En marzo del año pasado, poco después de comenzar su segundo mandato, el presidente de Estados Unidos (EU), Donald Trump, emitió la orden ejecutiva 14234 para crear un grupo de trabajo para la Copa del Mundo dentro del Departamento de Seguridad Nacional.
Trump lo preside; JD Vance es el vicepresidente, y entre sus integrantes figuran varios secretarios del gabinete. Andrew Giuliani, hijo del exalcalde de Nueva York, funge como director ejecutivo.
El grupo es responsable de la planeación, organización y ejecución de lo que Trump ha llamado “el evento deportivo más grande de la historia de la humanidad”, un acontecimiento que coincidirá con el 250 Aniversario de Estados Unidos y que, según la Casa Blanca, servirá para exhibir el orgullo y la hospitalidad del país.
Al parecer, Trump se ha aficionado al futbol. El verano pasado brincó junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y los jugadores del Chelsea cuando levantaron el trofeo del Mundial de Clubes en Nueva Jersey. Meses después, durante el sorteo de la Copa del Mundo en Washington, Infantino le entregó un improvisado “Premio de la Paz de la FIFA”. “Objetivamente, se lo merece”, dijo a Sky News.
En febrero, durante su discurso sobre el Estado de la Unión, Trump se atribuyó el mérito de que EU sea sede tanto de la Copa del Mundo como de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. “Me decepcionó porque no pensé que sería presidente cuando esto sucediera”, dijo ante legisladores y dignatarios. “Pero ocurrieron cosas extrañas, y ahora me tocan”.
A principios de marzo, Lionel Messi y el resto de un visiblemente desconcertado Inter Miami permanecían detrás de Trump en el Salón Este de la Casa Blanca, supuestamente para celebrar el título de la Major League Soccer.
Una semana antes, EU e Israel habían iniciado bombardeos contra Irán. Para justificar la ofensiva, Trump describió escenas de guerra a los futbolistas: “Cuando ves a alguien caminando por la calle sin piernas, sin brazos, con el rostro tan desfigurado y herido... otros presidentes lo vivieron, yo no”.
También mencionó países que han sido objetivos reales o imaginarios de su política exterior: Irán, Venezuela y Cuba. Los describió con una frase peculiar: “todos son países que aman el futbol”.
El mundial en tiempos de Guerra
La Copa del Mundo de este verano, que comenzará el 11 de junio, será la primera con un formato ampliado de 48 selecciones. El torneo se disputará en EU, Canadá y México, aunque la mayoría de los partidos tendrán lugar en territorio estadunidense. Entre los debutantes figuran Cabo Verde, Curazao, Jordania y Uzbekistán. EU integrará el Grupo D junto con Australia, Paraguay y Turquía.
La participación de Irán estuvo rodeada de incertidumbre durante meses, especialmente después de la ofensiva militar ordenada por Trump contra territorio iraní. Sin embargo, a mediados de mayo se confirmó que la selección establecerá su campamento base en Tijuana, donde utilizará las instalaciones del Club Tijuana para preparar sus partidos.
Desde ahí viajará a EU para disputar los encuentros del Grupo G frente a Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda, en Los Ángeles y Seattle. La FIFA aprobó el esquema para evitar posibles complicaciones migratorias y de visado para la delegación iraní.
Según el FT, en abril un enviado de Trump llegó a sugerir que Irán fuera reemplazado por Italia, que ni siquiera logró clasificarse. “La selección nacional de futbol de Irán es bienvenida al Mundial”, escribió después Trump en redes sociales. “Pero realmente no creo que sea adecuado que estén allí, por su propia seguridad”.
La declaración contrastaba con amenazas previas del mandatario contra el país persa. En una de ellas advirtió: “Toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás. No quiero que eso suceda, pero probablemente ocurrirá”.
