Desequilibrios económicos regresan a la agenda global

Los especialistas afirman que si se produce una crisis mundial, iniciará en EU, donde los gestores de activos mantienen exposiciones cada vez más concentradas y hay nerviosismo entre los inversionistas

Las valoraciones de las acciones están infladas, señalan analistas. BRENDAN MCDERMID/REUTERS
Martin Wolf
Londres /

“¿Otra vez? ¿No acabamos de tener este debate?”. Así comienza el capítulo inicial de una colección de ensayos publicada por el Centro de Investigación de Política Económica sobre “Los nuevos desequilibrios globales”. Sí, así fue. Lo tuvimos en la década de 1980, en la de 2000 y ahora, una vez más, en la de 2020.

Parece que, aproximadamente cada 20 años, el tema vuelve a cobrar protagonismo. Esto se debe a dos razones. Una es que los desequilibrios de la cuenta corriente impulsan el sentimiento proteccionista. La otra es que son el presagio de una crisis financiera. En la década de 1980, el proteccionismo aumentó contra Japón, país donde también estalló la crisis. En la década de 2000, durante la era del shock chino, el proteccionismo comenzó a crecer contra China y una crisis financiera azotó al mundo occidental. En la década de 2020, el proteccionismo ya está aquí, sobre todo en EU, pero la crisis financiera no, o al menos no todavía.

Muchos economistas opinan que, si se produce una crisis, probablemente se origine en EU. Así, los autores del capítulo arriba citado, Beatrice Weder di Mauro y Jeromin Zettelmeyer, afirman que “el volumen de pasivos externos del país central del sistema financiero global ya es alto y se proyecta que siga aumentando. Al mismo tiempo, los gestores de activos mantienen exposiciones cada vez más concentradas, las valoraciones de las acciones están infladas y empiezan a surgir señales de nerviosismo entre los inversionistas, con mayores esfuerzos por cubrir el riesgo”. En otras palabras, hay que tener miedo, mucho miedo.

¿Qué tan similares son las condiciones actuales a las de hace dos décadas? ¿Qué puede salir mal? ¿Qué se debe hacer? ¿Cómo terminar la situación actual?

La respuesta a la primera pregunta es que sí existen similitudes y diferencias.

Una similitud radica en que las principales economías con superávit y déficit son las mismas: China, los países acreedores europeos (sobre todo Alemania), Japón y los productores de petróleo vuelven a ser los principales países con superávit, mientras que EU es el principal solicitante de préstamos. Por otro lado, el superávit de China es casi del mismo tamaño en relación con la economía mundial que en 2008, aunque es una proporción mucho menor de su propio PIB, dado que el tamaño relativo de su economía aumentó más del doble.

Una diferencia importante es que los países europeos que antes tenían déficit ahora registran un pequeño superávit. Otras diferencias más relevantes son que los pasivos netos de Estados Unidos alcanzaron 24 por ciento de la producción mundial en 2024, frente a 6 por ciento en 2008, y que el sector privado estadunidense ha alcanzado el equilibrio. Por tanto, la contraparte interna de sus déficits externos hoy es el endeudamiento del gobierno estadunidense.

¿Qué puede salir mal?

Una respuesta es el proteccionismo. Parte de lo que observamos hoy es el resultado retardado del primer shock chino en la política estadunidense actual, ahora evidenciado en el enfoque errático de Donald Trump y los aranceles. Otro factor es el impacto del éxito chino en la fabricación avanzada, sobre todo frente a Europa.

Como Michael Pettis argumenta desde hace mucho tiempo, el comercio, el proteccionismo y las finanzas están vinculados. Si un país tiene una proporción baja del consumo de los hogares en su PIB (40 por ciento en el caso de China), también tendrá una proporción alta de ahorro en su PIB. El excedente de ahorro entonces se debe absorber en el extranjero, más después de que la alternativa de un auge inmobiliario interno (como en Japón en los 80 y en China en la década de 2010) se desplome. Si un país quiere exportar el excedente de ahorro necesita producir un excedente de bienes comercializables. En el caso de China, esto significa productos de fabricación.

En resumen, el superávit comercial de China de 1.2 billones de dólares el año pasado no sólo es producto de la competitividad, también de sus desequilibrios macroeconómicos. Además, si tiene enormes superávits de ahorro, otros tendrán déficits que los compensen. EU es el país con mayor solvencia crediticia del mundo y su prestatario más seguro.

“Si algo no puede durar para siempre, se va a detener”. Esto se conoce como la ley de Stein (en honor al fallecido Herbert Stein). Pero para frenar esta situación con sensatez, los responsables de las políticas deben desechar de su mente algunas ideas absurdas.

Una de ellas es creer que los déficits comerciales estadunidenses pueden eliminarse sólo mediante políticas comerciales o cambiarias. Esto también requiere ajustes macroeconómicos, en particular una reducción del déficit fiscal general del gobierno estadunidense, que el FMI pronostica en 7.5 por ciento del PIB para 2026.

Otra idea absurda es la de que el solicitante de crédito siempre tiene la culpa: basta con que reduzca su gasto, sobre todo sus déficits fiscales. Este es el credo del acreedor irresponsable. En el caso de los pequeños prestatarios tiene cierto sentido. En el de EU, no.

Si el único ajuste es un endurecimiento fiscal estadunidense, se producirá una desaceleración global. La demanda agregada es fundamental. Las grandes economías, como China y la Unión Europea, necesitan generar suficiente demanda interna para equilibrar sus propias economías sin obligar a los extranjeros a endeudarse de forma desmedida. Esto acabará en crisis.

La última idea absurda es la falacia mercantilista de que la forma de enriquecerse es manteniendo superávits por siempre. Esto conlleva dos peligros. El primero es que, tarde o temprano, los deudores entrarán en incumplimiento de pagos. El segundo es que, justa o injustamente, terminarán odiando a los países con superávit por arruinar sus industrias nacionales. Esto se percibirá como generador de pobreza e inseguridad en múltiples dimensiones. Que China esté haciendo esto con Alemania es irónico, pero la ironía debe cesar y es hora de actuar.

¿Qué se debe hacer? Lo sensato es seguir las recomendaciones sobre ajustes macroeconómicos y cambios en las políticas comerciales e industriales del FMI y un informe reciente para la cumbre del G7 en París. Las probabilidades de una acción preventiva son casi nulas. Cualquier capacidad para hacerlo se desvaneció en una era de populismo, nacionalismo e insensateces. La segunda mejor opción es prepararse para una crisis. Ahora es el momento de empezar.


LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite