¿La nacionalidad será el nuevo obstáculo para los CEO en EU? Así es el panorama bajo el régimen Trump

FT MERCADOS

En una era de nacionalismo, fronteras más rígidas y desglobalización, la nacionalidad de los CEO deja de ser un detalle irrelevante.

Retroceso de la globalización y el auge del nacionalismo. Shutterstock.
Anjli Raval
Ciudad de México. /

El ascenso de Satya Nadella a la dirección general de Microsoft en 2014 fue, al mismo tiempo, notable y poco sorprendente.

Para muchos indios, fue motivo de orgullo ver a alguien originario de Hyderabad al frente de un gigante tecnológico estadunidense. Sin embargo, no era el primer indio en llegar a la cúpula de una gran empresa en Estados Unidos (EU) y, para Microsoft, su origen era casi anecdótico, relegado al último párrafo de su biografía corporativa.

Después de todo, Nadella llevaba más de dos décadas en la compañía, había pasado por distintas áreas y era, sin duda, el mejor calificado para el puesto. Pero en un mundo marcado por el retroceso de la globalización y el auge del nacionalismo, surge una pregunta incómoda: ¿será cada vez más difícil que un ejecutivo nacido en el extranjero llegue a la cima de las grandes empresas en EU y otros países?

Hoy, algunas de las mayores compañías estadunidenses están dirigidas por personas nacidas fuera del país —desde Jane Fraser en Citigroup hasta Elon Musk en Tesla—, pero el clima político hacia los extranjeros se ha vuelto más hostil. Con el endurecimiento de la política migratoria y la agenda de “Estados Unidos primero” impulsada por Donald Trump, la nacionalidad de un CEO importa más que antes.

Satya Nadella ascendió a la dirección general de Microsoft en 2014. Reuters.

El año pasado, el presidente pidió públicamente la renuncia del director general de Intel, Lip-Bu Tan, nacido en Malasia, al señalar presuntos vínculos con China y describir su situación como “altamente conflictiva”.

La retórica también ha derivado en ataques personales. El director general de FedEx, Raj Subramaniam, ha sido blanco de insultos racistas por su origen indio. “Detengan la maldita toma india de nuestras grandes empresas estadunidenses”, decía una publicación en X, según reportaron mis colegas.

La retórica antiglobalista

Para las multinacionales occidentales, la diversidad internacional en la alta dirección ha sido durante años una práctica normal: sus ventas, operaciones y accionistas son globales, y el mejor talento puede venir de cualquier lugar. Sin embargo, las agendas nacionalistas, las políticas migratorias más estrictas, los regímenes de sanciones y las preocupaciones de seguridad están devolviendo la nacionalidad al centro del debate corporativo.

Como me dijo un asesor de CEO en EU, la retórica antiglobalista puede comenzar como un mensaje político, pero termina filtrándose en la regulación y en la toma de decisiones empresariales. 

Las restricciones a las visas H-1B y las políticas proteccionistas ya han empujado a bancos y consultoras a reforzar sus plantillas locales, incluso en centros de subcontratación en India. 

Cazatalentos advierten que esta tendencia a “mirar hacia adentro” acabará influyendo en las prácticas de contratación, no solo en quién llega a la dirección general, sino en la composición de equipos completos.

Los CEO nacidos en el extranjero, además, parten con desventaja. Estudios académicos muestran que se les exige un desempeño más alto y que tienen mayor probabilidad de ser despedidos cuando las cosas salen mal. También deben trabajar más para demostrar legitimidad y generar confianza. En entornos politizados, el margen de error se reduce aún más.

él dice

“La diversidad internacional

En la alta dirección ha sido durante años una práctica normal”.

En Reino Unido, presidentes de Consejos de Administración me aseguraron recientemente que seguirán recurriendo al talento global, incluso si el partido populista Reform UK, liderado por Nigel Farage, llegara al poder. En parte, porque la mayoría de las utilidades de las multinacionales británicas se genera fuera del país.

Casi la mitad de los actuales CEO del FTSE 100 nacieron fuera del Reino Unido, según datos de BoardEx y de la firma Odgers.

Entre ellos figuran Tufan Erginbilgiç en Rolls-Royce, Pascal Soriot en AstraZeneca, Fernando Fernández en Unilever y Simon Trott en Rio Tinto.

Los Consejos incluso se han acostumbrado a que estos ejecutivos vivan en otros países: Deepak Nath, de Smith & Nephew, reside en Texas, y Mike Duffy, recién nombrado en Rentokil Initial, también estará basado en EU.

Aun así, el discurso del “liderazgo nacional” reaparece con fuerza. La directora de la Bolsa de Londres, Julia Hoggett, destacó recientemente como virtud que GSK tenga “liderazgo británico” y una fuerte inversión local, sin mencionar que sus acciones han tenido un desempeño muy inferior al de AstraZeneca, dirigida por un CEO francés que vive en Australia. 

El comentario fue aún más llamativo si se considera que la empresa matriz de la propia Bolsa de Londres está encabezada por un neoyorquino.

Es poco probable que los líderes nacidos en el extranjero desaparezcan de la cúpula empresarial global. Pero en una era de fronteras más rígidas y geopolítica más tensa, su nacionalidad ya no es irrelevante. Si los Consejos de Administración anteponen el cálculo político al interés del negocio, el riesgo es claro: perder talento de primer nivel.

JLR

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