias para que las personas puedan tomar mejores decisiones.
“Tenemos que aprender a leer esa información que está en los empaques”, señaló.
Los medicamentos de libre acceso deben indicar claramente para qué sirven, quiénes pueden utilizarlos, cuál es la dosis, durante cuánto tiempo deben consumirse y qué hacer cuando el malestar persiste.
El empaque no debe verse únicamente como una presentación comercial, sino como una herramienta sanitaria para prevenir errores de consumo.
Automedicación responsable no es autoprescripción
El director ejecutivo de Afamela pidió diferenciar la automedicación responsable de la autoprescripción.
La automedicación responsable consiste en utilizar un producto expresamente autorizado para venderse sin receta, leer toda la información del empaque, respetar la dosis y el tiempo de uso, así como buscar atención médica si los síntomas persisten o se agravan.
La autprescripción ocurre cuando una persona consume por su cuenta medicamentos que requieren receta o utiliza tratamientos indicados previamente para otra enfermedad/paciente.
El consumo de medicamentos de libre venta tampoco debe prolongarse de manera indefinida.
Cuando el producto no produce mejoría dentro del periodo indicado, el paciente debe suspender el manejo y acudir con un profesional de la salud.
Continuar tratando un síntoma sin evaluación puede retrasar el diagnóstico de una enfermedad que evoluciona y aumentar el riesgo de complicaciones.
Uno de los errores más frecuentes consiste en combinar medicamentos de marcas diferentes sin advertir que contienen la misma sustancia.
“El nombre comercial puede ser diferente, pero la sal puede ser exactamente la misma y con ello estar sobredosificando”, explicó Fon Méndez, por lo cual se debe de tener cuidado.
Por ejemplo, una persona puede tomar simultáneamente un analgésico y un antigripal sin identificar que ambos contienen el mismo principio activo. La duplicación puede provocar una sobredosis o una reacción adversa.
El riesgo es mayor entre adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y pacientes que toman varios medicamentos.
En esos casos se recomienda contar con una lista actualizada de los productos utilizados, revisar sus componentes, organizar los horarios y solicitar orientación de un médico o farmacéutico.
Los familiares y cuidadores también deben involucrarse, particularmente cuando una persona puede olvidar que ya tomó una dosis y repetirla.
Empaques más claros y etiquetado electrónico
Uno de los principales retos para el consumo responsable es que los empaques concentran una gran cantidad de información en espacios reducidos, lo que puede obligar a utilizar letras poco legibles.
Afamela trabaja con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, Cofepris, en la revisión de la regulación de etiquetado y en la posibilidad de incorporar códigos QR que permitan consultar información más amplia, clara y con letras ajustables.
“Muchas veces el tamaño del empaque obliga a utilizar un tamaño de letra muy poco legible por la responsabilidad que tenemos de incluir todas las leyendas”, reconoció Fon Méndez.
Los envases deben contener el nombre comercial, el principio activo, la indicación, el tiempo de uso, la fecha de caducidad, los datos del fabricante y la vía para reportar posibles reacciones adversas.
“Estamos explorando junto con la autoridad sanitaria estos elementos, por ejemplo, el famoso código QR, que nos puede direccionar a la información con mayor detalle y, por supuesto, de forma legible”, explicó.
La tecnología permitiría ampliar la letra y consultar contenidos más completos, pero no sustituiría la información obligatoria impresa en el empaque.
Fon Méndez puntualizó que el cambio regulatorio todavía no está vigente.
“Está en revisión la norma actual de etiquetado, donde ya hay esta posibilidad de empezar a compartir la información, además del empaque, a través de este tipo de tecnología. No se ha publicado esta nueva regulación”, afirmó.
Por lo tanto, no se ha aprobado todavía una disposición que obligue a aumentar el tamaño de las letras. Lo que se analiza es complementar el etiquetado físico con herramientas electrónicas que hagan la información más entendible y accesible.
Recomendaciones para un consumo responsable
Antes de utilizar un medicamento de libre acceso, el consumidor debe revisar el principio activo, la indicación, la dosis, el intervalo entre tomas, el tiempo máximo de uso, las contraindicaciones, la fecha de caducidad y el estado del empaque.
También debe comprobar que la información se encuentre en español. Un producto etiquetado únicamente en otro idioma puede ser señal de que no siguió el procedimiento sanitario requerido para su comercialización en México.
Los medicamentos deben adquirirse exclusivamente en farmacias, tiendas autorizadas o plataformas digitales que identifiquen claramente su domicilio, permisos y responsables.
Fon Méndez advirtió que comprar en tianguis, puestos ambulantes o sitios de internet sin controles expone a productos falsificados, caducos, alterados o conservados incorrectamente.
“Adquirirlos en la vía pública, en puestos móviles, en tianguis, representa un riesgo para la salud”, alertó.
Los medicamentos pueden haber permanecido expuestos al sol, la lluvia o temperaturas inadecuadas, sin que exista certeza sobre su procedencia ni sobre la conservación de la cadena de suministro.
“La recomendación general es adquirir medicamentos únicamente en establecimientos debidamente establecidos y con las licencias que corresponden”, afirmó.
¿Cuándo dejar el autocuidado y acudir a consulta?
El paciente debe solicitar atención profesional cuando el dolor o malestar aumenta, los síntomas persisten más allá del tiempo señalado en el empaque o aparecen fiebre intensa, dificultad para respirar, sangrado, pérdida del conocimiento, una reacción alérgica o cualquier efecto adverso.
También se requiere orientación antes de administrar medicamentos a niñas y niños, mujeres embarazadas, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas o pacientes que reciben varios tratamientos.
El autocuidado incluye, además de los medicamentos, la actividad física, una alimentación equilibrada, la higiene, el descanso, el cuidado de la salud mental, la prevención de riesgos y el seguimiento de enfermedades crónicas mediante dispositivos autorizados.
“El autocuidado es una responsabilidad que tenemos como individuos y una corresponsabilidad de los profesionales, las instituciones y el sistema de salud”, subrayó Fon Méndez.
KL