Norteamérica, la región más fuerte del mundo

PROMOTORES DE NORTEAMÉRICA 2026

Estados Unidos, México y Canadá tienen la oportunidad de consolidar uno de los bloques económicos, tecnológicos y estratégicos más poderosos del siglo XXI.

En Norteamérica existen tres economías que producen juntas. Especial
Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio

Durante décadas, las grandes potencias midieron su poder por el tamaño de sus ejércitos. Más tarde, por el volumen de su economía. Hoy, el mundo volvió a cambiar. En el nuevo orden internacional, la verdadera fortaleza de un país depende de su capacidad para producir, innovar y garantizar que sus cadenas de suministro no puedan ser interrumpidas por una crisis, un conflicto o un rival geopolítico.

La economía dejó de ser únicamente economía. Se convirtió en seguridad nacional. Esa es la razón por la que Estados Unidos (EU) impulsa una nueva política industrial, protege sectores estratégicos y busca recuperar parte de la producción que, durante décadas, se trasladó a Asia.

Canadá fortalece su papel como proveedor confiable de energía y minerales críticos. México, mientras tanto, se consolida como una de las plataformas manufactureras más competitivas del planeta.

Detrás de las discusiones sobre aranceles, reglas de origen o revisiones del T-MEC, existe una estrategia mucho más profunda: fortalecer América del Norte como el bloque económico más competitivo del mundo.

La región tiene ventajas que ningún otro competidor reúne al mismo tiempo. Genera cerca de 30 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial; concentra uno de los mayores mercados de consumo; cuenta con abundantes recursos energéticos y minerales; lidera la innovación tecnológica y posee una plataforma industrial integrada que difícilmente puede replicarse en otra parte del planeta.

Pero su principal fortaleza no está en las cifras. Está en la complementariedad. EU aporta innovación, investigación, desarrollo tecnológico, capital y los principales centros financieros del mundo. Canadá suma estabilidad institucional, recursos naturales y minerales indispensables para la transición energética.

México ofrece una industria manufacturera madura, talento especializado, costos competitivos y una ubicación geográfica privilegiada.

No son tres economías que trabajan una al lado de la otra. Son tres economías que producen juntas.

Un automóvil ensamblado en América del Norte puede cruzar varias veces las fronteras entre México, EU y Canadá antes de llegar al consumidor. Lo mismo sucede con equipos médicos, componentes aeroespaciales, electrodomésticos o dispositivos electrónicos. Cada país aporta una parte distinta del proceso productivo y el resultado es una cadena de valor mucho más eficiente y competitiva.

Esa integración tiene un nombre: T-MEC. Muchos lo ven únicamente como un tratado comercial. En realidad, es mucho más que eso. Es el instrumento que brinda certidumbre a la inversión, protege las cadenas de suministro y establece reglas comunes para competir frente al resto del mundo. En tiempos de incertidumbre, esa certeza representa una ventaja estratégica.

él dice...

La verdadera fortaleza hoy está en producir,

Innovar y asegurar cadenas.

El contexto internacional refuerza, aún más, esa realidad. La pandemia de covid-19 evidenció la fragilidad de depender de proveedores ubicados a miles de kilómetros. La guerra comercial entre Estados Unidos y China aceleró el proceso. Los conflictos en Europa y Medio Oriente, así como la disputa por los semiconductores, la inteligencia artificial y los minerales críticos, terminaron por modificar la lógica de la globalización.

La prioridad dejó de ser producir donde fuera más barato. Ahora, lo importante es hacerlo donde sea más seguro. 

De esa transformación nació el nearshoring: la decisión de acercar fábricas y proveedores a los mercados de consumo para reducir riesgos, tiempos y costos logísticos.

Y ahí, México ocupa una posición excepcional. Ningún otro país combina una frontera de más de 3 mil kilómetros con EU, acceso preferencial al mayor mercado del planeta, una amplia red de tratados comerciales y una base industrial capaz de integrarse de inmediato a cadenas de alto valor agregado.

Cada nueva inversión que llega a México fortalece también la competitividad de Estados Unidos y de Canadá. Cada proveedor regional que sustituye importaciones asiáticas hace más resiliente todo el bloque. La competencia ya no consiste en quién fabrica más barato, sino en quién construye las cadenas de suministro más seguras, eficientes y confiables.

Por eso, la próxima revisión del T-MEC será mucho más que una negociación comercial. Será una discusión sobre el futuro estratégico de América del Norte.

Temas como los semiconductores, la inteligencia artificial, la ciberseguridad, la transición energética, los minerales críticos y la infraestructura digital forman parte de una misma conversación. Hoy, comercio, tecnología y seguridad son conceptos inseparables.

Naturalmente, existirán diferencias. Las habrá en materia energética, laboral, ambiental o regulatoria. También surgirán tensiones políticas, como ocurre entre países soberanos.

Sin embargo, hay una realidad que difícilmente cambiará: ninguno de los tres puede alcanzar por sí solo el nivel de competitividad que consigue actuando en bloque.

La competencia ya no es entre México, EU y Canadá. La competencia es entre América del Norte, Europa y Asia.

Frente a una China que busca ampliar su influencia industrial y tecnológica, y frente a una Europa que enfrenta menores ritmos de crecimiento, Norteamérica reúne una combinación difícil de igualar: innovación, energía, manufactura, recursos naturales, infraestructura, capital y talento.

Para México, pocas veces se había presentado una oportunidad semejante. El país puede consolidarse como el principal centro manufacturero del continente, atraer niveles históricos de inversión y participar en industrias con mayor contenido tecnológico. Pero esa oportunidad exige condiciones claras: Estado de Derecho, seguridad, infraestructura, energía suficiente, capital humano y certeza jurídica.

La geografía ya nos dio una ventaja. Ahora, corresponde convertirla en prosperidad. Las grandes potencias del siglo XX dominaron por su fuerza militar o por el tamaño de sus economías. Las del siglo XXI serán aquellas capaces de integrar innovación, producción, tecnología y seguridad en una misma estrategia.

Bajo esa lógica, la mayor fortaleza del mundo ya no pertenece a un solo país. Pertenece a una región.

Y esa región se llama América del Norte.

AAL

  • Oscar Cedillo
  • Director General Editorial de Grupo @Milenio. Journalist, Digital, DJ and Biker / Escribe todos los lunes su columna Contraseña

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite