• Chanel vuelve al centro de la conversación del lujo gracias a Matthieu Blazy

  • En medio de la desaceleración del sector, el debut de Matthieu Blazy al frente de la marca devolvió a la firma francesa protagonismo cultural, deseo global y fuerza dentro del índice Lyst.
Ciudad de México /

M+.- Chanel no significa lo mismo para todos. Para algunos fanáticos es Gabrielle Chanel; para otros, el emblema construido por Karl Lagerfeld o la estética contemporánea de Virginie Viard. Pero ahora comenzó una nueva etapa, una en la que la casa francesa regresa al juego del deseo, a la controversia y a la sofisticación: son los tiempos de Matthieu Blazy.

Pero para entender mejor lo que está pasando, conviene ir paso a paso, detenerse en cada cambio y mirar con MILENIO esta transformación como si se tratara de distintas eras.

La casa Chanel pasó por procesos históricos, culturales y económicos que terminaron moldeando su identidad. Vio de primera mano la efervescencia de las flappers durante los años veinte; sobrevivió a las tensiones de la Segunda Guerra Mundial; convivió con el nacimiento de Christian Dior y la revolución estética de Yves Saint Laurent; resistió cambios sociales, políticos y financieros que transformaron la industria del lujo para siempre.

Pero, al ordenar su historia, pueden reconocerse cuatro grandes etapas: tres ya escritas y una que está causando revolución.

La primera pertenece a Coco Chanel (Saumur, 1883 – París, 1971), la mujer que cambió la silueta femenina del siglo XX desde una idea entonces radical: vestir a una mujer libre, activa y cómoda sin renunciar a la elegancia. Gabrielle ‘Coco’ terminó construyendo no solo una firma de moda, sino un arquetipo completo alrededor de la “mujer Chanel”: lujo refinado, funcionalidad y sofisticación clásica. Dejó piezas que hoy siguen replicándose hasta el cansancio y sentó las bases del archivo creativo más importante de la maison.

La segunda era llegó en 1983 con Karl Lagerfeld (Hamburgo, 1933 – París, 2019), quien tomó la capital francesa —el único alemán en lograrlo sin recurrir a la guerra— para dictar las tendencias a seguir, aún en tiempos donde ser alemán traía cierta carga histórica. Logró dar visibilidad a la marca y utilizar la cultura pop para redefinir la identidad de sus creaciones, muriendo en la cima y dejando la vara alta para su sucesor. Además, aseguró un volumen de ventas que hoy llenan los bolsillos de los hermanos Alain y Gérard Wertheimer (propietarios de la marca).

La maison francesa fortalece su relevancia cultural, comercial y digital. Foto: Especial.

La tercera etapa comenzó en 2019 con Virginie Viard (Dijon, 1962), heredera directa de Lagerfeld y figura clave dentro del funcionamiento interno de Chanel durante décadas. Su nombramiento fue recibido con escepticismo por parte de la crítica especializada, que calificó sus colecciones como “continuistas” o poco arriesgadas frente al impacto visual de su antecesor. La ironía es que Viard fue pieza fundamental en la supervisión de las colecciones de Lagerfeld y en la consolidación del negocio de accesorios de la maison. Aun así, su salida en 2024 dejó a la industria en suspenso y abrió una de las preguntas más importantes del lujo contemporáneo: ¿quién podía tomar Chanel después de Lagerfeld?

La última ya es del diseñador franco-belga Matthieu Blazy (nacido en París en 1984). Proveniente de Bottega Veneta, firma que (según los reportes de 2024 de Grupo Kering) fue de las más resilientes del ecosistema del conglomerado, destacó por ser “culturalmente” una de las más prestigiosas.

Durante su estancia en Kering, la marca reportó ingresos por mil 713 millones de euros y un beneficio operativo recurrente de 255 millones de euros, contando directamente 307 tiendas alrededor del globo.

Pero más allá de las cifras, Blazy logró algo todavía más valioso para la industria contemporánea: devolver la conversación y el deseo cultural a una marca histórica sin traicionar su identidad.

Esa capacidad, más cercana a construir relevancia que únicamente vender ropa, fue la que terminó llevándolo a uno de los puestos más observados, codiciados y complejos de toda la moda; uno del que fueron rechazados creativos de la talla de Hedi Slimane (Celine), Jeremy Scott (Moschino), Sarah Burton (Alexander McQueen) o Pierpaolo Piccioli (Valentino).

