Desde hace tiempo, la economía de México es abierta, con la notable excepción de su sector energético. Ahora, cuando la integración comercial bajo la Alianza del Pacífico destaca su poder de manufactura, México separa un monopolio de ocho décadas en el sector energético en una audaz remodelación diseñada para aumentar el suministro de energía barata y alimentar sus fábricas.
Nadie dijo que iba a ser fácil: la histórica primera licitación de gas y petróleo de México tuvo la mala suerte de realizarse en el contexto de la caída de los precios internacionales que apretaron los presupuestos corporativos. Con la producción nacional que también se hunde rápidamente, necesitan atraer la mayor cantidad de inversión posible para impulsar la producción.
Pero la licitación en julio fue un fracaso: el número de postores y varias de sus ofertas quedaron lejos de las expectativas, y sólo se otorgaron dos de los 14 bloques de exploración en aguas someras del Golfo de México.
El país ahora se preparó para su segunda licitación petrolera realizada el 30 de septiembre con la esperanza de que el arreglo hecho de los términos desencadenara una mayor participación y mejores ofertas para los nueve campos que se ofrecen. Se agrupan en cinco bloques, tienen reservas certificadas porque ya se hizo la exploración, y están listos para producir.
De los cinco bloques petroleros tres fueron adjudicados y dos declarados desiertos.
Las empresas que presentaron ofertas y fueron ganadoras fueron la italiana ENI Internacional, la argentina Pan American Energy en consorcio con E&P Hidrocarburos y Servicios, y la estadounidense Fieldwood Energy en consorcio con la mexicana Petrobal, que forma parte de Grupo Bal, propiedad del empresario Alberto Baillères.
La subasta se realizó en un marco de mayor positivismo y éxito que la vez anterior, pues hubo ofertas de petroleras extranjeras de tamaño mediano, algunas en alianza con mexicanas. Entre las empresas precalificadas previo a la subasta estaban nombres como la petrolera estadounidense Chevron, la angloholandesa Shell, la china Cnooc y a la rusa Lukoil.
Al igual que en la primera licitación, Pemex, que anteriormente disfrutó el monopolio de exploración y producción, no va a participar debido a las limitaciones de presupuesto.
Las esperanzas expresadas por Juan Carlos Zepeda, presidente de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, se cumplieron. Unos días antes de la subasta fijo que esperaba “que todas las empresas que mostraron interés en la primera licitación presenten ofertas de nuevo”, y añadió que “no es que sea optimista. Espero, al menos, un número similar de postores, y posiblemente más”.
La industria petrolera criticó al gobierno mexicano por ser tacaño la última vez. Varias compañías salieron en julio porque consideraron muy onerosas las garantías corporativas, los bloques muy marginales y demasiado alto el umbral financiero para participar. Miguel Messmacher, subsecretario de ingresos, dice que México no va a vender esos activos por poco dinero, aunque el gobierno hizo un buen trabajo al ser receptivo.
Zepeda dijo “Las lecciones de la primera licitación fueron que las reglas de consorcio eran demasiado restrictivas, las garantías financieras demasiado altas y había un problema en el tiempo en que se dio a conocer el precio mínimo. “Las reglas ahora son más flexibles, las garantías son más bajas y los precios mínimos se darán a conocer dos semanas antes de la licitación”. Agrega: “Hicimos nuestra tarea. Este es un proceso de aprendizaje, y aprendimos”.
Dos de los nueve campos en oferta, Tecoalli y Misón, se encuentran por encima de estructuras salinas y se permitirá que las compañías exploren por debajo de las reservas. Un campo, Xulu, es un yacimiento de petróleo pesado; el resto son de petróleo ligero.
Una tercera licitación en tierra se tiene programada para el 15 de diciembre. Algunos ven estas primeras rondas de licitación como un ensayo para el verdadero premio: los prospectos de aguas profundas donde los riesgos son altos pero también las posibles recompensas.
Zepeda dice que el paquete de bloques de aguas profundas y los términos de las ofertas todavía se tiene que finalizar, y se anunciará en octubre y otorgará en el verano.
Tim Samples, profesor de estudios jurídicos de la Universidad de Georgia, quien sigue las ofertas, señala: “Es mucho más importante hacerlo bien que hacerlo rápido”. Añade que “las aguas profundas serán decisivas para la comprensión pública del éxito o fracaso de la reforma energética”.
Los bajos precios y las condiciones volátiles del mercado pueden llegar a ser una bendición.
Zepeda dice: “La industria (liberalizada) de México nació en condiciones difíciles de mercado que obligan al gobierno a ser muy competitivo”. Añade que “es más difícil, es más doloroso, pero al final, hará que la industria sea más fuerte”.