• La resiliencia del mercado mundial ante la guerra de Estados Unidos y las diversas crisis en Europa

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Mientras Irán sacude al Golfo y el viejo continente enfrenta tensiones energéticas, las bolsas viven una euforia impulsada por la IA y Trump. ¿Estamos ante una nueva era dorada o la próxima burbuja financiera?

Gillian Tett
Ciudad de México /

La semana pasada, mientras Europa debatía el racionamiento de combustible, yo estaba en una elegante mesa de San Francisco conversando con figuras locales.

Hablaban de inteligencia artificial (IA) general, del conflicto de Anthropic con el Pentágono y de las posibles salidas a bolsa de SpaceX y OpenAI, capaces de generar aún más riqueza en el Área de la Bahía.

“¿No les preocupa que lo de Irán pueda descarrilar todo esto?”, pregunté. Se encogieron de hombros. “Mira los mercados”, respondió un financiero. “Les va de maravilla”.

Bienvenidos a la paradoja de 2026. La guerra en el Golfo ha provocado “la mayor crisis energética de la historia”, según la Agencia Internacional de Energía. 

La violencia golpea Medio Oriente, Sudán y Ucrania; el populismo y la polarización avanzan en Occidente; la deuda pública alcanza niveles récord; el cambio climático se acelera; y la revolución de la IA —que entusiasma a Silicon Valley— amenaza millones de empleos

Al mismo tiempo, la confianza del consumidor estadunidense cayó a mínimos históricos.

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65 por ciento de la acciones concentra hoy

EU de la capitalización bursátil global, frente a 40 por ciento en 2010.

Pero esa es solo una cara de la moneda. Vivimos también una edad dorada de la ciencia: no solo por la revolución de la IA, sino por avances menos visibles en ciencias de la vida y tecnologías verdes.

La economía mundial sigue creciendo por encima de 3 por ciento anual y, contra todo pronóstico, la bolsa estadunidense marca máximos históricos.

Sí, de verdad: el S&P 500 está más de 3 por ciento arriba de su nivel de finales de febrero —cuando comenzó la guerra con Irán— y casi 30 por ciento por encima del año pasado. 

Las bolsas europeas, británicas y japonesas han sido más volátiles, pero también resisten: el Euro Stoxx, por ejemplo, sigue acumulando un alza de 13 por ciento en el año.

La desconexión es extraordinaria. Como señala Steven Blitz, de TS Lombard, los mercados y la confianza del consumidor suelen moverse en paralelo. 

Hoy, Wall Street parece divorciado tanto de la economía real como de las noticias geopolíticas. Christopher Wood, estratega global de Jefferies, resumió el desconcierto así: “La mayoría de los gestores de fondos están sorprendidos por la calma de los mercados ante el constante flujo de noticias sobre Medio Oriente”.

El estrecho de Ormuz como sitio clave para la economía. AP.

Incluso Donald Trump admitió su sorpresa. “Pensé que los mercados caerían 20 por ciento… y que el petróleo estaría mucho más alto”, dijo recientemente a CNBC. “Me alegra mucho que no haya sido así”.

Muchos reguladores creen que esta calma no durará. Sarah Breeden, vicegobernadora del Banco de Inglaterra, advirtió a la BBC: “Hay muchísimo riesgo ahí fuera y, aun así, los precios de los activos están en máximos históricos. Esperamos un ajuste en algún momento”.

Aun así, los optimistas de Silicon Valley y Wall Street se mantienen firmes. La pregunta es quién se equivoca: ¿ellos, cegados por la euforia tecnológica y financiera? ¿O los pesimistas que ven en Ormuz, la escasez de insumos y la inestabilidad global señales de una tormenta inminente?

El mito del mercado

Una de las razones por las que estas preguntas son tan pertinentes hoy es que el propio Donald Trump está obsesionado con las acciones. Presidentes anteriores, como Joe Biden y Barack Obama, también seguían de cerca el S&P. Pero, como me dijo un exfuncionario de la Casa Blanca, 

Trump cree “más que cualquier otro presidente que el mercado es su indicador de desempeño”. De ahí la popularidad del concepto “TACO”, acuñado por Robert Armstrong: la idea, ya extendida en Wall Street, de que Trump Always Chickens Out (Trump siempre se echa para atrás) cuando las bolsas caen, modificando su política para impulsar de nuevo las cotizaciones.

Sus detractores se burlan de ello. Pero, como ocurre con muchas cosas relacionadas con Trump, en realidad refleja una tendencia cultural más amplia. La importancia simbólica del “mercado” como polo cultural ha crecido de forma notable en las últimas décadas, especialmente en Estados Unidos (EU).

