¡Pasen las palomitas! Los cines vuelven a conquistar Nueva York

FT MERCADOS

Los jóvenes regresan a las salas y un cierre desata la defensa del barrio.

AMC cerrará uno de sus cines más grandes de la ciudad, lo que ha provocado toda clase de protestas y lamentos. Cortesía.
John Foley
Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio

Si existiera un Oscar a lo más extravagante del cine, el anuncio de Nicole Kidman para AMC Theatres sería un candidato indiscutible. El público estadunidense se encoge de vergüenza y, al mismo tiempo, se ríe mientras la actriz australiana, vestida con un traje de raya diplomática brillante y zapatos de tacón, se acomoda en uno de los “sillones reclinables exclusivos” de la cadena y susurra con teatralidad: “Venimos a este lugar en busca de magia”. 

El promocional, tan malo, que ya se ha vuelto icónico y que, según algunas estimaciones, ha sido visto cerca de 500 millones de veces, ha inspirado disfraces de Halloween, parodias televisivas e incluso un video propagandístico de la Casa Blanca.

Muchos neoyorquinos, sin embargo, quizá pronto tengan que buscar esa magia cinematográfica en otra parte. AMC cerrará uno de sus cines más grandes de la ciudad, lo que ha provocado toda clase de protestas y lamentos. El cierre ha movilizado a grupos comunitarios, a más de 10 mil personas que han firmado una petición e incluso a legisladores locales, entre ellos el asambleísta Keith Powers, quien describe la lucha por proteger al AMC Kips Bay como “el asunto más importante” en el que se ha involucrado durante su actual cargo.

Yo no he firmado la petición “Save the AMC Kips Bay”, pero, como muchos residentes del lado este de Manhattan, me entristecerá verlo cerrar sus puertas. Dejando de lado su decoración sin encanto y su poco memorable entorno, soy un gran admirador de sus amplios asientos reclinables. 

él dice...

“El cine no estaba muerto

Solo necesitaba que una generación harta de las pantallas quisiera volver a la gran pantalla”.

Pero también me sorprende lo mucho que me importa a mí —y a otros aficionados al cine— su desaparición. En la era del streaming, la narrativa predominante ha sido que el cine tradicional está tan condenado como Drew Barrymore en la primera película de Scream.

Después del streaming

Hace cinco años, el magnate de los medios Barry Diller declaró que el negocio cinematográfico estaba “acabado” y aseguró que 90 por ciento de los cines cerraría en unos cuantos años. Y cuando Netflix presentó el año pasado una oferta por Warner Bros Discovery, se dio por sentado que el gigante del streaming acabaría por dejar de distribuir las películas de WBD en las salas de cine. Netflix lo negó. 

Aun así, cabría pensar que solo un boomer sentimental querría ver películas en una sala con el piso pegajoso, rodeado de desconocidos inquietos que tiran palomitas por todas partes.

Pero, en un inesperado giro de la trama, el cine está de regreso, como Neve Campbell en la entrega más reciente de la saga. Este verano fue la temporada alta con mayor recaudación de la historia, según datos de Rentrak: la venta de boletos en Estados Unidos (EU) alcanzó los 4 mil 800 millones de dólares (mdd), de los cuales mil 500 mdd provinieron de tan solo dos superproducciones: The Odyssey y Spider-Man: Brand New Day. 

Y no fueron únicamente los mayores movidos por la nostalgia quienes acudieron a verlas. Una encuesta de Fandango, el servicio de venta de entradas y streaming, mostró que 9 de cada 10 integrantes de la generación centennials fueron al cine al menos una vez durante el año anterior, frente a 6 de cada 10 baby boomers.

Tal vez esto no debería sorprender tanto. A los jóvenes de Nueva York les encanta hacer cosas en masa: basta con observar las interminables filas para comprar yogur helado, panes de masa madre de 60 dólares o tomarse fotos en cabinas fotográficas. El cine se ha convertido en un acontecimiento social: después de una función, los espectadores publican en la comunidad #filmtok de TikTok sus opiniones en caliente o las comparten en Letterboxd, la plataforma social para cinéfilos. 

Nicole Mary Kidman es una actriz, productora y cantante.​​ Reuters.

Las salas de cine funcionan ahora de manera similar a “centros comunitarios”, afirma Peter Saraf, presidente del programa de licenciatura en cine de la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York.

Además, ir al cine quizá conecte con algo más profundo: el deseo secreto de una generación criada con el teléfono celular de desconectarse de internet. “La atención es un bien valioso”, sugiere Saraf. Dedicar dos horas a permanecer sentado en una sala oscura, prácticamente desconectado del teléfono, se ha convertido en un lujo ocasional por el que vale la pena pagar.

Las ganancias

¿Será suficiente para salvar a las salas de cine a largo plazo? Los cines están generando más dinero, pero las cifras económicas pueden ser engañosas. AMC tiene 5 por ciento menos de pantallas que a finales de 2023, pero cobra a escala mundial 8 por ciento más por boleto y obtiene más de 15 por ciento o adicional por espectador gracias a productos como las palomitas y los refrescos. La disposición del público a gastar más en “experiencias” como Imax eleva los ingresos, aunque no necesariamente la asistencia.

En cualquier caso, es poco probable que este resurgimiento logré salvar a mi cine local. Se espera que NYU Langone Health, que compró el edificio, ponga fin al contrato de arrendamiento antes de que termine el año. El nuevo propietario es una cadena de servicios de salud. Resulta difícil presentar a un hospital como el villano de la historia.

Aun así, cabe esperar que la indignación vecinal continúe.

“El desamor se siente bien en un lugar como este”, arrulla Kidman en su anuncio. Para el neoyorquino promedio, armar un escándalo se siente todavía mejor.

AAL

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite