“La Doctrina Monroe es algo muy importante, pero la hemos superado ampliamente, por muchísimo. Ahora la llaman la Doctrina ‘Donroe’”.
Así se expresó Donald Trump apenas unas horas después de que fuerzas estadunidenses arrestaran a Nicolás Maduro en Venezuela.
La operación venezolana es una demostración contundente de la determinación de la administración Trump por establecer la hegemonía estadunidense en el hemisferio occidental.
Esa idea fue central en la estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (EU) publicada el mes pasado. El evidente deleite del presidente ante el éxito inicial de la operación sugiere que podría desarrollar un gusto por la intervención en el “patio trasero” de América, definido de manera expansiva.
Pero las implicaciones del cambio de régimen en Venezuela son verdaderamente mundiales. La proclamación de una Doctrina Donroe —combinada con los movimientos de Trump hacia un acercamiento con Rusia y China— sugiere que se siente atraído por un orden mundial organizado en torno a esferas de influencia de las grandes potencias.
Tanto Rusia como China condenaron la destitución de Maduro. Sin embargo,Xi Jinping estaría dispuesto a sacrificar la influencia china en Venezuela si eso le garantizara a Pekín manos libres sobre Taiwán. Rusia haría el mismo trato en relación con Ucrania.
En 2019, Fiona Hill, quien formó parte de la primera administración Trump, dijo al Congreso que el gobierno ruso había estado “señalando muy claramente que quería llegar a algún tipo de acuerdo de intercambio muy extraño entre Venezuela y Ucrania”.
Por ahora, sin embargo, la atención se centrará en si EU puede —y cómo— “administrar” Venezuela, como ha prometido Trump. En aras de establecer estabilidad y obtener acceso rápido a las vastas reservas petroleras del país, la administración Trump dejo en claro que pretende llegar a un acuerdo con los restos del régimen de Maduro, en lugar de respaldar a la oposición democrática en el exilio.
En el ojo de Trump
El éxito o fracaso de esa estrategia podría determinar hasta qué punto EU estará dispuesto a imponer su peso en el resto del hemisferio occidental. Ya empieza a perfilarse una lista de posibles objetivos. En comentarios posteriores a la captura de Maduro, Trump lanzó advertencias apenas veladas a Colombia y México.
Dijo que el presidente colombiano, Gustavo Petro , está “haciendo cocaína… así que más le vale cuidarse”. Elogió a Claudia Sheinbaum, presidenta de México, pero afirmó que los cárteles de la droga están “dirigiendo México”.
ÉL DICE“El éxito o fracaso de esa estrategia podría
Determinar hasta qué punto EU estará dispuesto a imponer su peso en el resto del hemisferio occidental”.
Desde hace tiempo existe un debate en círculos trumpistas sobre si EU debería usar la fuerza contra los cárteles mexicanos, incluso dentro del propio territorio de México. Hasta ahora ha prevalecido la cautela. Pero la euforia por el derrocamiento de Maduro podría cambiar el cálculo de Trump.
El régimen comunista de Cuba —objeto de varios intentos fallidos de cambio de régimen por parte de EU en la década de 1960— también vuelve a estar en la mira de Washington. Marco Rubio, secretario de Estado, cuyos padres emigraron de Cuba a EU, ya lanzó una advertencia a La Habana, calificando al gobierno cubano como “un enorme problema” y añadiendo de forma ominosa: “Creo que están en muchos problemas… no voy a hablar de cuáles serán nuestros próximos pasos”.
La caída de Maduro sin duda planteará dificultades para los cubanos, que han llegado a depender del petróleo y los subsidios venezolanos.
Y luego está Groenlandia. Trump acaba de reiterar su deseo de tomar control de la isla, que es una región autónoma de Dinamarca. Poco después de la operación en Venezuela, Katie Miller, esposa de Stephen Miller —subjefe de gabinete de Trump— publicó un mapa de Groenlandia cubierto por la bandera estadunidense y la palabra “PRONTO” encima.
Anexar parte del territorio de un aliado de la OTAN sería un paso mucho más radical que derrocar a un líder autoritario latinoamericano. Pero la administración Trump lleva tiempo preparando el terreno retórico para una acción sobre Groenlandia, acusando a los daneses de haber fracasado en su gestión. Dado el abierto desprecio del gobierno estadunidense por sus aliados europeos, no puede descartarse un intento de anexión.
Rusia y China atentos
Todo esto será observado con fascinación en Pekín y Moscú. Un mundo en el que los Estados poderosos y los líderes autoritarios puedan hacer más o menos lo que quieran en sus vecindarios inmediatos favorecería enormemente a Rusia y China.
El propio Trump podría creer que dividir el mundo en esferas informales de influencia sería una vía hacia la “estabilidad estratégica” con Rusia y China, que la reciente estrategia de Seguridad Nacional de EU establece como prioridad.
La idea de que las esferas de influencia de las grandes potencias generan estabilidad puede parecer superficialmente plausible. Pero ignora las opiniones y los intereses de los países más pequeños, considerados demasiado insignificantes como para decidir su propio destino. Y esos países tienen capacidad de acción —y en ocasiones pueden resistir—, como ha demostrado Ucrania.
Incluso si se toman en cuenta únicamente los intereses de las llamadas grandes potencias, las esferas de influencia son tan propensas a generar fricción como estabilidad. Esto se debe a que un país como EU seguirá teniendo intereses mundiales. China, por ejemplo, considera a Taiwán como parte de su territorio y un “interés nacional central”. Pero EU cree que su propia seguridad nacional se vería amenazada si la industria taiwanesa de semiconductores cayera en manos de China o si Pekín controlara las rutas marítimas que atraviesan el mar de China Meridional.
Cambiar el dominio estadunidense del hemisferio occidental por el dominio chino del este de Asia sería el trato del siglo. Para China.
JLR