Lo que comenzó en 2021 como el regreso triunfal de una sede histórica tras 36 años de ausencia concluyó este año: el Gran Premio de los Países Bajos se despide de la Fórmula 1. Luego de seis ediciones en esta nueva era, la victoria de Lando Norris en Zandvoort supuso el final de una de las carreras más emocionantes del calendario.
El GP de los Países Bajos se va en su momento más alto en cuanto a popularidad, y aunque fue un modelo de innovación para el Gran Circo desde que Liberty Media tomó el control, fue la propia rigidez de su estructura financiera la que puso fin a una de las carreras más esperadas por los aficionados.
“Es increíble”, reflexionó Stefano Domenicali, presidente y director ejecutivo de la Fórmula 1. “Solo quiero empezar dando las gracias: gracias Zandvoort, gracias a los aficionados holandeses por la energía que aportaron al ecosistema de la Fórmula 1. Llegaron en un momento difícil, con la COVID-19, y lograron organizar un evento increíble. La energía del público siempre ha sido un referente, así que es fantástico”.
A diferencia de la mayoría de los eventos del calendario, sostenidos por grandes subsidios estatales o petrodólares, Zandvoort dependió por completo de la inversión privada a través del consorcio formado por las agencias de eventos deportivos SportVibes, TIG Sports y los administradores del Circuito de Zandvoort. La falta de presupuesto estatal para asumir sobrecostos operativos obligó a los promotores a retirarse de manera voluntaria, en la cima comercial, antes de que llegara el colapso económico.
Un modelo dependiente del público
De acuerdo con los reportes financieros consultados por el canal neerlandés RTL Z, cada edición costaba alrededor de 70 millones de euros, con gran parte del presupuesto destinado a la infraestructura temporal. Para poder cumplir con su realización sin depender de dinero gubernamental, los organizadores debían vender todas las entradas durante los tres días del fin de semana.
La barrera entre la rentabilidad y el desastre era mínima. Como uno de los mercados más pequeños de la categoría, una variación de apenas 10 mil asistentes podía comprometer la viabilidad de la carrera. Y ante el incremento del IVA al alojamiento en los Países Bajos del 9 al 21 por ciento, el alza inflacionaria en el boletaje y un descenso del consumo en los últimos años, el riesgo de seguir parecía insostenible.
Un evento que dejó marca
Independientemente de lo financiero, el Gran Premio de los Países Bajos estableció parámetros en la realización de carreras, siendo la primera prueba de la Fórmula 1 que supo reducir su huella de carbono gracias a una logística que priorizaba el uso de transporte público y en bicicleta.
También se implementó el formato de carrera-festival con la participación de artistas como Martin Garrix, ambientación musical recurrente en las gradas y una integración absoluta de la comunidad de Zandvoort, con poco más de 17 mil habitantes, estableciendo un modelo que Liberty Media también buscó para Miami y Las Vegas.
El retorno de Zandvoort no se puede explicar sin Max Verstappen. El tricampeón mundial regresó el interés por el automovilismo en su país e impulso la llamada marea naranja de aficionados que invadió todos los circuitos del calendario. Pero su figura no fue suficiente para amortiguar los costos.
“Tengo sentimientos encontrados, ya que fue positivo ver a tantos aficionados aquí por última vez, pero es una gran pena y bastante decepcionante no haber podido terminar la carrera”, reconoció Verstappen”. Por suerte, guardamos recuerdos muy bonitos de este circuito y hemos conseguido grandes cosas aquí, así que quiero dar las gracias a los aficionados por todo su apoyo”.
La clave
El Gran Premio de Turquía volverá con un contrato firmado hasta 2031, en tanto Portugal tiene un acuerdo por dos años, hasta 2028. El calendario de 2027 todavía no se ha revelado.
MGC