Existe una diversidad de errores que pueden obstaculizar el trámite de un testamento, como no especificar la herencia, confiar en acuerdos verbales, dejar el testamento en el olvido (o sea, no actualizarlo) o prescindir de asesoría jurídica.
Sin embargo, el abogado, Miguel Antonio Saucedo Ramírez, señaló otros desaciertos e ideas que también pueden comprometer la última voluntad de una persona, convirtiéndola en una fuente de conflictos familiares.
1. Querer repartir todo en partes iguales
Uno de los errores más comunes es cuando los padres y las madres confían que el “amor de hermanos” será suficiente para gestionar la repartición de bienes de su testamento.
Claro, este escenario pudiera ser factible cuando el número de herederos es el mismo que de propiedades —y todas ellas con el mismo valor—. Sin embargo, este no es el común denominador; o, de menos, no en la experiencia del abogado Saucedo.
Según explicó a MILENIO, es mucho más frecuente que una madre o padre cuente sólo con una propiedad; la cual deseé dejar a sus hijos o hijas. Y para heredarla, las y los mexicanos suelen recurrir a dos alternativas: la primera, no dejar testamento; y la segunda, expedirlo pero disponiendo que “todo es de todos” y, por ende, la casa debería dividirse en partes iguales.
“Ahí lo que dejaron fue el peor enredo de su vida y le dejaron el gran problema a los hijos, porque la casa legalmente no se puede dividir porque no hay forma de subdividirla. (...) Estamos heredando un problema severo que no van a poder resolver los hijos y que, normalmente, las esposas o esposos son los primeros que van a generar un conflicto porque van a desea tener una casa propia”.
Otros casos donde también se experimenta este conflicto son aquellos donde padre, madre e hijos habitaron durante varios años el mismo departamento; o cuando a la estructura original se extendió para construir cuartos donde pudieran vivir no sólo las y los hijos, también familia política de la o el testador.
En ambas circunstancias, señaló Saucedo, resulta difícil (o casi imposible) dividir equitativamente la propiedad entre tres o más herederos. Para esas circunstancias , propone dos soluciones:
- Legados equitativos y no justos: repartir de la manera en que mejor convenga a las y los herederos, según sus circunstancias.
- Proceso de liquidación: vender la única propiedad y repartir la ganancia en partes iguales. Sobre esto último, Saucedo abundó:
“Es la mejor forma en que van a gastar menos dinero, van a hacerlo más rápido y cada quien se va a llevar la poca o mucha cantidad que le corresponde y, con ello, poder empezar a iniciar un nuevo patrimonio”.
2. No hacer testamento por “no saber cómo redactarlo”
Aunque desde el 2003 se ha impulsado la campaña “Septiembre, mes del testamento”, aún prevalece desinformación y mitos de la cultura testamentaria; siendo, muchos de ellos, las razones que despiertan miedo o rechazo de las personas a expedir su última voluntad.
Una de ellas, y la cual Saucedo destacó en entrevista, es pensar que para expedir el testamento debes saber qué es; cómo funciona; cómo tramitarlo o cómo redactarlo. Pero la realidad es diferente a lo que se pensaría.
“No lo tienen que redactar. El que lo redacta directamente es el notario público. Ustedes lo único que le van a decir es cómo quieren repartir sus bienes y él va a ser quien haga toda la redacción.
(Y en ese sentido) No se requiere grandes cantidades (de dinero o bienes). Al contrario, es algo extremadamente simple”.
3. Creer que es obligación heredar
Todas las personas (mayores de 14 o 16 años, según el estado) tienen derecho a heredar, pero esto no la convierte en una obligación para con la familia. En el caso de padres y madres, “no son obligaciones hacia los hijos”.
“Los hijos no tienen ningún derecho sobre la herencia de los padres a menos de que los padres mueran sin testamento, porque (en esos casos) tienen un derecho legítimo por ley. Pero ningún hijo le puede reclamar al padre de que no le haya dejado una herencia”, subrayó Saucedo.
En lugar de ello, el también socio director de Saucedo Abogados invita a interpretar las herencias como un regalo de la o el testador. Asumir lo contrario puede provocar malentendidos, inconformidades e incluso rencores hacia las y los herederos.
ASG