Nvidia es el mandamás en la creación de chips que impulsan la inteligencia artificial (IA). Su capitalización de mercado de 5.5 billones de dólares refleja la convicción de los inversionistas de que lo seguirá siendo. La adquisición de Hugging Face por 13 mil millones de dólares aumenta considerablemente sus posibilidades, a un costo que pueden acabar pagando algunos de sus antiguos camaradas.
Aunque Hugging Face difícilmente es un nombre muy conocido fuera del sector de la tecnología, es el repositorio de referencia para modelos de IA de código abierto; es decir, aquellos que los usuarios pueden modificar para adaptarlos a sus propias necesidades, a diferencia de los modelos menos personalizables que ofrecen compañías como OpenAI y Anthropic. Piensen en eso como una tienda de aplicaciones o como una especie de gigantesco laboratorio en línea.
Es fácil entender por qué a Nvidia le beneficia adquirir esta plataforma por una cifra que, en realidad, es poquito dinero. En primer lugar, puede fomentar el uso de sus propios modelos Nemotron de pesos abiertos. También puede inyectar grandes cantidades de capital en Hugging Face para promover los modelos abiertos en general, los cuales suelen ejecutarse en chips de Nvidia.
Los modelos cerrados —y los llamados modelos de frontera— también utilizan estos chips, pero Google, OpenAI, Anthropic y SpaceX están desarrollando su propio silicio personalizado (o chips a la medida). Esto aún no representa una amenaza para Nvidia, pero el trabajo de su director ejecutivo, Jensen Huang, consiste tanto en preocuparse por lo que ocurrirá dentro de una década como por lo que pasará mañana.
Sin embargo, esto debe inquietar a empresas como OpenAI y Anthropic. De acuerdo con las estimaciones de los analistas de Citigroup, los modelos abiertos son entre 20 y 30 por ciento más baratos para los usuarios que los cerrados. La valoración de los dos principales creadores de modelos se disparó hasta alcanzar casi un billón de dólares cada uno, gracias a su capacidad para cobrar a los usuarios precios premium por los tókenes, la unidad de medida de las cargas de trabajo de IA.
El apoyo de Nvidia a los modelos abiertos puede traducirse en un mayor uso de IA, pero a un precio más bajo por token. Las empresas ya muestran preocupación por los costos de ejecución, aunque, en general, siguen viendo los beneficios a largo plazo. Uber, que realiza el recorte de una décima parte de su plantilla, es una de las firmas que se quejó del tokenmaxxing (consumo excesivo de tókenes) por parte de su personal, lo que genera facturas astronómicas derivadas de sus experimentos con IA.
Lo curioso es que Nvidia actúa como inversionista, patrocinador, proveedor y garante de las mismas empresas a las que su nuevo acuerdo puede causar una disrupción. Huang aprobó inversiones de capital tanto en OpenAI como en Anthropic y proporciona respaldo financiero para el enorme centro de datos Ports-Pike de OpenAI. Tanto este dúo de desarrolladores de modelos como Google, Amazon y el resto del sector siguen comprando con entusiasmo los chips de Nvidia.
Tal vez no sea tan extraño después de todo: las inversiones pasadas de Nvidia, así como otras formas de financiamiento supuestamente circular, han sido un medio para alcanzar un fin comercial. Estas interdependencias favorecen las utilidades de la firma al asegurar un mercado futuro para sus chips, pero no parecen disuadir a Huang de realizar inversiones que pueden poner en riesgo la buena relación con sus aliados. Para un inversionista de Nvidia esto resulta bastante tranquilizador.
Es cierto que, si la incursión de Nvidia en los modelos abiertos resta miles de millones al valor de OpenAI y Anthropic, el balance del gigante de los chips se verá afectado. Sin embargo, se puede suponer que es un precio bajo a pagar para aumentar las probabilidades de que Nvidia siga siendo la compañía más grande del mundo dentro de una década. El objetivo principal de Huang es fabricar chips, no hacer amigos.