El riesgo de una caída en la demanda de petróleo

FT MERCADOS

El auge petrolero por la crisis en Irán expone la fragilidad de las economías dependientes del crudo.

Petrobras es inseparable de la prosperidad de los países que las poseen.
Jean Paul Prates
Ciudad de México /

El conflicto con Irán ha otorgado a las compañías petroleras nacionales (NOC, por sus siglas en inglés) una ganancia extraordinaria. Los gobiernos están recibiendo ingresos que no veían desde hace años. Pero los acontecimientos recientes no justifican redoblar la apuesta por el petróleo. De hecho, son la advertencia más clara hasta ahora de que la dependencia energética deja a los países expuestos a crisis que no pueden controlar.

Durante mucho tiempo, las petroleras estatales han sido el gran elefante en la habitación dentro del debate energético mundial, sometidas a mucho menos escrutinio que sus pares privadas. Como exdirector ejecutivo de una de ellas, eso siempre me ha parecido absurdo.

Estas compañías representan aproximadamente la mitad de la producción mundial de petróleo y gas, alrededor de 40 por ciento de la inversión del sector y cerca de dos tercios de las reservas conocidas de hidrocarburos. Economías enteras y millones de empleos dependen de ellas. 

Sin embargo, muy pocas cuentan con estrategias de transición que enfrenten seriamente el riesgo de una caída en la demanda, la necesidad de reducir la dependencia de los ingresos petroleros y la urgencia de una renovación industrial. Los análisis sugieren que las NOC están destinando cerca de 425 mil millones de dólares (mdd) a proyectos que probablemente no serán rentables en escenarios de menor demanda. 

Al mismo tiempo, los Estados productores podrían perder billones de dólares en ingresos esperados para 2040 bajo una transición energética de ritmo moderado. Es una pésima planificación empresarial.

Los acontecimientos actuales están dejando en evidencia los riesgos económicos de una manera que años de diplomacia climática no lograron. Producir petróleo no protege a un país de la inestabilidad; amplifica su exposición a las fluctuaciones de precios, interrupciones en el suministro e inflación. 

Los gobiernos más vulnerables suelen ser precisamente aquellos con menor capacidad para absorber el impacto: presupuestos fuertemente atados a los ingresos por hidrocarburos y estrategias de diversificación débiles o incompletas.

La ganancia de hoy no es una reivindicación del viejo modelo; quizás sea la última oportunidad para reducir la dependencia de él.

Lo digo como alguien que ha pasado toda su carrera en esta industria. La salud de largo plazo de empresas como Petrobras es inseparable de la prosperidad de los países que las poseen. Se los he dicho directamente: no existirán dentro de 40 años si continúan por el mismo camino.

Un cambio de rumbo

La transición lejos de los combustibles fósiles no será inmediata ni lineal. El petróleo y el gas seguirán formando parte de la matriz energética mundial durante años. Pero la dirección es clara: las energías renovables siguen ganando participación, la electrificación avanza rápidamente e incluso el escenario de Políticas Declaradas de la Agencia Internacional de Energía prevé que la demanda de petróleo se estabilice hacia finales de esta década. 

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“La ganancia de hoy no es una reivindicación del

Viejo modelo; quizás sea la última oportunidad para reducir la dependencia

De él”

La pregunta es si las petroleras estatales aprovecharán esta ventana para capturar las ganancias industriales, laborales y fiscales que promete la adaptación, o si seguirán invirtiendo como si los supuestos de ayer fueran a definir el mundo de mañana.

Los gobiernos que dependen de los ingresos petroleros ahora intentan proteger a los hogares y a la industria de los mismos precios de los que dependen sus finanzas públicas. En Brasil, el gobierno ha anunciado medidas para amortiguar el impacto del alza internacional de los precios del petróleo: comprensible en el corto plazo, pero también una clara muestra de pensamiento contradictorio y una trampa de largo plazo.

La energía renovable doméstica no elimina todas las fuentes de riesgo. Pero sí reduce la exposición a conflictos lejanos, aumentos externos de precios y cuellos de botella en las rutas marítimas. Les da a los países un mayor control sobre la base de costos de su propio desarrollo.

Ahora contamos con un marco más práctico sobre cómo puede funcionar la transición, y no se trata de un llamado a cierres inmediatos. Es un llamado a una estrategia diferenciada.

Algunas empresas, entre ellas Petrobras y Ecopetrol de Colombia, tienen la capacidad de ingeniería, la posición de mercado y el entorno político para avanzar más rápido hacia combustibles de bajas emisiones, electricidad, descarbonización industrial e infraestructura relacionada. Otras, especialmente en Estados frágiles cuyas finanzas públicas siguen dependiendo abrumadoramente del petróleo, necesitarán más apoyo internacional del que actualmente reciben.

Como arquitecto de la Hoja de Ruta Global para la Transición Fuera de los Combustibles Fósiles, que será presentada en la COP31 a finales de este año, mi país lidera el ejercicio de planificación fiscal e industrial más importante de esta década. Las petroleras estatales y los gobiernos que las albergan harían bien en involucrarse mientras todavía están a tiempo.

Muy pocas compañías cuentan con estrategias de transición que enfrenten seriamente el riesgo de una caída en la demanda.

Los países que definirán la próxima era de prosperidad no serán aquellos que extrajeron más petróleo y gas. Serán los que utilizaron los ingresos de hoy para construir algo más resiliente, más competitivo y más duradero que la dependencia de los combustibles fósiles.

Dicen que el techo debe repararse mientras el sol aún brilla. Es una metáfora adecuada para las petroleras estatales. Esta podría ser la última vez que los productores disfruten al mismo tiempo del flujo de caja y del espacio político necesarios para prepararse seriamente para lo que viene.

AAL

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