La mañana siguiente a su discurso sobre el Estado de la Unión hablé con JT Batson, director ejecutivo de la Federación de Futbol de EU. Su tono era optimista y deliberadamente apolítico. Celebraba la consolidación financiera de la federación, la modernización de sus sistemas de desarrollo y captación de talento, y la posibilidad de que el Mundial confirmara la madurez futbolística del país.
el dato...30 mil mdd promete generar la Copa del Mundo de
2026 en la economía de EU, según estimaciones de la FIFA.
Le pregunté qué significaría el éxito. Batson respondió con otra pregunta: “¿El equipo inspira a creer? ¿Te llena de orgullo? ¿Te dan ganas de llevar la camiseta? ¿Te dan ganas de portar algo con la bandera estadunidense?”.
Futbol, dinero y política
A finales de marzo viajé a Atlanta, Georgia, para seguir a la selección de EU durante su preparación rumbo al Mundial. La federación había organizado dos amistosos contra Bélgica y Portugal en el Mercedes-Benz Stadium, sede de los Atlanta Falcons.
Al llegar, una publicación especializada en negocios deportivos celebraba en “el Benz” una conferencia sobre el negocio del futbol. La lujosa suite donde se realizaba tenía vista al campo, detrás de los banquillos. El estadio vacío se sentía como una enorme caverna climatizada que olía a césped. Un representante de Walmart y yo contemplábamos el terreno de juego mientras escuchábamos hablar de estrategias de contenido, oportunidades de crecimiento y planes de acción.
No era para menos. En el Foro Económico Mundial de Davos, Gianni Infantino citó un estudio según el cual el Mundial podría generar más de 30 mil millones de dólares (mdd) en producción económica en EU y 80 mil mdd a escala global.
Los panelistas subían al escenario entre música estridente y la animación de un maestro de ceremonias hiperactivo. Un ejecutivo de una multinacional de alimentos hablaba de los desafíos para atraer a los jóvenes consumidores de chicles; el director de experiencias de marca de Walmart explicaba que habían realizado estudios etnográficos para observar cómo la gente veía futbol en sus hogares.
Si se mencionó algún problema fuera de aquella suite de lujo, fue apenas mediante referencias a un “complejo entorno geopolítico”. Victor Montagliani, presidente de la Concacaf, tranquilizó a la audiencia: “Cuando la pelota empieza a rodar, de alguna manera todo el mundo se olvida de todo lo demás”. En Davos, Infantino había expresado una idea similar: en tiempos difíciles, el futbol puede devolvernos alegría.
Las empresas parecían querer hacer dos cosas contradictorias al mismo tiempo. Por un lado, veían el Mundial como una oportunidad única para “contar historias” y desplegar su creatividad. Por otro, evitaban hablar de las historias más importantes del país.
Envié varias preguntas sobre el deterioro de la democracia estadunidense y la política exterior de Donald Trump a través de la aplicación de la conferencia. Las redacté incluso en lenguaje corporativo —“como expertos en marcas”, “como líderes empresariales”—, pero ninguna llegó al escenario.
Esa misma tarde participé en un panel con Landon Donovan, exestrella de la selección estadunidense, y Roger Bennett, cofundador de Men in Blazers. La conversación giró en torno a la transformación del futbol en EU desde 1994, cuando el país organizó su último Mundial.
En aquel torneo, EU cayó apenas 0-1 ante Brasil en octavos de final. Fue, en perspectiva, un resultado digno. Entre 1950 y 1990, el país ni siquiera logró clasificarse a una Copa del Mundo. Desde entonces solo alcanzó una vez los cuartos de final, en 2002, y nunca ha superado los octavos. La falta de éxitos resulta desconcertante para una nación tan rica, poblada y cada vez más apasionada por el futbol.
Para Donovan, parte del problema es la propia estructura del desarrollo juvenil. Los mejores prospectos entrenan varias veces por semana y juegan constantemente, pero, según él, eso no está produciendo mejores futbolistas. Recordó que tanto él como Clint Dempsey se formaron en buena medida jugando por su cuenta.
