La facturación electrónica dejó de ser un proceso meramente administrativo para convertirse en uno de los principales focos de riesgo fiscal para las empresas en México, particularmente para las pequeñas y medianas (Pymes).
En 2026, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) intensificó el uso de sistemas automatizados que cruzan información en tiempo real, lo que elevó la detección de inconsistencias y aceleró la aplicación de sanciones.
“Aunque muchas empresas siguen considerando la emisión de Comprobantes Fiscales Digitales por Internet (CFDI) como una rutina operativa, hoy es uno de los principales elementos que utiliza la autoridad para identificar diferencias entre lo facturado y lo declarado”, explicó Luis Alberto Romero, director de Rofa Legal & Tax.
El experto advirtió que errores que antes pasaban inadvertidos ahora pueden derivar en advertencias en el buzón tributario, revisiones profundas y, en los casos más graves, en la restricción temporal o cancelación definitiva de los sellos digitales, lo que impide a las empresas emitir facturas.
“En 2026, el SAT ya no revisará los CFDI de forma aislada. Sus sistemas realizan cruces de información automáticos para detectar inconsistencias, principalmente diferencias entre lo facturado y lo declarado, lo que además puede detonar auditorías más profundas por parte de la autoridad”, señaló Romero.
Este nuevo entorno de fiscalización automatizada ha tenido un impacto particular en las pequeñas y medianas empresas.
De acuerdo con el especialista, muchas de estas compañías continúan replicando prácticas incorrectas en la emisión y control de CFDI, en gran medida por la falta de controles internos y de coordinación entre las áreas contable, fiscal y operativa.
Además de la cancelación de sellos digitales, los errores en la facturación electrónica pueden provocar la pérdida de deducciones y limitar el acreditamiento del IVA, lo que eleva de manera significativa el impacto financiero.
Romero subraya que el verdadero costo suele manifestarse cuando las inconsistencias se acumulan y la autoridad las detecta de forma sistemática, no necesariamente con el primer error.
¿Entonces qué hago?
Ante este panorama, Luis Alberto Romero recomienda revisar periódicamente los procesos de facturación, fortalecer la coordinación interna, verificar que cada CFDI cuente con los complementos correspondientes y anticiparse a posibles inconsistencias mediante el uso de software especializado que replica los cruces de información que realiza el SAT.
En un entorno de fiscalización cada vez más automatizado, descuidar la facturación básica puede convertirse en uno de los pasivos fiscales más difíciles de corregir, con efectos que van más allá de las multas económicas y que pueden comprometer la operación misma de las empresas.
FC