​¿Por qué? Porque cada vez más ámbitos de la vida estadunidense se han financiarizado. El mercado se convirtió en un indicador de la salud presente y futura de la economía, lo que impulsó la expansión de los medios especializados: EU no solo tiene dos canales de televisión dedicados a las bolsas, sino también una proliferación de plataformas digitales.

Más notable aún es la tendencia a antropomorfizar el mercado, a hablar de él como si fuera un ser vivo con emociones, estados de ánimo e intenciones propias. 

El analista Benjamin Graham fue probablemente el primero en hacerlo en 1949, cuando creó el personaje de Mr. Market en su libro The Intelligent Investor. Entonces era apenas un recurso literario de nicho. 

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3 por ciento supera la economía mundial

En crecimiento anual, incluso con crisis energéticas y conflictos geopolíticos.

Hoy, en cambio, es imposible leer o escuchar noticias sin frases como “el mercado está boyante”, “los mercados sufren para alcanzar nuevos récords” o “los mercados hacen berrinche”. Los números casi cobraron vida en la percepción popular.

“El lenguaje simbólico del antropomorfismo de mercado simplifica la complejidad y ofrece un marco narrativo para que inversionistas y público entiendan el caos”, explica el psicólogo Sam Goldstein.

“Lo que percibimos no es un fantasma en la máquina, sino un reflejo de nosotros mismos —nuestros miedos, esperanzas y visiones del mundo— proyectado sobre un sistema complejo”.

Claro que ese “reflejo” no incluye a todos. Solo 62 por ciento de los estadunidenses posee acciones, y el 10 por ciento más rico concentra 88 por ciento del valor bursátil

Además, hoy también son los robots los que se reflejan en el mercado: entre 60 por ciento y 80 por ciento de las operaciones están impulsadas por algoritmos.

Esto responde al auge de los ETF, que compran acciones automáticamente para replicar índices, y al trading algorítmico de alta frecuencia usado por fondos de cobertura para explotar diferencias de precios antes de que los humanos las detecten.

El trading de alta velocidad parece intensificar el comportamiento de manada, porque muchos algoritmos están programados para comprar y vender de forma similar. 

El resultado es que los mercados reaccionan mucho más rápido a las noticias y suelen volverse más volátiles. “Algunos estudios sugieren que el comportamiento algorítmico puede detonar respuestas emocionales en operadores humanos y generar ciclos de retroalimentación de volatilidad”, señala Goldstein.

Este giro hacia el trading digital también dificulta que los inversionistas humanos “superen al mercado”. 

Cuando Graham escribió su tratado sobre inversión, definió al mercado como “una máquina de votación en el corto plazo y una báscula en el largo”, es decir: la emoción domina los precios a corto plazo, pero con el tiempo los activos deberían reflejar su valor económico real.

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Entre 60 por ciento y 80 por ciento

De las operaciones bursátiles están impulsadas por algoritmos.

Hoy, sin embargo, las máquinas pueden generar tal impulso y dramatismo que los flujos de liquidez suelen imponerse sobre el análisis racional. Por eso, aunque Trump vea al mercado como una medida de éxito y muchos inversionistas lo consideren una herramienta predictiva, en realidad es un reflejo imperfecto del mundo. 

Las expectativas racionales importan, sí, pero los mercados también se rigen por lo que el inversionista George Soros llama “reflexividad”: la idea de que nuestras percepciones y sesgos no solo reflejan la realidad, sino que también la moldean. Y, como ocurre con las plataformas de IA, inevitablemente habrá algunas alucinaciones en el camino.

TINA, FOMO y Trump

Entonces, ¿qué nos muestra realmente el mercado mientras contemplamos el vertiginoso ascenso del S&P 500? En las últimas semanas viajé a Nueva York, Washington, Londres y San Francisco planteando esa pregunta, y escuché respuestas muy distintas.

Las compañías más fuertes en el mundo. Shutterstock.

En la Costa Oeste, la explicación era clara: el entusiasmo por la nueva era dorada de la ciencia —y especialmente por la IA— es tan intenso que muchos consideran natural que los mercados sigan subiendo incluso en medio de la incertidumbre geopolítica.

En realidad, varias de las empresas líderes en IA, como OpenAI⁠ o Anthropic⁠, ni siquiera cotizan en bolsa

Pero como las grandes tecnológicas —las “Siete Magníficas”:Apple⁠, Microsoft⁠, Alphabet⁠, Amazon⁠, Tesla⁠, Nvidia⁠ y Meta — representan cerca de un tercio del S&P 500, el optimismo tecnológico impulsa al índice. Así, cuando Donald Trump celebra el alza bursátil, en buena medida celebra el triunfo de la tecnología.

Las Siete Magnificas y su importancia para la fluidez del mercado mundial. Shutterstock.

En Washington escuché otra explicación. “EU no es vulnerable a las interrupciones del Estrecho de Ormuz; los más vulnerables son los países asiáticos”, declaró recientemente Scott Bessent. 

Mientras la escasez energética golpea a Asia y Europa, la economía estadunidense parece mejor protegida gracias a su producción de combustibles fósiles. No sorprende, entonces, que organismos como el International Monetary Fund proyecten que EU seguirá creciendo más rápido que sus rivales.

Ese impacto desigual de la guerra ayuda a explicar por qué Wall Street supera a otros mercados. También explica otro dato revelador: las acciones estadunidenses ya representan 65 por ciento de la capitalización bursátil global, frente a 40 por ciento en 2010.

En Nueva York escuché una tercera explicación: las utilidades corporativas. Datos de Bloomberg⁠ indican que casi 80 por ciento de las empresas del S&P 500 superaron las previsiones de los analistas en el primer trimestre

Parte del grupo "las Siete Magnificas". Shutterstock.

La fortaleza de las tecnológicas influye, sí, pero también sorprende el buen desempeño de muchas compañías no tecnológicas. La mayoría apuesta además a que la IA elevará la productividad. Eso puede traducirse en despidos, pero también en mayores ganancias y precios accionarios. 

Otra forma de describir este auge es decir que el capital está ganando terreno frente al trabajo.

En Londres escuché una cuarta explicación: la capacidad de adaptación ante las crisis. Históricamente, los inversionistas suelen mantener la calma frente a las guerras. Las bolsas incluso subieron al inicio de la Segunda Guerra Mundial. 

Analistas de AllianceBernstein⁠ señalan que, en promedio, un año después del inicio de grandes conflictos, el S&P 500 había avanzado 7 por ciento.

Hoy parece repetirse el patrón. A diferencia de 2006, inversionistas y empresarios acumulan experiencia reciente lidiando con crisis: pandemia, guerra en Ucrania, alzas de tasas y tensiones comerciales. 

Citi⁠ resumió recientemente esa visión: pese a las disrupciones, la economía mundial ha resistido y “la resiliencia podría volver a prevalecer”.

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7 por ciento avanzó históricamente

El S&P 500 un año después del inicio de grandes conflictos bélicos.
O, como sostiene David Malpass: “La guerra con Irán es una perturbación de oferta… pero los mercados son muy buenos adaptándose”.

Claro que existe una quinta explicación, muy repetida entre reguladores: que todo esto es simplemente una burbuja. O, más precisamente, el resultado de la peligrosa mezcla entre TINA, FOMO y TACO.

TINA (there is no alternative) describe a inversionistas que compran acciones porque no encuentran mejores opciones

FOMO (fear of missing out) empuja a seguir comprando para no quedarse fuera del rally. Y TACO —la idea de que Trump siempre retrocede cuando los mercados caen— reforzó la convicción de que cualquier baja debe aprovecharse para “comprar en la caída”.

El problema es el evidente riesgo moral que esto genera. Tampoco está claro que quienes hoy compran acciones comprendan realmente cómo una guerra con Irán podría afectar las cadenas globales de suministro y el crecimiento futuro.

el dato...

13 por ciento ganó el índice Euro Stoxx

En el año, a pesar de la volatilidad europea.

Sospecho que no lo entienden, del mismo modo que pocos comprendían el mercado hipotecario subprime antes de 2008. Eso deja abierta la posibilidad de una corrección cuando los problemas reales emerjan con más claridad

“Las proyecciones de expansión tecnológica chocan con la dura roca de la realidad geopolítica”, advierte Craig Tindale. Pero, por ahora, FOMO, TINA y TACO siguen alimentando la euforia.

¿Cuál de estas explicaciones es la correcta? Probablemente todas. Retomando la frase de Benjamin Graham, el mercado es al mismo tiempo una máquina de “votar” y de “pesar”

El entusiasmo tecnológico, el crecimiento relativo de EU y las utilidades corporativas impulsan hoy el mercado. Pero cuando llegue el momento de sopesar los riesgos de largo plazo, es posible que aparezca una corrección. Así funcionan los ciclos económicos.

el dato...

20 por ciento temía Trump

Que cayeran los mercados tras el conflicto con Irán.

Quizá la pregunta más profunda es otra: ¿por qué nuestra sociedad necesita mirar tanto a los mercados como si fueran un espejo computarizado del mundo? ¿Se trata de medir riqueza? ¿De encontrar orden en el caos? ¿O simplemente de añadir dramatismo, al estilo Trump?

Tal vez un futuro historiador lo explique mejor. Pero mientras la guerra con Irán continúa, algo parece claro: la relación de Trump con los mercados se ha convertido en un símbolo perfecto de nuestra época. Piénsenlo la próxima vez que revisen su cartera de inversiones.

MGS

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