Si alguna vez existió la esperanza de que EU se convirtiera en campeón del mundo —especialmente tras el Mundial de 2010—, hoy parece mucho más lejana.
Bennett habló de la evolución cultural del futbol en EU y recordó un debate en el Congreso de 1983 sobre la candidatura estadunidense para organizar el Mundial de 1986.
Durante la discusión, el congresista Jack Kemp bromeó: “El futbol americano es democrático y capitalista; el futbol es europeo y socialista”. Bennett utilizó esa anécdota para ilustrar cuánto ha cambiado la percepción del deporte en el país.
Pero quizá fue más reveladora la respuesta de otro congresista, Norman Lent, quien afirmó que el futbol “no entiende de política” porque se juega en todo el mundo.
La idea resulta difícil de sostener. Lent hablaba pocos años después de que la dictadura argentina explotara políticamente con la victoria de su selección en el Mundial de 1978. Antes, Mussolini había utilizado la Copa del Mundo para proyectar la imagen de la Italia fascista. Más recientemente, los torneos se han celebrado en Rusia y Qatar, y Arabia Saudita organizará el de 2034.
La conclusión más razonable no es que el futbol esté por encima de la política, sino exactamente lo contrario: que la entiende perfectamente. Y que, en 2026, también entenderá la política de MAGA y la de sus opositores.
El campamento de Pochettino
La selección de EU estableció su campamento a unos 24 kilómetros al noroeste de Atlanta, en Marietta, un suburbio donde entrena el club local de la MLS. El complejo de canchas, junto a la Interestatal 75, parecía una postal futbolística: pirámides de balones blancos sobre el césped, maniquíes defensivos clavados como espantapájaros y drones zumbando en el cielo.
Los jugadores salían de un edificio parecido a un garaje y comenzaban ejercicios de posesión mientras los entrenadores contaban pases. La intensidad defensiva enviaba balones hacia la prensa, golpeando reporteros y derribando cámaras.
La escena estaba dirigida por Mauricio Pochettino, el argentino que pasó por Chelsea, Paris Saint-Germain y Tottenham Hotspur. Él y su cuerpo técnico observaban desde una gran carpa instalada entre dos campos, donde varias laptops descansaban sobre las mesas.
Al hablar de los partidos de esa semana, Pochettino evitó llamarlos amistosos. Prefería el término “no oficiales”. Insistía en que no tenían nada de amistosos: eran una prueba seria para demostrar que el equipo estaba listo para competir.
La concentración coincidió con un cierre parcial del gobierno estadunidense provocado por una disputa política en torno a la política migratoria de Donald Trump. Los retrasos en los aeropuertos dominaban las noticias, mientras agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas colaboraban en la verificación de identidades de viajeros.
El contexto también alcanzaba al Mundial. Aficionados de países clasificados como Haití, Irán, Costa de Marfil y Senegal enfrentaban restricciones de viaje o visado. Sin embargo, para Weston McKennie, mediocampista de la Juventus, esa no parecía ser una preocupación entre los futbolistas que juegan en Europa.
“La mayoría quiere saber cuáles son los sitios de moda para salir”, dijo. Al fin y al cabo, cuentan con “un servicio de escolta y seguridad de primer nivel”.
A Chris Richards le preguntaron si seguía pensando que pocas cosas eran más estadunidenses que el Triple Dipper de Chili’s. No dudó: “No se me ocurre nada más. Está muy arriba”.
Pochettino también rozó la política. Dijo sentirse orgulloso de dirigir “el cuerpo técnico más democrático, inclusivo y diverso”, pero marcó límites claros. “No estoy aquí porque sea Mauricio Pochettino. Estoy aquí porque soy el entrenador de la selección masculina de EU”. Aunque criticó “la hipocresía y el populismo”, celebró vivir en un mundo donde todos pueden expresar lo que piensan.
el dato...80 mil mdd generará el torneo de futbol
A escala mundial entre actividad económica directa e indirecta
La experiencia del periodismo deportivo cotidiano se parece a la ganadería: te marcan, te pastorean y te encierran. En ese corral, los reporteros sobreviven con una dieta interminable de conceptos abstractos: intensidad, liderazgo, confianza. ¿Cuánta confianza tiene un equipo? ¿Sube o baja? ¿Se puede medir?
