En venture capital, tener capital no siempre es suficiente. El acceso a los fondos y compañías tecnológicas más codiciados de Silicon Valley se construye durante años y puede convertirse en una ventaja decisiva para los inversionistas.
Esa es la apuesta de Veronorte, firma que nació en Colombia y que hoy busca conectar a inversionistas latinoamericanos con algunos de los principales gestores y empresas privadas de tecnología en Estados Unidos (EU).
Felipe Valencia, cofundador y general partner de Veronorte, conversa sobre el creciente interés de los inversionistas mexicanos por estos activos, los riesgos de invertir en compañías privadas y la relación de la firma con el family office de J Balvin.
¿Cómo evolucionó Veronorte hasta convertirse en un puente entre Silicon Valley y América Latina?
Veronorte mantiene el mismo propósito desde su origen: creemos que tener acceso temprano a las tecnologías que están cambiando el mundo y transformando industrias es fundamental para impulsar el desarrollo de nuestras economías.
Cuando fundamos la compañía, nos tomó tiempo encontrar el modelo de negocio adecuado.
Exploramos más de 30 alternativas hasta decidirnos por administrar fondos de inversión corporativos para tres de los grandes grupos empresariales de Colombia: Grupo Sura, Grupo Argos y Grupo Nutresa. Sura, por ejemplo, tiene una presencia relevante en México a través de su Afore y su compañía de seguros.
Nuestro objetivo era poner capital a trabajar en compañías de tecnología avanzada que estuvieran transformando sus industrias y conectarlas con estos corporativos para incorporar nuevas capacidades.
Durante diez años llevamos tecnologías a sectores como energía, salud y servicios financieros. Estas soluciones permiten a los grupos ofrecer mejores servicios y, al mismo tiempo, generar un impacto positivo en la sociedad.
Ese trabajo nos convirtió en inversionistas activos en el ecosistema estadunidense, particularmente en Silicon Valley, uno de los principales epicentros tecnológicos del mundo.
Nuestra misión era identificar ahí algunas de las tecnologías más avanzadas y acercarlas a América Latina.
Con el tiempo, los fondos y startups de Silicon Valley también comenzaron a reconocer el valor que podíamos aportarles en la región.
Eso nos abrió las puertas de un ecosistema muy cerrado, donde el acceso es fundamental.
Hoy, gracias a las relaciones construidas durante esos años, podemos ofrecer a inversionistas latinoamericanos acceso a algunos de los mejores fondos y compañías de tecnología del mundo.
¿Qué está despertando el interés de los inversionistas mexicanos por el venture capital?
Ha sido un descubrimiento interesante. En México vemos un interés creciente por las nuevas tecnologías y las compañías privadas.
Tradicionalmente, los inversionistas se concentraban en bolsa, renta fija o activos como real estate, pero la inteligencia artificial y la disrupción tecnológica están cambiando ese panorama.
Además, las compañías permanecen privadas durante más tiempo porque tienen mayor acceso a capital. SpaceX, por ejemplo, lleva más de dos décadas como empresa privada. Esto significa que buena parte de la creación de valor ocurre antes de llegar a bolsa.
En un momento de tanta disrupción, no participar en las tecnologías que están transformando industrias también representa un riesgo.
Por eso vemos mayor interés de los inversionistas mexicanos por acceder a estos activos a través de gestores especializados y, al mismo tiempo, diversificar sus inversiones. En nuestro caso, lo hacemos exclusivamente en el mercado estadunidense.
¿Normalmente entran a través de sus family offices?
Sí, principalmente a través de family offices. Sin embargo, por nuestro propósito de ampliar el acceso, buscamos que nuestros tickets de inversión no sean prohibitivos.
Personas naturales con determinados recursos, siempre que sean inversionistas calificados, también pueden participar en nuestros fondos.
Nuestros inversionistas son principalmente family offices, aunque también tenemos corporativos y algunos inversionistas institucionales.
él dice...“Buena parte de la creación de valor ocurre
Antes de llegar a bolsa”
¿Qué tan difícil es entrar a los mejores fondos de venture capital?
Tenemos dos estrategias de inversión. La primera es un fondo de fondos, a través del cual invertimos en fondos de venture capital de Estados Unidos. La segunda es un fondo de coinversión: esos mismos fondos nos invitan a invertir directamente con ellos en algunas compañías.
En venture capital, los retornos más atractivos se concentran en pocos jugadores: cerca del 20 por ciento de los mejores fondos generan resultados sobresalientes.
El reto es que muchos inversionistas buscan entrar a esos mismos fondos, por lo que el acceso —la posibilidad real de invertir en ellos— se vuelve un diferenciador clave.
¿Y los tickets de inversión se vuelven mucho más altos?
No necesariamente. Tener más capital no garantiza el acceso: incluso hay fondos pequeños y extraordinariamente buenos que no pueden aceptar tickets demasiado grandes.
Nuestro acceso se ha construido a partir de años de coinversión y de relaciones cercanas con gestores de primer nivel, a quienes también hemos apoyado para llevar sus compañías al mercado latinoamericano.
Después de casi 15 años dedicados al venture capital, buscamos aprovechar esa experiencia y nuestra cercanía con inversionistas latinoamericanos para ofrecerles productos que les den acceso a algunos de los mejores fondos y gestores de la industria.
¿Cómo surgió la relación con J Balvin y qué ha significado para ustedes?
La oficina de J Balvin invierte con nosotros desde nuestro primer fondo de fondos, hace más de tres años. La relación se hizo pública recientemente y por eso adquirió mayor atención mediática.
José ha construido una estructura muy profesional, tanto para sus proyectos musicales como para administrar sus inversiones. La relación surgió porque conocíamos a algunos de los profesionales de su family office.
Mientras nosotros lanzábamos nuestro primer fondo de fondos, ellos buscaban exposición a activos alternativos vinculados con tecnología.
Participaron en ese primer fondo y también en el nuevo. Además de su confianza, la relación nos ha abierto puertas en el mundo del entretenimiento y nos ha acercado a potenciales inversionistas de esa industria.
¿Qué riesgos enfrenta un inversionista al entrar a venture capital?
No diría que alguien llegó tarde a la fiesta. Son dos fiestas distintas. En los mercados públicos hay abundante información y prácticamente cualquier inversionista puede comprar una acción. En los privados, la información es limitada, no existe el mismo nivel de estandarización y el acceso también es restringido.
Por eso, mi recomendación es hacerlo a través de gestores profesionales. Invertir en venture capital requiere acceso, experiencia y un due diligence muy riguroso.
Además, existe un riesgo importante de selección adversa: que una oportunidad llegue a un inversionista precisamente porque otros jugadores no la consideraron suficientemente atractiva.
Si entre 70 por ciento y 80 por ciento de los fondos no generan retornos acordes con el riesgo asumido, la pregunta clave es: ¿por qué tengo acceso a esta oportunidad? Entenderlo es fundamental antes de invertir.
¿Por qué el fracaso es parte esencial del venture capital?
El fracaso es la norma, porque esta industria financia la innovación que está en la frontera tecnológica. Para lograr avances extraordinarios hay que asumir el riesgo de que muchas ideas no funcionan.
Es como un jugador de béisbol que siempre busca el jonrón: acumulará muchos strikes, pero un solo acierto puede compensar muchos intentos fallidos y generar un retorno extraordinario para el fondo.
Las compañías fracasan porque intentan hacer cosas que nadie ha hecho antes. Pero cuando funcionan, pueden transformar industrias enteras.
A través de nuestros fondos somos inversionistas en compañías como Anthropic, SpaceX, OpenAI, Databricks y Anduril, que ya han demostrado parte de ese potencial.
¿Cuál es la próxima gran frontera de la inteligencia artificial?
La inteligencia artificial va a cambiar el mundo tal como lo conocemos, pero apenas estamos en el primer acto.
Hasta ahora hemos visto principalmente modelos basados en lenguaje, pero la inteligencia humana también implica movernos en el espacio e interactuar con objetos.
El siguiente gran paso será la inteligencia artificial aplicada al mundo físico. Es un desafío mayor porque, a diferencia del lenguaje, no existía una enorme base de datos como internet para entrenar estos modelos.
Ahora estamos empezando a ver sistemas que podrían convertirse en el “cerebro” de los robots y permitirles desenvolverse en el mundo físico con mayor autonomía, sin tener que ser entrenados para cada tarea específica.
¿Estamos cerca del “momento ChatGPT” de la robótica?
Exactamente. Hace poco, una de las compañías de nuestro portafolio, Skild AI, mostró un robot preparando un pancake sin haber sido entrenado específicamente para hacerlo.
Aprendió observando otros videos, replicó la tarea e incluso fue capaz de corregir errores y entender la intención detrás de la acción.
Estamos acercándonos a una especie de “momento ChatGPT” de la inteligencia artificial física. Cuando estos modelos se combinen con robots con mayor destreza, mejores sensores y actuadores, veremos una revolución.
Si los agentes autónomos ya están transformando el trabajo en el mundo virtual, imaginemos el impacto de robots capaces de actuar con autonomía en el mundo físico. Eso podría transformar múltiples sectores de la economía durante la próxima década.
¿Cómo influye su formación como ingeniero en su forma de invertir?
En nuestro trabajo es fundamental construir modelos mentales, y mi formación como ingeniero ha sido clave.
Soy ingeniero mecánico especializado en robótica y trabajé en ese campo en Estados Unidos y Alemania. La tecnología ha cambiado, pero la estructura de pensamiento permanece.
Esa formación me ayuda a entender los activos en los que invertimos y a tomar decisiones con información limitada, apoyándonos también en gestores especializados.
Haber vivido en distintos países y después pasar al mundo de las inversiones me enseñó, además, a entender el riesgo: cómo mitigarlo, pero también cómo asumirlo.
En venture capital buscamos retornos importantes porque asumimos riesgos importantes. La clave es entender esa relación y apostar por compañías capaces de transformar industrias, sabiendo que muchas otras fracasarán en el camino.
MGS