La Inteligencia Artificial (IA) es como una bomba atómica

FT MERCADOS

La IA es como la bomba atómica; una vez que se inventa el medio para construirla, el mundo cambia para siempre.

Aplicación Anthropic. Shutterstock.
Stephen Bush
Ciudad de México /

La razón por la que la inteligencia artificial (IA) es una invención tan disruptiva es que reduce drásticamente el costo de la inteligencia. 

Podría generar grandes aumentos en la productividad, o provocar desempleo masivo o incluso revoluciones violentas, porque si un profesional altamente capacitado, apoyado por agentes de IA, puede producir tanto como 500 de sus pares, los modelos sociales y económicos están destinados a sufrir una sacudida profunda.

Por ejemplo, Anthropic afirma que su último modelo de IA, Claude Mythos, puede encontrar vulnerabilidades en las defensas cibernéticas a una velocidad que supera la de la mayoría de los humanos. Pero ¿está Mythos a la altura de las expectativas? Tal vez sí, tal vez no; pero incluso si está sobrevalorado, algo similar está a la vuelta de la esquina.

La IA ya es muy buena programando, y seguirá mejorando. Por lo tanto, también será cada vez más eficaz para encontrar y explotar fallas en la ciberseguridad.

La buena noticia para quienes temen que la IA les quite el empleo es que Mythos también ilustra cómo esta tecnología puede crear oportunidades laborales. 

A medida que la IA mejora la ciberseguridad, y conforme los deepfakes y la IA generativa perfeccionan la suplantación de identidad en línea, la verificación presencial tendrá que asumir un papel más importante, no menos.

Es un recordatorio de que el desarrollo de la IA no necesariamente es una buena noticia para el resto del sector tecnológico: puede conducir a una reducción permanente del número de empleos en programación, y una tecnología cada vez más sofisticada podría hacer que internet sea menos útil para el uso cotidiano, si se convierte en un espacio de criminalidad cada vez más avanzada.

El arma que reduce el costo de la inteligencia

La IA es como la bomba atómica: una vez que se desarrolla la tecnología para construirla, se vive en un mundo distinto y más peligroso. Pero potencialmente es aún más peligrosa, porque las armas de fisión no tenían la capacidad de mejorar las posibilidades de que un transeúnte cualquiera desarrollara un arma termonuclear, mientras que la IA sí reduce la brecha entre los profesionales cualificados y los “no especializados”. 

Incluso antes del lanzamiento de Mythos, las herramientas de IA no solo facilitan que empresas punteras o Estados lancen ciberataques, sino también que delincuentes menores o terroristas solitarios lo hagan. 

La tecnología con capacidad de causar graves daños a la infraestructura digital crítica, tarde o temprano, será tan fácil de adquirir en línea como lo es hoy comprar cannabis o cocaína en la dark web (red oscura).

Dado que no podemos desinventar el transformador ni ninguno de los pilares intelectuales que sustentan el desarrollo de la IA, tampoco podemos sustraernos fácilmente a las innovaciones que alteran y ponen en riesgo la seguridad de la infraestructura digital vital. Y en el mundo moderno, la mayor parte de la infraestructura —desde la red eléctrica hasta el suministro de agua y otros servicios esenciales— tiene un componente digital.

Él dice...

“La IA promete multiplicar la productividad, pero

También democratiza el poder de vulnerar sistemas.”

​​Con riesgos cada vez mayores para la infraestructura digital y métodos cada vez más sofisticados para cometer delitos en línea, las vulnerabilidades seguirán aumentando. 

Sí, una empresa o un Estado pueden mejorar la fortaleza de sus defensas, pero otros desarrollarán herramientas más avanzadas para encontrar fallas en ellas. Esta carrera armamentista constante implica costos de tiempo y dinero.

Las únicas formas de evitarlo implican asumir costos elevados: ya sea mediante interacciones mucho más lentas e incómodas con empresas y gobiernos, o, más probablemente, pagando más tanto por una mayor seguridad digital como por sistemas analógicos que no sean vulnerables a ciberataques. 

El problema es que todos agradecen que un sistema vital siga funcionando tras un ataque, una interrupción eléctrica u otra falla similar, pero nadie quiere asumir los mayores costos asociados, ni como consumidor ni como contribuyente. Sin embargo, esto implica inevitablemente una nueva carga creciente para los contribuyentes, junto con el aumento del gasto en defensa y el envejecimiento de la población.

El futuro imaginado por los creadores de la ciencia ficción cyberpunk podría hacerse realidad: un mundo en el que computadoras más inteligentes que los humanos coexisten con infraestructuras tecnológicas y físicas que se parecen más a las de la década de 1980 que a las de 2020.

Para las propias empresas de IA, emerge un nuevo riesgo. La IA ya es lo suficientemente impopular debido al temor por el impacto en el empleo. A esto se suman nuevas preocupaciones sobre sus implicaciones para la ciberseguridad. 

Los beneficios son reales, pero para la mayoría de las personas resultan menos tangibles y evidentes que la posibilidad de perder su trabajo o tener que gastar más en seguridad digital. La reacción política cuando un dirigente tenga que explicar que esta tecnología implica mayor gasto público —o cuando un ciberataque potenciado por IA derribe infraestructura crítica— podría ser aún más intensa.

AAL

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