Por eso resulta refrescante escuchar a Pochettino. Es un filósofo de sala de prensa, alguien que no se conforma con los lugares comunes y convierte lo abstracto en materia de reflexión.
Sobre la motivación: “¿Cómo llegan realmente mis palabras? ¿Las perciben como algo que creo sinceramente o como algo que siento que debo decir?”.
Sobre las entrevistas posteriores a los partidos: “¿De verdad cree que todos los jugadores experimentan la misma sensación de placer? Para muchos, casi seguro que no”.
Y sobre el liderazgo, en inglés: “El liderazgo es algo que no se puede comprar en el supermercado”.
Un baño de realidad
Fue contra Bélgica que EU disputó su primer partido en una Copa del Mundo —de hecho, el primer partido en la historia de los Mundiales— en 1930, en el Gran Parque Central de Montevideo. Ganó 3-0.
El sábado, cuando volvieron a enfrentarse, el país vivía otra clase de jornada histórica. Bajo el lema “No a los reyes”, se realizaron protestas masivas contra Donald Trump en todo EU, incluida Atlanta.
Algunos manifestantes asistieron al partido. Cerca de la Puerta 1, un hombre estaba con su familia luciendo una camiseta que decía “Lucha contra la oligarquía”. Le pregunté si, en medio del complejo clima geopolítico, apoyaba a la selección estadunidense.
Por supuesto, respondió, abriendo los brazos como si la pregunta fuera absurda.
¿Y por qué no? Había belgas con gorras de los Yankees, estadunidenses con bufandas del Arsenal y niños de ambos países con camisetas de Messi. Durante la semana se había repetido una idea: una parte importante de los aficionados modernos ya no sigue a un solo equipo, sino al futbol mismo.
Pochettino resumió la admiración que despierta Bélgica: “El suyo es un futbol ágil, un estilo que evoca emociones positivas, sobre todo por su atractivo estético”.
Antes del partido, el hip-hop resonaba en un estadio casi vacío. El himno estadunidense fue interpretado con una guitarra eléctrica cubierta de pedrería.
Un detalle logístico dejó en evidencia que aún quedan ajustes por hacer antes del Mundial de 2026: ambos equipos saltaron al campo con camisetas blancas, tan parecidas que resultaban difíciles de distinguir tanto en persona como por televisión. Los jugadores se quejarían después. “Fue un poco extraño”, admitió Christian Pulisic.
Durante quince minutos, sin embargo, Estados Unidos pareció superior a una Bélgica desorganizada y vulnerable. Los locales atacaban con decisión por las bandas, mientras los belgas parecían incómodos con el balón. Kevin De Bruyne y Jérémy Doku produjeron algunas acciones improbables, pero sin consecuencias. Entonces Weston McKennie desvió un córner de Antonee Robinson y puso en ventaja a EU.
El empate llegó casi por accidente. Zeno Debast aprovechó un despeje defectuoso del portero estadunidense y remató desde lejos; el balón atravesó una maraña de piernas antes de entrar. Luego vino el vendaval belga. Amadou Onana marcó con un potente disparo a ras de suelo.
Cayó la noche. Charles De Ketelaere convirtió un penalti por mano. Dodi Lukébakio anotó un zurdazo espectacular y después repitió la dosis, aún con más violencia. Estados Unidos descontó tras un error defensivo, pero el partido ya estaba sentenciado. El árbitro incluso señaló el final antes de que se cumpliera el tiempo añadido. Resultado: EU 2, Bélgica 5. Pudo ser peor.
Nos llevaron en elevador hasta la sala de prensa. Allí estaban algunos aficionados estadunidenses a quienes había visto celebrando horas antes. Habían sido invitados a presenciar el partido, a ver a Pochettino encarnar sus sueños futbolísticos estadunidenses. Debería haber sido una experiencia memorable, pero lucían abatidos: más rojos de cara y mucho más sombríos. Entonces apareció Pochettino.
“Es un buen baño de realidad para nosotros”, dijo. “A veces, sentir el dolor es bueno”. De lo contrario, añadió, el equipo podría terminar pensando: “Somos tan buenos, tan guapos, nos vestimos tan bien... y somos estadunidenses”.
Más tarde recorrimos de nuevo los inmensos y oscuros pasillos del Mercedes-Benz Stadium.
Cruelmente, el primero en enfrentar la llamada “zona mixta” fue Matt Turner, el portero estadunidense y una de las sorpresas de la alineación.
El ritual consiste en un interrogatorio colectivo de periodistas de televisión, radio y prensa escrita, realizado en una fría mazmorra de linóleo escondida en las entrañas del estadio. Hombres que le doblaban la edad le acercaban diminutos micrófonos al rostro y le preguntaban qué había salido mal.
el dato...48 selecciones competirán por primera vez en la Copa
Mundial de la FIFA 2026.
Yo escuchaba desde atrás del tumulto. La imagen no había sido buena, reconoció Turner. Pero su explicación fue tan simple como certera: el futbol es impredecible. Y precisamente por eso nos gusta tanto.
El templo de un sueño
Al día siguiente visité el Arthur M. Blank US Soccer National Training Center, un enorme complejo casi terminado en Fayetteville, a unos 32 kilómetros al suroeste de Atlanta. Blank, cofundador de The Home Depot y propietario de los Atlanta Falcons y Atlanta United, financia lo que la federación imagina como el nuevo templo —o catedral, según quién lo describa— del futbol estadunidense. La US Soccer Federation nunca había tenido una sede propia; este proyecto busca remediarlo.
El templo seguía siendo una obra en construcción. En la entrada —que la federación promete tan imponente como Augusta National o el All England Club— me hicieron firmar una exención de responsabilidad que liberaba a US Soccer de cualquier reclamación futura, incluso de mis herederos.
El complejo, de vidrio y mármol, combina estética de sala VIP aeroportuaria con ambición institucional. Albergará no solo a la selección masculina, sino también a la femenina, campeona mundial, además de equipos juveniles, de futbol sala, futbol playa y futbol en silla de ruedas eléctrica.
Todavía había planos pegados en las paredes. Algunas puertas estaban marcadas como Película, Hidratación, Hidroterapia, Medicina, Sauna y Descanso. Habrá una zona de malteadas y licuados.
Los vestuarios fueron diseñados tras una extensa gira internacional de observación. En las oficinas del segundo piso, con vistas a una extensión verde impecable, se apilaban cajas de Herman Miller y Knoll.
Desde el gimnasio patrocinado por Nike, grandes puertas de cristal daban a un antiguo pastizal convertido en una alfombra de Bermuda patentada. Nosotros, el cuerpo de prensa bovina, parecíamos tan interesados en el césped como en cualquier otra cosa.
Preguntábamos por su origen, cultivo, hidratación y metabolismo. Sin líneas todavía pintadas, aquella pradera podía imaginarse como escenario de alguna versión primitiva del futbol.
el dato...Estados Unidos nunca ha superado los cuartos de
Final en una Copa Mundial.
Todo fue construido con grandes aspiraciones. Una serie de canchas desciende por la ladera: arriba entrenan los equipos mayores y, conforme se baja, aparecen las categorías juveniles. Los más pequeños deben mirar hacia la cima e imaginar su futuro.
A pesar del lujo, el lugar no está diseñado para la comodidad. Los jugadores juveniles, por ejemplo, no tendrán acceso a los carritos de golf reservados para los internacionales. “No será un paraíso de inmediato”, me dijo Matt Crocker, entonces director deportivo de la federación. Poco después dejó el cargo, presuntamente para incorporarse a la Federación Saudí.
