México atrae plantas farmacéuticas, pero no la innovación

Los aranceles de Estados Unidos y la revisión del T-MEC empujan a las compañías a acercar su producción al mercado norteamericano y reducir riesgos en sus cadenas de suministro.

La posición geográfica de México atrae una nueva ola de inversión. Especial
Itzel del Valle
Ciudad de México /
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La nueva realidad comercial de Norteamérica está llevando a las farmacéuticas a mirar a México como un destino para producir medicamentos, pero el país todavía no logra atraer en la misma proporción la parte de mayor valor de esta industria: la investigación y desarrollo de nuevas moléculas.

Información de la Secretaría de Economía revela que empresas nacionales e internacionales ya tienen comprometidos más de 21 mil millones de pesos para fortalecer su manufactura y desarrollar capacidades productivas.

Esto se sumará a los 10 mil 698.5 millones de dólares de capital extranjero aplicados entre 2023 a 2025 en la industria farmacéutica, 116 por ciento más que los recursos recibidos entre 2020 y 2022.

México se convierte en un destino para producir medicamentos. Especial

Esta ampliación en México, de acuerdo con expertos consultados por MILENIO, ocurre en un contexto marcado por la imposición de aranceles de Estados Unidos a distintos mercados y la revisión del acuerdo comercial T-MEC, factores que llevan a las empresas a replantear sus cadenas de suministro, reducir riesgos logísticos y acercar parte de su producción a los mercados norteamericanos.

Además, responde a la reconfiguración de la industria global, en la que las grandes farmacéuticas se concentran en desarrollar nuevas moléculas, de mayor valor en el mercado y venden o trasladan patentes a otras compañías para que fabriquen y comercialicen medicamentos con una demanda ya madura, y de menor valor.

“El reto de estas empresas ya no es descubrir la molécula, porque eso ya lo hizo el innovador. Su reto es fabricar consistentemente y asegurar la calidad lote a lote”, señaló Sonia Mayra Pérez Tapia, directora de la Unidad de Desarrollo e Investigación en Bioterapéuticos del Instituto Politécnico Nacional.

La especialista explicó que esta diferencia permite que México atraiga plantas de manufactura, “aunque gran parte de la innovación original ocurra en otros países”.

Un ejemplo es Opella, que anunció una inversión de 2 mil 300 millones de pesos en su planta de Ocoyoacac, Estado de México.

De ese monto, mil 200 millones de pesos serán destinados a una nueva línea de producción de Enterogermina, medicamento que anteriormente se fabricaba para América Latina desde Italia.

Con la inversión, Opella elevará de 60 a 80 por ciento la proporción de sus productos vendidos en México que son manufacturados en el país, al tiempo que busca fortalecer el abasto interno y sus exportaciones hacia América Latina.

Neolpharma, por su parte, anunció una inversión de 6 mil millones de pesos para fortalecer sus capacidades de manufactura, investigación y desarrollo, además de la adquisición de Signa, planta especializada en la producción de Ingredientes Farmacéuticos Activos (API) ubicada en Toluca y que anteriormente era operada por Apotex.

Mientras que la empresa farmacéutica de origen canadiense fundada en 1974, Apotex, ha mantenido operaciones en México, incluida su sede para Latinoamérica en la capital del país y su sitio de producción de medicamentos en el territorio nacional.

Este año, la compañía calculó una derrama económica estimada en más de 850 millones de pesos en México durante 2026, como parte de sus planes de operación y crecimiento.

La expansión también alcanza a empresas nacionales como Laboratorios Sanfer y Genomma Lab, mientras otros grupos buscan incrementar su participación en medicamentos especializados y productos de mayor valor agregado.

El país cuenta con universidades y especialistas en química. Especial

Javier Dávila Torres, director general de Planeación y Evaluación de la Secretaría de Economía, señaló que México ocupa el quinto lugar mundial en exportación de dispositivos médicos, una posición que, afirmó, “demuestra la capacidad industrial que el país ha desarrollado”.

Pero el funcionario también planteó el desafío: el objetivo no debe limitarse a instalar plantas, sino generar cadenas de proveeduría, empleos especializados y mayor integración tecnológica.

El eslabón que México todavía importa

La dependencia no termina en la investigación. Incluso en manufactura, México mantiene un punto débil en los ingredientes farmacéuticos activos (APIs), componentes esenciales para producir un medicamento y uno de los retos para fortalecer la industria nacional de cara a la revisión del T-MEC.

Una parte importante de estos insumos proviene del extranjero, principalmente de Asia.

“Seguimos dependiendo importantemente de los ingredientes farmacéuticos activos que compramos en el exterior”, explicó Pérez Tapia.

Para la investigadora, ahí se encuentra una parte de la verdadera transformación que requiere el sector.

“Un país que no es autosuficiente tecnológicamente y en manufactura de sus medicamentos está en un profundo riesgo y pone en riesgo a su población”, afirmó.

Por ello, la llegada de capital no debería medirse únicamente por el número de plantas nuevas o los millones de pesos comprometidos, sino también por las capacidades que permanecen en el país: proveedores nacionales, transferencia tecnológica, formación de especialistas y generación de conocimiento.

La posición geográfica de México es uno de los principales argumentos para atraer esta nueva ola de inversión.

La cercanía con Estados Unidos, la integración comercial mediante el T-MEC y la experiencia manufacturera convierten al país en una alternativa frente a la necesidad de regionalizar cadenas de suministro.

Pérez Tapia añadió que México está integrado en una de las regiones económicas más importantes del mundo y que tener cerca los materiales de partida y los insumos permite reducir riesgos logísticos y vulnerabilidades ante interrupciones internacionales.

La revisión del acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá agrega presión a las compañías para definir dónde producir y cómo integrar sus cadenas de suministro regionales.

México parte además de una base industrial relevante. El país cuenta con universidades, centros públicos de investigación y especialistas en química, farmacología, biotecnología e ingeniería, además de una industria de dispositivos médicos que ya tiene presencia internacional.

La deuda está en la innovación

El mayor contraste aparece cuando se observa el gasto en investigación y desarrollo.

Mientras países líderes destinan alrededor de 3 por ciento de su Producto Interno Bruto a estas actividades, en México la inversión se mantiene alrededor de 0.03 por ciento del PIB.

La brecha limita la posibilidad de que México pase de ser un destino atractivo para fabricar medicamentos a convertirse también en un lugar donde se desarrollen los productos que generan mayor propiedad intelectual y valor agregado.

Pérez Tapia considera necesario fortalecer la inversión en investigación y desarrollo, así como la colaboración entre universidades, hospitales, empresas y gobierno.

“Muchos desarrollos científicos se detienen porque requieren financiamiento para pasar de una prueba de concepto a un producto que pueda llegar al mercado”, afirmó.

La nueva realidad arancelaria y la revisión del T-MEC pueden darle a México una oportunidad para ampliar su participación en la industria farmacéutica global.

El capital ya está llegando y las plantas se están ampliando. El reto será conseguir que esa inversión no se quede únicamente en fabricar medicamentos desarrollados en otros países, sino que también permita investigar, desarrollar tecnología y generar nuevas moléculas en México.

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