Stephen A. Smith llega a The Blvd, en el hotel Beverly Wilshire, con unos minutos de retraso para nuestro almuerzo. Me comentan que a su llegada hubo cierto revuelo con los aficionados en el lobby, lo que explica la demora.
Le pregunto cómo le va y me responde como alguien que pasa buena parte de su vida frente a cámaras y micrófonos: “Solo trabajo”.
Smith es el hombre de los 100 millones de dólares (mdd) de ESPN. El año pasado firmó un nuevo contrato, supuestamente valorado en unos 20 mdd anuales durante cinco años, con la marca de medios deportivos más influyente de Estados Unidos (EU). También tiene un acuerdo con SiriusXM y realiza cameos ocasionales en cine y televisión.
Desde que comenzó hace más de tres décadas como reportero de basquetbol, se ha convertido en el principal provocador de los medios deportivos estadunidenses. Sus críticos lo acusan de fomentar una cultura que premia el conflicto por encima de los matices. Pero nadie discute su capacidad para atraer audiencia.
Ahora busca extender su influencia hacia la política, ya sea entrevistando candidatos en su programa de SiriusXM o, eventualmente, postulándose él mismo.
El mesero llega para tomar la orden. Smith pide una limonada y un sándwich de pollo a la plancha con ensalada en lugar de papas fritas. Intento convencerlo de pedir aperitivos, pero se niega. “No como mucho”, dice entre risas.
Conocido simplemente como Stephen, es famoso por sus diatribas, sus frases sin pausas y su vocabulario florido. Sin embargo, asegura que detrás del espectáculo hay trabajo periodístico.
“Siempre me he comportado de una manera que respeta los estándares del periodismo”, afirma. “No salgo al aire a hablar sin pensar. Investigo. Tengo fuentes por todas partes. Sigo siendo reportero”.
Hacia 2028
Desde hace más de un año, Smith ha alimentado las especulaciones sobre una posible candidatura presidencial en 2028, aunque últimamente ha bajado el tono. Es independiente, pero asegura que competiría como demócrata.
No le sorprende que muchos tomen en serio esa posibilidad. En una era en la que Donald Trump llegó a la Casa Blanca sin experiencia política y donde la atención es una forma de poder, Smith cree que existe una profunda frustración con ambos partidos.
“Me enorgullezco de ser un mediador lo más honesto posible”, dice. “Y creo firmemente que la mayoría de los problemas de este país se deben a los políticos que lo gobiernan”.
Con la confianza que lo caracteriza, asegura que una eventual candidatura sería un fenómeno mediático.
“Creo que todo el mundo del deporte lo vería. Creo que toda la comunidad afroamericana lo vería. Y mucha gente del otro bando también querría verlo”.
Incluso reitera una afirmación hecha recientemente en SiriusXM: que podría ganar la nominación demócrata “con los ojos cerrados”.
“¿Cuánto sabía Trump antes de las elecciones de 2016 o 2020? Ganaba con frases ingeniosas y diciendo: ‘Créanme, son mucho peores que yo’. Sé que yo sería más que eso, pero es todo lo que realmente se necesita”.
¿Por qué entonces no lanzarse? “La única razón por la que no me resulta viable es que, por las reglas de igualdad de tiempo de la FCC, tendría que renunciar a mi trabajo de inmediato”, responde. “Eso significaría dejar atrás el sueldo por el que he trabajado durante tres décadas. Si tuviera que renunciar porque gané las elecciones, sería diferente”.
Mientras llegan las bebidas y una focaccia para compartir, Smith apenas presta atención a la comida. El pan está caliente y crujiente; él sigue concentrado en la conversación.
El factor Joe Rogan
Una candidatura a la Casa Blanca parece improbable, pero Smith se prepara para convertirse en un actor relevante dentro de la conversación política. Aspira a ejercer una influencia similar a la que Joe Rogan tuvo en las elecciones de 2024.
La entrevista de Rogan con Donald Trump acumuló decenas de millones de visualizaciones antes de que el podcaster lo respaldara públicamente. Smith quiere que los candidatos presidenciales sientan la necesidad de pasar por su programa.
“No tengo ninguna duda de que estoy capacitado para ser lo que Joe Rogan fue para Donald Trump”, afirma. “Alguien que lo escuchó, lo entrevistó y decidió que su filosofía era mejor para EU que la de Kamala Harris”.
Smith y Rogan comparten raíces en los medios deportivos y una audiencia predominantemente masculina. Pero sus estilos son muy distintos.
Cuando se lo señalo, llega la comida. Smith devuelve su ensalada para pedir otra más sencilla, con el aderezo aparte, y se dispone a devorar el sándwich de pollo. Yo me concentro en mi poke de atún.
“Tú sintonizas a Joe Rogan para escucharlo ser curioso e introspectivo mientras profundiza en sus temas”, dice. “Me escuchan a mí para oír lo que tengo que decir. Y después quieren escuchar todo lo demás”.
Dada la reputación de Smith, me sorprende lo suave que habla. Tanto que llego a preocuparme por si mi grabadora logra captar sus palabras. Le pregunto si este Stephen A. más sereno es el verdadero hombre detrás de la personalidad explosiva que vemos en ESPN.
Insiste en que la diferencia está solo en el contexto. “Si te hablo ahora mismo, es completamente distinto a mirar una cámara y hablar durante varios minutos a cientos de miles de personas en vivo, o a los millones que me ven en YouTube y otras plataformas”, dice.
Mientras hablamos, una mujer de la mesa de al lado se acerca para decirle que es fan de su personaje en General Hospital. Desde 2016 interpreta a Brick, el solucionador de problemas de un jefe de la mafia. Smith le comenta que esa misma semana volverá a grabar escenas.
Su carrera es un ascenso improbable desde sus orígenes en Queens. El menor de seis hermanos, creció en una familia que a menudo tenía dificultades económicas. Una beca de basquetbol lo llevó primero al Fashion Institute of Technology y después a la Universidad Estatal de Winston-Salem. Una lesión terminó con cualquier aspiración deportiva profesional y lo empujó hacia el periodismo.
“Empecé en los periódicos. Era bastante bueno en ello”, dice.
Su trayectoria, sin embargo, estuvo lejos de ser lineal. Su primer programa en ESPN fue cancelado en 2007. Pasó varios años desempeñando papeles secundarios antes de regresar en 2011 con First Take, el programa de debate deportivo que condujo junto a Skip Bayless. El formato fue un éxito inmediato y convirtió a Smith en una de las figuras más reconocibles de la televisión deportiva.
él dice...“No salgo al aire a hablar sin pensar. Investigo.
Tengo fuentes por todas partes. Sigo siendo reportero”
Aquella experiencia también le dejó una lección. “Me levanto cada día con dos objetivos: ¿cómo hago para que mis jefes ganen más dinero y cómo me quedo con una parte?”.
La fórmula del debate y el conflicto ha resultado extraordinariamente rentable. Pero también le ha ganado detractores. Hace apenas unos días, la estrella de los Boston Celtics, Jaylen Brown, lo llamó “el rostro de los medios sensacionalistas”. El año pasado protagonizó una disputa pública con LeBron James por comentarios sobre Bronny James, el hijo del jugador.
¿Cómo responde a quienes creen que su estilo ha perjudicado el debate deportivo?
“Yo no lo creé. Lo heredé”, responde. “Cuando salí al aire, no estaba haciendo nada diferente a lo que hacían los demás. Evidentemente, el público se sintió atraído por mí”.
Uno de esos espectadores fue Donald Trump. El año pasado llamó en directo a un programa de NewsNation en el que participaba Smith para elogiar sus “grandes dotes para el entretenimiento” y decir que le encantaría verlo postularse para la presidencia.
Smith asegura que conoce a Trump desde hace años, cuando el ahora presidente estaba vinculado al mundo del deporte y organizaba combates de boxeo en sus casinos. Esa relación, afirma, le permite verlo de una manera distinta.
“Llamarlo racista implica que tiene algo en contra de la gente negra. Y yo digo: no, tiene algo en contra de cualquiera que no esté a favor de Trump”, afirma. “Le da igual quién sea, negro, blanco o de cualquier otra raza”.
Comentarios como ese han provocado fuertes críticas dentro de la comunidad afroamericana. Smith reconoce que le afectan.
“Me duele que, siendo quien soy y después de haber luchado durante décadas por mi comunidad, escuchen un par de opiniones y quieran borrar todo lo que he intentado hacer”.
Llevamos casi una hora sentados cuando el mesero regresa para retirar los platos. Smith pide un té inglés con leche y miel; yo opto por uno de menta.
La conversación vuelve a la política. Smith se define como alguien de centroizquierda: socialmente liberal y fiscalmente conservador. Cree que los demócratas tendrán dificultades mientras no encuentren una figura capaz de unificar al partido y contener a sus facciones más radicales.
“Dios sabe que he dicho muchas cosas sobre Donald Trump. No soy fan de su comportamiento ni de parte de sus políticas”, dice. “Pero lo que no puedo negar es que es el líder indiscutible del Partido Republicano. Para mí, eso es lo primero que los demócratas tienen que resolver”.
Con sus programas de televisión y radio, sus apariciones como actor y su propia productora, le pregunto si alguna vez teme la sobreexposición.
“No quiero saturar”, responde. “Pero al mismo tiempo, no pido estas cosas. La gente viene a mí”.
Llevamos más de dos horas conversando. Las mesas que nos rodeaban ya fueron ocupadas por nuevos comensales. Al despedirnos, Smith me da un firme apretón de manos, me guiña un ojo y se marcha.
Horas después, durante el vuelo nocturno de regreso a Nueva York, veo algo familiar en la pantalla de un pasajero sentado al otro lado del pasillo. Es Smith. Sigue con el mismo traje azul claro, de vuelta en ESPN, analizando la victoria de sus queridos New York Knicks sobre los Cleveland Cavaliers. Simplemente trabajando.
AAL