¿Qué región es superior, Estados Unidos o Europa?

No hay duda, por ejemplo, de que EU lleva mucho tiempo en otra liga respecto a las tecnologías digitales avanzadas, como la inteligencia artificial, pero en la cuestión económica dista mucho de ser mejor.

El crecimiento del PIB de ambos no es tan disparejo. SHUTTERSTOCK
Martin Wolf
Londres /
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La creencia generalizada, no sólo en Estados Unidos, es que la economía europea contemporánea está en una posición decaída. Como señala el premio Nobel Paul Krugman en un reciente artículo de Substack sobre esta cuestión, que se basa en un importante trabajo previo de Seth Ackerman, “existe… una percepción generalizada de que Europa vive de sus glorias pasadas, que se está quedando atrás respecto a EU y China de maneras que socavarán su capacidad para mantener su posición económica en el mundo”. De hecho, este mismo temor anima informes recientes, en particular el análisis de Mario Draghi, publicado en 2024.

Hacer ese tipo de comparaciones es difícil. No hay duda, por ejemplo, de que EU desde hace mucho tiempo está en otra liga respecto a tecnologías digitales avanzadas y, ahora en particular, a la inteligencia artificial. Además, ser un solo Estado le otorga una gran ventaja a la hora de crear y ejercer instrumentos de poder nacional.

Debemos recordar las palabras sobre “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” en la Declaración de Independencia. La esperanza de vida de los hombres estadunidenses era de 76.5 años en 2024, frente a un promedio de 80.5 en países de ingresos altos comparables. Para las mujeres era de 81.4 frente a 84.8, a pesar de destinar una proporción mucho mayor de su PIB a la salud. La tasa de homicidios en EU era de 5.9 por cada 100 mil habitantes en 2023, frente a 1.3 en Francia y 0.9 en Alemania.

Su población carcelaria era de 542 por cada 100 mil habitantes en 2023, frente a 130 en Francia y 69 en Alemania. Por tanto, si se adopta una perspectiva más amplia del bienestar humano, EU está muy lejos de ser superior. De hecho, puede decirse que ocurre lo contrario si se compara con los objetivos de sus fundadores. Sin embargo, ¿qué ocurre con la economía definida más estrictamente como la capacidad de producir los bienes y servicios que se miden en el PIB?

Aquí, argumenta Krugman, encontramos una paradoja fascinante que también desmiente la creencia popular sobre el fracaso económico europeo. Sugiere que existen dos maneras de comparar el desempeño del PIB: el crecimiento del real per cápita durante un periodo y el nivel relativo per cápita en un año determinado. Resulta que si se compara el crecimiento de EU con el de la eurozona desde el año 2000, su desempeño es muy superior. Pero si se compara el relativo, esto no es cierto: el PIB per cápita de la eurozona aumentó en relación con el de Estados Unidos.

¿Cómo es posible que una economía crezca más rápido que otra y no sea relativamente más rica que al principio? Para comprenderlo es necesario abordar las diferencias entre lo que se mide y cómo. Estas diferencias muestran la complejidad de toda contabilidad.

¿Qué explica la discrepancia en el crecimiento del PIB per cápita? Sorprendentemente, a pesar de que el sector de tecnología representaba sólo 9.2 por ciento del PIB estadunidense, frente a 5.4 por ciento del de la Unión Europea, casi la mitad de la diferencia en el crecimiento de la productividad entre ambas economías se explicaba por las diferencias en el tamaño relativo de este sector. Además, el crecimiento de la productividad en el sector tecnológico del bloque también se midió como inferior al del estadunidense. Por tanto, en conjunto, el ramo tecnológico por sí solo explica bastante más de la mitad de la diferencia total en el crecimiento del PIB per cápita.

Una explicación relacionada con la diferencia radica en los problemas para medir el crecimiento. El extraordinario y rápido aumento de la productividad en el sector estadunidense de tecnología depende de ajustes “hedónicos” en los precios de los productos. Esto implica calcular el valor que los consumidores otorgan al aumento de la capacidad de procesamiento. Sin embargo, ese tipo de mediciones son muy inciertas. Por esta razón, el mayor incremento en la productividad en el sector (y, por tanto, del PIB per cápita de EU) es cuestionable, no porque esté equivocado, sino porque se trata de una cuestión de criterio. Hay que destacar, de manera crucial, que el crecimiento de la productividad de sectores distintos al de la tecnología, en ambas economías, que constituyen la mayor parte de las mismas, es bastante similar.

El problema de comparar el PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo entre países en un momento dado también es complejo, pero más sencillo. No es necesario comparar el coche actual con uno de hace dos décadas, sino con uno de EU y Europa en un año determinado y luego valorarlos ambos al mismo precio. Esto se hace en el Programa de Comparación Internacional del Banco Mundial desde hace más de medio siglo. Es la única forma sensata de comparar los niveles de vida entre países: el PIB per cápita monetario es demasiado volátil y, sobre todo, distorsiona las comparaciones de bienes no comercializables. Entre dos naciones relativamente similares, como Estados Unidos y Europa, estas medidas serán más sólidas.

También hay algunas complejidades del hecho de que el consumo real por hora en Europa creció más lento que en EU. Sin embargo, también puede explicarse en parte por las diferencias en los ajustes hedónicos. Además, Krugman señala que las comparaciones directas del consumo per cápita muestran el mismo patrón que el PIB.

Entonces, ¿qué explica la paradoja? La respuesta, según un modelo sencillo, es que el sector estadunidense de tecnología es proveedor de un bien público global: la tecnología más avanzada. Esto beneficia por igual al mundo no tecnológico, tanto a escala nacional como internacional, y por tanto mantiene los niveles de vida relativos. Por supuesto, los propietarios de compañías del ramo de EU se benefician de su rentabilidad. Pero pueden vivir (y de hecho viven) en cualquier lugar.

La conclusión es que Europa no sufre ninguna desventaja en términos de bienestar relativo respecto a EU. Pero —y este es un punto crucial— en efecto, es más débil. Sobre todo, su capacidad para aprovechar los avances tecnológicos que se logran en Estados Unidos depende del acceso a suministros estadunidenses. Las grandes amenazas a las que se enfrenta Europa no son estrictamente económicas. Son amenazas a la seguridad y la defensa. Debe hacerles frente.


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