El país que quiere creer
Estos amistosos eran competencia internacional, pero también interna. Los jugadores seguían disputándose un lugar en la lista definitiva para la Copa del Mundo. La convocatoria de 26 futbolistas fue presentada en un evento televisado a nivel nacional desde Nueva York.
La ceremonia prolongó la campaña promocional de la federación: Never Chase Reality. Los videos con el lema aparecían también en las pantallas gigantes del Mercedes-Benz Stadium. El debut de Estados Unidos será el 12 de junio contra Paraguay, en un suburbio de Los Ángeles, donde durante un mes la nación y su representación futbolística se encontrarán en el mismo escenario.
La campaña invita a jugadores y aficionados a no sentirse limitados por la ausencia de grandes gestas. Lo que eso pueda significar para el país depende, probablemente, de la ideología de quien lo interprete.
¿Verá Trump los partidos? Seguramente celebraría una victoria, dada su conocida afinidad por los ganadores y por todo lo dorado. El título, sin embargo, parece improbable: las casas de apuestas sitúan a Estados Unidos con probabilidades de 60 a 1. Menos claro es si podría conformarse con un buen desempeño o un esfuerzo digno.
La demanda por los partidos, en cambio, es indiscutible. Los boletos para el debut estadunidense superan los mil dólares, mientras que la FIFA cobra una comisión de 30 por ciento en su plataforma oficial de reventa. “No conocía esa cifra”, dijo Trump recientemente a The New York Post. “Me gustaría estar allí, pero tampoco lo pagaría, para ser sincero”. Probablemente no necesite boleto. Luego añadió: “Me gustaría que la gente que votó por mí pudiera asistir”.
La víspera del Mundial
Para el martes, los aficionados portugueses llevaban varios días llegando a los hoteles del centro y Atlanta se había tensado un poco antes del partido. Esa tarde seguí el desfile hacia el estadio por el Parque Olímpico del Centenario, adornado con banderas estadunidenses y rodeado por policías fuertemente armados.
“Ro-nal-do está sobrevalorado”, coreaba una y otra vez un hombre rechoncho, vestido con camisa polo y pantalones chinos, mientras avanzaba sudoroso por la acera.
“Tiene colesterol alto”, respondió alguien desde el otro lado de la calle.
No importaba que Cristiano Ronaldo ni siquiera estuviera allí, lesionado tras jugar con su club en Riad. En el parque, decenas de niños libraban una pequeña guerra santa: ejércitos de pequeños Ronaldos contra pequeños Christian Pulisic.
Un saxofonista interpretó el himno nacional antes del inicio. En el estadio me senté encima de una incansable banda portuguesa. Sus directores estaban tan concentrados en mantener el ritmo y el volumen que apenas miraban el campo. Incluso lanzaron tarjetas de regalo Visa desde las gradas.
el dato...Irán entrenará en Tijuana y cruzará la frontera
Para jugar sus partidos mundialistas en EU. Una de las paradojas geopolíticas más llamativas del torneo.
EU volvió a empezar bien: ambicioso, explorador. Pero pronto apareció la magia de Bruno Fernandes. Primero, un pase de tacón sin mirar encontró a Francisco Trincão, que definió a la esquina inferior. Veinte minutos después, un córner de Fernandes llegó a João Félix, quien remató entre una maraña de piernas para marcar el segundo. EU 0, Portugal 2. A veces, sentir el dolor es bueno.
El jefe de prensa de la selección estadunidense nos había advertido que todo sería apresurado al final del partido. Muchos jugadores tenían vuelos internacionales esa misma noche para reincorporarse a sus clubes.
El mediocampista Weston McKennie, cómodo en sus pantuflas, tomó su maleta, atravesó la multitud de periodistas y salió rumbo al aeropuerto. Pronto sería verano. Regresaría. Y entonces los partidos serían oficiales.
AAL