Nombres con currículums y firmas que los respaldan, pero que no fueron suficientes para cubrir el puesto donde hoy Blazy aplica mucho de lo que aprendió en Bottega Veneta, con la que construye la nueva Chanel.

Kering Group, la carta fuerte de Matthieu ante los Wertheimer


Para una familia tan hermética como los Wertheimer, accionistas mayoritarios de Chanel, contratar a un simple costurero o a un recién egresado de Parsons: The New School for Design no era una opción.

Mucho menos apostar por perfiles como el de Simon Porte Jacquemus, quien, a pesar del éxito de su marca homónima, carece del ADN de “ponerse la camiseta” corporativa cuando la institución lo requiere.

Tampoco se planteó invitar a John Galliano; eso habría sido darle la bienvenida al "archienemigo" de la casa de enfrente, un creativo que LVMH agotó laboralmente y que vivió su momento más oscuro tras ser despedido de Dior en 2011 por comentarios antisemitas (lo que hoy lo tiene trabajando para Inditex de forma colaborativa).

En Chanel, el trabajo es titánico y requiere dosis industriales de artesanía.

La maison buscaba a alguien que entendiera esto como una regla inquebrantable; un perfil que fuera 50 por ciento diseño y 50 por ciento relaciones públicas. Alguien capaz de atesorar el legado de sus antecesores y traducirlo en productos deseables que conecten de inmediato con la cultura pop.

Esa "carta fuerte" de Matthieu Blazy reside en los reportes de ventas de Kering, consultados por MILENIO, los cuales certifican el incremento de ventas bajo su batuta. Aunque también revelan que la agresiva apertura de tiendas fue un arma de doble filo: elevó la presencia en Europa y Estados Unidos, pero sacrificó el beneficio operativo del grupo.

La colección diseñada por Pharrell Williams se venderá en marzo de 2019. Foto: X.

2021: El cambio de estafeta en Kering

Previo a la entrada del creativo belga, Kering declaró en su informe de 2021 que el diseñador recibió una firma con ventas de 1,503 millones de euros y un beneficio operativo de 286 millones, operando 263 tiendas. En ese mismo documento, el consorcio destacaba que las piezas se habían convertido en verdaderos “objetos del deseo”:

“El fuerte impulso de la marca fue impulsado por una mayor deseabilidad y colecciones codiciadas... un desempeño sólido en un contexto donde la crisis del covid-19 persistía y el flujo turístico era inexistente”.

Kering presentó a Blazy como su activo más valioso del último trimestre de ese año, subrayando su formación bajo la batuta de Raf Simons, Maison Margiela y Phoebe Philo en Céline. La apuesta era clara: lujo de ultra alta gama en la intersección de la creatividad y la artesanía. Bottega no buscaba tendencias pasajeras (como el Gucci de Michele), sino capturar a ese público de nicho que prefiere la marroquinería curada.

Chanel entra en una nueva era: así transformó Matthieu Blazy la narrativa del lujo. Foto: Especial.

The Gilded Age: La máquina de imprimir dinero

Tras su debut en febrero de 2022, los números hablaron: la marca cerró el año con ingresos de mil 740 millones de euros, superando por 237 millones la era de Daniel Lee, hoy director creativo de Burberry. La operabilidad subió a 366 millones de euros y la red creció a 271 tiendas. Fue la era dorada de Bottega; cada trimestre superaba al anterior.

Este éxito se debió en gran medida a la conquista del mercado asiático: Japón representó el 12 por ciento de los compradores y el resto de Asia el 34 por ciento. Bajo Blazy, los artículos de piel subieron a 75 por ciento del mix de ventas, mientras que el calzado se mantuvo en un sólido 14 por ciento.

Fue entonces cuando lanzaron el Certificate of Craft: la promesa de reparar o reemplazar bolsos de por vida. El pretexto perfecto para subir los precios: "te cobro una fortuna, pero es para siempre".

Nuevos mercados y el costo del blindaje artesanal

En 2023, la expansión empezó a pasar factura. Las ventas bajaron a mil 645 millones de euros y el beneficio operativo cayó a 312 millones. El plan de crecimiento era costoso. Sin embargo, Kering justificó la baja con la inversión en la línea Home y el nuevo atelier de calzado en Riviera del Brenta.

Blazy blindando la firma al invertir en la formación de artesanos propios —una táctica que Chanel domina desde hace décadas— y evitó la fuga de talento hacia LVMH o Hermès. El objetivo era claro: que la firma fuera rentable incluso sin depender exclusivamente de los bolsos.

El efecto Matthieu Blazy: Chanel recupera relevancia cultural y poder en el lujo. Foto: Especial.

Salida de Blazy y la consolidación

Lo que seguramente terminó por convencer a los Wertheimer fue la resiliencia de la marca. En 2024, Bottega recuperó ingresos (mil 713 millones de euros), aunque la ganancia operativa se desplomó 30 por ciento (255 millones) debido a una pesada nómina de 4 mil 34 empleados.

Blazy se retiró de la casa tras presentar la colección Primavera/Verano 2025, dejando un legado que incluye alta joyería y un estilo de vida que ya no depende de un accesorio, sino de la presencia de la marca en el baño o la sala del cliente (con productos de 4 mil euros).

¿Por qué esto sorprende a Chanel? Porque los Wertheimer saben que Chanel opera en una liga distinta. Es una marca que no pertenece a ningún conglomerado, que financia sus propios desfiles crucero por todo el mundo y que convirtió el gasto en nómina de sus embajadoras (desde Margaret Qualley hasta Pharrell Williams) en un retorno de inversión garantizado. Lo que Pinault se gastó en "inventar" el hito de Bottega, los Wertheimer ya lo recuperaron varias veces con el peso de la doble C.

El 'Reset': Blazy y la reingeniería del deseo en Chanel

Para el 12 de diciembre de 2024, la firma francesa sacaba humo blanco y anunciaba la decisión de su cónclave interno: un “habemus director creativo” que se tradujo en la bienvenida al diseñador belga. Blazy se convirtió así en el segundo perfil externo (después de Karl) en entrar a las entrañas de una firma tan hermética.

El contexto no era sencillo: el desplome del mercado del lujo era evidente, con LVMH operando como el ganador absoluto gracias al efecto de los Juegos Olímpicos.

Mientras Bernard Arnault presumía sus 84 mil millones de euros, en la casa de enfrente, Le Monde reportaba una caída de 4.3 por ciento en las ventas de Chanel. La propia Leena Nair, CEO global, tuvo que salir a confirmar que los ingresos de la “doble C” habían cedido ante la presión macroeconómica.

En cifras crudas, previo a la entrada de Blazy, Chanel cerró 2024 con ingresos de 18 mil 700 millones de dólares, pero con una utilidad operativa que se desplomó 30 por ciento (quedando en 4 mil 479 millones).

Sin embargo, el problema de Chanel nunca fue el flujo de caja, sino una crisis de identidad: las creaciones rezagadas de Virginie Viard ya no conectaban con un público que exigía algo más que una visión etérea.

Apostando por la soberanía inmobiliaria (como la adquisición estratégica del número 42 de la Avenue Montaigne), la marca decidió sacrificar rentabilidad inmediata para blindar su futuro.

Mientras Kering se ajustaba el cinturón, Chanel sacaba la billetera para invertir mil 755 millones de dólares en infraestructura y hasta adquiere participaciones en firmas de alta relojería.

El reporte anual de 2024 presentó a Blazy como su principal activo estratégico. No llegó solo: Chanel también anunció la expansión hacia mercados clave como India y México (ante el enfriamiento asiático) y el "robo" de caras conocidas de Bottega, como Jacob Elordi, quien ahora protagoniza el cortometraje “See You at 5” junto a Margot Robbie.


El capítulo de Matthieu Blazy

En un movimiento para blindar su relevancia cultural, Chanel inauguró su “cuarto capítulo” creativo.

Lo que define la llegada de Matthieu Blazy no es únicamente un cambio de dirección creativa, sino una reconfiguración del lenguaje con el que Chanel vuelve a dialogar con la industria.

La revista Vogue describió su debut como un giro que “retuerce” los códigos históricos de la maison, desplazando elementos clásicos como el tweed, las camelias y las siluetas tradicionales hacia proporciones más amplias, materiales más ligeros y una lectura menos rígida del lujo.

A diferencia de la etapa de Virginie Viard (percibida por parte de la crítica como una continuación refinada del archivo heredado por Karl Lagerfeld), Blazy plantea una Chanel más conectada con la conversación cultural contemporánea, donde la artesanía deja de operar únicamente como símbolo de herencia y se transforma en una herramienta de relevancia estética.

En ese movimiento, la firma deja de depender exclusivamente del peso histórico de sus emblemas y vuelve a posicionarse como un generador activo de deseo dentro del ecosistema global de la moda.

Los pilares de la nueva era:

Revalorización del tweed: Presentado como una "armadura contemporánea" de siluetas XL, respondiendo a una audiencia que exige autenticidad y no solo repetición de códigos.

Sinestesia creativa: Un Grand Palais galáctico para la colección Primavera-Verano 2026, amalgamando la practicidad de Coco, la extravagancia de Lagerfeld y la viabilidad comercial de Viard en 77 looks de alto impacto.

Ventaja competitiva: La maestría técnica de Blazy en los talleres artesanales (Paraffection) permite elevar el ready-to-wear a niveles de alta costura, justificando la estricta disciplina de precios de la firma en un mercado hiperselectivo.

En resumen, la llegada de Blazy es la respuesta táctica de los Wertheimer para transformar un legado de 116 años en un objeto de deseo renovado, capaz de sostener la conversación cultural y los márgenes operativos en la era de la inversión consciente. Mismo que les rindió frutos con la entrada en el índice Lyst.

Desfile de Chanel en la Semana de la Moda de París (AFP).

El Efecto Blazy: de las métricas de Lyst al algoritmo de la Generación Z

Una de las victorias que los Wertheimer y Blazy pueden presumir hoy es su posición en el Índice Lyst, que mide deseo, demanda y descubrimiento. Según la plataforma, Chanel ha renovado su universo sin perder la visibilidad histórica. Irónicamente, Blazy aplicó la misma receta que en Bottega: enfocar el negocio en el calzado y la marroquinería de culto.

“Piezas como los pumps de piel de becerro en relieve de cocodrilo y la Maxi Flapbag demuestran que la firma puede impulsar tanto la novedad como la continuidad a gran escala”, señalan desde el sitio. Pero la apuesta va más allá de los accesorios; se trata de una integración total con la cultura pop. Al ver a Jacob Elordi apropiándose del traje que abrió la colección SS26, Chanel confirma su estatus como una firma andrógina y fluida, incluso sin contar oficialmente con una línea masculina.

Dentro del top hay nuevas entradas, como la de Calvin Klein y la relevancia que cobró gracias a la serie ‘Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette’ de FX. Otra de las sorpresas es el ascenso de Dior al tercer puesto; sin embargo, la marca no ha logrado el impacto mediático que Blazy ya tiene ganado con su olimpo de estrellas.

En contraste, destaca la caída de Yves Saint Laurent, firma capitaneada por Anthony Vaccarello y con Hailey Bieber como imagen, siendo esta última un arma de doble filo debido a sus polémicas personales que han comenzado a erosionar el misticismo de la marca.

De Elordi a Dua Lipa (y adiós a Bieber)

El dominio de Chanel en Lyst —puesto que antes ocupaba Saint Laurent— es fruto de una curaduría de rostros impecable. La dupla Wertheimer-Blazy logró lo imposible: quitarle la imagen "acartonada" a Margot Robbie con la campaña de la 25 Handbag, un guiño nostálgico al video ‘Come Into My World’ de la también fichada Kylie Minogue.

Desde el despliegue de poder en los Óscar con Pedro Pascal y Nicole Kidman, hasta la transformación radical de Dua Lipa —quien cambió las camelias románticas por el estilo afilado del Radical Optimism Tour—, Chanel ha dejado de ser "complicada" para volverse aterrizada.

Ya sea en el metro de Nueva York con A$AP Rocky o relanzando el reloj J12 con la imagen effortless de Gisele Bündchen, la marca está en todos lados. Incluso el fenómeno de las "cuentas archivo" ha resucitado el espíritu de las musas de Lagerfeld como Mischa Barton, cuyas fotos de la era The O.C. inundan Pinterest bajo el rótulo de la 'Chanel girl' auténtica.

Al final del día, Chanel ha demostrado que hay una "doble C" para cada arquetipo: para la bohemia, para la popstar de K-Pop (Lisa o Rosé), para el actor de método o para la it-girl fiestera.

En este cuarto capítulo, la maison no solo vende ropa; vende una membresía a la relevancia cultural. Con Blazy en los talleres y los Wertheimer en el banco, Chanel ha dejado de ser una firma que observa la historia para convertirse, nuevamente, en la firma que la escribe.



  • Fernando Rocha
  • Lic. en Ciencias de la Comunicación con especialidad en Mercadotecnia. Me gusta la moda, el helado de vainilla, la Coca-Cola, el Bacardí y el indie pop; escribo de varios temas aquí en Milenio... Por favor léeme.

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