M+.- En el testamento existe una figura con un valor tan importante, que es la única capaz de dar validez jurídica a nuestra última voluntad: la o el notario.
Su designación es completamente voluntaria, es decir, que la o el testador escoge libremente con quien acudir para iniciar el trámite. Por supuesto, esta es una decisión importante y atemorizante al mismo tiempo—especialmente si hay poco o nulo conocimiento sobre el tema—. Es por ello que al hablar de “notarios” y “testamentos” se debe partir desde la pregunta inicial: ¿Qué es un notario?
¿Qué hacen los notarios?
En una definición general, el notario es aquella figura que da certeza, legalidad y validez a diferentes actos y hechos jurídicos.
Y en el caso del testamento, explica el licenciado, Guillermo Vigil, a MILENIO, este rol implica asesorar a la o el testador para plasmar su última voluntad (y cerciorarse de su cumplimiento), previniendo así cualquier dificultad que pueda provenir, principalmente, de dos frentes:
- La cuestión patrimonial: es decir, dejar claro quiénes serán las y los beneficiarios de nuestra herencia —la cual, cabe recordar, incluye bienes y propiedades, así como derechos y obligaciones.
- La cuestión familiar: todo lo relacionado a menores de edad.
En búsqueda de un notario: esto debes tomar en cuenta
Debido a la naturaleza de sus responsabilidades, la o el notario es quien permite sentar las bases de un testamento claro, ajustado a las necesidades de la persona y mucho más blindado ante eventuales impugnaciones.
De ahí la importancia de escoger aquel o aquella que brinde tranquilidad y seguridad; e incluso de prescindir libremente de sus servicios —sin ningún tipo de compromiso —si ya no cumple con las expectativas de la o el testador.
Claro que la persona puede optar por el notario de confianza de la familia o aquel que un colega del trabajo recomendó. Mientras que para el otro lado de la moneda, (o sea, cuando hay un total desconocimiento del tema o de referencias), se pueden seguir las recomendaciones que el licenciado compartió a este medio:
1. Buscar la notaría
Dicha búsqueda puede partir de lo más básico: investigar cuáles son los costos, el perfil profesional de la persona, si nos acoplamos al horario o si está accesible en cuanto a ubicación. Desde el Colegio de Notarios de México, esto se puede consultar en su portal digital o mediante llamada telefónica.
2. Acudir a la asesoría
Es decir, “una plática personal” con la o el notario, la cual sirve para comunicar las necesidades y deseos respecto al testamento. Por ejemplo: ¿Qué ha pensado?, ¿Cuáles son sus principales miedos o dudas?, ¿A quiénes designará como beneficiarios?, etcétera,
“Básicamente nos tenemos que enterar qué es lo que han pensado y qué es lo que desean. (...) Nosotros entendemos esa parte que nos explican y lo plasmamos después en el testamento”.
A menos que la persona interesada requiriera de testigos por condiciones médicas (como dificultad para leer o escuchar), la principal recomendación es que dicha conversación se lleve a cabo únicamente entre notario y testador.
ASG