• La refinería de Tula cumple hoy 50 años como el motor energético del centro del país… en medio de la polémica ambiental

La Refinería Miguel Hidalgo cumple medio siglo como pieza clave del suministro energético del centro del país, marcada por su impacto industrial, su papel estratégico y el debate ambiental que ha acompañado su operación.

Hidalgo /

La silueta industrial de Tula de Allende está marcada por una infraestructura que, desde hace cinco décadas, sostiene una parte fundamental del suministro energético del país. La Refinería Miguel Hidalgo se convirtió, con el tiempo, en uno de los complejos petroleros más grandes de México y en una pieza clave para abastecer combustibles al centro del territorio nacional.

El 18 de marzo de 2026, el complejo cumple 50 años de operación. La fecha no fue casual cuando fue inaugurado en 1976: se eligió para coincidir con el aniversario de la Expropiación Petrolera, una de las fechas simbólicas de la historia energética mexicana. Desde entonces, la refinería ha operado como uno de los nodos principales del sistema de refinación nacional, pudo comprobar MILENIO.

Entre torres metálicas, plantas de proceso y kilómetros de tuberías, el complejo procesa diariamente cientos de miles de barriles de crudo que se transforman en gasolina, diésel, turbosina, gas LP y otros combustibles utilizados en transporte, industria y generación eléctrica. Gran parte de la energía que mueve a las ciudades del centro del país pasa por este punto del mapa hidalguense.

A medio siglo de su puesta en marcha, la historia de la refinería también refleja las distintas etapas del modelo petrolero mexicano: la expansión industrial impulsada por el Estado durante el siglo XX, la creciente demanda energética del país, las tensiones ambientales derivadas de la actividad industrial y los esfuerzos recientes por modernizar la infraestructura petrolera.

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La refinería que sustituyó a la capital petrolera

El origen del complejo de Tula se encuentra en una decisión estratégica tomada por el gobierno federal durante los años setenta: trasladar parte de la capacidad de refinación fuera de la Ciudad de México. Durante décadas, la gasolina que abastecía a la zona metropolitana provenía de la Refinería 18 de Marzo, instalada en la capital.

Con el crecimiento urbano, las colonias y avenidas terminaron rodeando por completo aquella instalación. La presencia de una refinería dentro de la ciudad se volvió cada vez más incompatible con la expansión urbana. La solución fue construir una planta mucho más grande en Hidalgo que asumiera el papel de abastecer combustibles a la región.

La nueva refinería comenzó a operar en Tula en 1976. Su ubicación respondía a varias ventajas logísticas: la cercanía con el mayor mercado de combustibles del país, la conexión con los ductos que transportan crudo desde el Golfo de México y la disponibilidad de agua del río Tula, necesaria para los procesos industriales.

La Refinería 18 de Marzo dejó de operar finalmente en 1991. Años después, el terreno que ocupaba fue transformado en el Parque Bicentenario. Para entonces, el complejo de Tula ya funcionaba como el principal centro de refinación para el Valle de México y el corredor industrial del centro del país.

El complejo de Miguel Hidalgo ya en 1991 funcionaba como el principal centro de refinación para el Valle de México | Cortesía

Un complejo industrial gigantesco

El tamaño de la refinería explica su peso dentro del sistema energético nacional. El complejo ocupa más de 700 hectáreas, una superficie comparable con miles de canchas de fútbol. Dentro de ese espacio operan decenas de instalaciones industriales interconectadas por una extensa red de tuberías.

Las plantas que integran la refinería cumplen distintas funciones dentro del proceso de refinación del petróleo. Existen unidades de destilación atmosférica, hidrodesulfuración, reformación catalítica, recuperación de azufre y producción de hidrógeno, entre otras instalaciones especializadas que permiten separar y transformar los componentes del crudo.

Cada etapa del proceso busca mejorar la calidad de los derivados petroleros hasta convertirlos en combustibles utilizables. El sistema funciona como una cadena industrial compleja en la que cada unidad depende del funcionamiento de las demás.

La capacidad instalada del complejo ronda los 315 mil barriles diarios de crudo. Durante varios años fue la refinería con mayor capacidad de procesamiento dentro del sistema operado por Petróleos Mexicanos y, todavía hoy, se mantiene entre las instalaciones más importantes del Sistema Nacional de Refinación.

El motor energético del centro del país

Desde su inauguración, la función principal de la refinería ha sido abastecer el mercado energético más grande de México. El centro del país concentra una parte importante del consumo nacional de combustibles, y el complejo de Tula es uno de los puntos desde donde se alimenta esa demanda.

Una red de poliductos conecta la refinería con varias ciudades y centros de distribución. A través de esa infraestructura, los combustibles producidos en Tula se envían hacia la Ciudad de México, Toluca, Puebla, Querétaro y otras zonas industriales y urbanas.

La planta produce distintos derivados del petróleo utilizados en la vida cotidiana y en actividades económicas estratégicas: gasolina para el transporte, diésel para carga y maquinaria, turbosina para aviación, gas LP para uso doméstico y combustóleo para procesos industriales.

Ese flujo permanente de combustibles convierte a la refinería en uno de los puntos neurálgicos de la infraestructura energética nacional. La operación del complejo tiene efectos directos en la disponibilidad de combustibles para millones de personas.

los combustibles producidos en Tula se envían hacia la Ciudad de México, Toluca, Puebla, entre otros estados. | Cortesía

Un corredor industrial que cambió la región

La instalación de la refinería también transformó la dinámica económica de Tula y de los municipios cercanos. Con el paso de los años, la zona se consolidó como un corredor industrial donde se instalaron distintas actividades vinculadas a la energía y la manufactura pesada.

Entre las industrias que se establecieron en la región se encuentran plantas cementeras, instalaciones químicas y la Central Termoeléctrica Francisco Pérez Ríos, una de las centrales eléctricas más grandes del país. La proximidad entre estas instalaciones creó un polo industrial de gran escala en el centro de México.

La actividad energética generó miles de empleos directos e indirectos en la región. Comercios, transporte, servicios y vivienda crecieron alrededor del complejo petrolero, modificando la estructura económica y urbana de Tula y sus alrededores.

Con el tiempo, la ciudad pasó de ser una localidad de tradición agrícola e histórica a convertirse en un punto estratégico dentro del mapa industrial del país.

El costo ambiental del desarrollo energético

El crecimiento del corredor industrial también abrió un debate sobre el impacto ambiental de la actividad energética. Diversos estudios del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático han señalado que la región de Tula registra niveles elevados de contaminantes atmosféricos.

Durante décadas, la refinería procesó crudos pesados con infraestructura limitada para transformar por completo los residuos más densos del petróleo. Como resultado, se generaron grandes volúmenes de combustóleo, un combustible pesado que fue utilizado durante años en centrales eléctricas y procesos industriales.

La combustión de este tipo de derivados contribuyó a la emisión de contaminantes en la zona, lo que colocó al corredor industrial de Tula en el centro de debates sobre salud pública, calidad del aire y regulación ambiental.

Las discusiones sobre el impacto ambiental de la refinería se han mantenido a lo largo del tiempo y forman parte del balance histórico del desarrollo energético en la región.

Modernización y cambios en el modelo de refinación

En los últimos años, la refinería ha entrado en una etapa de modernización orientada a mejorar la eficiencia del proceso de refinación y reducir la producción de combustibles de bajo valor.

Uno de los proyectos más relevantes es la construcción de una planta coquizadora dentro del complejo. Esta instalación permitirá procesar los residuos pesados del petróleo que antes se convertían en combustóleo.

La tecnología de coquización transforma esos residuos en productos más ligeros y de mayor valor comercial, como gasolina y diésel. Con ello, se busca incrementar el rendimiento del crudo procesado y disminuir la producción de combustibles altamente contaminantes.

El proyecto forma parte de una estrategia más amplia para fortalecer el sistema de refinación del país y modernizar instalaciones que, en muchos casos, fueron construidas hace varias décadas.

La Refinería Miguel Hidalgo continúa operando como uno de los engranajes de la industria energética del país. | Cortesía

Medio siglo de historia petrolera

Cincuenta años después de iniciar operaciones, la refinería de Tula sigue siendo una de las piezas centrales del sistema energético mexicano. Su funcionamiento conecta la extracción de petróleo, el procesamiento industrial y el consumo de combustibles en las ciudades.

La trayectoria del complejo resume buena parte de la historia reciente de la industria petrolera nacional: la expansión industrial impulsada por el Estado, la creciente demanda energética del país, los desafíos ambientales que acompañan a la actividad industrial y los intentos por actualizar la infraestructura petrolera.

Entre torres de acero, tanques de almacenamiento y plantas de proceso, la Refinería Miguel Hidalgo continúa operando como uno de los engranajes fundamentales que mantienen en movimiento el sistema energético del centro de México.

AH

  • Miguel Ángel Puértolas

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