En Londres, 1Rebel se describe a sí mismo como un “destino”, no un gimnasio. Por 32 dólares por sesión, la boutique de paga lo que entrenas, ofrece listas curadas de reproducción, esquemas diseñados y una comida después del entrenamiento en el bar de jugos fríos. Es uno de muchos grupos que intentan aprovechar la tendencia de la gente rica de ejercitarse más y gastar grandes cantidades de dinero para hacerlo.
En ambos lados del Atlántico, hay una creciente desigualdad en lasudoración. De acuerdo con los datos que publicó el mes pasado la American Time Use Survey (El estudio del empleo del tiempo en Estados Unidos), que solicita a la gente que escriba diarios de cómo pasa sus días, la quinta parte más rica de los trabajadores de EU pasaron un promedio de 60 minutos por semana haciendo ejercicio en 2014, cerca de 20 minutos más que en 2003. Los empleados de sueldo medio también se esfuerzan más, pero no al mismo grado. La quinta parte más pobre hizo menos ejercicio en 2014 en comparación con hace una década.
Los Juegos Olímpicos de Londres en 2012 tenían el propósito de fomentar el ejercicio en toda Gran Bretaña. Pero de acuerdo con Sport England, el porcentaje de personas de bajos ingresos que participa en un deporte es más bajo que en cualquier otro momento desde que se empezaron a recolectar los datos en 2005. El Departamento de Salud del Reino Unido estima que 55% de los hombres más pobres logra cumplir con sus directrices de actividad aeróbica, en comparación con 76% de los de mayor ingreso. Las cifras equivalentes para las mujeres son 47 y 63 por ciento.
Marmot está en lo correcto. Pero su análisis sólo explica en parte el aumento de ejercicio entre los más ricos. Mantenerse y verse en forma se entiende cada vez más no sólo como una forma de sentirse saludable, sino como una señal fundamental de estatus.
El año pasado, el periodista británico Mark Simpson declaró la muerte del hombre”metrosexual”, para quien verse bien se trata de ropa y productos para la piel “spornosexual”. El “spornosexual” (sport+porn+metrosexual o deporte+porno+metrosexual) tomó su lugar. El tipo de cuerpo al que aspiramos es uno cada vez más atlético. Las estrellas de rock alguna vez eran unos fumadores y bebedores.
El narcisismo se volvió viral. La aspiración por ser atlético se amplificó en las redes sociales. Hay más de 20 millones de fotografías en Instagram con el hashtagfitspo (abreviatura de fitspiration o “aspiración a estar en forma”), que a menudo se toman en el gimnasio. Entre los jóvenes, hay memes de inspiración, como “los amigos no dejan que los amigos se salten el día de hacer pierna”. Un memefitspo femenino hace un guiño a la polémica frase de Kate Moss de “nada sabe tan bien como estar delgada”, y sustituye la palabra de “delgada” por “en forma”. Aunque el ideal cambió, no hay una treguaen la presión social sobre las mujeres y los hombres para verse de cierta manera.
En su ensayo de culto “Contra el ejercicio”, Mark Greif, editor fundador de la revista n+1, escribe que el gimnasio es un “masturbatorio”, un “espacio atomizado donde uno hace cosas que anteriormente eran privadas frente a los ojos de los demás”. Critica la obsesión de estar en forma, y afirma que es un “interminable mantenimiento de vida” que nos distrae de vivir. (Como una persona que no soporta los gimnasios, pero que todavía juega futbol a un nivel decente, me gusta su preferencia por el propósitocolectivo del deporte por encima de la soledad de hacer ejercicio). Dice que si la novela corta de Kafka, “En la colonia penitenciaria”, se escribiera en estos días, presentaría una máquina para hacer ejercicio.
Con su descripción de ejercicio como un “emisario del reino de los procesos biológicos” el ensayo de Greif en sí mismo requiere de cierta resistencia. Su arrogancia habla de una división cultural entre los jóvenes: el desdén del hipster al hedonismo del muchacho y la falta de ironía. Pero hay algo de verdad en su punto de vista de que vemos con desprecio a los que no “cuidan” su cuerpo. Para Greif, “la persona que no hace ejercicio, en nuestra concepción actual, realiza un lento suicidio”.
La desigualdad en el ejercicio puede tener mayores implicaciones. El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido se basa en un entendimiento de que nos unimos para asegurarnos contra el riesgo de la desgracia. Pero si se considera que los que están arriba se cuidan a sí mismos mientras ven a los que están en el fondo como que no hacen nada más que sentarse en el sofá, el contrato implícito empieza a debilitarse.
Ese es el peligro cuando nos vemos el espejo del gimnasio y nos vemos a nosotros mismos.