Grandes errores de movimientos antiglobalización

Opinión. Al establecer nuestro nuevo rumbo debemos evitar siete fallas sobre el intercambio mundial y la política comercial

Las disrupciones de nuestra época ponen en entredicho el futuro del movimiento de mercancías a escala global. Reuters
Martin Wolf
Londres /

La globalización no está muerta y es posible que ni siquiera esté muriendo, pero está cambiando. En el proceso, las instituciones que la conforman, en especial la Organización Mundial de Comercio (OMC), se ven obligadas a cambiar también. Avanzamos hacia un mundo diferente y mucho más difícil. Pero, al establecer nuestro nuevo rumbo, debemos evitar algunos errores. A continuación se presentan siete.

El primero es centrar la atención solo en el comercio. Como señala Maurice Obstfeld, antiguo economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), los fluidos mercados globales de capitales de la actualidad generaron oleadas de crisis financieras, al tiempo que aportaron pocos beneficios evidentes. No se presta suficiente atención a esta realidad, en gran parte porque los intereses a favor de los flujos libres son muy poderosos y su impacto económico es difícil de entender para la mayoría de la gente.

El segundo es la creencia de que la era de la globalización fue una catástrofe económica. Sin embargo, en una nota reciente, Douglas Irwin, del Dartmouth College, señala que entre 1980 y 2019 casi todos los países mejoraron su situación, la desigualdad disminuyó y la proporción de la población mundial en situación de pobreza extrema se redujo del 42 por ciento en 1981 a solo 8.6 por ciento en 2018. No me arrepiento de haber apoyado políticas con ese tipo de resultados.

El tercero es la idea de que el aumento de la desigualdad en algunos países de altos ingresos, sobre todo en Estados Unidos, es el resultado de la apertura al comercio o, al menos, una consecuencia necesaria de ese tipo de apertura. La evidencia y la lógica dicen lo contrario. De hecho, se trata de un magnífico ejemplo de “economía de poste de luz”, la tendencia a centrar la atención y la culpa donde la política arroja la luz más brillante. Es fácil culpar a los extranjeros y recurrir a las barreras comerciales, pero estas últimas son un impuesto a los consumidores en beneficio de todos los de una industria específica. Es mejor aplicar impuestos y redistribuir los ingresos de forma menos arbitraria y más justa y eficiente.

El cuarto es la suposición de que una mayor autosuficiencia pudo proteger a las economías de las recientes disrupciones de la cadena de suministro, con un costo modesto. Para alguien cuyo país se vio obligado a una semana laboral de tres días por una huelga de mineros en 1974, esto nunca ha parecido plausible. La reciente escasez de fórmulas para bebé en EU es otro ejemplo. Una mayor diversificación de la oferta tiene sentido, aunque puede ser costosa. La inversión en inventarios también puede tener sentido, aunque también será costosa. La idea de que habríamos superado el covid y sus consecuencias si todos los países hubieran sido autosuficientes es ridícula.

El quinto es la noción de que el comercio es un extra económico opcional. Aquí radica una paradoja de la política comercial: los países que más importan en el comercio son a los que menos les importa el comercio. EU es la única economía del mundo que puede ser autosuficiente, aunque esto le resulte costoso. Los países más pequeños dependen del comercio y a medida que son más chicos, más dependientes suelen ser: Dinamarca o Suiza no pudieron alcanzar su actual prosperidad sin él. Pero los países grandes le dan forma al sistema comercial mundial, porque tienen los mercados más grandes. Así, el sistema depende de los más indiferentes. Los países más pequeños deben esforzarse por compensar esa indiferencia.

El sexto es suponer que ya estamos en una era de rápida desglobalización. La realidad es que la relación entre el comercio mundial y la producción aún está cerca de un máximo histórico. Pero dejó de subir tras la crisis financiera de 2007-2009. Este es el resultado de la disminución de nuevas oportunidades. La liberalización del comercio mundial se estancó después de la adhesión de China a la OMC en 2001. Por tanto, el mundo ya aprovechó las oportunidades comerciales. Pero, como señaló el Informe sobre el Desarrollo Mundial 2020 del Banco Mundial, esto es una pérdida: la capacidad de participar en las cadenas de valor mundiales ha sido un motor del desarrollo económico. Estas oportunidades deben extenderse más.

El séptimo error es la opinión de que la OMC es innecesaria. Por el contrario, como conjunto de acuerdos y como foro de debate mundial aún es esencial. Todo comercio implica las políticas de más de un país. Una nación no puede “recuperar el control” del comercio. Solo puede decidir las políticas de su lado. Pero para que las empresas puedan hacer planes, necesitan políticas predecibles en ambos lados. Cuanto más dependen del comercio, más importante es esa previsibilidad.

Este es el caso de los acuerdos internacionales. Sin ellos, las recientes recaídas habrían sido mayores. La OMC también es necesaria para garantizar que los acuerdos regionales se ajusten a los principios acordados. Además, es el lugar para debates sobre cuestiones relacionadas con el comercio, como la economía digital, el clima o la biosfera. Algunos imaginan que estos debates pueden realizarse sin el compromiso con China, pero la nación es importante para muchos como para que eso sea posible.

Como señaló Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la OMC, en abril, el impacto de los nuevos competidores, el aumento de la desigualdad, la crisis financiera mundial, la pandemia y ahora la invasión a Ucrania “llevaron a muchos a concluir que el comercio mundial y el multilateralismo —dos pilares de la OMC— son más una amenaza que una oportunidad. Argumentan que debemos replegarnos en nosotros mismos, hacer todo lo que podamos, cultivar todo lo que podamos nosotros mismos”. Esto es una trágico disparate: consideremos el daño económico que supone revertir la mayor parte de la integración comercial de las últimas décadas.

Sin embargo, las disrupciones de nuestra época —sobre todo el auge del populismo, el nacionalismo y los conflictos entre grandes potencias— ponen en entredicho el futuro del comercio mundial. Así pues, ¿cómo debemos intentar remodelar el comercio y la política comercial? Ese será mi tema para la próxima semana.

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