Los simpatizantes de Luiz Inácio Lula da Silva celebraron hasta altas horas de la noche del domingo en la Avenida Paulista, en São Paulo, tras un sorprendente regreso en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, que otorgó al veterano líder de izquierda un cuarto mandato no consecutivo, apenas dos días antes de cumplir 81 años.
Sin embargo, los mercados financieros del país comenzaron la semana laboral de muy mal humor. En un momento dado, el lunes, la bolsa registró una caída de 17 por ciento, lo que provocó una suspensión temporal de las operaciones, mientras que el real se desplomó alrededor de un 10 por ciento frente al dólar. Fue una llamada de atención contundente sobre las realidades económicas a las que ahora se enfrenta Lula.
Incluso antes de la campaña electoral, las finanzas públicas de Brasil ya empezaban a mostrar señales de inestabilidad. Durante el tercer mandato de Lula, iniciado en enero de 2023, la deuda pública aumentó más de 10 puntos porcentuales, hasta superar el 82 por ciento del PIB, mientras que el gobierno intentaba acelerar el crecimiento mediante un mayor gasto público.
Se espera que el déficit presupuestario alcance 8 por ciento del PIB este año. Las tasas de interés reales se mantienen elevadas, lo que incrementa los costos del servicio de la deuda y amplía el déficit. A juicio de muchos inversionistas, la dinámica actual de la deuda es insostenible.
Los inversionistas en bonos también se inquietaron por una campaña electoral en la que tanto Lula como su rival de extrema derecha, Flávio Bolsonaro, compitieron por ofrecer beneficios a los votantes, desde transporte público gratuito los fines de semana, por parte de Lula, hasta una moratoria de deudas para los consumidores, propuesta por Bolsonaro.
La reacción de los mercados constituye una advertencia para Lula sobre lo que podría esperarle. Debe controlar el gasto público; de lo contrario, podría verse presionado por unos inversionistas cada vez menos dispuestos a financiar a su gobierno. Lula debería empezar por modificar su discurso. Durante la campaña, calificó de “estupidez” (o “babaquice”) hablar de un ajuste fiscal. Aunque seguramente no querrá abandonar todas sus promesas electorales, para evitar acusaciones de traición, necesita dejar claro que comprende la precariedad de la situación fiscal.
EL DIJO...Lula podría verse presionado
Por unos inversionistas cada vez menos dispuestos a financiar a su gobierno
Sabia elección
Dado que el Ministerio de Hacienda está actualmente bajo una gestión interina, Lula deberá nombrar a un nuevo ministro que goce de credibilidad ante el sector empresarial y los mercados. Esto no significa necesariamente la designación de un banquero destacado, pero sí deja claro que el Ministerio de Hacienda no es el lugar adecuado para poner a prueba a alguna de las figuras emergentes del Partido de los Trabajadores, el partido de Lula, que se perfilan como posibles sucesores.
Además, Lula debería forjar una coalición lo más amplia posible en el Congreso para garantizar una gobernabilidad eficaz. Los partidos de derecha arrasaron en las elecciones legislativas celebradas hace tres semanas, y el nutrido grupo de partidarios leales a Bolsonaro buscará, con toda seguridad, una revancha política tras el humillante resultado del domingo.
El propio proceso electoral estuvo marcado por la polémica, después de que un juez de la Corte Suprema -quien anteriormente fue abogado personal de Lula- ordenara extender el horario de votación durante dos horas, a raíz de quejas relacionadas con el transporte público.
Cuando Lula derrotó a Jair Bolsonaro hace cuatro años, construyó una coalición que abarcaba desde la izquierda hasta la centroderecha para hacer frente a la extrema derecha; sin embargo, una vez en el poder, terminó dando la espalda a algunos de sus nuevos aliados. Ahora, tendrá que recuperar ese espíritu integrador.
Si Lula logra elaborar un plan creíble para estabilizar la relación entre la deuda y el PIB, podría generar las condiciones necesarias para reducir las tasas de interés, lo que le otorgaría un mayor margen de maniobra presupuestaria durante el resto de su mandato. Si no toma medidas ahora, corre el riesgo de pasar su cuarto mandato atrapado entre unos mercados financieros que confían poco en él y un Congreso abiertamente hostil. Sería un desenlace desalentador tras una victoria tan notable.
FVL