El mayor dinamismo de la economía mexicana no logra reflejarse en mayor consumo de los mexicanos, que muestra señales de desaceleración pese a la recuperación de la actividad productiva, advirtió el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (Ceesp).
En su reporte semanal señaló que la divergencia entre el crecimiento de la producción y el gasto de las familias plantea interrogantes sobre la solidez de la recuperación económica y la capacidad del mercado interno para sostenerla.
De acuerdo con la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto Trimestral del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la economía creció 3.2 por ciento anual en el tercer trimestre de 2026, su mayor avance desde el mismo periodo de 2023. El resultado también contribuyó a mejorar las expectativas de crecimiento para el cierre del año, que pasaron de 1.4 a 2 por ciento.
Sin embargo, el consumo privado sigue una trayectoria distinta. En julio presentó una variación mensual de cero por ciento, mientras que las estimaciones oportunas del Inegi apuntaron a crecimientos anuales de apenas 0.9 por ciento en agosto y 0.6 por ciento en septiembre.
Para el Ceesp, uno de los factores que explican este comportamiento es la debilidad del empleo formal. En septiembre, el número de patrones registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) disminuyó cerca de 3 por ciento anual, equivalente a 2 mil 478 registros menos.
En lo que va de 2026, la reducción acumulada supera los 17 mil 300 registros patronales, lo que refleja las dificultades para sostener y ampliar la base de empleadores formales.
A esto se suma una mayor concentración de la generación de ocupación en actividades informales, donde los ingresos continúan siendo considerablemente inferiores a los del empleo formal.
El organismo explicó que esta composición del mercado laboral puede limitar el crecimiento del ingreso agregado de los hogares y, por consiguiente, su capacidad de consumo, incluso cuando las remuneraciones reales mantienen variaciones positivas.
Otro elemento que influye es la confianza del consumidor, cuya trayectoria es descendente desde 2025, pese a algunos repuntes durante el tercer trimestre de este año.
Esta percepción menos favorable se refleja en la evaluación que hacen los hogares sobre su situación económica actual frente a la de hace un año y en sus expectativas para los próximos 12 meses.
El Ceesp advirtió que una menor confianza puede llevar a las familias a tomar decisiones de gasto más cautelosas, particularmente en la adquisición de bienes duraderos. También señaló que las presiones inflacionarias sobre bienes y servicios de consumo frecuente reducen el margen disponible para otros gastos.
Ante este panorama, consideró que el principal desafío consiste en lograr que la recuperación de la actividad productiva se traduzca en un fortalecimiento del mercado interno, mediante mejores condiciones para la inversión, la actividad empresarial y la generación de empleos formales.