Stephen Schwarzman, el hombre de confianza de Trump que necesita un T-MEC fuerte

El cofundador y director ejecutivo de Blackstone no fabrica automóviles, computadoras ni electrodomésticos. Parte del negocio del mayor fondo de inversión del mundo depende de que las empresas sigan invirtiendo y expandiendo su producción en Norteamé

En el marco de la etapa de revisiones anuales del T-MEC, impulsada por la administración de Trump, Schwarzman es un personaje relevante. Especial.
Ángeles García
Ciudad de México /

Pocos empresarios tienen la doble condición de ser cercanos al presidente Donald Trump y, al mismo tiempo, tener incentivos económicos para que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) siga funcionando. Uno de ellos es Stephen Schwarzman.

El cofundador y director ejecutivo de Blackstone no fabrica automóviles, computadoras ni electrodomésticos. Tampoco negocia tratados comerciales; sin embargo, su negocio depende en parte de que las empresas sigan invirtiendo y trasladando parte de su producción a Norteamérica bajo reglas claras.

Por eso, en momentos en que el T-MEC entra a una etapa de revisiones anuales impulsada por la administración de Trump, Schwarzman se convierte en un personaje relevante. No ocupa un cargo público, pero forma parte del reducido grupo de empresarios con acceso directo al presidente estadunidense y cuya opinión suele ser tomada en cuenta en asuntos económicos.

La razón está en el modelo de negocio de Blackstone, el mayor administrador de activos alternativos del mundo.

Su negocio depende en parte de que las empresas sigan invirtiendo y trasladando parte de su producción a Norteamérica. Especial.

Cuando una empresa decide instalar una planta en México, la historia suele comenzar con el anuncio de una inversión multimillonaria. Pero antes de que salga el primer producto de la línea de producción, alguien tuvo que financiar el terreno, construir la nave industrial, desarrollar el parque logístico o invertir en la infraestructura que hará posible esa operación.

Ese es el negocio de Blackstone.

El fondo administra inversiones en bienes raíces, infraestructura, crédito y capital privado.

En México y otros mercados apuesta por parques industriales, centros logísticos y activos inmobiliarios que se benefician de la relocalización de empresas, fenómeno que cobró fuerza con el nearshoring y que encontró en el T-MEC uno de sus principales motores.

Específicamente Blackstone, a través de Fisterra Energy participó en el desarrollo del parque eólico Ventika, en Nuevo León; de la central de ciclo combinado Tierra Mojada, en Jalisco, y del proyecto Frontera, la primera planta dedicada a exportar electricidad de Texas hacia México. Estas inversiones muestran que la firma apuesta por infraestructura ligada al crecimiento industrial y energético de Norteamérica.

“Hay que entender el entorno macroeconómico en el que se invierte, porque determina los precios y las expectativas sobre el desempeño de una inversión”, afirmó en una entrevista con Forbes en 2024.

Perfil del empresario

Originario de Filadelfia, estudió en Yale y obtuvo un MBA en Harvard. Tras dirigir el área de fusiones y adquisiciones de Lehman Brothers, en 1985, fundó Blackstone junto con Peter G. Peterson con apenas 400 mil dólares. Cuatro décadas después, la firma administra activos por más de un billón de dólares y se convirtió en uno de los inversionistas más influyentes del planeta.

Stephen Schwarzman es originario de Filadelfia, estudio en Yale y obtuvo un MBA en Harvard. Especial.

Blackstone busca lo que Schwarzman llama 'buenos vecindarios', es decir, mercados donde observa crecimiento tanto de la industria como de las empresas

Esa lógica ayuda a explicar por qué Norteamérica se convirtió en un destino atractivo para el capital privado durante el auge del nearshoring, impulsado en parte por la certidumbre que ofrece el T-MEC.

Su cercanía con Trump tampoco es nueva. Durante el primer mandato del republicano presidió el Foro Estratégico y de Políticas de la Casa Blanca, integrado por algunos de los principales directores ejecutivos de Estados Unidos.

Aunque el consejo desapareció en 2017, Schwarzman mantiene una relación cercana con el mandatario y continúa siendo una voz escuchada por la comunidad empresarial estadunidense.

Esa influencia también se hizo notar durante la renegociación del entonces TLCAN. En distintos momentos de las conversaciones sostuvo contactos con líderes empresariales y autoridades de Estados Unidos y Canadá para respaldar un acuerdo que preservara la integración económica de la región. No fue negociador del tratado, pero sí uno de los empresarios interesados en que las reglas comerciales no se rompieran.

Hoy ese interés permanece. Blackstone invirtió durante años en activos que dependen del dinamismo económico de Norteamérica y de la llegada de nuevas empresas a la región.

Una eventual ruptura o debilitamiento del T-MEC introduciría incertidumbre para proyectos de largo plazo y afectaría decisiones de inversión en sectores ligados a la logística, la industria y los bienes raíces.

Schwarzman representa una figura que cada vez pesa más en la economía global: la del inversionista que no participa en la política, pero cuyas decisiones moldean dónde se construyen fábricas, centros logísticos y corredores industriales.

Schwarzman representa una figura que cada vez pesa más en la economía global. Especial.

El empresario no decidirá el futuro del T-MEC. Pero si el tratado sigue siendo un motor para atraer fábricas, parques industriales y centros logísticos a Norteamérica, difícilmente habrá muchos empresarios estadunidenses con más incentivos para defender su continuidad que el fundador de Blackstone.

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